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El Síndrome Post-Vacacional: Porque No Requiere De Intervención Psicológica

A quien no le haya resultado incómodo o generado malestar alguna vez el simple pensamiento de que las vacaciones se han terminado y que toca volver al trabajo.

Es frecuente en estas fechas ver indicadores de este malestar en las RRSS, muros de FB y twitts de nuestros contactos, mediante frases que ejemplifican ese malestar. Una de estas frases recibida en los últimos días por uno de mis contactos recitaba, a modo de poema y con rima, lo siguiente: “Después de tanto disfrutar, ha sido bonito, pero toca volver a la cruda realidad”.

Como si el trabajo fuera la realidad, pero las vacaciones no lo hubieran sido…. Como si el disfrute no hubiese sido real… Como si la persona no fuera consciente que el mero hecho de vivir algo es la máxima demostración de que la experiencia ha sido real.

GritoEsta frase dice mucho de cómo esta persona entiende que la realidad más auténtica es lo que corresponde a la rutina anual, mientras que lo otro es la excepción… Y esa realidad es “cruda” en contraposición con la excepción que es bonita… Como si para esta persona lo real corresponde con “lo malo”, y lo bonito quien sabe a que: como si fuera imposible entonces que algo real y algo bonito pudieran ocurrir a la vez en su vida…

Volviendo al Síndrome Post vacacional, éste no deja de ser un estado transitorio que suele afectar a la persona mientras se encuentra en el periodo de “cambio de rutina” entre las vacaciones y el trabajo, pero que suele desvanecer solo en cuanto la persona misma centre sus pensamientos en el siguiente foco temporal de atención. No deja de ser algo transitorio que dura unos pocos días máximo (de 2 a 3 días), que en caso alguno condiciona, o merma el habitual funcionamiento de la persona en sus distintos ámbitos de vida: como máximo puede que ralentice de alguna manera su funcionar, pero no llega en caso alguno a generar un bloqueo o una parálisis.

Para aliviar este estado, en los casos en los que se presenta como leve, basta acortar el periodo de tránsito entre el “Final de las vacaciones” y la “Puesta al día de la rutina anual”. Esto hará que el síndrome dure menos (siempre que lo tengamos), sin llegar al extremo de pasar de una cosa a otra de manera brusca y abrupta, por lo que esto puede incrementar la dificultad de adaptación a la nueva rutina (cambios de hora, tareas, actividades, etc.) y causar el efecto opuesto, es decir un incremento sustancial del nivel de estrés por atender las exigencias de un trabajo que se presenta intenso de manera improvisa y directa: esta última situación sería como pedir a un deportista que vuelva a competir sin realizar la preparación física pertinente a la nueva temporada.

En este sentido se trata de acortar el tiempo de transición entre una rutina y otra, sin que por ello se tenga que incrementar el nivel de intensidad con la que se inicia la nueva rutina.

El Síndrome Post-Vacacional suele agravarse cuando está asociado a la nueva rutina el recuerdo de situaciones desagradables relacionadas con esa misma rutina a encontrar: cuando la persona entiende que la vuelta al trabajo implica volver a los “viejos” problemas sin resolver (o que según ella no tienen solución), situaciones para las que la persona no se siente capaz de afrontar o resolver eficazmente, o que supongan estrés, conflictos, altas cargas de trabajo sensoriales, cognitivas, emocionales, o sociales, hasta situaciones más contundentes aún como pueden ser ambientes relacionados con la desigualdad de género, la falta de conciliación, hasta el acoso o mobbing.

En estos últimos casos es cuando se puede pensar que el Síndrome Post-Vacacional se agudiza y genera bloqueos o parálisis emocionales que condicionan y merman un funcionar más o menos habitual de la persona. En estos casos es cuando, según algunos especialistas, el Síndrome Post-Vacacional y se convierte en un problema que merece tratamiento.

Pero no es así, ya que el Síndrome Post-Vacacional en estos casos no es el problema en sí, sino el indicador, es decir el síntoma por el que se manifiesta y agudiza el real problema que afecta a la persona (Estrés, Acoso, Mobbing, Falta de Autoestima, Fobias en sus distintas vertientes, Deficit de Asertividad, etc.). En estos casos el Síndrome Post-Vacacional no es el diagnóstico, no es la causa, sino la consecuencia, no es el fin, sino el medio por el cual se informa de cual es el fin del tratamiento: la finalidad del tratamiento, entonces, no es aliviar el síndrome post vacacional sino afrontar el problema que subyace.

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