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Archive for 29 octubre 2015

Rossi-Márquez: un caso para la Psicología Deportiva. Conversación con Joaquin Dosil, Psicólogo del Motociclismo

Rossi MarquezRecién terminado mi segundo libro, iniciaba a frotarme las manos por la magnífica coincidencia de que Valentino Rossi volviera a ganar un mundial. Ya le consideraba una pieza pasada a la historia, tanto que hace año y medio, cuando ya tenía casi todo el libro configurado, pensé en documentarme sobre el piloto para completar un capítulo donde veía que podría quedar bien su ejemplo para explicar un concepto de psicología y liderazgo. Jamás me habría imaginado que próximo a la publicación, el piloto italiano volviera a hacer noticia para complacerme en la sabia elección de haberle elegido.

Pero el pasado domingo todo cambió. Es lo que tiene manejarse en esta época que los expertos llaman VUKA.

Analizándolo bien, las cosas cambiaron el jueves anterior a la carrera, cuando Rossi sorpendió a todos acusando a Márquez de estar favoreciendo a Lorenzo en la puja para el mundial.

En esas declaraciones algo no me cuadraba. En mi trabajo de documentación para escribir el libro, estudié su personaje analizando su biografía, y contrastando información con quienes les conocen. Acabé apreciando a este excéntrico piloto y las conclusiones que saqué fueron: Valentino Rossi es un gran ejemplo de resiliencia, superación y pensamiento positivo. Salvo en la muy encendida y conflictiva relación con Max Biaggi, al principio de su carrera, nunca se llevó mal con nadie y no se le recuerda a acusar a nadie como pasó con Márquez. Se le podía tachar de excesivamente agresivo y atrevido (pregunten a Gibernau y a Stoner), pero no antideportivo, y cuanto menos polémico fuera la pista.

Sin embargo el Jueves anterior a la carrera, Valentino mostró una actitud muy poco acorde a su perfil y trayectoria profesional, las declaraciones contra Márquez en el previo parecían un evidente indicio de que esto le distrajo del mundial. Incluso pareció que en algún momento cambiase su objetivo prioritario: de ganar el mundial a poner en evidencia a Márquez. Esto en la carrera se hizo más evidente, ya que una vez adelantado al español, por la quinta o sexta vez, le retó a seguirle y a volver a adelantarle en lugar de tratar de fugarse a la persecución de Lorenzo.

Todo esto, junto con lo que sucedió después, es merecedor de un análisis psicológico profundo.

Por esta razón no dudé en contactar con una persona, un buen compañero que de Psicología de pilotos de motociclismo sabe mucho.

DosilJoaquin Dosil, es Psicólogo y Doctor y profesor especializado en Psicología y Coaching Deportivo. Fue psicólogo del deporte de varios motociclistas de 125cc, 250cc, MotoGP y GP2, entre ellos, Jorge Lorenzo y Maverick Viñales son los que tiene permiso para revelar su nombre. Trabaja actualmente con el Celta de Vigo y forma y asesora a varios psicólogos y técnicos de distintos clubes de la Liga de Fútbol Profesional, desde el centro Libredón.

La primer pregunta que le hice fue la siguiente: Valentino mostró una actitud muy poco acorde a su perfil y trayectoria profesional desde las declaraciones contra Márquez en el previo de la carrera: ¿perdió de vista su objetivo?, suponiendo que un psicólogo del deporte hubiese trabajado con él, ¿qué tipo de trabajo habría tenido que hacer para ponerle en las mejores condiciones de alto rendimiento de cara a su objetivo?

JD: la verdad es que es difícil saber si fue una estrategia o si realmente existía el malestar mostrado en la previa. De una forma u otra, no se consiguió el objetivo, por lo que el psicólogo del deporte debería prever, junto al piloto, las diferentes consecuencias que podría tener el cruce de declaraciones. El papel del psicólogo del deporte es que el piloto salga con la cabeza centrada en pilotar y dar el máximo, eliminando o reduciendo al máximo posibles distractores.

RC: Muy interesante. De esto concluyo que quizás todo podría haber sido una estrategia de Rossi, quizás para poner nervioso a Lorenzo, o quizás para pinchar al mismo Márquez y que se sintiera en el deber de demostrar al mundo que él no es gregario de nadie y que entonces fuese a por Lorenzo para quitarle puntos. Si eso fuera cierto, la estrategia no funcionó: Márquez entró al trapo con él en carrera provocándole: suponemos que un psicólogo personal de un piloto se daría cuenta de ello antes de la carrera : ¿qué tipo de trabajo tendría que hacer para ponerle en las mejores condiciones de sacar el máximo provecho de la carrera?

Psicologia-aplicada-al-motociclismoJD: Márquez no se está jugando el mundial, por lo que es muy diferente su caso del de Rossi. El trabajo mental consiste en centrarse en lo realmente importante, en lo que depende de ti, minimizando factores que puedan afectar negativamente a tu rendimiento. Hay muchas técnicas, personalmente trabajo desde una corriente cognitiva con los pilotos, desde la percepción de la situación, estrategias mentales de afrontamiento de situaciones y gestión emocional.

RC: Rossi en los instantes previos a la carrera parecía muy concentrado. Cerró los ojos. Parece que estuvo mucho tiempo buscando el punto de equilibrio, casi meditando y recitando un mantra…. Evidentemente si esto fuera cierto no le bastó… Con lo mucho que se habla de la meditación para encontrar el equilibrio, parece que esto poco sirve cuando las pulsaciones suben…

JD: la meditación, el yoga se ha puesto muy de moda entre los pilotos. Es bueno, para la búsqueda del equilibrio en el día a día, con aprovechamiento también para competiciones. El trabajo de control de pensamientos y gestión emocional suele ser más eficaz en esos casos concretos en los que el piloto está muy revolucionado.

RC: si algo he podido aprender de este episodio es que si queremos entrenar la quietud y la calma interior, de poco sirve hacerlo con pulsaciones “normales”, quizás haya que llevar al asistido a experimentar una frecuencia cardíaca típica de un momento de tensión y entrenarle trabajando con él desde ese punto… De hecho, Rossi reaccionó al contacto del casco de Márquez contra su pierna dándole un empujón con la rodilla (al menos esto es lo que se ve o lo que parece que se ve): ¿Cómo interviene un psicólogo del deporte para ayudar a un deportista en gestionar mejor esas emociones a tan altos niveles de rendimiento y frecuencia cardíaca?

JD: hay diferentes estrategias. en la unidad de psicología y coaching deportivo de Libredon trabajamos con biofeedback (p.e. pulsómetros) para ayudar al deportista a gestionar sus pulsaciones, a encontrar su nivel optimo de activación para alcanzar su máximo rendimiento. lo primero es que detecten cual es, para corregir si en alguna ocasión están muy relajados o demasiado activados (como en este caso). Cuando estás por encima de tu nivel optimo es más fácil caer en la precipitación, como fue el caso. Dejas de centrarte en lo importante y los impulsos naturales surgen y “ganan la batalla”. Llegados a este punto, es muy difícil poder controlarlos, por lo que abogamos por la prevención, no llegar a este punto de difícil retorno.

RC: no cabe duda de que ambos, ahora más que nunca necesitan trabajar con un psicólogo: ¿Como habría que enfocar el trabajo con uno y otro piloto desde el punto de vista emocional desde ahora hasta la carrera de Cheste? ¿Y en lo cognitivo, como facilitar que lo ocurrido no obstaculice su máximo rendimiento en la carrera del 8/11?

JD: desde mi opinión todos los pilotos deberían trabajar con un profesional de la psicología del deporte, cómo un miembro más del staff técnico. El psicólogo ayuda a la puesta a punto del piloto y se ha demostrado que los resultados mejoran. En este sentido, debemos ser conscientes de que cada vez son más los pilotos que acuden a un profesional para aumentar su rendimiento, prevenir situaciones y poder sacar su máximo rendimiento mental. La fortaleza mental se trabaja. Para saber qué trabajar y cómo trabajar de cara a Cheste, tendríamos que conocer las variables personales que más están influyendo a uno y a otro, por lo que es muy difícil poder decir qué hacer sin conocer cómo están viviendo la situación y, sobretodo, cómo son sus mecanismos psicológicos de afrontamiento.

RC: desde comportamiento de ambos y de las declaraciones, en pista y fuera, podemos avanzar algún hipótesis especulativa y no concluyente de que se haya creado una “micro obsesión transitoria” de uno de los dos pilotos (o de ambos) hacia el otro. Parece que esto suele ocurrir mucho en el deporte entre adversarios habituales…. ¿Cómo habría que intervenir en su caso?

JD: al comenzar la entrevista comentaba que lo primero que habría que valorar es cuanto es estrategia y cuanto es reacción natural por frustración, ansiedad, presión, etc… a partir de ahí tendríamos que comenzar a evaluar y a intervenir. Lo demás son especulaciones sin fundamento.

La Felicidad Es La Ausencia de Deseos… Ahora Bien: ¿Deseas ser Feliz?

Parece que nuestra sociedad ha asumido desde hace unos años la búsqueda de la felicidad como uno de los propósitos existenciales más profundos del ser humano.

¿No será más bien una forma de permanecer sin embargo en la superficie y no afrontar el problema en la raíz?

Y la raíz es que mientras muchos buscan la felicidad, el mundo parece cada vez más sumergido en el sufrimiento: ¿Por qué, si no, tanta búsqueda de felicidad? Quizás el hecho de que vayamos buscando la felicidad sea demostración fehaciente de que estemos instalados más bien en el sufrimiento…

Children flying rainbow kite in the meadow on a blue sky background

Children flying rainbow kite in the meadow on a blue sky background

¿No será entonces la hora de mirar de frente a lo que tenemos y resolverlo en lugar de ir buscando por ahí otra cosa y distraernos de lo que verdaderamente nos aflige?
Mientras muchos hablan de cómo lograr la felicidad: ¿no será cuestión de iniciar a hablar de cómo afrontar y resolver el sufrimiento?

La búsqueda de la felicidad se ha convertido para muchos en una manera de distraerse y entretenerse de sus verdaderos problemas, de no verlos y afrontarlos de una vez: la felicidad es para muchos una forma de huir del sufrimiento sin afrontarlo y resolverlo.

Sin embargo hay una frase de mi compañero Alfonso Alcántara (@yoriento) que explica en el fondo lo que hemos de hacer en lugar de distraernos con contenidos falaces: “Deja de preguntarte cómo te sientes y ponte a organizar y resolver tu vida”.

Si bien esto nos ayude a tener menos sufrimiento, tampoco hemos de dar por hecho que tras hacerlo encontraremos esa ansiada felicidad: porque existen tres creencias sobre la felicidad, estandarizadas y generalizadas entre nosotros, que nos proporcionan más sufrimiento aún:

  1. La Felicidad es una recompensa que se puede encontrar al final de algo y, si lo hacemos bien, podemos encontrarla: ergo, hay que buscar la felicidad.
  2. Hay un camino a la felicidad: por lo tanto tiene que haber un “mapa”, una “receta” que nos diga como lograrla.
  3. La Felicidad es la consecuencia de sumar sensaciones y emociones positivas y agradables.

La creencia de entender a la felicidad como una recompensa al final de un proceso no hace más que incrementar nuestro deseo de encontrarla, lo cual incrementa la percepción y la toma de consciencia de que si la hemos de encontrar, entonces no la tenemos.
Resumido a la esencia, buscar la felicidad solo nos lleva a ser conscientes de que no somos felices. Y esto es tremendamente devastador para nuestras emociones.

En cuanto al segundo aspecto, la receta para la felicidad, también nos aboga al fracaso y malestar: no hay recetas ni prescripciones para la felicidad. Porque ser felices prescinde de resultados, prescinde de ser una consecuencia al final de un camino: porque la felicidad no se encuentra al final de un proceso, sino que surge como actitud desde el interior nuestro y desde la disposición positiva en hacer lo que nos proponemos con naturalidad, aceptación (que no es resignación) y compasión (que no es piedad), sin juicios previos o creencias pre-establecidas al respecto. La felicidad no es un premio que alguien nos otorgue por haber hecho bien las cosas… No proviene de fuera de nosotros. Sino que es una actitud que nosotros podemos mostrar como origen de nuestros actos y de nuestra manera de ver y afrontar el mundo. Depender de factores ajenos o terceras personas para hacernos felices, no hace más que incrementar nuestra sensación de no tener el control de nuestras vidas. Nuestro mundo emocional no será independiente y autónomo para elegir desde el libre albedrío como quiere que esté ordenada su vida: y entonces nuestra vida nunca lograría estar ordenada acorde a lo que nosotros realmente queremos.

Aún así, es cierto que necesitamos emociones para sentirnos vivos: pero hasta la más bonita y positiva se puede convertir en tóxica si no sabemos como gestionarla.

Pensar que la felicidad consiste en la acumulación de sensaciones y emociones positivas, nos lleva juzgar y clasificar si lo que vivimos es bueno o malo para nosotros, en lugar de aceptarlo como algo especial, grandioso, o una oportunidad única para la experiencia y existencia en este planeta. Y acto seguido, ese juicio nos lleva a rechazar las experiencias negativas a favor de las positivas. Lo cual nos lleva a rechazar lo que juzgamos como sufrimiento y perseguir lo que creemos nos proporciona simple y llanamente alegría.

Así es como acabamos por no querer ver y afrontar lo que juzgamos como negativo y, habiéndolo convertido en basura mental, no haremos nada para resolverlo de una vez, corriendo el riesgo de que ese problema, junto con la basura mental que lo acompaña, vuelvan a reiterarse y presentarse en nuestra vida con mayor o menor frecuencia, haciendo que choquemos contra ellos y nos tropecemos nuevamente. La vida nos propondrá nuestros conflictos y problemas no resueltos una y otra vez hasta que los afrontemos de una vez, hasta el final de nuestros días sin que posiblemente nos demos cuenta de estar rodeados de su mal olor por llevarlos puesta una carga en nuestra mochila existencial.

Pensar que la felicidad es el resultado de la acumulación de sensaciones y emociones positiva, nos instalará además en el sufrimiento de la compulsión adictiva por lo bueno: porque no somos conscientes de que las sensaciones y emociones agradables son extremadamente efímeras, lo cual hará que terminado el efecto de una, tratemos de buscar inmediatamente otra en una automatismo adictivo que solo nos hará sentir peor mientras no la encontremos.

Además de adicción, las sensaciones y emociones positivas generan tolerancia: es decir que con el tiempo una persona se acostumbra a ellas y deja de sentirlas tan intensas y especiales, llegando a normalizarlas: lo cual nos lleva a buscar sensaciones cada vez más intensas para salir de esa normalidad que acabamos por confundir nuevamente con la ausencia de felicidad.

La acumulación de sensaciones y emociones negativas solo alimenta el espíritu capitalista de nuestro ego que querrá más y más, y que en este afán se sentirá cada vez peor: no es de extrañar que este hábito, extendido a varios aspectos de la vida, hace que las sociedades capitalistas sean aquellas más “acomodadas en el sufrimiento” y a la vez más refractarias a todo indicio de felicidad, ya que en el afán de buscar más y más, pierden la perspectiva que les permita valorar como especial lo que están acostumbradas a tener como algo simplemente normal y obvio.

En definitiva, psicológicamente hablando, si solo eliminásemos de nosotros el deseo de ser felices, posiblemente logremos serlo. El problema surge cuando establezcamos como estrategia de eliminación, la satisfacción de esos deseos, puesto que nada más satisfacerlos, entonces surgirán otras necesidades, otros deseos que volverán a alimentar la espiral del “capitalismo emocional”.

Situarse en la ausencia del deseo no es fácil ya que corremos el riesgo de no sentirnos vivos y confundir ese estado con una apatía crónica.

Pero aquí viene la pregunta: ¿Se puede vivir sin deseos?
Evidentemente NO. Al igual que es inevitable juzgar las experiencias como buenas o malas, del mismo modo es inevitable vivir sin deseos: el primero de todos, el deseo de vivir, mantenerse y perpetuarse.

¿Entonces, si es imposible no tener deseos, estando al título de este post, es imposibles ser felices?

La cuestión no está tanto en la ausencia de deseos, sino en la ausencia de apego e identificación con esos deseos. Podemos tener deseos, del mismo modo en el que nos podemos dar cuenta de ello, relativizarlo y no aferrarnos a él como si fuera necesario para alcanzar la felicidad. Siempre que nos demos cuenta de que estamos experimentando un deseo y que aferrarnos a él nos provoca malestar, al igual que hacemos con los juicios, podemos volver al estado de ecuanimidad y des-identificarnos de ese deseo para no acabar atrapados en él.

Por ausencia de deseo entendemos entonces tener un “ego de bajo consumo”, centrado en el equilibrio y ecuanimidad como valores principales; en la no dualidad del juicio sobre lo “bueno” y lo “malo” de lo que vivimos; y en el propósito, en su lugar, de encontrar la utilidad existencial a todo lo que nos ocurra.

Lejos de dar recetas y de decirte que hacer para ser feliz, o como tienes que ser feliz, mi propuesta es de convertir el concepto de felicidad en un estado de ausencia de apego a los deseos.

Si a partir de esa ausencia, sigues deseando ser feliz, eso ya será indicador de que el sufrimiento volverá a apoderarse de tu vida, y que posiblemente te estás mintiendo a ti mismo/a nuevamente.