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Mindfulness como Medio o como Fin

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Es un dato evidente que muchas personas se inician en el mindfulness con el fin de reducir su estrés, encontrar un nuevo equilibrio, o lograr “callar” su mente y la espiral continua de pensamientos.

Que duda cabe que a través del mindfulness se pueden lograr todos esto beneficios, aunque es importante señalar que ninguno de ellos puede considerarse como objetivo a perseguir: es más, si se hace bajo esa intención es posible que los resultados tarden aún más en llegar.

Preguntaba un discípulo a su maestro:

  • “¿Maestro, cuanto tardaré en ser tan sabio como Vd.?
  • “10 años”. Respondió el maestro.
  • “¿Y si estudio el doble de tiempo?. Contestó el discípulo.
  • “Entonces tardarás el doble de tiempo”. Replicó el maestro.

Cuanto más usemos el mindfulness como medio para lograr ciertos estados, más estaremos tergiversando su aplicación.

Realmente el mindfulness no es el  medio, sino el fin de la práctica. Y si para algo podemos considerarlo un medio, es para darnos cuenta de lo que está en nuestra mente y tomar consciencia acerca de que hacer con ello.

Realmente no se logra poner la “mente en blanco” o “callar la mente” a través de la mera práctica del mindfulness entendido como entrenamiento mental, sino a través de la toma de consciencia acerca de lo que nos preocupa, con el fin de ocuparnos de ello y operar cambios en nuestras vidas, bien para cambiar las circunstancias y que dejen de afectarnos, o bien para cambiar nuestra actitud hacia ellas y, entonces, dejar de tener razones para preocuparnos.

¿De qué sirve meditar si tras tomar conciencia acerca de lo que nos hace estar mal, no operamos los cambios oportunos para que dejemos sentirnos así?

Si al practicar mindfulness nos damos cuenta que nuestra mente no para de proponernos ideas y cuestiones, y no logramos “callarla”, no es que no estemos practicando adecuadamente, sino que la practica será totalmente acertada, ya que el mindfulness no es una herramienta para llegar a un estado concreto de la mente, sino una ventana hacia ella para mostrarnos lo que se encuentra ahí dentro.

Es como si nos asomamos a una ventana: siempre encontraremos ante nosotros o algún tipo de panorama, nos guste o no nos guste. La cuestión no es tapiar esa ventana para no ver nada, ni menos pretender asomarse y esperarse contemplar la nada, sino tomar consciencia de lo que se encuentra ahí.

Puede que la ausencia de pensamientos y el famoso mito de “la mente en blanco” a la hora de practicar mindfulness, provengan más de haber aportado los cambios necesarios en nuestras vidas y realizado las decisiones oportunas acerca de los problemas a resolver, o bien porque hayamos aceptado una situación como tal, antes que por el mero hecho de sentarnos a respirar en silencio y quietud.

Es mucho más reconfortante practica mindfulness cuando uno está en paz con el mundo, que pretender estar en paz con el mundo como consecuencia de practicarlo.

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