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Archive for 19 mayo 2015

¿La Tristeza? Necesaria

Cuando La Felicidad se Convierte en Obligación: Sobre los Engaños del Pensamiento Positivo.

Existe mucho desconocimiento en el ciudadano de a pié e incluso entre algunos profesionales de la psicología acerca de lo que es la “psicología positiva”, confundiéndola en ocasiones con ese movimiento tan poco profesional y respetuoso con los procesos de una persona que trata de inculcar con el “calzador” el pensamiento positivo si o si, a modo de obligación para ser feliz. Y la verdad es que nunca conocí a nadie que encontrara la felicidad desde la obligación o auto-obligación.

Hacer psicología positiva no tiene que ver con “negar uno sus propias condiciones desfavorables”, ni tampoco apartar la mirada de ellas, ni menos quitarles importancia tratando de “reprogramarse en positivo”, sino apelar uno a sus fortalezas y sus partes sanas para afrontar esas mismas dificultades y poner remedio a sus problemas.

Embaucador
En estos tiempos van de moda conceptos como la “Felicidad” y han surgido casi infinitas variables y versiones paralelas de “profesionales” (coaches, speakers, terapeutas no sanitarios, etc.), que supuestamente acompañan a las personas en procesos de ayuda hacia ese estado de felicidad que se convierte más bien en una quimera que otra cosa. Desde esos enfoques, (que poco tienen que ver con una intervención ética, responsable y profesional de un psicólogo) en ocasiones se tergiversa esa ayuda mediante técnicas evasivas que más que otra cosa pueden llevar al cliente a apartar la mirada de lo que le duele, del problema en sí, para distraerse y entretenerse con contenidos divertidos, que ilusionan y despiertan el buen humor que reconecta fugazmente como un fuego de paja a la persona con esa fuente de “Felicidad”, aliviando momentáneamente las ansiedades y preocupaciones, a la vez que la ubican muy lejos de la posibilidad de afrontar y resolver sus conflictos.

Así surgen los consumidores compulsivos de auto-ayuda y de charlas motivacionales: en ese intento de aliviar la ansiedad que les producen sus problemas, se cargan de energía “positiva” hasta que la pierden y necesitan nuevamente volver a esas charlas o comprar nuevos libros o ver compulsivamente videos “empoderadores” en youtube. Muchos, en la paradoja de motivarse y motivarse acudiendo a uno y otro evento, leyendo frases motivacionales y haciéndose seguidores en las Redes Sociales de quienes las publican, acaban utilizando la gran mayoría de su tiempo motivándose para algo de lo que no les quedará el tiempo de hacer, afrontar, o resolver.

Es lo que yo llamo “la Paradoja de la Motivación que provoca Pereza”.

Caer en este bucle es tan fácil como reconocer que en los últimos dos o tres meses una persona haya acudido a tantos eventos motivacionales, risoterapia, haya visto horas y horas de youtube, o haya comprado y leído libros de autoayuda sin pero todavía haber puesto solución a lo que le atormenta o, al menos, haberlo intentado: si la relación entre horas empleadas en motivarse y horas de acción para afrontar un problema es a favor de lo primero, entonces el problema es patente y no conviene seguir estando en ese bucle ya que se ha convertido en sí en una “zona de confort”.

En estos casos no hay mayor autoayuda que reconocer uno su tristeza o su malestar. Por mucho que tratemos de eliminar la tristeza, esta componente es tan necesaria como la noche para que exista el día: en un símil metafórico, si la sombra existe porque existe la luz, la tristeza existe porque existe la alegría. No se puede negar una cosa sin eliminar la otra.

Por este motivo aquel que busca la felicidad negando la tristeza, acabará en la paradoja de negar su propia felicidad también.

La tristeza en un proceso cognitivo. Es necesario. En los momentos de tristeza la actividad fisiológica ralentiza, la acción se reduce para dejar el paso a la reflexión. Y todo en aras del cambio. Cambio necesario cognitivamente para asumir y encajar lo que nos sucede: encontrarle un significado como para adecuar nuestros paradigmas a ello. Superar la “disonancia cognitiva” que separa nuestras creencias y valores, con los hechos ocurridos con los que colisionan esas creencias y valores. Gracias a la tristeza podemos parar, reflexionar, asumir, aceptar (que no es lo mismo que resignarse) y re-emprender el camino resiliente de la mejora y el bienestar.

Sin esa reflexión no pude haber “curación”. Si entendemos por tanto la aceptación de la tristeza como una “locura” en esta sociedad que tanto se afana en la “búsqueda de la felicidad”, también podemos ser consecuentes con esa frase que dice que “la locura lo cura”.

La tristeza es en sí mismo un proceso de curación. Negando la curación, negaremos la solución.

La tristeza es un proceso de cambio cognitivo necesario, y no solamente una emoción que con demasiado simplismo y superficialidad juzgamos de “negativa” y “dañina”, hasta el punto en que algunas disciplinas tan poco respetuosas con el ser humano y con la psicología simplemente la quieren rechazar.

Hacer psicología positiva tiene que ver también con esta aceptación. De otra forma caeremos en ese engaño del “pensamiento positivo” que tantos speakers motivacionales de moda (no es de extrañar que la gran mayoría no son siquiera psicólogos) se afanan en “vender” como producto de rápido consumo y que tratan de inculcar últimamente. Esto va en contra de la psicología del ser humano y, por supuesto, de la naturaleza humana en sí.

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5 Nuevas Reflexiones Sobre El Éxito

Copa - Roberto CrobuComo resultado de un cruce de Twitts con Alfonso Alcántara (@Yoriento) en el que comentábamos sobre el reciente proliferar de servicios de acompañamiento y crecimiento personal que prometen éxito en plazos y costes específicos y con dudosa y falaz argumentación, surge esta nueva gama de reflexiones sobre el éxito:

1. Nadie puede vender el éxito que no tiene.
2. Nadie puede comprar el éxito que no es capaz de cosechar.
3. La única moneda con la que se puede pagar el precio del éxito es el trabajo.
4. El éxito requiere de inversiones que no siempre hagan que resulte rentable.
5. El éxito no tiene plazo porque el éxito mismo es el plazo.

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Como Cambiar Un Habito: La Falacia de los 21 Días

Ya van algunos años que circula la famosa “regla de los 21 días” en base a la cual, muchos coaches, terapeutas y curanderos, justifican y argumentan su método de trabajo para ayudar a las personas a producir cambios en sus vidas.

Aquí trataremos de dar respuesta a tres preguntas fundamentales:

1. ¿De dónde proviene esta regla?
2. ¿Es cierta?
3. ¿Está contrastada científicamente?

Habitos - robertocrobuAlgunos atribuyen esta norma a declaraciones de William James, padre de la psicología moderna quien, en el siglo XIX, fue de los primeros a estudiar los hábitos. Pero en sus escritos no hay mención alguna de manera explícita acerca de ello. Lo que sí James decía era que existen dos tipos de hábitos: unos innatos y otros aprendidos; y que los aprendidos pueden cambiarse con el ejercicio constante en el tiempo.

Otra persona que habló de cambios de hábitos fue Maxwell Maltz, cirujano plástico y padre de la psico-cibernetica. Maltz habló en los años sesenta, antes de la llegada de la PNL, de la regla de los 21 días. Maltz sostenía que son necesarios al menos 21 días para obtener un cambio perceptible en los hábitos de una persona. Pero aún así estamos lejos de entender ese cambio como algo estable y definitivo. En todo caso, pese a las ideas de Maltz, no hay evidencia científica basada en estudios que demuestren la existencia de un método que permita lograr un cambio de hábito en ese plazo.

Si esta regla fuera cierta, las terapias a los psicólogos no durarían más de 21 días, los programas de reducción de peso y dietas (vinculados al cambio de hábitos alimenticios) serían más cortos y efectivos, los adictos a las sustancias dejarían de serlo muy rápidamente y sin tener recaídas, la gente dejaría de fumar con más facilidad, quien lleve apuntado a un gimnasio no se daría de baja con tanta facilidad tras ese periodo por haber adquirido el habito, y los convictos estarían re-insertados en la sociedad con penas y periodos de cárcel de la duración de un relámpago, justo lo necesario para que en 21 cambiasen sus hábitos (al menos los que lo desearan).

Aún así, es evidente el creciente recurrir a la “regla de los 21 días” por parte de los nuevos “profesionales” del campo del cuidado personal, salud, y desarrollo personal, casi fruto de una moda basada en el afán de vender servicios express antes que otra cosa. Los que venden servicios en base a la regla de los 21 días puede que te cuenten argumentos que te hagan creer que esto es posible: y en efecto lo es, aunque no cuentan las que son las tres verdades verdaderas que se esconde tras esa posibilidad:

1. Un hábito se adquiere cada vez que se practica y se pierde cada vez que se deja de practicar.

2. Un hábito es un compromiso que requiere renovación continua.

3. Puede que en 21 días cambies de hábito, pero necesitarás el resto de toda tu vida para mantener ese cambio estable.

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