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Inscripciones Abiertas a Team Building_43 del Viernes 1/12 en la Experiencia Coctelera de Licor43

Experiencia TeamBuilding_43′ ayudará a desarrollar la competitividad, eficiencia, y el rendimiento de equipos humanos en base a resultados objetivos y comparables con otros equipos

La actividad, llamada ‘Experiencia TeamBuilding_43’ consta de 2 pruebas creadas específicamente usando los productos de la firma, dentro del marco de la coctelería, dirigidas a medir y desarrollar la competitividad, eficiencia, y el rendimiento de equipos humanos en base a resultados objetivos y comparables con otros equipos.

Grupo Zamora y ÓptimaCoaching dan inicio a una aventura sin precedentes en Murcia, en la que dos marcas de primera línea pertenecientes a sectores distintos, fusionan su talento para crear un producto totalmente original con el máximo nivel de calidad.

El próximo evento con inscripciones abiertas será el día 1 de Diciembre, mediante reserva al teléfono 665 536 059.

Team Building_43 es un Team Building de una mañana, especialmente diseñado para aprender estrategias de eficiencia y productividad de equipos pequeños y grandes. Además tiene un alto impacto en variables como la Cohesión, Confianza y Visión Sistémica Corporativa.

Será el Viernes 1/12, de 09:00 a 14:00 en la nueva e histórica fábrica cartagenera de Licor 43.

Zamora Company, es propietaria de Licor 43, bodegas Ramón Bilbao, y distribuidora exclusiva de marcas Premium como Ron Matusalem, Ginebra Martin Miller, etc. Esta empresa en los últimos años incrementó un 50% su facturación posicionándose como uno de los Holdings internacionales más importantes en distribución de vinos y bebidas espirituosas y será posible además conoces cuales están siendo las claves de este éxito.

El evento permite inscripción individual, pero también se pueden inscribir grupos manteniendo la misma tarifa por persona de 80€+iva.

Además de la visita al museo del Licor 43, se realizarán 2 pruebas para aprender aspectos fundamentales de la eficiencia y productividad de equipos de trabajo. Los inscritos, serán repartidos en 4 o 5 grupos aleatoriamente para la realización de las pruebas. Se realizarán 2 actividades que pondrán a prueba la capacidad de organización y coordinación, así como la capacidad de trabajar con confianza y buena comunicación. Al final habrá un speech del coach que dará feed-back. Las pruebas tienen que ver con la coctelería. Para ello los grupos tendrán a disposición un maestro coctelero que les introducirá en los ejercicios que implican aprender a catar, componer y crear cocteles. Al final de la jornada habrá un aperitivo con networking.

Resumiendo, por tan solo 80€ +IVA, el 1/12 dinámicas de grupo, catas, aprendizaje, tentempié y networking final en la Experiencia43 (Cartagena), para aprender trabajo en equipo y diversión…

Si te lo pierdes, al menos haz que no se lo pierdan tus amigos… ¡¡COMPÁRTELO!!

Team Building 43 (1)

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Coaching y Ciencia: ¿Cómo el Agua y el Aceite?

Una de las señales inequívocas de que el Coaching no es más que una rama de la Psicología es el esmero reciente por parte de algunas asociaciones de buscar su justificación científica y tropezar una vez más con la Psicología como el fundamento científico que en gran parte sostiene las raíces de esta práctica.

Y no es casual que esta práctica, hijastra maltratada por muchos psicólogos que se niegan a considerarla perteneciente a esta disciplina, se ha encontrado en su camino evolutivo ante las mismas críticas que la Psicología de los años 40 del siglo pasado: eran tiempos en que la psicología era poco más que la psicoanálisis y, más allá de la aportación filosófica, las teorías de Freud y Jung iniciaron a tambalear ante las críticas de los defensores del método científico y de la epistemología moderna.

Ahí fue cuando el conductismo puro, no sin defectos estructurales como la visión mecanicista y la casi negación de la importancia de aspectos cognitivos y emocionales, realizó una de las mayores aportaciones históricas a esta disciplina: la posibilidad de medir, estructurar y replicar resultados en laboratorio, hecho que ayudó a que la psicología entrase de una vez en el corpus de las ciencias sociales. Hoy la psicología es una ciencia a todos los efectos, que sigue los estrictos rigores metodológicos de la epistemología Popperiana, las reglas de la estadística psicométrica y la investigación psicosocial.

El coaching nació como práctica fuera del marco académico de la psicología, aunque fundamentado en gran medida por enfoques de intervención derivados de la psicología. Durante unos años el coaching proliferó siendo adoptado por todo tipo de “profesional” que con mayor o menor formación específica, podía colgarse el título de Coach Profesional con relativa facilidad y en plazos menores a lo que supone el estudio de un grado universitario de psicología.

Así fue como el mercado se “plagó” de nuevos gurúes que resucitaron muchas las ramas de la psicología que habían sido descartadas por el estricto control de método científico, y desahuciadas por los mismos psicólogos en un afán “cientista” por ver reconocida a esta disciplina como ciencia.  Gestalt, psicoanálisis, terapia transaccional, teorías del aprendizaje de Piaget, eneagrama, encontraron nuevos adeptos que gracias a buenas labores de marketing y ciertas operaciones de fusión con ideas propias cautivadoras y a la moda, creaban  nuevos modelos de intervención bajo su propia marca personal: hasta Jung revivió bajo el nombre de escuelas y herramientas tecnológicas inspiradas en sus teorías y fundamentadas en el Big Data, para proponer nuevos servicios y productos con algo más de rigor.

Pero el tiempo hizo que las brevas cayeran por su propio peso. En menos de una década el Coaching entra en crisis: ¿Qué hay en cuanto a resultados y beneficios objetivos para un cliente dispuesto a pagar entre 50€ y 250€ / sesión, en la que el coach siquiera asume una posición asimétrica a través de la cual ofrecer un valor añadido, un conocimiento, o una experiencia que en el resto de las profesiones consiste precisamente en la justificación del precio a pagar para esa inversión? ¿Qué hay más allá del marketing de  un supuesto gurú que en sus charlas multitudinarias repite frases “motivacionales” escritas por otros que pasaron a la historia por conseguir algo más que él? ¿Se ha convertido el pagar por coaching en pagar por una nueva forma de filosofía personalizada y al uso?

En ese auge desregulado, llegó un momento en que llegó a llamarse “coaching” casi cualquier cosa que fuera mínimamente asociada a animar, dinamizar y crear algo de engagement: pareció que el coaching se había convertido, como la psicología casi cien años antes, en un territorio donde todo podía valer.

Fue en esos momentos en que los profesionales y asociaciones de coaching se propusieron buscar algo de rigor poniendo el interés en su fundamento científico e impulsando investigaciones sobre ello. Pero es difícil hoy en día hacer ciencia sin estar dentro de un entorno académico: y el coaching precisamente no se encuentra comprendido entre las disciplinas académicas universitarias. El desconocimiento y la falta de experiencia en cuanto a investigación psicométrica hizo que algunos neófitos, desde su ignorancia, simplemente se limitaran utilizar hallazgos de neurociencias y psicología para fundamentar mediante saltos especulativos, sesgados y parciales, unas conclusiones para definir el fundamento científico del coaching, que no pueden sujetarse.

Y la cuestión es que el coaching no puede fundamentarse científicamente porque es un conjunto de estrategias de intervención que no pueden investigarse en su totalidad: habría que investigar cada aplicación, cada herramienta, y cada actuación por separado, teniendo en cuenta a colectivos, edades, sexos, niveles de estudios: habría que contar con muestras amplias, etc.

El coaching nació como enfoque eminentemente práctico, donde el factor “consecución del resultado” era más importante que el factor “validez del método”. Algo parecido a las funciones de un entrenador en un equipo deportivo (de ahí justamente la palabra coach):

¿se imagina el lector a un entrenador de futbol perdiendo el tiempo en buscar las pruebas científicas de sus métodos?  ¿Le pagarían para ello? ¿Cuántos partidos tendrían que esperar en su club para que traiga esas conclusiones? Posiblemente perdería toda la temporada: y el equipo compite para ganar, no para probar demostraciones científicas. Y es más, en el supuesto eventual de ocurrir en  algún hallazgo: ¿Valdría posteriormente ese hallazgo con otros equipos y otras personas? ¿Valdrían para siempre?

La ciencia no es el camino para el coaching, sino lo son los resultados. Y para ello el nivel de cambio y ajustes ha de tener en cuenta un Coach de ser tan elevado y personalizado que es imposible investigarlo con el método científico tradicional, mientras el big data neurofisiológico capaz de ofrecer feed-back y baremos a amplia escala no esté maduro. Seguramente llegaremos a ello en unos años, razón por la cual es posible que el Big Data permita superar los problemas técnicos que llevaron hace años a descartar teorías Jungianas o gestáltica.

De otro modo, buscar la cientificidad en el coaching no es más que una nueva manera de admitir su inclusión dentro de las prácticas profesionales de la psicología, aunque con un nivel de rigor menos estricto que las prácticas clínicas y sanitarias, debido al exhaustivo control que éstas últimas han de pasar por su carácter terapéutico.

Reconocer la pretensión no científica del coaching pero no es razón por la que volver a la práctica del “todo vale”, sino lo contrario, iniciar a asumir que la única ciencia que dota al Coaching de algo de cientificidad es la psicología y la neuropsicología.

Pero aquí surge la gran evidencia reveladora: ¿Qué otra cosa estaría haciendo sino intervención psicológica, un supuesto coach, cuando para ello se justifica en estudios psicológicos y neuropsicológicos? Este hecho, demuestra que el coaching no es más que una manera de practicar intervención psicológica, distinta de la clínica y sanitaria, pero psicología.

 

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Roberto Crobu Impartirá un Innovador Formato de Mindfulness On Line para la Universidad de Murcia

Tras una fructífera colaboración de tres años que han permitido introducir y consolidar la línea de Mindfulness en entorno académico de Economía de la Empresa, Roberto Crobu y el Centro de Estudios Económicos de la Universidad de Murcia, impulsarán una innovadora versión del modelo MBET® (Mindfulness Based Emotional Transformation) en un programa de 30 horas totalmente on line, cuyo plazo de inscripción terminará el 29  de Septiembre y cuyas actividades iniciarán el viernes 6 de Octubre de este año 2017.

El programa durará 10 semanas y podrá realizarse desde cualquier parte del mundo, siendo completamente On Line y teniendo una matrícula muy accesible de tan solo 190€.

Realizando esta inversión, los alumnos tendrán derecho a:

  • 10 horas de videoconferencias repartidas en 3 Videoconferencias los días
    • Viernes 6/10 de 16:30 a 20:30
    • Viernes 3/11 de 16:30 a 20:30
    • Miércoles 11/12 de 19:00 a 21:00
  • 20 Video-Clases de 20’ (2 x semana) con explicación docente
  • 10 Lecturas de acompañamiento
  • 10 Tutoriales de Ejercicios Prácticos
  • 1 Hora Semanal Consultas en Grupo mediante char
  • Sugerencias Bibliográficas

Mindfulness MBET ON LINE - UMU

Para más información se puede visitar el portal de la universidad Casiopea.

Entre los beneficios y los aprendizajes que se pretende que lograrán los alumnos al final del programa,  avalados por las anteriores ediciones que se realizaron de manera presencial, se destacan:

  • Mantener la Atención Centrada y reducir distracciones (Foco)
  • Asumir Actitudes Funcionales ante Problemas
  • Regular Emociones a través de técnicas de:
    • Respiración
    • Movimientos del Cuerpo
    • Manejo de los Pensamientos
  • Aprender a Expresar mejor Emociones
  • Aprender a Escuchar
  • Desarrollar Relaciones Interpersonales Plenas
  • Gestión Eficaz del Tiempo

 

 

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Universidad de Murcia pionera con Roberto Crobu en Nuevos Desafíos del Mindfulness

Clausurada el Miércoles pasado la III Edición del curso de Mindfulness e Inteligencia emocional con un resultado muy satisfactorio entre los alumnos, Roberto Crobu y el Centro de Estudios Económicos de la Universidad de Murcia acaban de lanzar un nuevo formato del tan exitoso programa MBET, que marca un reto importante en cuanto convertirá el formato presencial en en un programa On Line.

“Los tiempos cambian y hoy en día incluso el míndfulness no puede ser ajeno a las nuevas tecnologías: nos encontramos en estos años con dos importantes necesidades por parte de las personas que se interesaban en nuestro programa: la primera era la barrera de entrada marcada por el precio de matrícula, la segunda era la dificultad de personas que residen lejos de Murcia, incluso en extranjero, en desplazarse semanalmente para acudir a clase. Nos esforzamos mucho en encontrar las fórmulas más idóneas para atender ambas necesidades, tirando de creatividad y alternativas: finalmente logramos diseñar un formato que permitirá a las personas asistir a clase desde casa mediante videoconferencia y practicar usando tutoriales que podrán bajarse on line desde la plataforma de la Universidad”.

Esta medida, según palabras de Roberto Crobu, permitirán reducir drásticamente el importe de las matrículas. Los alumnos podrán adquirir este curso por tan solo 190€ matriculándose en Casiopea.

Las matriculas están abiertas actualmente, hasta el 29 de Septiembre y se prevé una afluencia masiva para seguir las clases en streaming.

El curso iniciará el 6 de Octubre de 2017 y terminará a finales del mismo año.

Más información en este enlace:  https://casiopea.um.es/cursospe/casiopea.portal.ficha.do?a=895F4158504B514AC6406AF4AFDC2146

COMO PASAR DEL MIEDO A LA ACCION

Decálogo sobre la Acción como Antídoto del Miedo

El miedo es uno de los factores más paralizantes a la hora de querer conseguir uno lo que quiere. El miedo tiene una función adaptativa y nos sirve para protegernos de los peligros y preservar nuestra salud y existencia. Como animales que somos, es razonable y lógico hacer uso del miedo y tener miedo. La cuestión está en que en ocasiones aplicamos esa función biológica a aspectos que en realidad no están nada relacionados con nuestra supervivencia, como puede ser el miedo al fracaso, el miedo a hablar en público, el miedo a decir no, o el mismo miedo al cambio.

Pero, contrariamente a lo que muchos piensan, no es el factor más peligroso para conseguir  uno sus propósitos, ya que otros elementos más paralizantes que muchas veces confundimos precisamente con el miedo, tales como el sopor mental y la pereza. El sopor mental es lo opuesto a la alerta y vigilia, es un estado que podemos definir como “pereza del pensamiento”, apatía, o aburrimiento. La pereza todos sabemos lo que es: se trata de una preferencia por lo cómodo, lo conocido que desemboca en una actitud de aferrarse a la impermanencia de las cosas.

Muchas veces confundimos la pereza y el sopor con miedo: creemos tener miedo y decimos que estamos bloqueados, pero en realidad lo que tenemos es sopor y pereza.

Existe en esos casos un antídoto muy eficaz para superar ese estado: la acción.

La acción (como forma de afrontamiento) es el único recurso que tenemos para hacer frente  al miedo. Y esto es muy distinto de permanecer en la comodidad. De hecho, si estudiamos el reino animal, si bien hay algunas especies que ante situaciones de riesgo se hacen “los muertos”, la gran mayoría  tiene entre sus recursos dos estrategias: el ataque y la defensa. Ambas implican actuar.

Por esta razón tener miedo y no actuar no tiene sentido: será más preciso decir que se tiene miedo y además pereza. Y que no se actúa, no por miedo, sino por pereza. Tener miedo no obliga necesariamente a quedarse parados. De hecho, se puede tener miedo y hacer lo que uno no tiene miedo a hacer, haciéndolo con miedo, pero haciéndolo. De otra manera no será el miedo quien nos paralice sino la pereza y el  sopor mental.

Pero la evitación puede servir solo circunstancialmente porque no elimina ni sobrepasa el  miedo. Ni tampoco permite afrontar su causa: si queremos conseguir algo valioso, hemos de actuar.

Si no actuamos, no es por miedo, sino por pereza.

Ahora la pregunta que surge es la siguiente:

¿Cómo se puede pasar del miedo a la acción?

Aquí va un decálogo:

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  1. Tener claro si lo que se desea o se necesita vale más la pena que estarse  uno parado: a veces nos planteamos necesidades y deseos que en realidad no estamos dispuestos a hacer lo que es preciso y pagar el precio que suponen, causando en nosotros mucha frustración. Eliminando el deseo, se elimina el sufrimiento, pero entonces tendremos que ser consecuentes con que nuestra preferencia es permanecer como estamos.
  2. Se quiere actuar, dejar de repetirse uno que tiene miedo: eso no aporta y pone a una persona en la espiral de negatividad. Es obvio y natural tener miedo, y muchos otros que lo intentaron previamente, lo experimentaron. Pero aquellos que lo lograron tuvieron en algún momento que romper esa barrera pasando por los puntos sucesivos de este decálogo.
  3. Dejar de justificarse en el miedo como razón para no hacer: asumir uno su propia pereza si no quiere actuar.
  4. Dejar de repetirse que uno que no puede o no es capaz: será más bien que no quiere actuar o tiene pereza.
  5. Dejar de repetirse uno que no puede actuar por culpa de los demás, de lo que le sucedió o lo que le hicieron: posiblemente esa gente ya no está ahí impidiéndole
  6. Dejar de repetirse un que no dispone de recursos para hacerlo bien o que se dan las circunstancias adecuadas: la perfección no existe, ¿para qué entonces esperar a que se den las circunstancias perfectas? Actuar no implica hacerlo de la mejor manera posible en absoluto, sino de la manera en la que uno puede.
  7. Identificar la primera acción a poner en práctica y ejecutarla.
  8. Practicar, Fracasar y Repetir: lo normal es que a la primera no nos salgan las cosas. En ocasiones es necesario fracasar para aprender.
  9. Afrontar la experiencia: el valor de la experiencia es fundamental y siempre es necesario. Si no sabemos cómo conseguir algo, es porque no tenemos la experiencia necesaria para hacerlo: no nos que otro remedio que probar. Por ejemplo, las marcas de coche no podían fabricar hace 20 años los coches de hoy, porque necesitaron construir aquellos que vinieron en este intervalo de tiempo para darse cuenta de lo que necesitaban mejorar: todo se construye usando como base los pasos anteriores. No podemos llegar a un sitio alguno sin querernos desplazar.
  10. Vivir la experiencia como aprendizaje: muchas veces no actuamos porque pensamos que todavía nos falta aprender cosas. No hay otra forma de aprender que no sea practicando. Es algo que nos cuesta asumir porque venimos de un sistema educativo que se basa en la adquisición de conocimiento como base para la práctica. Así es como olvidamos que la práctica es la mejor estrategia de adquisición de conocimiento y aprendizaje.

 

Mindfulness: Motivación y Voluntad

La tercera edición del curso de Mindfulness MBET® e Inteligencia Emocional de la Universidad de Murcia ya es una realidad: a falta de dos semanas del cierre de inscripciones quedan todavía algunas plazas, habiendo cubierto ya el cuórum de alumnos mínimos para que el programa arranque.

Con motivo de incentivar la práctica formal e informal, dedicaremos este post a la motivación y la voluntad orientadas a la práctica.

¿Es lo mismo voluntad que motivación?

La falta de motivación o de voluntad (o de ambas cosas) puede ser uno de los grandes impedimentos hacia la práctica.

En efecto las dos variables son diferentes y se refieren a aspectos complementarios:

La palabra motivación deriva del latín motivus o motus, que significa ‘causa del movimiento’. La motivación es un estado interno que activa, dirige y mantiene la conducta.

La palabra voluntad proviene del idioma latín voluntas, voluntātis (verbo volo = ‘querer’, y sufijo -tas, -tatis = ‘-dad’, ‘-idad’, en castellano), y consiste en la capacidad de los seres humanos de decidir con libertad y optar por un tipo de conducta determinado.

Hay dos tipos de voluntad: la espontánea, que puede entenderse como Motivación, y la intencionada, que surge como efecto de la adecuación a una norma o disciplina.

Hay personas que tienen voluntad pero no motivación y otras que tienen motivación pero no voluntad. También hay personas que tienen ambas cosas o ninguna.

En la práctica del mindfulness, así como en cualquier entrenamiento, son importantes ambas: la motivación nos llevará a la acción espontánea y natural de practicar, bien movidos por el mero placer de la experiencia (motivación intrínseca) o bien por la expectativa de lograr un determinado estado emocional como efecto de la práctica (motivación extrínseca).

Imagen Onirica 1

Pero en ocasiones, sobre todo en los momentos de mayor estrés y carga, se tiene la tendencia en abandonar la práctica debido a que los problemas  y preocupaciones llevan a la persona a distraerse y no encontrar la práctica amena y agradable.

Sin embargo, en esos momentos es cuando más beneficioso puede resultar practicar, aunque directamente no se encuentre el punto ideal de motivación. La voluntad, es decir la capacidad de mantenerse firme en una decisión e intención tomada libremente, ayudará a mantener activa la rutina.

Del mismo modo, solo con voluntad, a la larga, una persona puede acabar desistiendo si no encuentra en la práctica una motivación, es decir un beneficio directo, que le anime e impulse a seguir.

Resumiendo e inspirándonos en la filosofía griega, tener motivación y voluntad es moverse en un equilibrio entre el placer del Epicureísmo (340 a.c. aproximadamente), y la determinación del Estoicismo de Zenón (300 a.c. aproximadamente).

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Vivir el Presente No Significa Exigir la Inmediatez

Vivir el presente está de moda. Tanto hincapié en el mindfulness y tantas frases esclarecedoras por la redes sociales están contribuyendo a una consciencia general orientada a valorar y apreciar el presente.

Pero con cada vez mayor frecuencia me encuentro con personas que tergiversan eso de vivir el presente y lo convierten en el extremo más exacerbado del motu epicúreo y edónico del Carpe Diem.

Cierto es que es recomendable disfrutar del momento, siempre y cuando esta actitud no se convierta en un actuar sin tener en cuenta las consecuencias de una conducta o siempre y cuando no se convierta en una obsesión compulsiva por la inmediatez.

reloj-inmediatoVivir el presente, desde el enfoque mindful otorga otra dimensión al Carpe Diem que no tiene tanto que ver hacer lo posible para que uno haga cosas que le plazcan, sino con hacer lo posible para encontrar el lado positivo y agradable de lo que se esté haciendo o esté sucediendo: no tiene que ver con tratar de manipular la realidad de acuerdo a lo que uno desea, sino con ser capaces de cambiar y manipular la propia actitud para sacar provecho de la realidad que a uno le ha tocado vivir.

Sin embargo vivimos inmersos en un mundo cuyos cambios con cada vez más rápidos y abruptos: la tecnología de la información nos ha permitido llegar, a diez años de la presentación del primer Smartphone, a tener el mundo a distancia de un click. Somos la sociedad digital, no solamente por eso del cero y uno, sino también por el hecho de que con un digito, con un click, con un dedo, podemos gobernar un mundo prevalentemente constituido por información.

Nos estamos acostumbrando a la inmediatez con una facilidad que a nuestra mente le cuesta cada vez más entender como ciertas decisiones o soluciones a problemas tarden horas en llegar. Nos estamos acostumbrando a llevar varias conversaciones a la vez por watsapp que cuando volvemos al mundo analógico, de la conversación cara a cara, nos cuesta esperar a que dos personas terminen para poder hablar nosotros, y el tiempo de espera nos parece interminable.

Si bien la inmediatez ha entrado a formar parte de nuestras decisiones con tanta facilidad, hay cuestiones que no dependen de nosotros y que tardan en cambiar, dilatando el presente durante muchas horas o días, o incluso meses.

Pero el presente no está reñido con la inmediatez. El presente puede dilatarse en el tiempo, la inmediatez no. Pensar en el presente no tiene que implicar la expectativa de  que aquello que esté sucediendo en ese presente deje de suceder o cambie.

Muchas personas acuden a mi a que les enseñe a practicar mindfulness, pero se exigen que su aprendizaje sea inmediato, que la práctica resulte placentera de inmediato: se exigen resultados inmediatos en el presente, que requieren que ese presente madure y se desarrolle. El presente necesita del tiempo para suceder, la inmediatez no  entiende de tiempo de espera. El presente se alimenta del tiempo y lo necesita, la inmediatez trata de eliminar ese tiempo.

Esas personas normalmente acaban desistiendo, en muchas ocasiones frustrados porque lo que se “vende por ahí” son imágenes y frases muy agradables y placenteras asociadas a esta práctica. Frases que resumen estados disposicionales y emocionales que no logran alcanzar con tres o cuatro sesiones donde la simple postura meditativa acaba convirtiéndose en un suplicio.

Todo esto nos devuelve una importante evidencia: el presente es un proceso que hay que vivir y experimentar, más que un estado agradable si o si, en el que uno desea estar. El presente simplemente sucede, y si una persona tiene sentidos desarrollados y disposición para prestar atención a ciertos matices de ese presente captará esos detalles.

Esta cuestión no es inherente solo al mindfulness, sino a toda actividad que para lograr ciertos estados o resultados requiere de un cierto entrenamiento, bien sea tocar el piano, pintar un paisaje en  un lienzo, conducir una moto, ir en patines, ir a caballo, nadar, correr o simplemente dar un paseo o tener una conversación agradable con una persona querida.

Pero hay que estar dispuestos a atravesar aquello que cada uno lleva dentro y su propia y necesaria torpeza del principiante e ir más allá de lo inmediato para lograr apreciar esos momentos: y la impaciencia es el peor compañero de viaje, siempre, independientemente de la disciplina o actividad que una persona decida practicar.

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