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Archive for 18 febrero 2015

La Zona de Confort Es Necesaria: Desmontando Algunas Mentiras Del Coaching

Nadie me puede Motivar, Me Gusta La Zona de Confort, Los Miedos me Protegen, No tengo Creencias Limitantes, y Soy Feliz.

PayasoMuchos conceptos en el ejercicio del Coaching han evolucionado en los últimos años y, los que en principio parecían grandes avances, han demostrado pronto sus limitaciones. Esto nos está llevando a rediseñar un nuevo código del Coaching más ecuánime que ha dejado atrás el brillo superficial de aquellos speakers aparentemente motivadores cuyo discurso carecía de fundamento y no estaba sustentado en un conocimiento de los mecanismos psicológicos y emocionales del ser humano. A continuación detallamos algunos de esos conceptos desmitificados:

1. Se acabó la era de los “Gasolineros”: nadie motiva a nadie. Nadie chuta energía a nadie como si fuera gasolina que le haga funcionar: porque igual la gasolina que me chutan es diesel y yo necesito combustible hibrido porque soy “más limpio” pero corro menos, o porque me tratan de chutar gasolina de fórmula uno o de competición para que mi coche corra más, mientras mi coche necesita Euro 95. Ha quedado atrás el concepto de Leader motivador. Como mucho se puede ser Leader inspirador, pero la evidencia ha demostrado que nadie puede motivar a aquellos que no desean estar motivados o motivarse. Así como se expresa el libro Camino al Cambio (Bubok 2013), la motivación es una decisión personal e intransferible: en la empresa se convierte en una responsabilidad personal que funciona de bisagra entre empresa y empleado; si no estás motivado y no consigues motivarte, es tu responsabilidad y lo que deriva de ello es tan importante como definir si el trabajar desmotivado y no rendir adecuadamente, puede representar en sí mismo un fraude hacia la empresa.

2. La zona de confort es fundamental para el disfrute y la felicidad: la tan denigrada zona de confort no es algo malo en sí. Desde luego lo es si nos encontramos en una situación de malestar de la que deseamos aparentemente salir y no hacemos nada para ello, anclándonos a nuestro malestar. Será entonces que de alguna manera disfrutamos de ese malestar si no queremos abandonarlo. Cuando más disfrutamos de las cosas es cuando podemos parar y contemplarlas, es decir cuando nos sintamos realmente cómodos en ellas. La zona de confort puede confundirse con la rutina. Pero la rutina es importante para recrearse y afianzarse en un hábito hasta integrarlo y automatizarlo: y cuando un proceso se automatiza, se llega a fluir en ello. Y la fluidez es un concepto muy cercano a la felicidad. Otra cosa es que nos aferremos a ese hábito y a esa comodidad a toda costa como para resistirnos a los cambios inevitables de un mundo que evoluciona y que nos pide que evolucionemos en consonancia: en este caso nos quedaremos obsoletos si nos acomodamos.

3. Los miedos no son negativos, sino que nos ayudan a protegernos y a proteger lo que deseamos seguir disfrutando: el miedo, que es la base de la zona de confort, es una emoción adaptativa que nos preserva ante los peligros. No ayuda a proteger lo que hemos logrado para seguir disfrutándolo. Otra cosa es que nos apeguemos a ello como para que su falta nos cuse malestar. El miedo tiene por tanto una utilidad ya que nos ayuda a reflexionar sobre como mantener nuestro bienestar, siempre que sea en dosis comedidas y no nos lleve a la parálisis. Gracias al miedo podemos ser más prudentes cuando las situaciones lo requieren.

4. No existen las creencias limitantes en absoluto: las creencias no es que sean limitantes o potenciadoras en absoluto: las creencias surgen como efecto de procesos psicológicos orientados a ayudarnos a construir un significado de las experiencias que tengamos en la vida. Creamos creencias para dar significado a lo que vivimos. Toda creencia surgió en algún momento para ayudarnos a comprender y clasificar una situación de alguna manera para que pudiéramos convivir con ella o superarla. Es por tanto una creencia positiva, al menos en su intención inicial: otra cosa es que los tiempos cambien y que para adaptarnos a nuevas situaciones, esa creencia inicie a causarnos ciertas dificultades. La cuestión no estará entonces en destruirla o eliminarla o tratarla como una enemiga, sino en transformarla para que nos ayude a integrar los nuevos aprendizajes provenientes de esas nuevas experiencias.

5. Lo que más nos impulsa puede ser nuestra mayor limitación: ojo con eso de dejarse llevar por los valores positivos que a uno más le impulsan. Imaginemos que una persona desee ser speaker o conferenciante y que tiene como valor que le impulsa el reconocimiento. Buscando ese reconocimiento es posible que se auto-imponga un alto nivel de exigencia a la hora de hablar en público como para agradar al mayor número posible de personas. Pero imaginemos que el nivel de exigencia es tan elevado que la persona acabe sintiéndose invadida por la ansiedad y el nerviosismo. ¿Disfrutará esa persona de lo que más le impulsa? ¿Le ayudará esto a esa persona para lograr lo que desea y hacerlo adecuadamente?

6. La felicidad no está al final de un proceso, como consecuencia de obtener uno lo que desea, sino al principio: la felicidad es una decisión personal. Es un principio. Es una actitud que una persona decide tener en la vida. No por tener más dinero, más fama, más amor, más salud seremos necesariamente más felices. Sino que si somos felices con lo que tenemos, no tendremos necesidad de más dinero, más fama, más amor y más salud. Lo que se plantea uno desde la privación, no puede conducirle a algo bueno y beneficioso puesto que desde el subconsciente le reafirma constantemente que no tiene o no posee el objeto de su deseo, y que mientras no lo tenga no estará apaciguado su ánimo.

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Esto No Tiene Solución

Cadena ¿Cómo? ¿Estás seguro de lo que dices? ¿Tienes idea de la implicación de esta afirmación tuya? ¿Tienes idea de las consecuencias que puede tener para los demás que les mientas con esta afirmación? ¿Eres consciente de que, con esto, estás mintiendo o mintiéndote a ti mismo y, posiblemente causando daño a los demás?

Estas preguntas están dirigidas a todos aquellos lectores que en algún momento hayan recurrido a esta frase tan sumamente mentirosa, desmotivadora, y dañina.

Y a aquellos profesionales que además la hayan usado como diagnóstico en su trabajo. A ellos se les podría decir que además de ser una frase mentirosa, desmotivadora y dañina, no es más que una señal de su falta de profesionalidad y del peligro que está suponiendo su actividad para los demás.

Con esto no me quiero dirigir a nadie o nada en concreto, pero sí aprovechar para reflexionar sobre las implicaciones que ciertos errores de pensamiento (personales o ajenos) pueden suponer en nuestras vidas.
Porque la frase “Esto no tiene solución” es una gran falacia y mentira. Porque una cosa es decir que algo no tiene solución, y otra lo es el hecho de admitir uno su incapacidad de encontrarla, o de declararse incompetente para intentarlo. Y la verdad es que solemos recurrir más a la primera opción antes que a las otras.

Bruce Lee

Usar la frase “Esto no tiene solución” es afirmar una sentencia concluyente y tajante: inmutable. ¿Acaso disponemos de la audacia y seguridad de que esto vaya a ser así para siempre? ¿Acaso tenemos la arrogancia de posicionarnos en el lugar de un todopoderoso como para sentenciar esto? ¿No será más bien que no conocemos al momento la forma de encontrar esa solución? Entonces, ¿No será mejor decir: no sé como darle solución a esto?
Si la humanidad se hubiese anclado a este pensamiento limitante, no habríamos llegado al día de hoy sabiendo volar o, por ejemplo, sabiendo comunicar instantáneamente de una parte a otra del mundo por medio de un dispositivo electrónico.

EinsteinImaginemos si Einstein se hubiese parado ante uno de sus cálculos previos a la teoría de relatividad diciendo: “Esto no tiene solución”.

O si quienes lograron hacer volar el primer avión, se hubieran parado ante uno de sus primeros intentos fallidos diciendo: “Esto no tiene solución” ¿Hubiera esto impedido que otros lo lograran?

Porque una cosa es decir que algo no es posible, y otra es el hecho de no disponer todavía de la tecnología para lograrlo. Una cosa es decir que un fenómeno es científicamente imposible, y otra es decir que la ciencia todavía no sabe explicar ese fenómeno, o que la farmacología todavía no haya encontrado el medicamento a ese problema.

Por eso, decir “Esto no tiene solución” no solamente es manifiesto de no admitir una persona que no sabe que hacer o como hacerlo, sino una falta de consideración hacia los que dependen de su opinión porque les quita muchas energías e ilusión como para seguir intentándolo de otra manera o con otras ayudas. Es ponerles trabas, dificultar su búsqueda, y desanimar: porque el hecho que nosotros no seamos capaces de encontrar solución, no impide a otros la posibilidad de conseguirla.

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Discurso Motivacional para Superación Personal y Deportiva: Todos Llevamos Un #TomBrady Dentro

BradyCuando en la final del lejano Enero de 1982, perdiendo su equipo, Joe Montana lanzó un último desesperado pase, con 52 segundos del final que dio a los San Francisco 49ers, la anotación que les hizo recuperar el y ponerse delante en el marcador, ganando finalmente 28-27 contra los Dallas Cowboys, entre los setenta mil espectadores que presenciaron la histórica jugada había un niño californiano de 4 años llamado Tom Brady.

Ese niño presenció ese increíble pase que posteriormente pasó a la historia de este deporte y fue bautizado “The Catch”. También presenció el inicio de la época gloriosa de Joe Montana, el mejor jugador de football americano de todos los tiempos (hasta el domingo pasado). Ese partido puso a Montana en la primera superbowl (que ganó), y a la que sucedieron otras tres a lo largo de la década de los ochenta. Montana se convirtió para aquel niño en el ídolo, ejemplo, e imagen a seguir.

Y ese niño el domingo pasado, en la XLIV Superbowl se convirtió finalmente en el mejor jugador de football americano de todos los tiempos, no solamente por igualar el mismo número de títulos de Montana (4); tampoco por haber sido seleccionado, igual que Montana, tres veces como mejor jugador de la Superbowl; sino por el haber superado su record de pases con anotación en una superbowl  y por la manera en la que llegó a ello tras 15 años de carrera y varios intentos fallidos.

El camino de Brady no ha sido tan fácil para llegar hasta ahí. Fue seleccionado como jugador número 199 de la liga en el 2000 en la sexta ronda de elecciones, en un lugar dejado para deportistas mediocres y reservas. Aún así fue capaz de decirle a su jefe que su elección iba a ser la mejor decisión que jamás hubiera tomado la organización de los New England Patriots, su actual y único equipo desde entonces. Al año siguiente, partiendo como segunda reserva, acabó titular por accidente y llevó a su equipo a la Superbowl ganándola con una última conducción del ataque que a pocos segundos del final permitió a su equipo desempatar el partido. En 2004, otra vez a la superbowl, con un solo minuto del final repitió la gesta contra los Carolina Panthers.  En 2005 con tan solo 27 años ya había ganado 3 superbowl, y las comparaciones con Montana iniciaron presentarse así como la sombra de una maldición que siempre le llevó, desde entonces, a acercarse a su mito sin lograrlo. Se quedó a la puerta de su cuarto superbowl en varias ocasiones y perdió otros dos contra los New York Giants. Tras varios intentos fallidos, podría haberse conformado. Con 38 años, siendo el mejor pagado, teniéndolo todo, tres títulos en el bolsillo, y estando en el Top no es fácil mantener la motivación y la atención centrada en la excelencia porque ya se está en la excelencia: no se llega a eso por casualidad. Es difícil motivarse cuando uno está muy abajo, pero quizás lo sea aún más cuando uno ya ve que lo ha conseguido prácticamente todo. Podría haberse conformado: en todo caso hubiera logrado ser el mejor de los segundos…

Pero Tom Brady no es así, es el mejor. Él lo sabe. Lo siente. Forma parte de su actitud. Solo lo tiene que demostrar una vez más. Solo hay para él un camino, y es adelante. Solo hay una acción posible y es seguir exigiéndose el máximo.

Tras ganar el tercer título en 2005, supo mantener su motivación centrada y, tras 11 años de esfuerzos y trabajo,  se presentó finalmente a su sexto superbowl el domingo pasado, ganando tras una memorable remontada de diez puntos en el último cuarto de partido, culminada a poco más de dos minutos del final, tras haber iniciado el encuentro con una pérdida de balón, siendo interceptado: lo peor que le pueda pasar a un jugador en su rol y en un partido tan trascendental donde pierde más el que primero falla y donde gana el que menos fallos comete.

Y 11 años de intentos se dicen pronto, pero hay que vivirlos para saber mantener enfocada la motivación de un deportista de alto rendimiento que lleva encima la presión mediatica del mundo del deporte y de la prensa rosa a resultar además ser el marido de la top model Giselle Bundchen. Y eso porque si una habilidad podemos destacar, por encima de todas, en un jugador que está al football americano como Michael Jordan al baloncesto, es su fortaleza mental.

La fortaleza mental que le permitió seguir teniendo nítida la imagen y el deseo que surgió en él a los cuatro años, viendo jugar a Montana.  Y esta es la clave que convierte a un deportista normal, quizás poco prometedor como lo fue él en sus inicios, en el mejor de todos los tiempos: tener las ideas claras, saber lo que uno quiere y disponerse a dedicar su vida a esa misión superando dificultades, presiones internas, externas, y mediáticas, lesiones, frenos e impedimentos, con actitud y determinación de estar dispuesto a hacer lo que se precisa para lograr lo que uno quiere.

Así es como Tom Brady acaba por tenerlo todo. Encarna el prototipo de chico perfecto americano: guapo, famoso, millonario de los deportistas mejor pagados al mundo, sonriente, educado, capitán de su equipo, referente para los demás, con una familia feliz y perfecta, casado con una top model, que se dedica a lo que le gusta y…. mejor jugador de todos los tiempos.

En el fútbol no hay parecido ya que Brady encarna el glamour y el atractivo de David Beckham, el talento  y la velocidad de Messi, la eficacia de Pelé, la responsabilidad,  humildad y elegancia de Zidane,  el poderío físico de Ronaldo, y el liderazgo de Guardiola.

Es como  un Federer con la fortaleza mental y el poderío de Nadal.

Algo que a muchos les puede  resultar lejano e inalcanzable.

Pero, ¿acaso no fue también inalcanzable esto en algún momento para ese niño de cuatro años mezclado entre los setenta mil espectadores de ese partido del 1982?

La cuestión es que todos, como ese niño, partimos del mismo punto: del ser meros espectadores de los éxitos de los demás y admirarlo hasta tal punto de desearlo sin darnos el permiso de intentarlo. El punto de partida es común a todos. Lo que pasa es que muchos desisten de partida por no confiar en sus medios y juzgar eso como imposible.

Pero, lo que marca la diferencia es ser capaces de plantearse primero que eso puede suceder y, luego, mantener la atención presente en lo que más deseamos conseguir, por encima de las distracciones y vaivén que se nos proponen a lo largo del camino (que siempre es largo) para llegar a ello.  Así es como ese niño salió del anonimato de esas setenta mil personas y destacó hasta darnos a conocer que se llama Tom Brady.

Tom Brady tardó 33 años para convertirse desde ese partido de Montana en el mejor de todos los tiempos y ese fue el tiempo que necesitó: ¿estamos dispuestos nosotros a dedicar el tiempo necesario para dar cabida a nuestros sueños?

La respuesta a esta pregunta es lo que nos separará de lo que más deseamos, sin perder de vista un elemento importante: todos hemos sido o estamos siendo ante nuestros sueños como ese niño de cuatro años. Nada nos diferencia de él.

Todos llevamos un Tom Brady dentro.

Como Transformar Emociones Difíciles en Pocos Minutos

TransformacionTransformar las emociones que nos causan malestar es posible con técnicas muy simples y eficaces. Una de ellas consiste en detectar el elemento negativo y meditar unos minutos sobre ello, hasta reducir considerablemente la carga emocional que nos genera. El procedimiento consiste en pocos pasos:

  1. Detectar el hecho ocurrido o situación que nos causa ese malestar, llámese enfado, tristeza, prisa, preocupación, miedo, o deseo incontenible de algo que, del ceder a la tentación, nos podría causar algún prejuicio.
  2. Detener la atención en un punto concreto o un detalle que nos conecta con esa emoción.
  3. Sentir la emoción en el cuerpo, en los lugares específicos dónde percibimos que la emoción está teniendo lugar.
  4. Detener la atención en ese punto del cuerpo tratando de dar una forma, color, o textura a ese punto.
  5. Observar detenidamente como esa forma, color o textura permanece o va cambiando, según lo que suceda, tratando de no perder la atención sobre ella al menos unos 20-30 minutos.
  6. Aún cuando intervengan otros pensamientos o distracciones quizás más apetecibles, tratar de volver la atención hacia ese punto y observar que ocurre.

Es muy probable que con el pasar del tiempo la carga emocional vaya reduciéndose: quizá en un principio es posible que incremente. De hecho es muy frecuente que al inicio incremente el estado de activación emocional pero, por el mismo efecto, la curva de activación llegará a un límite que, si somos capaces de ser suficientemente pacientes, acabará progresivamente por reducir hasta niveles muy llevaderos o incluso nulos.

El tiempo para que esto suceda puede variar de persona en persona, dependiendo de la carga emocional que tenga y del tiempo en el que ha estado conviviendo o expuesta a dicha carga: hay personas que en menos de 10’ logran transformar completamente la emoción, y otras que necesitan quizás más tiempo, o incluso más sesiones seguidas o con mayor frecuencia.

Esta técnica se puede repetir las veces que uno desee: no produce efectos colaterales, aunque tampoco nos libera del problema que nos ataña; no nos regala soluciones para resolver y superar lo que nos afecta, pero nos proporciona dos grandes beneficios:

  1. Reduce la carga emocional negativa, permitiéndonos alivio y sosiego.

 

  1. Nos hace más conscientes de lo importante que es relativizar: de hecho, no solemos prestar mucha atención a las emociones que nos producen los acontecimientos que vivimos. Muchas de ellas surgen como primera, rápida, e impulsiva reacción ante un hecho o acontecimiento. Solemos quedarnos habitualmente con esa primera emoción que registramos en nuestro sistema nervioso como fruto de esa primera impresión vivida y nos aferramos a ella para actuar bajo los impulsos y efectos de esa emoción. Nos sucede algo parecido que lo que les sucede a los patos cuando nacen y atribuyen el rol de madre al primer ser con el que interactúan, siguiéndole allá donde vaya. Nosotros hacemos así con las emociones dejándonos llevar por ellas sin cuestionarlas ni cuestionarnos hasta que punto puede sernos beneficios y útil. Al hacer esto, no damos oportunidad a nuestra mente de buscar recursos alternativos y otros puntos de vista con los que observar esa circunstancia con otros ojos. Con tan solo 5 o 10 minutos de reflexión acerca de ello, podríamos cambiar sensiblemente nuestra percepción, nuestro juicio, y así regular esa emoción: pero, con el ritmo de vida que llevamos, no solemos concedernos esa posibilidad. Esta técnica sin embargo, al permitir que pase ese tiempo de contemplación, facilita el surgir de nuevas ideas y pensamientos a un nivel consciente o subconsciente, que actúa sobre esa emocional residual de la “primera impresión” la transforma, del mismo modo que ofrece el tiempo suficiente al cuerpo para “digerir” el rastro de esa primera emoción y transmutarlo. De esta manera nos damos cuenta que si nuestro punto de vista, y la emoción inicial asociada a ello, pueden cambiar con tan solo pocos minutos de meditación, cuando nos encontraremos ante situaciones que despiertan en nosotros emociones difíciles, no nos aferraremos tanto a ellas sabiendo que nosotros no somos esa emoción “negativa”: no nos identificaremos con ella, sino que seremos capaces de  darnos cuenta de que simplemente somos quienes están sintiendo temporalmente esa emoción. Y lo que alberga al contenido, no es el contenido. Al darnos cuenta de ello de manera consciente, no nos creeremos todas las emociones que crearemos de partida: no nos tomaremos tanto en serio como para quedarnos tan afectados por ellas, sino que con más probabilidad, nos concederemos el tiempo de dejarlas reposar pausadamente antes que reaccionar y actuar presas de esas emociones.
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