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Archive for 17 junio 2014

Creencias Limitantes, Auto-Determinación y Auto-Motivación

Tanto que creas que sí, como que creas que no, tienes razón. Así decía un sabio. Porque al fin y al cabo lo que mueve el mundo son las creencias (decía otro sabio).

Creer en algo es lo más poderoso para conseguir ese algo como lo es para conseguir su contrario, si se cree en lo contrario. Lo que al principio y al final cuenta es lo que uno cree.

FelicidadTras creer durante muchos años en las disciplinas motivacionales de la psicología clásica (me formé inicialmente como psicólogo industrial), me di cuenta que había casos de excelencia que salían de las leyes y teorías de esa psicología y los analicé y modelé (por ejemplo Viktor Frankl, o de Nelson Manela, o de Gandhi, o de deportistas como Michael Jordan, Alex Zanardi, Edurne Pasaban, u otras personas que han conseguido superar enfermedades y dificultades muy graves). A todos ellos les une una actitud que yo llamo de auto-determinación, basada en el auto-abastecimiento de motivación generada por la pura y profunda alineación con valores fuertemente arraigados a un propósito vital por el que dejar en segundo plano (casi) cualquier otra cosa, ante la consecución de ese propósito: una actitud centrada en sentirse como únicos responsables de la creación de su propio destino (para bien o para mal) y que deja solo bajo su propia responsabilidad y compromiso, el hecho de actuar en coherencia con esa creencia.

Si crees que lo de fuera es tan poderoso como para motivarte o desmotivarte, entonces dejarás que lo de fuera te motive y te desmotive a su antojo. Si crees que solo tú eres dueño de lo que sientes y te sucede, entonces solo tú decidirás que es importante y que no lo es. Del mismo modo, si crees que no puedes conseguir algo debido a tus circunstancias, al final no lo conseguirás (posiblemente ni lo intentarás) achacando la causa de tu fracaso, malestar, o descontento a esas circunstancias. Esto es tremendamente desalentador porque te anclarás a una actitud de indefensión por la que estarás diciendo a tu subconsciente que no controlas tu vida, o mejor dicho, no controlas como tu afrontas esa vida. Esto te hará sentir poco poderoso, nada inspirado y más desmotivado puesto que te preguntarás a ti mismo/a: ¿para qué intentarlo si al final no depende de mí conseguirlo….

A todo esto se puede dar un giro de actitud porque lo importante no está al final sino al principio: no es tan importante lo que se pueda conseguir al final, sino como planteamos el principio de nuestro actuar. Si crees que solo en ti está la voluntad de afrontar esas circunstancias para conseguir algo diferente, independientemente de la circunstancia, entonces actuarás por encima de esa u otra circunstancia.

Esto último responde a la actitud de auto-determinación con la que las personas funcionan cuando están alineadas con su propósito vital. James Allen decía que Las circunstancias no hacen al hombre, pero lo revelan (en cuanto le ponen delante de la oportunidad de auto-determinarse, o dejarse llevar, desvelando así su propia naturaleza). Del mismo modo Nietsche decía quien tiene un por que (o un propósito) soporta cualquier como (es decir la circunstancia). Y finalmente Viktor Frankl decía que Quizás no puedas elegir todo lo que te sucede (las circunstancias) pero sí puedes elegir qué hacer con ellas.

En definitiva, si una persona cree que lo que más le motiva está fuera de sí, de sus posibilidades y de su control, caerá en el riesgo o falacia de dejar entonces que sean cosas ajenas a su voluntad las que determinen su mayor o menor nivel de motivación.
Si una persona cree que lo contrario, con más posibilidades se sentirá dueña de su destino como para perseguir su propósito vital con auto-determinación. Y que lo consiga o no, no tendrá porque alterar su actitud o su estado de felicidad, puesto que no hay condición más feliz que la de haber hecho todo lo que depende de uno mismo y haber aprovechado las circunstancias a disposición (sean las que sean) para darse la oportunidad de alinearse con un propósito vital coherente con los valores y principios de esa persona.

El Tiempo No Es Lo Que Sucede, Sino Lo Que Tú Haces Para Que Suceda

Es curioso que hay épocas de nuestra vida que parece que pasan muy rápidas, y otras que parecen que no se pasan nunca… Parece que en ocasiones el tiempo va más rápido o más lento, pero la realidad es que se trata de una percepción subjetiva ya que los días disponen siempre de 24 horas todos los días.

¿Entonces qué es lo que hace que nuestra percepción cambie?

Son dos los factores que inciden en esta percepción:

1. El número de cosas que hacemos.

2. La profundidad con la sentimos lo que hacemos desde un punto de vista emocional.

RelojCon respecto al número de cosas, cuantas más hacemos, más parece que el tiempo vaya de prisa: la sensación es que el día se pasa rápido y que no tangamos el tiempo de “aburrirnos”. Esto si hablamos de la sensación presente mientras estemos en la tarea. Sin embargo, cuando todo ello se convierte en recuerdo, la gran cantidad de actividades realizadas hace que nos sorprendamos nosotros mismos de haber realizado/ conseguido tantas cosas en tan poco tiempo, y la sensación es de haber vivido muchas experiencias y que la vida no haya pasado tan lentamente como pensábamos cuando vivíamos esas situaciones.

Visto del modo contrario, en las épocas en las que no tenemos recuerdos de haber realizado muchas actividades, tendremos la sensación de que hayan pasado muy deprisa, pese a aburrirnos mientras las vivíamos.

Por tanto, cuantas más cosas hagamos, más parece que llenamos la vida de experiencia y, cuantas menos experiencias distintas y variadas tengamos, más parece que la vida pase de prisa. ¿Por qué?

Básicamente es porque medimos el tiempo en actividades y eventos, cosas que nos suceden y experiencias que tenemos. De hecho, podemos decir que el tiempo no es lo que pasa y se mide con las agujas del reloj, sino el conjunto de actividades y experiencias que nosotros somos capaces de tener y producir durante ese transcurso.

Pero es evidente el revés que puede tener este aspecto: que cuanto más nos afanemos para hacer muchas cosas variadas, más tendremos la sensación de que nos estamos perdiendo algo por el camino y que no estamos viviendo con “Profundidad” lo que hacemos. ¿Cuántas veces, presas por el estrés de hacer muchas cosas, hemos caído en no haber sido capaces de disfrutar de lo que hacíamos? Aquí entra el segundo factor en juego:

La profundidad con la sentimos lo que hacemos desde un punto de vista emocional, parece no tan fácil de conseguir aunque es un ingrediente base esencial para disfrutar de la vida y sentir esa “plenitud” que algunos relacionan tanto con la “felicidad”. ¿Cómo conseguir todo esto?

Desde luego aprendiendo a vivir el presente: dicho así parece una frase vacía, de esas tantas que se leen en libros de auto-ayuda, que quedan bien pero no dicen más. Pero en este post iremos un poco más allá y explicaremos el real significado de “vivir con profundidad el presente”: esto significa afrontar cada actividad del día a día con la consciencia plena de donde estamos, qué estamos haciendo, porque lo hacemos, para qué lo hacemos, ser conscientes de que lo realizamos de la manera más agradable, dentro de lo que cabe en nuestras posibilidades, y ser conscientes a la vez de la intención positiva que nos guía para hacerlo. Siempre que hagamos algo conscientes de todos estos aspectos mientras lo estemos realizando, estaremos viviendo el presente en profundidad.

Para lograrlo es importante que nuestra atención esté centrada en lo que estemos haciendo y que cada vez que notemos que se desvía hacia preocupaciones/ especulaciones del futuro, o rumiaciones/ recuerdos sobre el pasado, (todo ello ajeno a la situación presente), volver a centrar la mente en lo que se esté haciendo y recuperar esa conscienciaen esa intención positiva, como disciplina de pensamiento.

Todo ello significa asumir el control de lo que estemos haciendo, siendo conscientes de que en todo momento estemos realizando algo para conseguir que sucedan ciertas cosas movidas por esa intención positiva.

De esta manera la experiencia vivida cobra profundidad y significado y, pese al número de actividades que hagamos, no tendremos la sensación de que el “tiempo haya pasado” tan rápidamente.

Tras este razonamiento podemos decir que el tiempo finalmente no es lo que simplemente sucede, como si fuera algo alejado y ajeno a nosotros: si así fuera se convertiría en vacío, en tiempo inexistente y ausencia de recuerdos, por tanto en ausencia de tiempo.

El tiempo es más bien el conjunto de todas las cosas que nosotros somos capaces de convertir en recuerdo porque las vivimos con suficiente intensidad y profundidad emocional debido a vivir nuestro presente con atención plena, conscientes de que estamos haciendo algo con una intención positiva orientada a que sucedan ciertas cosas.

Definitivamente, el tiempo no es lo que simplemente sucede, sino el conjunto de actividades que nosotros realizamos con la intención positiva de que las cosas sucedan.

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