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Archive for 31 mayo 2013

La Decepción No La Produce Un Comportamiento Inadecuado, Sino La Falsa Expectativa Que Tiene Del Mismo

La Decepción No La Produce Un Comportamiento Inadecuado Sino La Falsa Expextativa Que Se Tiene De El

Es muy frecuente usar el verbo “Decepcionar” de manera pasiva, asociada al comportamiento o acción de alguien.

De hecho, es mucho más frecuente oir la frase “Me ha decepcionado” antes que “Estoy decepcionado”. Incluso cuando se usa esta segunda modalidadla manera de hablar se refiere en la mayoría de las circunstancias a decir “Estoy decepcionado por este motivo”, como si el motivo de la decepción tratásemos de ubicarlo fuera de nosotros antes que dentro.

Esto es señal de que nos cuesta asumir que si algo nos decepcionó, fue debido a nuestra expectativa previa antes que a los acontecimientos en sí.

Decir que algo nos ha decepcionado, significa admitir que de alguna manera esperábamos algo que no ha ocurrido o que ha ocurrido de de manera diferente de lo que nos esperábamos: es decir que teníamos una idea previa de lo que nos esperábamos.

Pero no solamente significa esto. Significa también admitir que sobre la idea previa que teníamos, habíamos emitido un juicio personal polarizando esa idea como algo más o menos positivo, aceptable, o correcto, de acuerdo con una persona, su comportamiento, o una circunstancia.

Pero hay algo más: decir que algo nos ha decepcionado, significa también admitir que hemos juzgado la realidad de manera personal, sumaria y subjetiva, desde nuestro personal sistema de creencias y valores, o  aquello que ha dicho o hecho esa persona o como se han desarrollado los acontecimientos: que lo hemos comparado con nuestra idea o expectativa previa, y que tras esa comparación, hemos juzgado que lo que ha ocurrido no refleja o no cumple con nuestros criterios previos. O que simplemente es inferior en calidad y beneficio a lo que nos esperábamos.

Por tanto, todo este proceso que nos lleva a decir que “algo no ha decepcionado”, es fruto de una expectativa arbitraria, imaginada y no real, de un juicio sobre esa expectativa, construido sobre la base de la imaginación, de una comparación entre la realidad efectiva y nuestra imaginación alimentada por nuestras expectativas basadas en simples deseos o necesidades personales y, finalmente, de un juicio sobre la realidad efectiva, basado en esa comparación.

Lo que no nos damos cuenta es que estamos comparando hechos consumados y objetivos, con  imaginación subjetiva previa.

Y menos aún nos damos cuenta que a la hora de comparar hechos con imaginación, damos más crédito a la imaginación y creemos que nuestro punto de vista es mejor o más aceptable, o más justo, o con más derecho de razón, respecto a los hechos patentes.

Este proceso representa una falacia en el momento en que damos por sentado y obvio que nuestra expectativa previa, aún siendo algo imaginativo cuenta más o tiene más derecho de existir que los meros hechos patentes.

Por eso, al decir que  “algo nos ha decepcionado” , estaremos también afirmando que para nosotros,  nuestra expectativa previa tiene más razón e importancia que la mera realidad. Que cuenta más lo que pensamos, que lo que ocurre ahí en el mundo exterior.

Y al usar como punto de comparación nuestro pensamiento, expectativa o idea previa, decimos caemos también en el autoengaño de creer que esa es la correcta y que si la realidad no coincide o cumple con ella, o la supera, entonces esa realidad habrá hecho algo que no consideramos justo o asumible, ya que nos habrá decepcionado.

Todo esto es fruto de un egocentrismo cognitivo o conceptual que nos lleva a pensar erróneamente que disponemos de más y mayor razón que la realidad misma.

Lo que nos resistimos a entender es que la realidad ahí fuera simplemente ocurre, y que nuestro punto de vista y nuestro juicio es lo que la disfraza de algo que nos gusta o nos gusta.

Y que cuando algo no nos gusta o pensamos que “nos decepciona”, será porque nosotros, con nuestros juicios y nuestras expectativas previas habremos querido que sea así: y que eliminando el juicio, eliminaremos el malestar o la decepción.

Por este motivo, cuando algo nos decepciona, no habrá sido por lo que habrá hecho o no habrá hecho o habrá dejado de hacer, sino por nuestras expectativas previas que habremos construido de manera sumaria, sin considerar eventualidades como la realidad que finalmente nos abofetea en la cara (ojo, no es la realidad que da la bofetada, sino nosotros que ponemos la cara por donde pasa ella).

Del mismo modo, si piensas que has decepcionado a alguien, puedes pensar también que no habrá sido por lo que hayas hecho o dicho, sino por las expectativas equivocadas que esa persona tenía.

La causa de su decepción no está en tu comportamiento, sino en las expectativas del otro/a.  

¿Qué Es Lo Que Te Mueve Hacia Lo Desconocido? ¿Y Qué Es Lo Que Te Frena Ante Los Cambios?

Que te mueve hacia los desconocido y que te frena hacia los cambios

 

Curioso, muy curioso.

Las personas por un lado afrontamos lo desconocido con ilusión, pero somos a la vez capaces de frenarnos ante los cambios.

Lo que parece una incoherencia en principio, esconde mecanismos psicológicos muy marcados y claramente adaptativos.

Primero, no es que haya personas que les gusten los cambios y otras que no, sino que hay personas que gestionan de distinta manera el cambio.

En general todos tendemos a producir cambio cuando ciertas situaciones sobrepasan el umbral de aburrimiento. Pero el umbral de aburrimiento cambia de persona en persona. Por eso hay personas que buscan los cambios con más frecuencia que otras.

Pero en general, incluso a “los culos de mal asiento” pueden en ocasiones sentarles mal los cambios.

La razón es que a nadie le gusta un cambio que no haya podido elegir o cuyos términos, tiempos, modalidades y condiciones no puede controlar o decidir.

Por eso, la principal razón que nos lleva a afrontar cambios y movernos hacia lo desconocido con mayor o menor ilusión, no reside en el cambio en sí o en sus condiciones coyunturales y materiales, sino en la percepción de control que una persona pueda tener de ese cambio.

A mayor percepción de control, más ilusión. A menor percepción corresponderá menos ilusión o incluso frustración.

Pero el cambio no tiene que ver solo con el destino hacia el que una persona de dirige, sino, también con el presente que tiene que abandonar.

Cuando una situación presente no supone estimulo alguno, o incluso es motivo de frustración, el cambio, y por tanto el abandono de la condición presente, será mucho más dinámico y voluntario por parte de la persona.

El problema pero surge cuando esa misma situación, incluso en la mediocridad que pueda suponer para la persona, satisface por otro lado aquellas necesidades básicas que permiten a la persona vivir con cierta tranquilidad y comodidad.

Ahí es cuando la persona, asentada en su propia “zona de confort”, percibe por un lado la ilusión y el deseo de cambiar pero, por el otro, el miedo a tener que abandonar una situación con la que en cierta medida se conforma.

Es en esos momentos que la persona se debate entre dar el paso o quedarse quieta.

Estos bloqueos pueden superarse en unos casos identificando las creencias limitantes que impiden a la persona actuar y,  en otros casos identificando aquellas expectativas también limitantes que pueden envolver a la persona en un espejismo ilusorio que le hace ver lo que persigue como un éxito seguro y le impide contemplar otras posibilidades alternativas más eficaces.

¿Sueñas o Trabajas? ¿O Las 2 Cosas?

Sueñas O Trabajas - O Las Dos Cosas

Desde luego me posiciono en la última categoría.

Conseguir convertir un trabajo en un sueño tiene que ver con ser capaces de disfrutar de lo que se haga, independientemente de lo que se esté haciendo en un momento específico.

Trabajar = Resolver Problemas. Más vale dedicarse a resolver problemas con estado de ánimo positivo, antes que pasarlo mal mientras.

Pero todos los trabajos implican momentos agradables y momentos difíciles, incluso aquel trabajo o profesión que uno ansía conseguir: una vez conseguido, los problemas iniciaran a surgir o llegarán en cualquier momento, de la manera en la que uno menos se lo puede esperar, con la frecuencia e incidencias o gravedad que, incluso realizando la profesión que uno tanto ama, pueden acarrear incertidumbre, miedos, tristeza y todo tipo se emoción negativa.

Por eso atribuir a la actividad que se realiza el poder de hacernos más o menos felices o satisfechos, encierra en sí un fuerte peligro: el de no controlar nuestra vida emocional, lo cual es peor.

La clave reside entonces en tener la suficiente perspectiva como para mirar más allá de los síngulos episodios y ser conscientes de que si nos gusta nuestra profesión y es lo que más deseamos seguir haciendo, entonces puede que estemos viviendo un sueño, y hayamos convertido nuestro trabajo en ese sueño.

De otra manera, trabajar para un sueño es muy frustrante: si el trabajo falla, entonces sentiremos que nuestro sueño se aleja. Acabaríamos por hacer depender el cumplimiento de nuestros sueños vitales de la existencia o no de un medio para conseguirlos, que sería el trabajo. Si además trabajamos en algo que no nos gusta para perseguir ese sueño, entonces ni tenemos el sueño, ni tenemos el disfrute de un buen trabajo como consuelo por no llegar a ese sueño.

Los que de un sueño sacan un trabajo: bienvenido sea. Una oportunidad momentánea de sacar partido de su vida. Pero mi pregunta a ellos sería: ¿Y cual es entonces tu sueño vital? ¿Te acerca o cumple ese trabajo con tu sueño vital? ¿O es una más de las inumerables ocasiones de provecho  efímero que has encontrado viviendo el día a día de una vida de altibajos sin un rumbo claro?

Y lo peor desde luego es la situación de aquellos que sueñan con un trabajo. Porque ni tienen tabajo, con todas las dificultades que esto conlleva, ni lo van a conseguir si solamente sueñan  con él y no hacen nada más para conseguirlo y, (lo peor) se equivocan mucho con sus sueños porque podrían soñar algo un poco más agradable que el objeto de algo que anhelan y no tienen: lo cual les hace sentir aún peor.

Coaching: ¿Profesión o Prostitución? Reflexiones Sobre El Coaching Y Diferencias Del Mentoring

Decisiones Cortar

El coaching es una de esas actividades que inició haciéndose de moda, con todas las ventajas y el glamour de las profesiones psicológicas, y además depurada de todos los “inconvenientes” típicos de los psicologos (sueldo bajo, trabajar con enfermos y casos desagrabales, necesidad de respetar un rigor científico o adecuación a una corriente específica, necesidad de estudiar una carrera para ejercer, etc.).

Luego, el Coaching pasó de ser una moda a ser una realidad.

Se trató de profesionalizar e, imitando los colegios profesionales de psicólogos, surgieron organizaciones privadas con sus códigos deontológicos, rigores de aplicación y, como no, acreditaciones para discernir buenas de malas practicas.

Estas organizaciones lejos de representar intereses sin ánimo de lucro, han concurrido a generar un negocio al rededor de un modelo de trabajo muy mediatico, promocionado por figuras de gran atractivo, carisma y pupularidad.

Ante el gran actractivo, estas organizaciones vieron la posibilidad de generar un comercio al rededor de la palabra glamurosa de “Coach” y trataron de transformar un simple marco de trabajo en una verdadera profesión.

Se crearon escuelas, organizaciones y todo un comercio orientado antes a personas con mucha vocación, y luego a todos aquellos que, ante un periodo de crisis y sin empleo, buscaban algo nuevo, cómodo e interesante de hacer.

Así venimos al día de hoy en el que la palabra Coaching es usada junto a aquellas otras palabras que indican profesiones tan Hollywoodianas como “Personal Trainer” o “Personal Shopper”, promocionadas en la tele por personas que han sido capaces de hacerse un hueco en el mundo de los servicios a profesionales gracias a su buen hacer y confianza ganada en los años, trabajando al servicio de personajes cuya profesión, imagen pública, y alto standing les permite que le sea rentable tener a alguien que le asesore en imagen y le ahorre tiempo a la hora de buscar y comprar determinados artículos.

Pero, la realidad es otra y en ocasiones es cuestionable la necesidad de un Personal Trainer o un Personal Shopper  en el centro comercial de barrio o de pedanía, pese al afán de querer emular a nuestros “heores” de la tele haciendo lo que ellos hacen, pero dentro de nuestro micro cosmo a pequeña escala de ciudad de provincia o de barrio de capital.

Lo mismo puede pasar con un Coach en un polígono industrial.

La verdad es que en la actualidad, el coaching no tiene nada de profesión y mucho de “prostitución”, debido al muy confuso uso que se hace de la palabra en distintos ámbitos; debido a la masificación de supuestos profesonales que dicen que son “Coach”, debido a que no existe en hacienda epigrafe alguna que recoja esta profesión (no casualmente lo mismo pasa con la prostitución), debido a que no existe formación reglada, y sobre todo, debido a que quien organiza y “regula” esta actividad son organizaciones privadas con fines privados que viven al márgen del sistema institucional de las profesiones reguladas por ley u ordenadas por ilustres instituciones como los colegios profesionales.

Pero, aún así, todo esto no ha mermado la escalada de popularidad del coaching. Pese a todo ello, hoy en día dichas organizaciones tienen mayor aceptación social que incluso los colegios profesionales, llevando incluso a instituciones oficialmente reconocidas (como lo son las universidades públicas, y los colegios profesionales) a interesarse por ellas y buscar formación que llaman “cualificada” porque viene “certificada” bajo la adecuación a los criterios y estándares de esas organizaciones.

Y digo esto, fuerte de ser propietario de una marca que basa en el Coaching el 51% de su actividad y el 49% de su facturación.

Ocurre pero que en muchas ocasiones me he encontrado con clintes que buscaban un coaching y querían una charla de alto impacto motivacional, tras haber visto los videos en youtube de Anthony Robbins o de Emilio Duró.

Otros que me pedían coaching y, tras una sesión preliminar, demostrarle con resultados psicometricos la necesidad de intervenir antes en cuestiones significativamente clínicas de baja autoestima o alta ansiedad (también mi profesión es de psicólogo).

Otros aún, que iniciaron un coachng y ese coaching se transformó en mentoring por necesidades de desarrollo a corto plazo de tiempo, debido a los condicionantes de sus circunstancias en las empresas, o por la necesidad de las mismas empresas que contrataban el servicio, lo pagaban y buscaban soluciones más ágiles, a medio camino entre el coaching y la consultoría.

Con esto, quisiera contestar a esta pregunta diciendo que la cuestión no es tanto la de crear una condición de incompatibilidad entre coaching y mentoring, donde uno sea mejor o más necesario que otro, sino que considerarlos como servicios compatibles que requieren un análisis detallado y minucioso sobre a quien recurrir, según la cuestión a tratar.

De otra manera sería como decir: ¿Necesitamos más Psiquiatras o Psicólogos? ¿Necesitamos más Osteópatas o más Masajistas?

Creo es importante no confundir los roles y saber a quien recurrir según el caso.

Un mentor es más adecuado para aquellos casos a medio camino entre la formación y la consultoría,  donde se requiere una persona experta que enseñe a otra y le traslade su know how, con todas sus virtudes y defectos.  Un mentor es un experto en el campo de aprendizaje, trabajo y actividad del cliente. Es muy efectivo.

Un coach no aporta conocimiento a la empresa, sino apoyo para que la otra persona aprenda por si misma, facilitada en el proceso por alguien que, dominando técnicas dialécticas y ejercicios capaces de generar encuadres y re-encuadres (es decir capaz de hacerle llegar por sus propios pies a nuevos enfoques más funcionales), con el fin de resolver por su cuenta un problema o alcanzar un objetivo. Puede ser también muy efectivo, siempre y cuando buscamos un desarrollo humano y profesional que vaya más allás de la simple y llana adquisición de información y modelado de habilidades más propios del mentoring.

Un mentor puede hacer uso del coaching como marco de trabajo dentro del mentoring, un coach, en el momento en que hace mentoring, deja de actuar como coach, y deja de hacer coaching.

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Es Más Productivo Cambiar De Camino, Que Tratar De Cambiar Las Ideas De Un Tonto Que Te Impide Llegar a Destino

Es Mas Productivo Y Facil Cambiar De Camino Que Tratar De Cambiar Las Ideas De Un Tonto Que Te Impide Llegar A Destino

Esta reflexión no tiene que ver con la actitud tan famosa de desistir ante las dificultades con personas “”duras” de comprensión, sino con esa más famosa reflexión que es mucho más fácil cambiar uno a sí mismo que tratar de cambiar a los demás.

De hecho los demás no están situados dentro de nuestro círculo de control, mientras que todo lo que se refiere a nuestras ideas, creencias, valores, decisiones, estrategias y comportamientos sí se sitúa dentro de nuestro círculo de control.

Por tanto es más fácil y productivo cambiar lo que depende del control de uno mismo, antes que tratar de cambiar lo que, en última instancia, depende de la voluntad de los demás.

Las Decisiones Siempre Son Emocionales: Entonces Elige Desde Emociones Positivas Para Obtener Resultados Positivos

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Las decisiones siempre son emocionales: o al menos detrás de ellas subyace una componente emocional significativa.

También es cierto que habitualmente es difícil que florezca algo positivo de emociones negativas: el miedo trae huida, la rabia conflictos, la tristeza a la pasividad, etc.

Realizadas estas premisas, cada vez me veo más cerca de las emociones y menos de las razones….

Suena cada vez más frecuente en mí la pregunta de coaching: “¿Quieres tener razones o quieres tener soluciones?”.

Y Cuando vamos hacia las soluciones, las emociones están ahí. Según un estudio realizado hace varios años por el Dr. Moravian de la Universidad de UCLA, el contenido semántico (es decir el contenido en sí) de un mensaje, concurre solo en un 7% en el convencimiento del propio interlocutor.

Haciendo un salto especulativo suficientemente amplio, partiendo de ese estudio, podríamos decir que las razones lógicas solo concurren en un 7% en convencer a una persona a tomar una decisión.

Ya son varios los episodios de Redes de Eduard Punset en los que varios investigadores demustran que la toma de decisiones es más emocional que racional. Lo que ocurre es que luego usamos la famosa “Racionalización” Freudiana como mecanismo de defensa que sirve para “disfrazar” la ilusión o el miedo (emociones que subyacen a la toma de decisiones), de sensatez racional.

Y lo de escuchar el propio cuerpo antes de la toma de decisiones es fundamental ya que toda emoción siempre deja un rastro de reconocimiento en el cuerpo.

Ocurre pero que en la empresa “racionalizada” donde todo tiene que responder a unos cálculos lógicos que sirvan de razones para justificar una decisión u otra, en ese esmero por la justificación y la necesidad de comprensión lógica de los fenómenos, acabamos por desconectarnos de nuestro cuerpo y de nuestras emociones.

Acabamos así en un “limbo” intelectual, emocionalmente castrados, mintiendonos a nosotros mismos para justificar una decisión tomada en base a creencias y pensamientos lógicos que otros promueven en sus “anuncios de televisión” y que nosotros compramos, usamos y asumimos como “leyes universales e irrefutables de la naturaleza humana y empresarial”, hasta el momento en que vengan otros a vendernos mejores productos, o la vida nos de una bofetada en la cara enseñándonos su “cruda” realidad (la ascensión de hitler al poder no fue nada ajena a este mecanismo, y la crisis cuyas consecuencias padecemos ahora, no es otra cosa que una crisis de valores debida a alejarnos gradualmente de nuestra naturaleza humana, empujados hacia una progresiva visión materialista, racionalizada y monetizable de la realidad).

Peor aún es cuando presas de ese afán calculador y racional, creemos estar en posesión de la razón y no prestamos atención alguna a los mensajes que nos envía nuestro cuerpo, diciéndonos que la decisión que estamos tomando no está siendo nada congruente con el núcleo más íntimo de nuestras emociones, que siempre, por necesidad, son coherentes con nuestras creencias y valores más arraigados.

Acabamos como aquellos que esgrimen los argumentos de sus tesis como verdad absoluta, solo porque han conseguido validarlas cientificamente con una metodología específica, o clinicamente testada, sin darse cuenta de que la razón uno nunca la tiene, solo se la dan.

Pero, a fin de cuentas, puestos a analizar y buscar y darle una y más vueltas, en el cálculo lógico racional de lo que queremos y no queremos, siempre encontraremos razones para tomar o no una decisión, hasta el infinito.

Más vale entonces elegir con ilusión y amor.

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La Seguridad En Uno Mismo Es Esa Cualidad Que, Cuando Abunda Superando Un Límite, Se Convierte En Zona De Confort

La Seguridad Es Esa Cualidad Que Cuando Abunda Superando Un Limite Se Convierte En Zona De Confort

En ocasiones nos sentimos tan seguros de nosotros mismos que esa seguridad, ante que ser nuestro mejor aliado, se convierte en nuestro peor enemigo. Así es como afrontamos los retos con esa “suficiencia” que no nos permite concentrarnos para expresar nuestro mejor potencial.

Esta actitud se manifiesta a nivel cognitivo en su máxima consecuencia con esa “rigidez mental” de aquellas personas incapaces de considerar o contemplar pensamientos, ideas o creencias diferentes de las suyas, como igualmente válidas o aceptables.

Estas personas, que habitualmente llamamos Defensores del “Pensamiento Único”, suelen mostrar gran dificultad de adaptacion a los cambios, negación ante las necesidades de cambio, y manifestar exteriormente emociones como la frustración, la rabia o el enfado.

Suelen quejarse a menudo de todo lo que no se adecua a su línea de pensamiento, y sus comportamientos son de tipo impositivo (usan la coacción o su forma más sutil,  la manipulación, y en ocasiones la agresividad si se sienten atacadas), evitan personas, situaciones y circunstancias relacionadas con pensamientos distintos, y suelen mantenerse a la defensiva, negando o rechazando todo lo que no se conforma con sus creencias.

Al final, estas personas acaban prisioneras de sus propios jucios y pensamientos con el fin de mantener una cierta seguridad y establidad en sus estructuras de creencias, y valores.

Negando lo ajeno y diferente, se instalan en una mediocre conformidad consigo mismos: una comodidad en la que niegan también la posibilidad de cualquier aprendizaje sustancial  y crecimiento personal.