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Archive for 31 mayo 2012

Como Definir Objetivos Motivadores en 5′

 

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¿Por qué a veces no nos sentimos motivados, incluso en lo que se refiere a objetivos y deseos que siempre hemos querido cumplir?

 

El motivo de ello es que posiblemente no definamos adecuadamente lo que queremos y, o no conocemos como definirlo: al no hacerlo adecuadamente, lo que pensamos sea un objetivo, para nuestra mente se transforma en una imagen priva de contenidos y significados, por tanto una imagen priva de potencial motivador. De esta manera la mente no es capaz de enviar las señales adecuadas al cuerpo para que se ponga en acción.

 

De hecho, normalmente definimos deseos genéricos pero no objetivos, (del tipo, quiero ser feliz; quiero un trabajo), u objetivos que se basan en esperar algo de los demás y que no nos comprometen con acciones (quiero que mi pareja me cuide más; quiero que mi hijo estudie más; etc.), u objetivos que están formulados en negativo o términos privativos/ evitativos (que no haya una rutura de stock; que a mi mujer no le despidan; que no me enfade cuando me digan las cosas de esta manera; etc.).

 

En este último caso, la mente humana no suele entender las instrucciones en negativo, ya que su funcionamiento tiene que ver con una conexión en imágenes, sonidos y sensaciones que nos relacionan directamente con el complemento objeto de la frase que formulamos: por esta razón nos resulta prácticamente imposible pensar en un coche rojo si nos planteamos la instrucción: “no pensar en un coche rojo”. Seguramente lo primero que nos vendrá a la mente será un coche rojo….

 

Por eso es muy importante que el objetivo se formule de manera positiva. Pero solo esto no basta. Si definimos rigurosamente nuestro objetivo, podemos mejorar no solo nuestra motivación, sino los resultados que podemos obtener. Para ello es bueno contextua el objetivo.

 

¿Cómo se puede pasar de la expresión de un deseo a la definición de un objetivo?

 

Con una simple receta de preguntas y respuestas, según el procedimiento a continuación:

 

  1. ¿Está formulado el objetivo en positivo?
  2. ¿Existe algún “No” o algún sentido privativo en la formulación de mi objetivo?
  3. ¿Cómo puedes reformular el objetivo en positivo?
  4. ¿Dónde, en qué lugar, y en qué entorno te gustaría encontrar lo que buscas?
  5. ¿En qué partes del día, de la semana o del mes te gustaría disfrutar de lo que encontrarías?
  6. ¿Con quienes te gustaría encontrarlo?
  7. ¿A quienes implica el hecho de buscar ese objetivo (quienes tienen que actuar para ello)?
  8. ¿A quienes implica el hecho de encontrar lo que buscas (quienes sufrirían o disfrutarían de las consecuencias de conseguir el objetivo?
  9. ¿Quiénes se verían afectado en Negativo?
  10. ¿Quiénes se verían afectados en Positivo?
  11. ¿Considero de esta manera conveniente seguir adelante en ese objetivo?
  12. ¿Por qué me gustaría cumplir ese objetivo?
  13. ¿Qué conocimientos y habilidades/ recursos crees que va a necesitar ese trabajo?
  14. ¿Crees tener esos conocimientos y habilidades/ recursos?
  15. ¿Cómo podrías adquirirlos?
  16. ¿Qué te gustaría expresar a través del logro de ese objetivo?
  17. ¿Qué creencias, valores, o intereses tuyos crees que mueven el hecho de quererlo conseguir?
  18. ¿Para qué te gustaría cumplir con ese objetivo?
  19. ¿Qué intereses o necesidades tuyas te gustaría que ese logro pudiese satisfacer?
  20. ¿Qué te gustaría conseguir con ese objetivo?
  21. ¿Qué te gustaría que te aportase ese objetivo?
  22. ¿Qué te gustaría aportar a ese objetivo?
  23. ¿Qué resultados o evidencias te permitirían darte cuenta que has conseguido ese objetivo?
  24. ¿Cómo podrías cuantificar esas evidencias en datos numéricos?
  25. ¿Qué has hecho hasta el momento para producir esas evidencias?
  26. ¿Qué ha funcionado/ Qué no ha funcionado?
  27. ¿Qué no has hecho?
  28. ¿Qué crees que podrías hacer todavía?
  29. ¿Para cuándo lo podrías hacer?
  30. ¿Quieres hacerlo de verdad?

 

Tras estas preguntas, una persona acaba de tener más claro cual es su plan de acción para el objetivo porque ha acotado el objetivo, lo tiene contextualizado: y el contexto es lo que hace que el objetivo tenga un significado para la persona.

 

Además, este programa de preguntas acaba con comprometer a la persona con el objetivo centrándola en lo que tiene que hacer para conseguirlo antes que en esperar pasivamente conseguir algo que al inicio de las preguntas era un simple deseo.

 

La persona así acaba de centrarse en lo que depende de ella para superar el problema y conseguir el objetivo, en lo que puede controlar, antes que lo que no puede hacer: cuando tenemos claro lo que podemos controlar, lo que depende de nosotros, y un plan de acción para realzarlo, es cuando nos resulta más fácil hacerlo.

 

Así es cuando nos sentimos más comprometidos y más motivados hacia la acción.

 

¿Eres de los que Quieren o Eres de los que Aman?

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Cuando sentimos algo por una persona, podemos elegir la palabra con la que programar nuestro sentimiento, o mejor dicho, las consecuencias y las maneras con las que manifestamos ese sentimiento hacia persona.

Podemos elegir decir “Te quiero”, pero también podemos elegir decir “Te amo”. Quizás en España elegimos una u otra frase indistintamente y no nos damos cuenta de la trascendencia de una u otra formula.

Analizando sin embargo la Ontología del Lenguaje Semántico, es decir lo que el significado de las palabras contribuye a forjar nuestro ser, nuestra persona, y nuestra identidad, podemos descubrir aspectos muy interesantes sobre nuestra forma subconsciente de entender la relación de pareja.

Me sorprendió cuando vine a España que las personas se dijeran “Te quiero” tan a menudo y con tanta facilidad. De hecho, traduciendo el “Te quiero” del Español al Italiano, entendía esta frase con el significado  que damos en Italia a la palabra “Querer”, que tiene que ver con el deseo y posesión: “Te quiero” significaba para mí como decir “Quiero poseerte”.

Posteriormente, analizando la semántica Española de la palabra “Querer” no fui muy lejos de esa intuición inicial. El amor, visto desde la perspectiva semántica del “Querer a una persona”, tiene que ver con desear para sí algo que a uno no le pertenece.

Desde este punto de vista, cuando una persona quiere alguien o algo, lo que dice a sí misma es que no dispone de lo que quiere, no le posee y que por eso lo quiere poseer.

Este patrón, aplicado  a la relación de pareja, nos lleva a entender el “Querer” como desear al otro para sí,  querer atraerlo hacia uno mismo, poseer, y/o tener en propiedad al otro.

Todo esto tiene que ver con una concepción de la relación de pareja basada en la propiedad del otro, en la atención a necesidades individuales de una parte sobre la otra, sin tener en cuenta lo que opina, desee o sienta el otro al respecto.

Este concepto de la pareja se basa en amoldar la relación en función de lo que uno quiere, pero no en función de lo que ambos quieren: pasaríamos al caso paradójico en que si cada parte de la pareja “Quiere a la otra”, se desplegaría una batalla de fuerzas y presiones  para que cada una ceda ante la voluntad de la otra. Quizás esto puede llevar a muchas parejas al equilibrio, por eso de “hoy para ti y mañana para mí”, pero lo más habitual en esta batalla de partes es que una de las dos sucumba, o que tras muchos años de desgaste y peleas, ambas o una de las dos (normalmente la más cansada), decida poner fin a la relación.

Todo esto está muy lejos del entender la pareja como unidad: ¿Y qué unidad hay en desear para uno algo que está separado del mismo y no le pertenece?

Amarse desde la unidad no tiene que ver con el hecho de querer para uno mismo al otro, sino con todo lo contrario: ofrecerse, concederse, abrirse al otro en un acto de entrega.

Ahí es donde entra la fórmula “Te amo”: Amar, desde esta perspectiva tiene una connotación semántica más próxima al darse y entregarse gratuitamente al otro en confianza.

Solo cuando dos personas se ofrecen, conceden, abren y entregan el uno al otro mutuamente puede haber unidad: puede haber ese amor centrado en la unidad, en la confianza, en la pérdida del miedo a dar que nos suele enquistar en ese deseo de recibir que nos lleva con más facilidad a decir “Te quiero” antes que “Te amo”.

¿Y tú? ¿Eres de l@s que Quieren, o eres de los que Aman?