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Archive for 13 febrero 2014

Tanto Que Sigas Como Que Renuncies, El Dolor Lo Tendrás Igual

En más de una ocasión puede habernos llegado la duda del si seguir adelante en la persecución de un resultado concreto, o dejarlo y desistir.

La manera en la que afrontamos este “Cruce de Caminos” es fundamental en la vivencia del dolor y del sufrimiento que podamos padecer como consecuencia de una u otra cosa.

Y la verdad, una de las verdades absolutas es que el Dolor existe y es inevitable.

A esto yo añadiría que el conflicto también existe y es inevitable: bien con uno mismo o bien con los demás.

La cuestión es elegir el camino que menos sufrimiento puede causar en nosotros y nuestro alrededor y la mayor felicidad y alegría pueda generar.

DesprendimientoPongamos por ejemplo la persecución de fines y objetivos empresariales y económicos. No cabe duda que puede ser un factor de mucho estrés, incomodidad y malestar, según el tipo de objetivo que se plantee. Esto puede generar tensiones y conflictos no solo en el interior de una empresa, como en el mercado, por tratar de colocar un producto por encima de la competencia o mediante técnicas de comunicación manipulativa o coercitivas, con el fin de cumplir con objetivos.

Lo vimos recientemente en las prácticas poco Responsables de Directivos del sector de la banca que dieron lugar a la famosa crisis de las hipotecas basura.

No cabe duda de que las consecuencias de estas prácticas hayan generado mucho dolor y sufrimiento no solo en ciertos Directivos, sino en sus principales Stakeholders y clientes.

Pero renunciar a estos objetivos también puede implicar mucho dolor puesto que significa decir no a ciertas políticas de empresa, con el riesgo de perder incluso el puesto de trabajo o suculentas cuantías económicas en términos de primas.

No tenemos porque indignarnos por todo esto, puesto en nuestro pequeño reproducimos este mecanismo de toma de decisiones continuamente, todos los días, con nuestros amigos, vecinos de casa, compañeros de trabajo, hijos y pareja.

Puede que me sienta en derecho de conseguir mis objetivos profesionales o de ocio y que esto conlleve un conflicto con mi pareja y mi familia por no atenderles adecuadamente. Pero a la vez entraría en conflicto conmigo mismo por no lograr mis aspiraciones en el supuesto de renunciar a ello. ¿Qué hago? ¿Sufro por un lado, o sufro por el otro?

Y practicando deporte de resistencia: afronto el dolor que implica seguir adelante cuando creo que no puedo más, o el dolor para mi autoestima de dejarlo?

Puede que entre en conflicto con mi vecino de casa por querer poner una barbacoa en mi jardín y tener que hacerlo en la mejor zona para mí que coincide con la valla que linda con su parcela a la altura de la ventana del salón de su casa. ¿Renuncio a mis barbacoas por renunciar al conflicto, o renuncio a la buena relación con él por no renunciar a mis deseos?

Sea cual fuere la decisión que tome, esto siempre implicará una renuncia y un conflicto, bien conmigo mismo por renunciar a mis deseos, o bien con los demás por renunciar a la buena convivencia a favor de mis prioridades. Y el dolor es asegurado en un caso o en el otro.

Ahora bien, la intensidad del dolor depende de la rigidez con la que abordemos una u otra postura. A mayor rigidez, mayor dolor.

Si queremos eliminar el dolor, tendremos que eliminar o suavizar esa rigidez de plantemiento. Y esto implica realizar una labor de desprendimiento de todos aquellos elementos, creencias, planteamientos y posturas que concurren a esa rigidez.

Las personas, bajo este enfoque muchas veces caen en el error de creer que ante el prójimo, son siempre ellas quienes entonces dan el brazo a torcer; que son siempre ellas quienes tienen que esforzarse para que las cosas salgan más o menos bien en lugar de sus interlocutores; que son siempre ellas están buscando soluciones en nombre de un mayor bienestar común.

La labor de desprendimiento inicia con el renunciar a esta actidud.

Para conseguirlo es importante asumir que sus decisiones son el mejor revelador de cuáles son sus principales valores, que es lo que les importa más,  que están dispuestas a renunciar en nombre de lo que elijen.

Si optas por renunciar a tus objetivos profesionales a favor de una mejor convivencia con tu pareja, esto significa que de alguna manera necesitas más lo segundo que lo primero. Que la convivencia con  tu pareja es más importante que tu objetivo. O que tu objetivo puede esperar. O que no confías tanto en lograr tu objetivo como para arriesgarte a perder una cosa y no conseguir la otra: que no estás dispuesto/a a pagar un precio tan alto para lograr lo que buscas, o que de alguna manera una cosa no compensa la otra.

Entonces el conflicto real ya no es con la otra persona, sino con uno mismo, ya que uno no acepta el desprenderse de una parte de sus aspiraciones que van más allá de lo que realmente se siente capaz de lograr. Es un problema de frustración con uno mismo más que de conflicto con los demás. Y si no lo resuelve, lo más probable es que al fin y al cabo tampoco sea capaz de evitar el conflicto con la otra persona por pagar su frustración con esa misma persona.

La cuestión entonces está en salir del victimismo y de esa auto-compasión que nos hace pensar que siempre somos nosotros los desgraciados,  y asumir que lo que deseamos implica esfuerzo, elecciones y prioridades.

Y priorizar siempre significa abandonar algo: bien un convencimiento o bien una comodidad material.

Que tenemos que elegir si queremos una vida cómoda o si queremos perseguir lo que de deseamos, cueste lo que cueste. Ser entonces consecuentes con lo que esto pueda implicar en términos de desprendimiento personal.

No opto necesariamente por las decisiones altruistas y “moral y políticamente” correctas, sino con asumir necesariamente el trabajo de “duelo” que implica para uno mismo, abandonar algo y del trabajo de agradecimiento que implica tener la oportunidad de conseguir lo otro.