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Discurso Motivacional para Superación Personal y Deportiva: Todos Llevamos Un #TomBrady Dentro

BradyCuando en la final del lejano Enero de 1982, perdiendo su equipo, Joe Montana lanzó un último desesperado pase, con 52 segundos del final que dio a los San Francisco 49ers, la anotación que les hizo recuperar el y ponerse delante en el marcador, ganando finalmente 28-27 contra los Dallas Cowboys, entre los setenta mil espectadores que presenciaron la histórica jugada había un niño californiano de 4 años llamado Tom Brady.

Ese niño presenció ese increíble pase que posteriormente pasó a la historia de este deporte y fue bautizado “The Catch”. También presenció el inicio de la época gloriosa de Joe Montana, el mejor jugador de football americano de todos los tiempos (hasta el domingo pasado). Ese partido puso a Montana en la primera superbowl (que ganó), y a la que sucedieron otras tres a lo largo de la década de los ochenta. Montana se convirtió para aquel niño en el ídolo, ejemplo, e imagen a seguir.

Y ese niño el domingo pasado, en la XLIV Superbowl se convirtió finalmente en el mejor jugador de football americano de todos los tiempos, no solamente por igualar el mismo número de títulos de Montana (4); tampoco por haber sido seleccionado, igual que Montana, tres veces como mejor jugador de la Superbowl; sino por el haber superado su record de pases con anotación en una superbowl  y por la manera en la que llegó a ello tras 15 años de carrera y varios intentos fallidos.

El camino de Brady no ha sido tan fácil para llegar hasta ahí. Fue seleccionado como jugador número 199 de la liga en el 2000 en la sexta ronda de elecciones, en un lugar dejado para deportistas mediocres y reservas. Aún así fue capaz de decirle a su jefe que su elección iba a ser la mejor decisión que jamás hubiera tomado la organización de los New England Patriots, su actual y único equipo desde entonces. Al año siguiente, partiendo como segunda reserva, acabó titular por accidente y llevó a su equipo a la Superbowl ganándola con una última conducción del ataque que a pocos segundos del final permitió a su equipo desempatar el partido. En 2004, otra vez a la superbowl, con un solo minuto del final repitió la gesta contra los Carolina Panthers.  En 2005 con tan solo 27 años ya había ganado 3 superbowl, y las comparaciones con Montana iniciaron presentarse así como la sombra de una maldición que siempre le llevó, desde entonces, a acercarse a su mito sin lograrlo. Se quedó a la puerta de su cuarto superbowl en varias ocasiones y perdió otros dos contra los New York Giants. Tras varios intentos fallidos, podría haberse conformado. Con 38 años, siendo el mejor pagado, teniéndolo todo, tres títulos en el bolsillo, y estando en el Top no es fácil mantener la motivación y la atención centrada en la excelencia porque ya se está en la excelencia: no se llega a eso por casualidad. Es difícil motivarse cuando uno está muy abajo, pero quizás lo sea aún más cuando uno ya ve que lo ha conseguido prácticamente todo. Podría haberse conformado: en todo caso hubiera logrado ser el mejor de los segundos…

Pero Tom Brady no es así, es el mejor. Él lo sabe. Lo siente. Forma parte de su actitud. Solo lo tiene que demostrar una vez más. Solo hay para él un camino, y es adelante. Solo hay una acción posible y es seguir exigiéndose el máximo.

Tras ganar el tercer título en 2005, supo mantener su motivación centrada y, tras 11 años de esfuerzos y trabajo,  se presentó finalmente a su sexto superbowl el domingo pasado, ganando tras una memorable remontada de diez puntos en el último cuarto de partido, culminada a poco más de dos minutos del final, tras haber iniciado el encuentro con una pérdida de balón, siendo interceptado: lo peor que le pueda pasar a un jugador en su rol y en un partido tan trascendental donde pierde más el que primero falla y donde gana el que menos fallos comete.

Y 11 años de intentos se dicen pronto, pero hay que vivirlos para saber mantener enfocada la motivación de un deportista de alto rendimiento que lleva encima la presión mediatica del mundo del deporte y de la prensa rosa a resultar además ser el marido de la top model Giselle Bundchen. Y eso porque si una habilidad podemos destacar, por encima de todas, en un jugador que está al football americano como Michael Jordan al baloncesto, es su fortaleza mental.

La fortaleza mental que le permitió seguir teniendo nítida la imagen y el deseo que surgió en él a los cuatro años, viendo jugar a Montana.  Y esta es la clave que convierte a un deportista normal, quizás poco prometedor como lo fue él en sus inicios, en el mejor de todos los tiempos: tener las ideas claras, saber lo que uno quiere y disponerse a dedicar su vida a esa misión superando dificultades, presiones internas, externas, y mediáticas, lesiones, frenos e impedimentos, con actitud y determinación de estar dispuesto a hacer lo que se precisa para lograr lo que uno quiere.

Así es como Tom Brady acaba por tenerlo todo. Encarna el prototipo de chico perfecto americano: guapo, famoso, millonario de los deportistas mejor pagados al mundo, sonriente, educado, capitán de su equipo, referente para los demás, con una familia feliz y perfecta, casado con una top model, que se dedica a lo que le gusta y…. mejor jugador de todos los tiempos.

En el fútbol no hay parecido ya que Brady encarna el glamour y el atractivo de David Beckham, el talento  y la velocidad de Messi, la eficacia de Pelé, la responsabilidad,  humildad y elegancia de Zidane,  el poderío físico de Ronaldo, y el liderazgo de Guardiola.

Es como  un Federer con la fortaleza mental y el poderío de Nadal.

Algo que a muchos les puede  resultar lejano e inalcanzable.

Pero, ¿acaso no fue también inalcanzable esto en algún momento para ese niño de cuatro años mezclado entre los setenta mil espectadores de ese partido del 1982?

La cuestión es que todos, como ese niño, partimos del mismo punto: del ser meros espectadores de los éxitos de los demás y admirarlo hasta tal punto de desearlo sin darnos el permiso de intentarlo. El punto de partida es común a todos. Lo que pasa es que muchos desisten de partida por no confiar en sus medios y juzgar eso como imposible.

Pero, lo que marca la diferencia es ser capaces de plantearse primero que eso puede suceder y, luego, mantener la atención presente en lo que más deseamos conseguir, por encima de las distracciones y vaivén que se nos proponen a lo largo del camino (que siempre es largo) para llegar a ello.  Así es como ese niño salió del anonimato de esas setenta mil personas y destacó hasta darnos a conocer que se llama Tom Brady.

Tom Brady tardó 33 años para convertirse desde ese partido de Montana en el mejor de todos los tiempos y ese fue el tiempo que necesitó: ¿estamos dispuestos nosotros a dedicar el tiempo necesario para dar cabida a nuestros sueños?

La respuesta a esta pregunta es lo que nos separará de lo que más deseamos, sin perder de vista un elemento importante: todos hemos sido o estamos siendo ante nuestros sueños como ese niño de cuatro años. Nada nos diferencia de él.

Todos llevamos un Tom Brady dentro.

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