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Archive for 16 noviembre 2016

Las 3 Leyes del Equilibrio

Y LOS 3 CONSEJOS PARA LOGRARLO

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No es lo mismo equilibrio que tensión. Estar en equilibrio no es lo mismo que estar en tensión. Si no pregún teselo a un amigo o amiga: ¿Cómo te sientes cuando estás en equilibrio? ¿Cuándo estás en tensión? ¿Es lo mismo?

Entonces, ¿Cómo lograr el equilibrio en la vida sin caer en la tensión?

 

1ª LEY: el equilibrio es un estado dinámico.

Pongamos por ejemplo un equilibrista que camina sobre una cuerda. Su objetivo es permanecer en equilibrio, y para ello ¿Qué hace? ¿Acaso permanece inmueble sobre una cuerda? No, se mueve y realiza continuos ajustes en el espacio para mantenerse c

omo tal. Y una vez que logra el equilibrio, ¿permanecerá inmueble? No. Seguirá en ese balanceo. Llegamos por tanto a la primera ley del equilibrio. Para llevar una vida en equilibrio y balanceada, hay que estar en continuo movimiento. La estaticidad no nos valdrá. Hay que estar dispuestos a cambiar constantemente de estado.  De acuerdo con eso surge el primer consejo:

  1. Estar dispuestos al cambio continuo.

2ª LEY: sin tensión no puede haber equilibrio.

La cuerda, que para ello se llama “floja”, es floja, pero eso no significa que no tenga tensión. Tampoco está excesivamente tensada. Tiene que ser suficientemente floja para permitirle permanecer en equilibrio, pero a la vez suficientemente tensada para no “flojear” y caerse. De aquí el segundo consejo.

  1. Encontrar el punto de tensión adecuado para que esos cambios sean llevaderos.

3ª LEY: son necesarias dos fuerzas para lograr el equilibrio: una la pone la persona, la otra, el contexto.

El contexto influye. Para obtener el justo punto de tensión, el equilibrista elige el contexto y lo adapta a sus posibilidades, tensando o relajando la cuerda según sus posibilidades. Es difícil mantenerse en una vida balanceada en  un contexto que no nos favorece ese equilibrio. Si ese no es el contexto, no nos va a servir el simple realizar continuos cambios y hay que tomar una determinación. Una de dos: cambiemos el contexto o cambiemos de contexto. De aquí el tercer consejo.

  1. Adecuar las dificultades a las posibilidades de cada uno: que viene a ser lo mismo a cambiar el contexto o cambiar de contexto.

 

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Mindfulness como Medio o como Fin

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Es un dato evidente que muchas personas se inician en el mindfulness con el fin de reducir su estrés, encontrar un nuevo equilibrio, o lograr “callar” su mente y la espiral continua de pensamientos.

Que duda cabe que a través del mindfulness se pueden lograr todos esto beneficios, aunque es importante señalar que ninguno de ellos puede considerarse como objetivo a perseguir: es más, si se hace bajo esa intención es posible que los resultados tarden aún más en llegar.

Preguntaba un discípulo a su maestro:

  • “¿Maestro, cuanto tardaré en ser tan sabio como Vd.?
  • “10 años”. Respondió el maestro.
  • “¿Y si estudio el doble de tiempo?. Contestó el discípulo.
  • “Entonces tardarás el doble de tiempo”. Replicó el maestro.

Cuanto más usemos el mindfulness como medio para lograr ciertos estados, más estaremos tergiversando su aplicación.

Realmente el mindfulness no es el  medio, sino el fin de la práctica. Y si para algo podemos considerarlo un medio, es para darnos cuenta de lo que está en nuestra mente y tomar consciencia acerca de que hacer con ello.

Realmente no se logra poner la “mente en blanco” o “callar la mente” a través de la mera práctica del mindfulness entendido como entrenamiento mental, sino a través de la toma de consciencia acerca de lo que nos preocupa, con el fin de ocuparnos de ello y operar cambios en nuestras vidas, bien para cambiar las circunstancias y que dejen de afectarnos, o bien para cambiar nuestra actitud hacia ellas y, entonces, dejar de tener razones para preocuparnos.

¿De qué sirve meditar si tras tomar conciencia acerca de lo que nos hace estar mal, no operamos los cambios oportunos para que dejemos sentirnos así?

Si al practicar mindfulness nos damos cuenta que nuestra mente no para de proponernos ideas y cuestiones, y no logramos “callarla”, no es que no estemos practicando adecuadamente, sino que la practica será totalmente acertada, ya que el mindfulness no es una herramienta para llegar a un estado concreto de la mente, sino una ventana hacia ella para mostrarnos lo que se encuentra ahí dentro.

Es como si nos asomamos a una ventana: siempre encontraremos ante nosotros o algún tipo de panorama, nos guste o no nos guste. La cuestión no es tapiar esa ventana para no ver nada, ni menos pretender asomarse y esperarse contemplar la nada, sino tomar consciencia de lo que se encuentra ahí.

Puede que la ausencia de pensamientos y el famoso mito de “la mente en blanco” a la hora de practicar mindfulness, provengan más de haber aportado los cambios necesarios en nuestras vidas y realizado las decisiones oportunas acerca de los problemas a resolver, o bien porque hayamos aceptado una situación como tal, antes que por el mero hecho de sentarnos a respirar en silencio y quietud.

Es mucho más reconfortante practica mindfulness cuando uno está en paz con el mundo, que pretender estar en paz con el mundo como consecuencia de practicarlo.

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