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Las Malas Personas No Existen: Verdad, Bien, Mal, Justicia, Felicidad y Sufrimiento

El periodista  buscaba el titular y así tergiversó con su interpretación todo el mensaje de Howard Gardner.

Practicando atención plena me he dado cuenta de que todo lo que llamamos verdad es simple y llanamente un mero punto de vista. Una perspectiva personal, que no representa el puzzle completo de un hecho o realidad.

Pero aún así sigue siendo verdad en la medida en que se trata de una experiencia real. La verdad es en definitiva lo que experimentamos, no lo que creemos que está fuera de nosotros.

Porque nada puede ser y existir fuera de nuestra experiencia: si no lo experimentamos, no existe.

Y si nos lo cuentan, será entonces experiencia de otros. Será entonces la verdad de otros, pero no la nuestra.

En definitiva, la verdad es algo mucho más relativo de lo que parece. La verdad puede cambiar según quien la experimente y su punto de vista.

Del mismo modo podemos hablar del bien y del mal.

El bien nunca ganará la partida al mal. Porque el bien necesita del mal para existir. Tratar de aniquilar el mal es imposible porque la mera condición para que el bien existas, es que su contrario también exista.

Es más, tratar de aniquilar el mal se convertiría paradójicamente en practicar el mal.

Esto sucede porque lo que algunos juzgan como mal, no necesariamente lo juzguen de la misma manera aquellos que lo practican. El ladrón, por mucho que al ojo del inocente practique el mal, en su interior lo estará practicando bajo una intención positiva: la de hacer el bien para sí y para sus cercanos.

La verdad de quien ve algo malo en el otro, es la verdad de ese alguien, pero no necesariamente la de ese otro. Es una experiencia personal. Es un juicio.

En definitiva, el bien y el mal no son hechos consumados. No pertenecen siquiera a los hechos, sino a los juicios de aquellas personas que perciben y experimentan esos hechos.

En el mundo no existe el bien ni existe el mal como algo ajeno a la persona y su experiencia. Sino que el bien y el mal pertenecen a la condición misma humana. No existe el bien o mal en los hechos, sino hay bien o mal en las personas que juzgan esos hechos.

Y pasa lo mismo con la justicia. El mundo no es justo. No tiene porque serlo. El mundo simplemente es perfecto: todo sucede bajo unas normas de acción y consecuencia. Todo lo que sucede no solo es causa de consecuencias, sino que a su vez es consecuencia de unas causas que vinieron antes. Todo está entrelazado y en comunicación, en continua búsqueda de equilibro. Si algo podemos asociar al concepto de Justicia es justicia entendida como acción en respuesta a un cambio de situación que generó un desequilibrio, ante la necesidad de volver a establecer un nuevo equilibrio momentáneo. Así son las crisis por ejemplo.

Y así venimos al concepto de Felicidad. La felicidad existe porque existe el sufrimiento. No puedes quedarte con una y eliminar la otra. Porque pasa como con el bien y el mal. Una necesita de la otra para existir. Todo es un equilibrio de fuerzas. Y un mundo justo no es un mundo feliz, sino un mundo que en ese juego de acción, reacción, y re-equilibrio, encuentra un nuevo estado que equilibra el anterior y que está además a la espera de volverse a desequilibrar para re-equilibrar: en definitiva un mundo en permanente cambio. Todo cobra sentido en este sistema, tal como afirma la segunda ley de la termodinámica: todo sistema tiende a un equilibrio hasta generar un nuevo desequilibrio.

Eliminar el sufrimiento significa eliminar la felicidad. O mejor dicho, la felicidad no se encuentra como simple alternativa al sufrimiento, o como consecuencia de evitarlo. Sino que se encuentra más allá del sufrimiento, como consecuencia de abrazarlo, atravesarlo, vivirlo y superarlo. Uno puede ser feliz en el momento en que acepta el sufrimiento y como tal, aceptándolo, deja de ser un elemento de malestar para convertirse en un elemento de desarrollo. De ahí la importancia de la aceptación del sufrimiento, como estrategia de conexión con la felicidad. Abrazar el sufrimiento para obtener felicidad es aceptar lo que duele para transformarlo en oportunidad.

¿Qué es esto sino equilibrio?

Gran verdad! (pero claro… la mía).

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