Archive

Archive for 10 agosto 2014

El Problema No Está En Que Algo No Nos Guste, Sino En Que No Nos Guste Ese Algo

NosferatuEn más de una ocasión nos solemos castigar a nosotros mismos por lo que pensamos. Nos preguntamos: porque estoy pensando esto? Porque no puedo parar de pensar en esto? Y en otras tantas ocasiones acabamos tratando de luchar contra ciertos pensamientos para eliminarlos o borrarlos de nuestra mente.

¿Hemos probado alguna vez a tratar de borrar algo escrito con fuerza en un folio? ¿Qué es lo que suele pasar? Que bien queda el halo y nos tendremos que conformar con ello, o bien nuestro intento de que “no quede rastro” hará que ese mismo folio se desgaste… Y eso e lo que pasa con nuestra mente al tratar de “eliminar ciertos pensamientos”.

Este proceso psicológico no funciona como con los archivos de los ordenadores. Siempre las cosas dejan rastros, recuerdos y aprendizajes. Aquí me surge el recuerdo de una frase que una alumna mía (Inés Paula) me envió una vez en un mail: “Nada refuerza tanto el recuerdo de algo como el mero deseo de olvidarlo”. Es como el eterno cuento del “no pienses en un elefante”….. acabas que no puedes evitar en pensar en él.

¿Entonces que hacer contra esos pensamientos que parece que no controlamos y que deseamos eliminar? Muy sencillo. La cuestión no está en que hacer “en contra” de ellos, sino que hacer “con ellos”.

Solo podremos reconciliarnos con la dualidad de lo “bueno” y lo “malo”, trascendiendo esa misma dualidad y pensando desde una perspectiva integradora de que lo bueno y lo malo son dos partes de la misma entidad, y lo único que está separado de ellas es nuestra perspectiva que las desune, las separa selectivamente, y que se queda con una sola parte de esa realidad que sin embargo es más completa.

Aquí es donde caen por su limitación muchas de las perspectivas de intervención psicológica (clásicas y alternativas) que tratan de “cambiar”, “eliminar” ciertas pautas de pensamiento, “borrar” ciertos “archivos” de la mente, “hacer olvidar”, “extinguir” o “reprogramar” a la persona.

La cuestión no reside en como eliminar ciertos pensamientos o como no pensar en ciertas cosas (deseo en el que la gran mayoría de personas y profesionales suele caer ante esos casos), sino en reducir el tiempo de atención que se les presta a esos pensamientos.

Los pensamientos van y vienen. Quizás nosotros pensemos que tengamos el pleno control de ellos, pero la evidencia nos dice que no es así. El subconsciente nos suele proponer constantemente ideas, imágenes, situaciones, posibles o imposibles, reales o surreales, sin que nosotros aparentemente sepamos o tengamos porque analizar el motivo de ello.

Sin embargo solemos caer en el error de retener aquello que “no nos gusta” analizando (indignados con nosotros mismos) el motivo por el cual solemos pensarlo, auto-culpándonos del haberlo pensado o si acaso imaginado, o quejándonos de no ser capaces de “controlar nuestra mente” que, como un caballo desbocado, no conseguimos “domar”.

Como si el saber el motivo por el que eso nos pasa, nos aliviará automáticamente el malestar y nos resolverá el problema de “estar pensando cosas que no queremos pensar”. O como si el reprocharnos por lo malos que somos en pensar ciertas cosas, aliviase de alguna manera nuestra tendencia en pensar aquello.

Pero el problema no reside necesariamente en tratar de dominar la mente o “controlar” racional y presentemente todo lo que pensamos (acabaríamos mentalmente desgastados en muy pocos minutos), sino en dejarlo fluir y pasar, sin aferrarnos a ello.

El problema de hecho no es lo que pensamos, sino la importancia que le damos a eso que pensamos.

Solo con reducir el tiempo de atención que le prestamos a ciertos pensamientos, hará que nuestro bienestar mejore, sin tener porque emprender una guerra encarnizada contra esos pensamientos. Esto pondrá a esos pensamientos dentro de esa perspectiva integradora de aceptación y, poco a poco, todo nos parecerá tan normal, fluido y liviano. Y con la perspectiva del tiempo nos daremos cuenta que lo que más daño nos hacía no era lo que pensábamos, sino nuestra actitud de intolerancia con una parte de nosotros mismos constituida por esos pensamientos que antes rechazábamos.

Como dice Wayne Dyer en el libro “Tus Zonas Erróneas”,” así como piensas, así serás”. Somos lo que pensamos, todo lo que pensamos, sin rechazo ni separación de cualquiera de nuestros pensamientos. Nos gusten o no nos gusten. Y el problema no está en los pensamientos que no nos gustan, sino en que no nos gustan ciertos pensamientos.

El problema entonces no reside en lo que pensamos, sino en nuestra actitud de “separación” de una parte de nosotros constituida en ciertos pensamientos. De una parte de nosotros que piensa ciertos pensamientos. Pero que no deja de ser parte de nosotros y, como tal, en el momento en que nos separamos de ella, no la aceptamos, generamos un conflicto con nosotros mismos que nos dolerá. Pero lo que nos dolerá no será la parte que no aceptemos y que pensamos que es “mala”, sino el conflicto en sí.

Lo que habrá producido el conflicto no será la parte rechazada, sino la actitud de rechazo de la otra.

Que Israelíes y Palestinos saquen sus conclusiones…