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Archive for 25 noviembre 2014

¿Puede Una Persona Con Depresión Lograr Objetivos Con El Coaching?

Óscar Sánchez Hernández es Doctor en Psicología (mención de Doctorado Europeo) y experto en Psicología Positiva. Licenciado en Psicología. Máster en Recursos Humanos, Especialista en Inteligencia Emocional. Ha dedicado los últimos años a la investigación, aplicación y formación de diversas temáticas de la Psicología Positiva en distintas universidades europeas y americanas (Vanderbilt University, Nashville (USA), University of Warwick, Coventry (UK), Claremount Graduate University, California (USA) y Universidad de Murcia. Es además director, terapeuta y formador del centro de Psicología Positiva, SANDER PSICÓLOGOS: BIENESTAR Y CIENCIA (2012- actualidad), y miembro de la Sociedad Española de Psicología Positiva.

¿Son las psicopatologías y trastornos psicológicos una limitación para conseguir objetivos vitales? ¿Puede una persona con depresión plantearse objetivos vitales y ser acompañada en un proceso de coaching sin tener por qué “curarse” antes de su depresión?

DSCF2416Primero habría que definir de qué hablamos cuando hablamos de “Coaching”, un término quizá demasiado genérico. Habría que hablar más bien de técnicas y protocolos de actuación. Por ejemplo en el libro Positive Psychology in Practice de Linley y Joseph (2004), en uno de sus capítulos se detallan las influencias de distintas terapias en las diversas técnicas usadas por los coach (terapia centrada en soluciones, terapia cognitivo-conductual, terapia multimodal de Lazarus, Teoría de sistemas, inteligencia emocional, modelo transteórico de cambio de Prochaska y DiClemente, psicología positiva y enfoque de fortalezas…). Segundo, lo mejor en estos casos es ampararse en el conocimiento basado en la evidencia, tal y como hizo Seligman, Rashid y Parks (2006) con la Psicología Positiva: realizó un estudio en una muestra de personas con depresión grave mediante un diseño experimental, con asignación aleatoria a tres grupos. En uno se les aplicó tratamiento estándar , en otro psicoterapia positiva mediante un manual con técnicas y sesiones detalladas y en el tercero tratamiento estándar con medicación antidepresiva. Los resultados señalaron que el 55% de los pacientes que se sometieron a la psicoterapia positiva, el 20% que siguió el tratamiento estándar y sólo el 8% de tratamiento estándar junto con fármacos, consiguieron la remisión. No sería adecuado hablar de manera intuitiva acerca de si es efectivo o no el Coaching, sin disponer antes de datos basados en la evidencia. Creo que el Coaching puede beneficiarse del enfoque científico de la Psicología Positiva por esta misma razón.

Creo que la terapia debe aborar la parte psicopatológica como la que concierne a la Psicología Positiva (objetivos vitales, fortalezas…)

Una persona parapléjica puede plantearse el objetivo de jugar al baloncesto, intentarlo y lograrlo desde sus limitaciones sin tener porque curarse antes de su problema. ¿Es posible plantear lo mismo desde las limitaciones de una depresión?

Eso es cierto, pero en todo caso, de camino a su objetivo no dudemos de que iniciaría y acabaría siendo seguida en sus intentos por profesionales sanitarios y facultativos que analicen constantemente hasta qué punto el reto puede tener efectos colaterales o beneficios en la persona. Con la psicología pasa un poco lo mismo. Quizá una persona se plantee lograr objetivos vitales y retos desde la depresión, aunque esto no quita la conveniencia de que en ese intento reciba un seguimiento por parte de profesionales cualificados: en este caso por parte de psicólogos. En definitiva, claro que se puede plantear un objetivo vital y tratar de alcanzarlo desde las limitaciones de una depresión, de hecho esto siempre se ha hecho en psicología puesto que el mero hecho de salir uno de la depresión, representa un objetivo. Ahora bien, uno puede trabajar con un Coach, al igual que un parapléjico tiene un entrenador para jugar a baloncesto a ciertos niveles, a la vez que es conveniente que reciba una seguimiento psicológico, tal y como ese parapléjico es conveniente que necesite a personal sanitario para no “morir en el intento”. En el caso concreto que me propones tanto la persona que está parapléjico como la persona que padece una depresión podrían beneficiarse de un psicólogo especializado en ocio terapéutico, muy en la línea de la psicología positiva, donde se trabaja estos objetivos en estas poblaciones que has señalado.

¿Sería legítimo atender a una persona con Depresión desde el Coaching, ayudándole a conseguir sus objetivos vitales sin tener porque intervenir previamente y terapeúticamente en ese trastorno? ¿Es más, sería efectiva la intervención?

Permíteme que te cuente una idea de una conferencia, que impartió en el último Congreso de Psicología Positiva, Imma Puig Santos, psicóloga del Barsa. Nos comentó que “lo que no se comprende no puede verse”. Para ello relató una ocasión en la que se le averió su coche. Llamó a su mecánico y, al llegar este y comprobar que le ocurría al coche, procedió a explicarle y señalarle que había pasado ” como ves el manguito ha fallado y…” al mismo tiempo que iba señalando diversas partes del motor. Imma nos comentó “yo le decía a todo que si pero yo…no veía nada”. Con esto quiero señalar que en mi opinión una persona con un problema psicológico necesita un profesional de la psicología capaz de moverse desde la Psicología Clínica, la Psicología de la Salud y llegar a enfoques más positivos como la Psicología Positiva o el Coaching. Si una persona no está formada en estos ámbitos no podrá “ver” qué está ocurriendo y cuál sería la mejor manera de ayudar a este cliente. Aplicaremos la técnica más adaptada al momento y situación concreta. Para ello debemos de estar al tanto de las técnicas que científicamente han demostrado mejores resultados a un problema psicológico concreto y en la fase concreta en la que se encuentra la persona en cuestión. Previamente es necesaria una adecuada evaluación psicológica que recoja tanto las variables psicopatológicas como las que provienen de la Psicología Positiva. También debe de trabajarse de forma multidisciplinar para dar el servicio óptimo a la persona que se acerca en busca de ayuda. De esta forma creo que sería posible que, de forma paralela, un psicólogo formado en Psicología Positiva y en Coaching, junto con otro profesional de la psicología formado en Psicología Clínica y de la Salud, pudieran trabajar en equipo con una persona que padezca un problema psicológico

¿Podemos considerar una intervención que trata de desarrollar el potencial positivo y los recursos de una persona como una “terapia”? ¿Es adecuado entender como “terapia” solo aquellas intervenciones basadas en eliminar el trastorno?

El objetivo de la terapia es conseguir una salud óptima en la persona y, como ya declaró la OMS en 1946 “la salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social y no únicamente la ausencia de enfermedades o dolencias” que realizan los profesionales sanitarios. La terapia psicológica la realizan los profesionales de la psicología. La terapia debe de abarcar, tanto el alivio y curación de los síntomas psicopatológicos, como los objetivos vitales, fortalezas, recursos personales y sociales y demás ámbitos que desde la Psicología Positiva y otras vertientes buscan ayudar a las personas a encaminarse hacia la dirección de ese estado completo de bienestar físico, mental y social.

La Meditación Es Psicología: Entrevista A Pedro Jara Vera

Pedro Jara FotoEn este artículo, Roberto Crobu entrevista al Psicólogo Pedro Jara Vera , especialista titulado en Psicología Clínica: Pedro trabaja desde 1993 como psicoterapeuta, orientador y formador con un enfoque integrador de diversas tendencias y estrategias. Profesor asociado en la Universidad de Murcia y autor de numerosos artículos científicos y profesionales. Ha publicado también los libros Adicción al Pensamiento (Ed. Abecedario) y El Mundo Necesita Terapia (Ed. Regenera). Es además socio fundador e impulsor de la asociación ReGenera Consciencia de Cambio.

Para más información y consultas, se puede contactar con Pedro a través de su web: www.pedrojara.es

RC:Últimamente estamos observando un creciente interés por las prácticas de Atención Plena y Meditación orientadas a tratar problemas y trastornos psicológicos: ¿son realmente tan efectivas como para tener un efecto terapéutico, o son un simple complemento de la terapia?

PJ:Quizá lo primero que hay que recordar es que el concepto de terapia es mucho más amplio y abarcador, pues incluye todo tipo de enfoques o estrategias que pueden contribuir a la solución de los problemas. Dentro de la terapia, las estrategias de atención plena y meditación son sin duda un recurso de gran valor. Aquí la investigación más controlada está últimamente refrendando en muchos sentidos la experiencia milenaria respecto a la utilidad de estos enfoques.
Por tanto, sobre si estas estrategias tienen un efecto realmente terapéutico, la respuesta contrastada es que sí, en un muy amplio abanico de problemas. Pero yo no dejaría de ver esto como un posible y valioso complemento a la terapia dentro de un paquete o enfoque más amplio, y sólo muy inusualmente como una terapia exclusiva.

 

RC:¿Qué hace de estas prácticas que sean más atractivas hoy y que no lo fueran hace 10 años?

PJ: Yo tengo la impresión de que al igual que en muchos otros casos hay un factor fundamental de casualidad, en tanto que alguna personalidad destacada en el ámbito de la ciencia occidental empieza a interesarse por investigar y publicar ampliamente sobre lo que viene haciéndose desde tiempo inmemorial en el mundo oriental, y a partir de aquí empieza a crearse una moda y un gran marketing en torno a ello, como si se tratase de algo nuevo.
Pero es cierto que una casualidad así requiere que se den determinadas circunstancia en el “espíritu de la época” que la hagan posible y que permitan una receptividad mayoritaria. En ese sentido creo que también es importante la crisis de las religiones tradicionales, la moda general del budismo en el mundo occidental y de todo lo que se ha vinculado a la cultura de la Nueva Era, el hecho de que vivimos en la era del estrés y por tanto hay una fuerte necesidad de paliativos en tal sentido, o la adaptación a occidente de estas estrategias despojándolas de sus componentes religiosos. Todos estos factores han venido propiciando un caldo de cultivo muy adecuado para el trabajo en atención plena.

 

RC: ¿Qué pueden aportar a la intervención psicológica estas prácticas?

PJ: La meditación es Psicología. Se trata de una intervención puramente psicológica, y que como es obvio para toda intervención psicológica efectiva tiene efectos palpables en nuestra fisiología y neurología. En este sentido no es diferente a si la pregunta se hace respecto a prácticas como la hipnosis, la reestructuración cognitiva, las estrategias de visualización, etc. Cuando cualquiera de estas prácticas se enmarca en una evaluación e intervención psicológica más amplia y bien estructurada, es cuando verdaderamente cobra valor y eficiencia al realizarse en una dirección y con unos criterios apropiados.

 

RC: ¿Y Qué puede aportar la psicología a estas disciplinas, puesto que las imparten personas que no necesariamente tienen una formación psicológica de base?

PJ: Es cierto que la historia de la meditación es muy anterior a la de la psicología científica, y que la Psicología tiene que absorber y otorgar comprensión y método a ésta y otras muchas estrategias tradicionalmente vinculadas a la religión, a la filosofía, a la medicina chamánica… Yo soy consciente de que hay muchos profesionales no psicólogos que tienen una capacidad contrastada en el manejo de ciertas estrategias claramente psicológicas, como la meditación, el coaching, la hipnosis…, así como que muchos psicólogos titulados pueden dejar bastante que desear en ese sentido. La competencia formal y la real no van necesariamente juntas. Además, ponerle puertas al árbol de lo psicológico es extremadamente difícil, porque la psicología lo impregna todo, es la disciplina más amplia que existe y se fusiona en cierto grado con todas las demás. Pero siendo esto así, en general considero que hay una excesiva banalización de la meditación cuando se aplica por parte de personas con una formación psicológica de base precaria. Esta base formativa siempre se nota, y es muy importante para atender adecuadamente a las particularidades de la intervención, para establecer del mejor modo los criterios de la misma, para darle una complementación pertinente con otras estrategias que puedan resultar adecuadas, y desde luego para desarrollar una buena comprensión acerca de que hace que esto funcione cuando lo hace, o no cuando no lo hace.
Y en general creo que ningún psicólogo bien formado se dedicaría de forma casi exclusiva a trabajar con esta técnica, así como con cualquier otra, por muy potente y polivalente que resulte, puesto que la visión y la inquietud siempre es más amplia, y lleva la mente del profesional a recursos complementarios y a intervenciones multimodales. Alguien dijo que debemos tener cuidado con las personas de un solo libro, y en este punto yo añadiría que también deberíamos ser recelosos con las personas de una sola técnica, o de una sola escuela.

 

RC: ¿Hay muchas personas que recurren a estas prácticas casi como refugio ante problemas de la vida?, ¿es esta una manera adecuada de plantear su práctica?
Pedro Jara

PJ: Cuando algo se enfoca casi como una panacea nunca es una buena práctica. Es cierto que la meditación, cuando se practica con continuidad y buenos criterios, tiene efectos de un amplio espectro en nuestra personalidad, porque de algún modo actúa insidiosamente sobre el núcleo de la mayoría de problemas psicológicos. Yo mismo he defendido esto en mi libro Adicción al Pensamiento, y por ello las prácticas de atención plena ocupan un lugar muy destacado en el capítulo final y nuclear del libro. Pero constantemente observo a supuestos meditadores que están lejos de orientarse a una verdadera solución de sus problemas, y que más bien se “entretienen” meditando y alimentan una ilusión de superioridad moral que les ofrece una precaria y frágil sensación de bienestar. En cualquier caso creo que esto ocurre precisamente porque no meditan de forma adecuada, porque la técnica está banalizada o mal interpretada, y sobre todo se pierde de vista que la meditación sobre el cojín o la banqueta es solo un entrenamiento para la vida meditativa que debe cultivarse fuera del cojín.
Me gustaría conectar esto con otro problema que me preocupa y que actualmente se está dando mucho. Me refiero a que si bien desvestir de religiosidad a las prácticas meditativas es un planteamiento correcto, en muchos casos ha supuesto una polarización hacia una visión banal y sesgada de las mismas. La meditación adecuadamente entendida no es neutral respecto al enfoque vital que suscita, y fundamenta una filosofía de la vida que casa mal con entenderla, por ejemplo, como una manera de aumentar la productividad laboral o de combatir el estrés. Y no me refiero a que tales efectos no puedan ser deseables y posibles, sino a que implican un triste reduccionismo respecto a comprensiones e implicaciones bastante más amplias y trascendentales para nuestra existencia que anidan en el entrenamiento continuado con la atención plena. Es tan simple como que un “lobo” de Wall Street que dice practicar la meditación y aumentar con ello su capacidad profesional, puedo apostar a que hace algo en verdad bien distinto o empobrecido, y que no dirige su atención hacia donde procede hacerlo, porque de lo contrario la meditación le llevaría directamente a cambiar de oficio.
Hay comida de consumo rápido que sienta mal a nuestro organismo, e igualmente nos estamos contaminando con una meditación de consumo rápido que hace mal honor a un enfoque en verdad noble y amplio, que debería calar en aspectos muy esenciales de nuestra forma de vivir.

RC: Gracias Pedro Jara por tus palabras.

 

Como Superar el “NO PUEDO” en 8 Pasos.

A una acción siempre le antecede un pensamiento.

Y a una no acción también.

ImposibleSi queremos ir a la causa del porque repetimos comportamientos cuyas consecuencias no nos gustan y no sabemos como dejar de hacerlo, o porque no conseguimos intentar ciertos comportamientos que nos gustaría tener, tendremos entonces que investigar qué pensamientos están detrás de esas acciones equivocadas consumadas o no acciones. Puede que ahí encontremos pensamientos que nos conecten con emociones como el miedo o la preocupación, o incluso la tristeza y, en todo caso, un sentimiento de malestar, bien por no haber sido capaces de dar la vuelta a esa situación, o bien por no estar conforme con sus consecuencias.

Una de las creencias que están detrás de un comportamiento no ejecutado o permanentemente pendiente de hacer es el famoso “NO PUEDO”, basado en razones, excusas, o incluso evidencias pasadas concretas o generalizadas, extraídas de una situación y aplicadas a su generalidad.

La cuestión ante esa creencia no consiste tanto en perderse buscando las causas para cambiarla, cuando nació, que eventos o episodios le dieron fuerza, porque se arraigó en nosotros, etc. En esa búsqueda es posible que acabemos gastando demasiado tiempo para lograr algún resultado medianamente satisfactorio. No es yendo al pasado que conseguimos cambiar o encontrar soluciones al presente, sino trabajando sobre el mismo presente como transformamos nuestro futuro.

Existen distintas maneras para transformar esta creencia limitante en una oportunidad de mejora que potencie la función dinámica de la persona hacia la consecución de resultado, en lugar de bloquearla o enquistarla en la evitación.

El “NO PUEDO” es la expresión de una indefensión aprendida ante un problema, lo cual, para salir de esa indefensión, requiere que la persona sea capaz de encontrar, de alguna manera, una fisura ante el problema que le ataña donde se vea capaz de hacer algo que dependa de sí misma y recobrar un poco de control como para sentir que vuelve a “tomar las riendas” de esa situación o problema.

La estrategia que comentaremos a continuación es de fácil aplicación para un Coaching Ejecutivo aplicable al ámbito profesional, o también al Coaching Deportivo, cuando un deportista siente que “no puede” o no consigue ejecutar una acción o movimiento.

La estrategia se llama: REDUCCIÓN AL TAMAÑO CONTROLABLE.

Es una de las estrategias más eficaces y consta de los siguientes pasos:

1. Separar el problema en partes (3 o 4 partes), como si fueran pequeñas etapas.

2. Tras separarlo, pedir a la persona que se analice en su actuación ante cada una de esas partes: observar que hace bien y que puede mejorar.

3. Valorar de partida las partes que hace bien y funcionan y extraer que estrategias se usa la persona como para que su ejecución en esas partes sea más eficaz.

4. Analizar de qué manera las estrategias que funcionan esas partes, puedan ser aplicadas en las otras partes.

5. Luego plantear la elección de uno de los aspectos de más fácil abordaje acerca de aquello que puede hacer mejor: centrarse solo en ese aspecto y marcarlo como objetivo inicial, olvidándose del problema en su globalidad, puede representar un principio de alivio y reducción de la carga emocional estresante.

6. Tras ello, dedicarse a crear un plan de acción para mejorar esa parte específica.

7. Si el problema persiste, entonces es bueno separar esa parte en otros 3 o 4 micro-partes y repetir el proceso.

8. Si la persona observa tras un periodo de entrenamiento que ha mejorado su ejecución en esa parte, entonces pasar o otras partes del problema que estén todavía pendientes de mejora y repetir el proceso.

Lo Que Siento Depende De A Lo Que Presto Atención

Practicar la Consciencia Plena o Atención Plena (Mindfulness) permite hallar una serie de conclusiones acerca de cómo usamos nuestra mente y de los hábitos dañinos y poco saludables que solemos adquirir.

Y lo cierto es que la calidad de la vida de una persona depende en definitiva de la calidad de sus pensamientos.

Caras 5La mente es como un gran contenedor donde vertemos gran cantidad de información. Esa información la analizamos consciente o subconscientemente, la juzgamos y, finalmente, la clasificamos archivándola en nuestro “disco duro” en formato de creencias, es decir conclusiones de análisis, razonamientos, o soluciones más prácticas que nos sirven para facilitar nuestro funcionamiento a diario, simplificando nuestra toma de decisiones.

Esas creencias funcionan de criterios que nos permiten rápidamente valorar y sacar nuevas conclusiones de las nuevas experiencias que vivimos todos los días sin tener que volver a analizar toda la información nuevamente. Son economizadores cognitivos que funcionan de idiosincrasias, es decir mecanismos automatizados de funcionamiento que nos permiten tomar decisiones acordes a nuestra experiencia previa.

Esas creencias pueden convertirse en ocasiones, dependiendo de la mayor o menor rigidez que asuman, en verdaderos dogmas y prejuicios que en ocasiones nos llevan a sacar conclusiones excesivamente rápidas e intuitivas, adelantando incluso la vivencia y la experiencia: en base a ellas es posible imaginar el resultado de una decisión o comportamiento sin tener porque ponerlo en práctica y vivirlo directamente.

Pero como todo, este mecanismo puede volverse en nuestra contra dependiendo de la calidad de los pensamientos y creencias que llegamos a forjar y almacenar en nuestras mentes.

Está comprobado que en la medida en la que pongamos “basura” en ese gran contenedor que es la mente, esa misma se llenará de basura y producirá creencias fundamentadas en la basura.

IMG-20141103-00743A fin de cuentas, las personas felices son aquellas que son capaces de llenar su mente de pensamientos ilusionantes, incentivadores y motivadores, así como recuerdos de las partes positivas de sus experiencias: se trata de conclusiones positivas acerca de lo que viven, que les llevarán a actuar y seguir funcionando en la línea que eligieron.

Las personas tristes o con malestar sin embargo, son aquellas que llenan sus mentes con pensamientos preocupantes, fundamentados en el miedo, la evitación, el malestar y las partes negativas de sus experiencias.

Esto nos devuelve a lo útil que puede ser el mindfulness para darnos cuenta de qué tipo de pensamientos y juicios estamos dejando caer en el contenedor de nuestra mente y ser más conscientes de la gran influencia que tienen los mecanismos y procesos de atención en lo que luego se convierte en nuestra disposición, nuestro estado de ánimo y, en definitiva, nuestro bienestar o malestar emocional.

En la medida en que prestemos atención a los aspectos negativos de nuestras vivencias, almacenaremos recuerdos negativos que nos conectarán con estados de ánimo negativos.

En la medida en que hagamos lo contrario, sucederá lo contrario.

La cuestión entonces reside, cuando nos demos cuenta de que estamos experimentando un estado de ánimo negativo, en tomar consciencia de que si nos sentimos mal, será porque estaremos prestando atención a la parte negativa de nuestras vivencias. Pero la parte negativa de nuestras experiencias no es necesariamente toda la vivencia, sino el resultado de un punto de vista, de un análisis sumario que hagamos de esa realidad, desde la perspectiva y actitud de base que usamos para analizarla y sacr conclusiones.

Para superar ese bucle es bueno preguntarse entonces: ¿Si estoy prestando atención a los aspectos negativos, a que otros aspectos diferentes no estoy prestando atención?

En la respuesta a esa pregunta reside la posibilidad de un cambio sustancial de estado de ánimo.