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Archive for 3 abril 2012

¿Cómo Afrontas los Problemas? ¿Buscas Causas o Soluciones?

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¿Cómo actúas cuando algo sale mal? ¿Qué piensas? ¿Buscas causas o soluciones?

Es curioso como ante situaciones negativas, incidentes, o simplemente algo que sale de una manera que juzgamos como negativa tengamos mayor tendencia a buscar sus causas antes que las soluciones que más fácil y eficazmente puedan reconducirnos hacia lo deseado.

Esto no es otra cosa que el fruto de un “programa adquirido de pensamiento” que por la cultura, educación y hábitos de pensamiento, ante un problema nos lleva más fácilmente hacia atrás antes que hacia adelante.

Se trata de una forma de pensar propia del conocimiento científico de las llamadas “ciencias clásicas”, según las cuales, conocer la causa de los acontecimientos es “conditio sine qua no” para explicar como funciona un fenómeno.

Postulato de esta forma de pensar es que si conocemos las causas que generan y mantienen un problema, si queremos eliminarlo, actuando sobre las causas podremos conseguir nuevos resultados que nos facilitarán salir del problema.

También este mecanismo de pensamiento se usa en ámbito Jurídico y Legal para depurar responsabilidades y establecer compensaciones por daños y perjuicios.

Quizás esto funcione en los juzgados, en la física, en la química, en la biología y en la parte de la medicina que tenga que ver con física, química y biología.

¿Pero qué hacer cuando se trata de problemas psicológicos, o problemas causados por acontecimientos que ya pertenecen experiencias del pasado que ya no están aquí, sobre las que no se puede actuar, que pero generan obsesiones, ansiedades, depresión, enfado, ira, etc.?

Ni se puede volver a la causa para cambiar el curso  de los acontecimientos, ni conocer al culpable nos devuelve el “status quo” anterior al problema.

Ante estos problemas, mientras estemos en el “bache” “dentro del problema” pensar y buscar la causa hacia atrás no nos saca necesariamente del bache, sobre todo cuando el problema tiene que ver con algo que nos afecta personalmente en la esfera emocional, congnitiva y psicológica en general.

De hecho, conocer las causas de estos malestares no nos permite actuar sobre ellas, ya que lo que originó el problema ya se produjo, pertenece al pasado y no podemos volver a ello para evitarlo o cambiarlo.

Incluso ante un accidente, un error laboral, un golpe, un infortunio, un resfriado o una indigestión, solemos buscar la causa que nos lo ha provocado, perdiendo y gastando tiempo mental y emocional que no nos acerca para nada hacia su solución, sino nos recrea en el mantenimiento del problema.

Quizás una primera vía de curación podría ser cambiar de “programa mental” y ante estos acontecimientos cambiar la pregunta ¿Qué lo ha causado? O su versión más personalizada y contundente del ¿Quién ha sido? Con la pregunta ¿Qué puedo hacer para solucionarlo?

Pasaremos de llegar a un punto que solo nos puede hacer maldecir la causa o el autor (con todas las malas consecuencias que implica para el ambiente a nuestro alrededor), a otro punto en el que podremos agradecer y bendecir el hecho de que existe una solución a nuestro alcance.