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Archive for 30 octubre 2013

“CIENTÍFICO NO ES SINÓNIMO DE MEJOR, NI DE MÁS EFICAZ”

 

Creer que algo que es “científico” sea mejor es una de las mayores falacias que puede cometer un investigador.

Es la evidencia de que, reducido a los mínimos niveles, también la ciencia se basa en creencias.

 

Extracto del Libro “Camino al Cambio” de Roberto Crobu (Capítulo 29):

 

29 CHAMANParece que nos tranquiliza mucho ser conscientes de la explicación de los problemas, pero la explicación no es la solución: para obtener una solución hay que ir más allá de las explicaciones y actuar activamente, con voluntad, determinación y creencia en lo que hacemos.

Todo esto tiene que ver con la excesiva autoridad que hemos conferido a la «ciencia» como poseedora de la verdad más respetable antes que a las creencias, es decir, a pensamientos acerca de cosas, basados en nuestra confianza, antes que a la razón.

A fin de cuentas, nuestras decisiones se basan en creencias y no en ciencias. No existe nada hoy en día que pueda considerarse cierto y seguro, a menos que no lo veamos con los ojos de las creencias y de la fe: incluso una supuesta ciencia «exacta» como la física, llegada a los niveles de sofisticación de la física cuántica, deja de manejar el concepto de seguridad para hablar de probabilidad. Así lo expone el principio de indeterminación de Heisenberg: a un determinado nivel de observación no es posible ubicar con exactitud la posición en el espacio de una partícula elemental, ya que el mero hecho de observarla modifica su desplazamiento, y solo por aproximación probabilística podemos hallar su posición en el espacio. De este modo, no podemos predecir con seguridad que mañana lloverá o hará buen tiempo, tan solo podemos aproximarnos mediante la probabilidad, y por tanto con un margen de error.

También las evidentes limitaciones de otras ciencias como la medicina y la farmacia están progresivamente abandonando el concepto falaz de «seguridad» entre causas y consecuencias de los tratamientos que promueven. Ante la misma enfermedad, no es seguro que un tratamiento o fármaco pueda conseguir curarnos a todos de la misma manera, en el mismo grado y en el mismo plazo de tiempo. No todos los tratamientos antiedad que venden las casas de cosmética nos producen el mismo porcentaje de «rejuvenecimiento» con seguridad. Tampoco se conoce la forma de curar o evitar el cáncer al cien por cien y simplemente se ha aceptado la quimioterapia como la «terapia convencional», bajo una decisión que tiene que ver más con la política que con la práctica.

El sistema de conocimiento científico de la era positivista al que hemos otorgado la «autoridad» moral de poseer la «razón» y la «verdad» durante el siglo xx está mostrando en este nuevo siglo xxi todas sus limitaciones: ya no basta con argumentar que una idea, una teoría, un método, un tratamiento o un producto está testado científicamente para afirmar que necesariamente sea mejor o más eficaz, menos invasivo o que provoque menos efectos colaterales que los que no fueron testados. Ya no basta ni nos sirve la etiqueta de «científico» para garantizar que un método, una idea, una teoría o un producto sea «mejor» que otro.

Lo que nos dice el hecho de que algo esté probado científicamente no es que funcione más o menos que otros métodos no científicos, no convencionales o simplemente «alternativos», sino el hecho de que mediante un procedimiento científico se puede describir y explicar de manera lógica y racional la «magia» de sus efectos, es decir, cómo actúa, cómo funciona y por qué surte los efectos que produce. Nada más. Hoy en día, «científico» significa solo esto.

He aquí otro concepto digno de ser aclarado, y es el término despreciativo con el que se tildan en ocasiones respetabilísimas metodologías como «alternativas». Ante eso es conveniente preguntarse: ¿alternativas con respecto a qué? ¿A lo establecido? ¿Establecido por quién? ¿Bajo qué intereses? ¿Es lo mismo decir «convencional» y «alternativo» que «correcto» e «incorrecto»? ¿No estaremos cometiendo una falacia al pensar que, tal vez, algo que consideramos convencional o comúnmente aceptado tenga que ser necesariamente mejor o más conveniente que lo que tildamos como «alternativo»?

Podemos creer que una idea, una teoría o un «razonamiento» tenga mayor respeto y «validez» que otros simplemente por demostrarnos, mediante explicación lógica y relaciones de causa-efecto, el porqué de su funcionamiento. Pero, a fin de cuentas, esto no será otra cosa que una mera creencia: una creencia no diferente de la creencia de que otro método (de esos que se llaman «alternativos») del que no se sabe ni cómo ni por qué funciona, sea capaz de aportar soluciones efectivas; una creencia basada en la creencia de que si se puede explicar lógicamente el funcionamiento de algo, entonces ese algo tiene mayor valor y es más digno de respeto; una creencia basada en que solo tiene respeto y valor lo que se pueda explicar racionalmente. A fin de cuentas, creencias; creencias personales y, como tales, actos de fe en los que la «verdad» está más cerca de lo que creemos nosotros antes que de lo que creen los demás.

 

No Sabemos Que Hay Después Pero Sí Que Hay Un Después

No sabemos que hay despues pero si que hay un despues

Carta Abierta a un/a asistente que me dejó una nota muy conmovedora tras la ponencia en las JORNADAS CONCIENCIA ACTIVA , que siente que la tristeza se ha apoderado ella y aún así le da la bienvenida, la acepta y la agradece:

Lo que sientes ha crecido en tí como una articulación más de tu cuerpo: y te es útil para hacer o aprender algo en tu vida.

¿Para que puede servirte esa tristeza?

¿Qué puedes lograr con ella a través de ella? ¿Qué juicios, creencias o valores la causan?

¿Qué otros beneficios obtienes con mantener esos juicios?

¿Cómo puedes mantener esos beneficios y cambiar los juicios?

Aceptar el camino es importante y fundamental como primer paso, pero si solo nos quedamos ahí no haremos más que recrearnos en el sufrimiento que genera. Ahí entonces es cuando se hace merecedor atravesarlo y recorrerlo, estando abiertos a las infinitas posibilidades y lugares de destino que nos brinda.

No se trata de transformar la tristeza en expectativas de un futuro mejor, sino de ser conscientes que el fluir del proceso de la vida pasa por una etapa nueva: una nueva “pantalla”.

No sabemos que hay después, pero sí que hay un después: tanto si  nos quedamos parados, como si decidimos avanzar, hacia él, caminar y seguir adelante.

El primer después ya lo conoscemos.

El otro está por descubrir.