Inicio > MIndfulness, Psicología > La Felicidad Es La Ausencia de Deseos… Ahora Bien: ¿Deseas ser Feliz?

La Felicidad Es La Ausencia de Deseos… Ahora Bien: ¿Deseas ser Feliz?

Parece que nuestra sociedad ha asumido desde hace unos años la búsqueda de la felicidad como uno de los propósitos existenciales más profundos del ser humano.

¿No será más bien una forma de permanecer sin embargo en la superficie y no afrontar el problema en la raíz?

Y la raíz es que mientras muchos buscan la felicidad, el mundo parece cada vez más sumergido en el sufrimiento: ¿Por qué, si no, tanta búsqueda de felicidad? Quizás el hecho de que vayamos buscando la felicidad sea demostración fehaciente de que estemos instalados más bien en el sufrimiento…

Children flying rainbow kite in the meadow on a blue sky background

Children flying rainbow kite in the meadow on a blue sky background

¿No será entonces la hora de mirar de frente a lo que tenemos y resolverlo en lugar de ir buscando por ahí otra cosa y distraernos de lo que verdaderamente nos aflige?
Mientras muchos hablan de cómo lograr la felicidad: ¿no será cuestión de iniciar a hablar de cómo afrontar y resolver el sufrimiento?

La búsqueda de la felicidad se ha convertido para muchos en una manera de distraerse y entretenerse de sus verdaderos problemas, de no verlos y afrontarlos de una vez: la felicidad es para muchos una forma de huir del sufrimiento sin afrontarlo y resolverlo.

Sin embargo hay una frase de mi compañero Alfonso Alcántara (@yoriento) que explica en el fondo lo que hemos de hacer en lugar de distraernos con contenidos falaces: “Deja de preguntarte cómo te sientes y ponte a organizar y resolver tu vida”.

Si bien esto nos ayude a tener menos sufrimiento, tampoco hemos de dar por hecho que tras hacerlo encontraremos esa ansiada felicidad: porque existen tres creencias sobre la felicidad, estandarizadas y generalizadas entre nosotros, que nos proporcionan más sufrimiento aún:

  1. La Felicidad es una recompensa que se puede encontrar al final de algo y, si lo hacemos bien, podemos encontrarla: ergo, hay que buscar la felicidad.
  2. Hay un camino a la felicidad: por lo tanto tiene que haber un “mapa”, una “receta” que nos diga como lograrla.
  3. La Felicidad es la consecuencia de sumar sensaciones y emociones positivas y agradables.

La creencia de entender a la felicidad como una recompensa al final de un proceso no hace más que incrementar nuestro deseo de encontrarla, lo cual incrementa la percepción y la toma de consciencia de que si la hemos de encontrar, entonces no la tenemos.
Resumido a la esencia, buscar la felicidad solo nos lleva a ser conscientes de que no somos felices. Y esto es tremendamente devastador para nuestras emociones.

En cuanto al segundo aspecto, la receta para la felicidad, también nos aboga al fracaso y malestar: no hay recetas ni prescripciones para la felicidad. Porque ser felices prescinde de resultados, prescinde de ser una consecuencia al final de un camino: porque la felicidad no se encuentra al final de un proceso, sino que surge como actitud desde el interior nuestro y desde la disposición positiva en hacer lo que nos proponemos con naturalidad, aceptación (que no es resignación) y compasión (que no es piedad), sin juicios previos o creencias pre-establecidas al respecto. La felicidad no es un premio que alguien nos otorgue por haber hecho bien las cosas… No proviene de fuera de nosotros. Sino que es una actitud que nosotros podemos mostrar como origen de nuestros actos y de nuestra manera de ver y afrontar el mundo. Depender de factores ajenos o terceras personas para hacernos felices, no hace más que incrementar nuestra sensación de no tener el control de nuestras vidas. Nuestro mundo emocional no será independiente y autónomo para elegir desde el libre albedrío como quiere que esté ordenada su vida: y entonces nuestra vida nunca lograría estar ordenada acorde a lo que nosotros realmente queremos.

Aún así, es cierto que necesitamos emociones para sentirnos vivos: pero hasta la más bonita y positiva se puede convertir en tóxica si no sabemos como gestionarla.

Pensar que la felicidad consiste en la acumulación de sensaciones y emociones positivas, nos lleva juzgar y clasificar si lo que vivimos es bueno o malo para nosotros, en lugar de aceptarlo como algo especial, grandioso, o una oportunidad única para la experiencia y existencia en este planeta. Y acto seguido, ese juicio nos lleva a rechazar las experiencias negativas a favor de las positivas. Lo cual nos lleva a rechazar lo que juzgamos como sufrimiento y perseguir lo que creemos nos proporciona simple y llanamente alegría.

Así es como acabamos por no querer ver y afrontar lo que juzgamos como negativo y, habiéndolo convertido en basura mental, no haremos nada para resolverlo de una vez, corriendo el riesgo de que ese problema, junto con la basura mental que lo acompaña, vuelvan a reiterarse y presentarse en nuestra vida con mayor o menor frecuencia, haciendo que choquemos contra ellos y nos tropecemos nuevamente. La vida nos propondrá nuestros conflictos y problemas no resueltos una y otra vez hasta que los afrontemos de una vez, hasta el final de nuestros días sin que posiblemente nos demos cuenta de estar rodeados de su mal olor por llevarlos puesta una carga en nuestra mochila existencial.

Pensar que la felicidad es el resultado de la acumulación de sensaciones y emociones positiva, nos instalará además en el sufrimiento de la compulsión adictiva por lo bueno: porque no somos conscientes de que las sensaciones y emociones agradables son extremadamente efímeras, lo cual hará que terminado el efecto de una, tratemos de buscar inmediatamente otra en una automatismo adictivo que solo nos hará sentir peor mientras no la encontremos.

Además de adicción, las sensaciones y emociones positivas generan tolerancia: es decir que con el tiempo una persona se acostumbra a ellas y deja de sentirlas tan intensas y especiales, llegando a normalizarlas: lo cual nos lleva a buscar sensaciones cada vez más intensas para salir de esa normalidad que acabamos por confundir nuevamente con la ausencia de felicidad.

La acumulación de sensaciones y emociones negativas solo alimenta el espíritu capitalista de nuestro ego que querrá más y más, y que en este afán se sentirá cada vez peor: no es de extrañar que este hábito, extendido a varios aspectos de la vida, hace que las sociedades capitalistas sean aquellas más “acomodadas en el sufrimiento” y a la vez más refractarias a todo indicio de felicidad, ya que en el afán de buscar más y más, pierden la perspectiva que les permita valorar como especial lo que están acostumbradas a tener como algo simplemente normal y obvio.

En definitiva, psicológicamente hablando, si solo eliminásemos de nosotros el deseo de ser felices, posiblemente logremos serlo. El problema surge cuando establezcamos como estrategia de eliminación, la satisfacción de esos deseos, puesto que nada más satisfacerlos, entonces surgirán otras necesidades, otros deseos que volverán a alimentar la espiral del “capitalismo emocional”.

Situarse en la ausencia del deseo no es fácil ya que corremos el riesgo de no sentirnos vivos y confundir ese estado con una apatía crónica.

Pero aquí viene la pregunta: ¿Se puede vivir sin deseos?
Evidentemente NO. Al igual que es inevitable juzgar las experiencias como buenas o malas, del mismo modo es inevitable vivir sin deseos: el primero de todos, el deseo de vivir, mantenerse y perpetuarse.

¿Entonces, si es imposible no tener deseos, estando al título de este post, es imposibles ser felices?

La cuestión no está tanto en la ausencia de deseos, sino en la ausencia de apego e identificación con esos deseos. Podemos tener deseos, del mismo modo en el que nos podemos dar cuenta de ello, relativizarlo y no aferrarnos a él como si fuera necesario para alcanzar la felicidad. Siempre que nos demos cuenta de que estamos experimentando un deseo y que aferrarnos a él nos provoca malestar, al igual que hacemos con los juicios, podemos volver al estado de ecuanimidad y des-identificarnos de ese deseo para no acabar atrapados en él.

Por ausencia de deseo entendemos entonces tener un “ego de bajo consumo”, centrado en el equilibrio y ecuanimidad como valores principales; en la no dualidad del juicio sobre lo “bueno” y lo “malo” de lo que vivimos; y en el propósito, en su lugar, de encontrar la utilidad existencial a todo lo que nos ocurra.

Lejos de dar recetas y de decirte que hacer para ser feliz, o como tienes que ser feliz, mi propuesta es de convertir el concepto de felicidad en un estado de ausencia de apego a los deseos.

Si a partir de esa ausencia, sigues deseando ser feliz, eso ya será indicador de que el sufrimiento volverá a apoderarse de tu vida, y que posiblemente te estás mintiendo a ti mismo/a nuevamente.

Anuncios
  1. Aún no hay comentarios.
  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: