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¿Qué Ocurriría si la RAE Decretase Incorrecto Usar el “No” Junto al Verbo “Poder”?

Muchos pensarían que no ocurriría nada. Muchos seguirían hablando como hacían, cometiendo este nuevo error gramatical. ¿Pero nos hemos parado en analizar los beneficios que experimentarían los escrupulosos de hablar correctamente?
Lo que para muchos representaría un simple e innecesario cambio en la forma de hablar, a la larga se transformaría en una nueva y más poderosa forma de procesar la información y actuar para conseguir objetivos.
De hecho, si lo analizamos, utilizamos el “NO PUEDO” impropiamente, la gran mayoría de las veces de forma equivocada y falaz, en sustitución principalmente de otros 4 verbos:
1.    “No quiero…”
2.    “Prefiero no”
3.    “No sé cómo…”
4.    “No consigo…”

Veamos unos ejemplos:
“No puedo recogerte esta tarde al salir del gimnasio” (¿no será que puedes pero has decidido hacer otras cosas o has dado prioridad a otros asuntos y te resulta incompatible?).

“No puedes adelantar por el carril de la izquierda” (¿Cómo que no? Claro que puedes, lo que ocurre es que al hacerlo generarías muchos riesgos para ti y para los demás).

“No puedo comer pistachos” (Claro que puedes, lo que ocurre es que prefieres no comerlos por las consecuencias del ser alérgico, pero tu decides si quieres o no comerlos).

“No puedo soportar a María” (¿No será más bien que no quieres hacer nada para aprender a soportarla?).

“No puedo ganar más dinero” (¿No será más bien que puedes ganar más dinero si cambias de trabajo?).

“No puedo correr más” (¿No será más bien que sí puedes correr más, pero necesitas hacer un pequeño descanso o bajar el ritmo?).

“No puedo dejarte mi chaqueta” (¿No será más bien que no quieres porque no te fías o porque le tienes mucho apego?).

“No puedo darte mi apoyo en esta iniciativa” (¿No será que no quieres o prefieres no hacerlo?).

“No puedo resolver este problema de geometría” (¿No será más bien que no sabes cómo hacerlo?).

“No le puedo ganar al tenis” (¿No será que simplemente no lo consigues?)

Puede que estos simples matices parezcan de pronto poco relevantes, pero devuelven a la persona “el poder hacer las cosas” frente al vacío y la falta de expectativas y posibilidades que ofrece la palabra “no puedo”.

No es lo mismo decir “No puedo” que “No quiero”, o “No sé como”, ya que el “no puedo” suele dejar a la persona sin opciones y alternativas. Cuando decimos que no podemos, acabamos por concluir la frase sin pensar en otras alternativas para conseguir lo que nos proponemos. Acabamos pensando que no merece la pena hacer más intentos al respecto.

La simple sustitución del “No puedo” con el “No consigo” o con el “No sé como” puede devolvernos la posibilidad de conseguirlo porque simplemente nos avisan que los intentos previos no han funcionados, o que todavía no sabemos el camino para obtener lo que nos proponemos, pero no nos cierra el futuro a la posibilidad de lograrlo.

El “No puedo” sin embargo  cierra todas posibilidades, impide que incluso sigamos intentándolo, encerrándonos en la impotencia, el desánimo y la consecuente frustración.

No hay que olvidar que todos además solemos hablar por frases hechas o frases recurrentes que solemos repetir indistintamente según las costumbres de lo que vayamos escuchando en nuestro entorno.

Lo peor ocurre cuando el “No puedo”, escuchado a menudo en un ambiente (familia, trabajo, deporte) acaba por instalarse como un programa predeterminado en nuestras pautas de lenguaje, al repetir constantemente esta “entradilla” en nuestras frases, simplemente por costumbre. Acabamos así por creernos que de verdad no podemos, forjando en nosotros una pauta de pensamiento auto-limitante, abogado al desaliento y a la sensación generalizada de impotencia.

¡Qué bien que nos haría la RAE (Real Academia de la Lengua Española) si declarase que el verbo poder solo se puede usar en su forma afirmativa!

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  1. Juan Martinez
    05/02/2012 en 22:19

    Hola Roberto.

    Me gustó tú artículo. Creo que la coletilla “No puedo” es un recurso casi innato de fácil uso y una herramienta de auto-exculpación: como “no puedo” no soy responsable de no hacerlo ya que hay limitantes externos que me lo impiden.

    Nosotros corregimos a nuestra hija (tres años recién cumplidos) cuando dice “no puedo” como herramienta fácil. Le decimos “Inténtalo” o “¿Porqué no puedes?” para que no se acostumbre a utilizar esa frase como un recurso para no hacer nada ante la mínima dificultad. Poco a poco va utilizándola menos y cada vez son más las veces que utiliza correctamente esta frase, esto es, en situaciones en las que verdaderamente NO PUEDE hacer algo. Esto último creo que es especialmente positivo porque le ayuda a ser realista.

    Lo dicho, felicidades por tu artículo

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