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La Crisis como Crisis de Valores: ¿Enfermedad o Proceso de Curación?

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Mucho se habla de la Crisis como Crisis de Valores. ¿Pero qué valores? ¿Y qué tipo de crisis de valores? ¿Se trata de falta de valores? ¿De necesidad de recuperar valores “perdidos”?

Sobre las “Crisis” en general, personalmente creo que tenemos una visión poco  funcional, reducida y que nos ayuda poco para hacerle frente. Pasa algo parecido con  enfermedades como el Cáncer: las entendemos como enfermedades y por tanto  como algo negativo.

¿Y si fuese lo contrario?

¿Y si la crisis, así como el cáncer, fuesen procesos de curación antes que enfermedades? Es decir procesos mediante los cuales un sistema (económico como  en nuestra sociedad o el cuerpo humano mismo en el caso del cáncer) se está defendiendo de algo  que le está haciendo daño: puede ser una pauta de comportamiento, una creencia, o los resultados malignos de esas pautas de comportamiento.

¿Qué ocurriría si este sistema para defenderse se opusiera tanto a la entidad que está actuando en él como para producir un “crisis” con la que enviarle el mensaje y hacerle entender que si sigue así se hará mucho daño a sí mismo.

Cuando las crisis son “crisis de valores” se suelen tener ideas muy variadas sobre que es lo que representan dichas crisis, sobre todo dependiendo del punto de vista de los valores que se quieren apoyar.

Las crisis de valores son muy complicadas porque como dice la misma palabra, el hecho de que haya crisis significa que existe algún tipo de contradicción o de oposición entre al menos dos o más partes.  Por tanto hay intereses según la parte en la que se está o que se quiere defender. Lo cual complica mucho la asunción de un punto de vista desinteresado “super partes” y constructivo.

Me limitaré a detallar las 3 formas más comunes de entender las crisis de valores:

  • Crisis de valores en el sentido de “falta de valores”.  Esto es difícil de entender puesto que el mero hecho que actuemos de una manera antes que de otra, o que directamente no hagamos nada indica que estamos persiguiendo un valor: quizás no el mismo valor de quien diga que existe una “falta de valores”, pero en fin de cuentas un valor. Lo cual me hace descartar que sea apropiado hablar de crisis como “falta de valores”.
  • Crisis de valores en el sentido de “tener que recuperar unos valores que antes teníamos y que hemos perdido por el camino”.  Como si se tratara de monedas pequeñas en unos bolsillos rotos que nos andan cayendo mientras caminamos sin que nos demos cuenta.  Quizás sea así, pero nunca he conocido monedas muy pequeñas de mucho valor: si algún poder posee  un Valor es el hecho de tener un tamaño tan grande como para ser visible y no olvidarse de ello. Quizás nunca hayamos dispuesto realmente de ese valor o si lo hubiésemos tenido, quizás le hubiésemos dado una importancia tan pequeña como para acabar por olvidarnos de ello como pasa con las monedas de poco valor en el fondo de un bolsillo roto de un pantalón.
  • Crisis de valores en el sentido de “existencia de unos valores no adecuados para afrontar la situación actual”, o lo que viene a decir lo mismo “existencia de unos valores que nos han llevado a comportamientos que han producido los problemas que ahora tenemos que resolver y que solo podemos resolver si cambiamos de valores”.

Esta tercera es la definición que más me conforta y es la perfecta síntesis entre los pensamientos dos personajes cuanto menos singulares: viee a ser algo como ¿Qué une Steve Jobs y Groucho Marx?

Steve Jobs en uno de sus últimos discursos en la Universidad de Stanford afirmó que “la muerte es la mayor invención tecnológica que la naturaleza haya podido jamás inventar porque acaba con lo viejo y obsoleto para dejar espacio a lo nuevo“.

Si esto lo aplicamos a esta tercera definición de valores podemos entender la necesidad de abandonar ciertos valores a favor de nuevos valores.

Aquí es cuando entra Groucho Marx con su famosa frase: “Señores estos son mis valores, pero si no les gustan tengo otros”. Esta frase viene a reflejar la importancia de ser flexible ante una crisis de valores y saber cuando es necesario abandonar una pauta poco funcional por otra.

Por estas razones me asusta bastante la falacia de la segunda definición de crisis de valores que pretende “volver a ciertos valores” que consideramos que “se perdieron”.

Si algo nos dice esta crisis es que nos estamos resistiendo en abandonar valores obsoletos para adquirir nuevos valores que en algún caso ni siquiera estamos todavía preparados para ver,  entender, y por supuesto aceptar.

Pero la realidad está ahí que nos dice que lo que andábamos haciendo (o como lo andábamos haciendo) ya no valen: ya no producen resultados útiles o por lo menos satisfactorios, o lo que es peor, insatisfactorio.

Y esta realidad es como un muro con el acabamos chocando todos los días que nos levantamos para hacer, pensar y creer lo mismo que hacíamos, pensábamos y creíamos ayer.

Y chocamos y seguimos chocando dando cabezazos contra ese muro.

Y claro, más chocamos, más crisis.

De todo este proceso de cambio y renovación solo percibimos el dolor de estos cabezazos contra el muro.

Solo percibimos el dolor y no somos capaces de ver o entender nada más.

Y encima tenemos la poca consideración de culpar al muro que está ahí…que se ha interpuesto en nuestro camino…Vaya!

¿Como vamos a ser nosotros los que se equivocan?

Esto me recuerda al monolito que aparece en el primer capítulo de 2001 Odisea en el Espacio de Stanley Kubrik (El Amanecer del Hombre): claramente nosotros somos los monos…

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  1. 06/04/2012 en 11:21

    Tu post es muy interesante, pero la afirmación de Steve Jobs en ese contexto, resulta peligrosa. Si la aplicamos metafóricamente como muerte de unos valores obsoletos para dar paso a otros adecuados, va bien, pero, teniendo en cuenta que Jobs estaba en fase terminal, su afirmación, textualmente, remite a la selección natural y a la supervivencia del más fuerte, lo cual no contempla nuestras sutilezas y puede aislar la sensibilidad humana como mera “debilidad”. A fin de cuentas, en el fondo, no somos monos.

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