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Archive for the ‘Inteligencia Emocional’ Category

10 Comportamientos Que Te Hacen Feliz

Los lectores de este blog ya saben que la filosofía que se propone es que no hay camino a la felicidad, ni tampoco la felicidad es el camino, sino que la felicidad es el principio, una actitud que nace desde dentro, una intención que impregna todo pensamiento emoción y acción de una persona y que independientemente de los resultados que obtenga, le ayudará a vivir en armonía y equilibrio consigo misma y con su alrededor.

Arco IrisPero, ¿Cuáles son los 10 comportamientos que, practicados día tras día, nos entrenan en esa disposición llamada “Felicidad”?

  1.  Tener Visión de Futuro clara todos los días: un propósito vital por el que vale la pena hacer las cosas.
  2. Realizar todos los días acciones concretas hacia objetivos concretos e inmediatos alineados con esa visión de largo plazo.
  3. Identificar los juicios negativos y darles la vuelta. Entender que el éxito y el fracaso son lo mismo: juicios acerca de resultados, y como tales no son lo que sucede, sino como nosotros podríamos estar viéndolo, por lo que ese punto de vista no estará completo y cuanto menos distorsionado.
  4. Configurar el problema diario más importante como oportunidad de crecimiento, y disponerse a afrontarlo: todo problema representa una oportunidad para mejorar nuestro grado de experiencia y habilidades. Todo tiene una utilidad, otra cosa es que no seamos capaces de verla.
  5. Evaluar las experiencias diarias en una escala positiva por su aportación al crecimiento personal en lugar de juzgarlas negativamente. Es demasiado fácil mirar la parte de inconvenientes, pero esos inconvenientes son el precio que tenemos que estar dispuestos a pagar si de verdad queremos algo. Y si no estamos dispuestos a pagarlo, es que lo deseamos, pero no lo queremos.
  6. Buscar una crítica ajena al día y valorarla como oportunidades de mejora.
  7. Encontrar las oportunidades personales en los beneficios y logros ajenos. Si entendemos que todo beneficio de los demás puede aportarnos un reflejo positivo, dejaremos la envidia de lado y además estaremos dispuestos a ayudarles: esto genera conexiones y sinergias muy útiles.
  8. Ofrecer facilidades incondicionalmente a los demás para el logro de sus objetivos, al menos una vez al día. Sin esperar nada a cambio: disfrutar de que los demás disfruten, lejos de pensar si es a cuesta nuestra.
  9. Tomar una decisión cada día siendo conscientes de estar pagando un precio: estar dispuestos a deshacerse de lo superfluo, aunque parezca importante.
  10. Tener un gesto de cariño y cuidado de los cercanos todos los días: tener claro que ante los reveses de la vida, los que nos darán la última palmadita o el abrazo más sincero, serán personas que se cuentan en los dedos de una mano.
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¿Consiste La Felicidad En Hacer Lo Que Uno Quiere?

“La felicidad consiste en hacer lo que uno quiere, que no significa hacer lo que a uno le da la gana”.

Hacer lo que a uno le da la gana es simplemente actuar en base a la voluntad y disposición del momento, desconectados de una línea que otorgue coherencia y sentido a lo que uno hace: en un momento apetece hacer una cosa y se hace; en otro momento apetece hacer lo contrario, y se hace con la misma de cambio. Esa incoherencia, a la larga influye en nuestro estado de ánimos ya que subconcientemente mandamos un mensaje a la mente de que actuamos sin rumbo y que nuestra vida carece de un sentido que vaya más allá del puro edonismo del momento.

La gran mayoría de personas que he atendido aquejadas por infelicidad, suelen situarse en este primer enfoque de vida, mientras que las personas que he podido conocer y de las que he podido comprobar un alto nivel de felicidad, suelen actuar desde otro enfoque vital relacionado con hacer lo que uno quiere, no lo que le da la gana.

La felicidad consiste en hacer lo que uno quiere
Hacer lo que uno quiere tiene que ver con definir claramente cuales con las prioridades y los objetivos de la persona, tener un fin, un propósito, actuar dentro de un marco de valores principios y finalidades por los que tenga sentido cada una de las acciones que la persona emprende. Esto puede suponer que en un momento dado sintamos que “no tengamos ganas” de hacer algo concreto, pero acabaremos motivados en hacerlo porque esa acción cumple con un propósito final claramente definido. También puede que pase que con el tiempo el propósito que inicialmente se defino, ya deje de tener sentido en función de nueva información que la persona adquiera y que cambie de alguna manera su paradigma, es decir el marco de valores y creencias que dan sentido a lo que hace: cambiando entonces el paradigma, posiblemente dejen de tener sentido ciertas acciones y así inicie a actuar de una nueva manera, en todo caso, siempre acorde con ese nuevo marco.

Bien, ser felices tiene que ver actuar bajo este segundo enfoque, teniendo la consciencia de que se está actuando en todo momento desde la libertad y autonomía, teniendo la oportunidad de perfilar lo que uno desea para su vida desde la actitud de auto-determinación en este mundo.

Pero, para lograr ser felices no basta tener claro este propósito, sino también tener claro el hecho de que la acción no tiene porque conducir necesariamente a unos resultados esperados: la felicidad no reside en los resultados, sino en la oportunidad de actuar con el fin de conseguirlos.

De hecho, es muy frecuente que por actuar de una manera, pre-configuremos nuestro universo en base a unas expectativas que surjan de esa intención de actuar, y que nos identifiquemos con esas expectativas hasta fusionarnos con ellas, confundiendo expectativas con acciones, acciones con resultados, resultados con objetivos, objetivos con deseos y deseos con derecho a su disfrute. Tergiversando nuestro propósito e intención inicial, acabaremos actuando sintiendo el derecho de que ocurran ciertas cosas que esperamos o deseamos : ¿Qué pasa entonces si lo que pre-configuramos desde nuestra expectativa acaba por no suceder? ¿Cómo nos sentiremos? ¿Qué haremos desde ese sentir y esa emoción?

Definitivamente es importante concluir y añadir que “La Felicidad consiste en hacer lo que uno quiere, no en conseguir lo que uno desea”.

La Felicidad Ni Es El Destino Ni Es El Camino: Es El Inicio

Eso de la felicidad es algo muy curioso. Y la industria que se está montando alrededor la verdad es que poco tiene que ver con facilitar a las personas una vida más plena y mejor….

Pero razonemos sobre esto último: ¿Acaso la vida tiene que ser plena? ¿Acaso ya no lo es? ¿Será porque nos encargamos nosotros de vaciarla….? ¿Y tiene que ser mejor? ¿Mejor, con respecto a qué? ¿O a la de quien?

En todo caso, antes de seguir esta digresión será el caso de aclarar que se entiende en este post como felicidad: porque este es un término muy prostituido y facilmente confuso con “placer” o alegría. Y así lo hace en parte el RAE (Real Diccionario de la Academia) cuando en su prmer significado entiende a la felicidad como un “estado de ánimo que se complace por la posesión de un bien”. Como si lo material dirigiera lo interior….. Menos mal que vino un día IKEA y cambió esa definición diciendo que “no es más feliz el que más tiene sino el que menos necesita”….

Aquí trataremos esa felicidad fácilmente tergiversada en alegría, así como la trata la industria de la felicidad, que coincide con como la entiende el RAE y que se da con la posesión de un bien, y que convierte la búsqueda de la felicidad en la búsqueda de esa placer necesario por tener ese bien, en lugar de esa felicidad entendida como estado utópico de bienestar continuo al que todo el mundo aspira sin saber nunca si lo ha logrado o no.

Hace poco, entrando en una empresa vi un cartel que pretendía fomentar la igualdad de género en el que aparecían dos mujeres: una de ella un poco descuidada, con bolsas de la compra en una mano, y tirando de uno o dos niños por la otra; la amiga era un chica bien cuidada y resuelta que le preguntaba: ¿Tienes algún objetivo o sueño que quieras cumplir en tu vida? La otra le contestaba: con eso de la familia, los niños, el trabajo y la casa, el único sueño que tengo es por la noche cuando me acuesto…

Spiral 2Esto me hizo reflexionar… ¿Acaso tener un trabajo no es un sueño para más de 6 millones de españoles al día de hoy? ¿Acaso tener una vivienda que cuidar no es un sueño para muchos que no tienen acceso a una vivienda digna y en propiedad? ¿Acaso muchos no persiguen un hijo como un sueño y tardan tiempo y tiempo sin lograrlo, incluso tras gastar mucho dinero en tratamientos?

Que lerdos son ciertos seres humanos que cuando tienen todo esto ni se dan cuenta de que han cumplido ya muchos sueños. De que quizás no tengan sueños porque ya los alcanzaron. Del tan poco capaces que son ciertas personas de no valorar y agradecer lo que tienen…

Esto representa la semilla de la industria de la felicidad que te hace creer que no tienes razones para sentirte feliz y constantemente te induce pensar en que necesitas muchas cosas para serlo (sobre todo sus productos)… Y la industria no tiene culpa de ello. Responde a una estrategia de mercado legítima para vender sus productos de consumo. Pero tú no te das cuenta y caes una y otra vez en creerte este programa.

Ya es más de una conferencia en la que asisto que el conferenciante de turno dice que el objetivo y fin último del ser humano es el de ser feliz…. ¿En qué momento de nuestra sana o insana evolución, hemos iniciado a creernos esto? ¿Por qué nos lo tenemos que creer? ¿Para qué? ¿Qué implicaciones tiene creernos este programa mental de que tenemos que aspirar a la felicidad?

…Cómo si ya no la tuviéramos. Como si no tuviéramos más de mil y una demostración que nos ofrece la vida cada día como para ser felices…

Toxico 5Y la cuestión de fondo es que la felicidad ya la tenemos. Otra cosa es que seamos capaces de verla, vivirla, experimentarla todos los días, día tras día, incluso detrás de aquellos acontecimientos que pueden suponer en un primer momento un revés o malestar.

Por tanto prefiero optar a que la felicidad no se ubica allá al final de ese arduo camino que muchos recorren pensando que un día tendrán su merecida recompensa por los esfuerzos y sacrificios que hacen.

Tampoco puedo considerar que la felicidad es el camino, como dicen otros.

Porque el camino está compuestos de muchos elementos: unos de los cuales (los fundamentales) son esas dificultades del día a día que nos sirven para apreciar lo bueno.

Pero muchos, ante esas dificultades, prefieren optar por el camino fácil, el atajo de la “industria de la felicidad” que les dice que busquen la felicidad. Como si la felicidad no se encontrara delante de ellos (o mejor dicho con ellos). Sí, porque mientras te crees que tienes que buscar la felicidad, entonces te vas diciendo a ti mismo que la tienes que buscar porque no la tienes.

Por tanto el mero acto de buscar la felicidad implica asumir la triste y desconsolada evidencia de que no se tiene la felicidad en ese momento. Y con todo este programa de creencias muchos van buscando esa felicidad en los sitios más recónditos.

Y en esa búsqueda (para muchos obsesiva) es cuando algunos cometen el cortocircuito de su equilibrio emocional como personas, porque convierten la felicidad en una condición compensatoria del hecho de no ser felices, buscándola finalmente en fugaces momentos de placer, entretenimiento, y distracción del problema real que les preocupa, que les separa de ella y que les mantendrá alejados de esa misma felicidad mientras no se dispondrán a afrontarlo de cara y debidamente.

Se convierte entonces la felicidad en una fugaz emoción compensatoria que algunos persiguen como sustituto de los problemas que no quieren afrontar y resolver.

Y esto representa el fundamento de la industria de la felicidad: tener a personas frustradas a quienes mantener en su frustración mientras consumen productos y servicios que solo les dan un ligero y momentáneo aliento que se esfuma fugazmente como las burbujas de la coca cola.

Y en todo esto llego finalmente a la conclusión que la felicidad ni es el destino ni es camino, sino es el principio: es la intención con la cual afrontamos nuestro día a día abiertos a recibir de buen grado todo lo que nos ocurra, independientemente del juicio que podamos tener de ello, y considerarlo sobre todo como una ocasión de aprendizaje.

Equilibrista 1A fin de cuentas, todo sirve, todo es útil y todo es provechoso. Si lo asumimos así, dejaremos de experimentar lo malo y lo injusto en nuestras vidas y simplemente encontraremos el Equilibrio.

Porque la verdad es que el ser humano no persigue la felicidad como estado natural, tal y como dicen ciertos conferenciantes, sino que su estado natural es el equilibrio.

La felicidad (entendida como la entiende la industria, es decir como “placer” o “alegría” no es más que un extremo de la cadena emocional con el que afrontamos nuestra existencia. Y al otro extremo está el sufrimiento o el disgusto. Y la cuestión es que los extremos siempre se parecen y que conforme uno se acerca a uno de ellos, cae irremediablemente en el otro. Porque la vida no es lineal sino circular, y lo que mejor garantiza su paso por ella es el Equilibrio, no los extremos.

Lo que pasa es que el equilibrio no vende y no produce industria como lo hace el concepto de felicidad.

Pero seguro que puesto a elegir, prefiero perseguir el Equilibrio, ese punto casi inexistente, casi inalcanzable, casi imperceptible y tan poco duradero, que hace que me tenga que mantener en continuo movimiento para alcanzarlo.

¿Sabes Crear Felicidad? Reflexiones Sobre Felicidad, Sufrimiento y Coca Cola

ZeroEn general, asociar la Felicidad al consumo de sustancias no es más que fomentar la adicción a esas sustancias. Eso ocurre también con la renombrada marca de bebidas que desde hace unos años está tratando de vincular su nombre al estado más perseguido y buscado por el ser humano terricola del siglo XXI.

La realidad es que nadie se siente más feliz bebiendo una coca cola, aunque subconscientemente son muchos los que la compran persiguiendo reforzar ese anclaje emocional penelero (de PNL y no de Pene, ni de Pena), entre la bebida y ese estado de ánimo.

Resumiendo, asociar la Felicidad al beber CocaCola no te llevará a otra cosa que no sea infelicidad, por dejar que lo exterior controle tu interior: que sean cosas ajenas a tí que te den o te quiten felicidad.

En definitiva, asociar la Felicidad al beber CocaCola por eso no te llevará a otra cosa que no sea la infelicidad por no ser dueño de tus emociones.

No hay que olvidar que la Felicidad es el opuesto del sufrimiento. Es por tanto un extremo. Perseguir los extremos no es desde luego estar en el punto de equilibrio de la vida de una persona. 

Por esa misma regla de tres, a más Felicidad que anheles, más sufrimiento puede que atraes por reforzar en tu subconsciente que estás buscando algo que no tienes. Es decir: si la buscas es que NO TIENES FELICIDAD.

 Por tanto, toda búsqueda de Felicidad es también búsqueda de sufrimiento, por acusar su ausencia.

 Y esto no es malo en sí. Forma parte del Yin y Yang de la vida en el más puro sentido taoista. La busqueda de la Felicidad no puede prescindir del sufrimiento. Hay que atravesar antes el valle del sufrimiento para saber que es la felicidad. Esto no tiene que ver que te tengas que volver masoquista y buscar el sufrimiento voluntariamente pensando que por ello encontrarás automaticamente la felicidad. Eso del sentido biblico del sufrimiento lo dejamos a otras formas de manipulación más eclesiasticas aunque trasnochadas (me refiero a la iglesia, pero vale también la mesquita, y jardin del zazen tampoco se salva de ese precepto para sus discipulos) .

Total, la Felicidad es lo opuesto al sufrimiento. Por tanto, negar el sufrimiento en busca de la felicidad es negar también la felicidad.

Quizás se equivoca ese ser humano terricola del siglo XXI persiguiendo la felicidad como si fuera la panacea, puesto que al final acabará en un estremo u otro, o saltando entre ellos.

Quizás no se trata de buscar algo fuera de nostros como si fuera el santo grial, ni tampoco buscarla dentro de uno mismo. Quizás el error conceptual reside no tanto en el lugar de dónde buscarla, sino en el mero y simple hecho de la búsqueda en sí.

Quizás la Felicidad solo se pueda Crear y Experimentar. Pero no buscar.

Ahora bien ¿Sabes crear felicidad? ¿Eres creador/a de felicidad?

¿Haces algo para crearla o simplemente la esperas?

Así Como Respiras, Así Es Tu Vida…

Abrazar el arbol

Esta es una nueva conclusión a la que he llegado tras practicar 45′ de Zhan Zhuang en la postura nº21 la Postura del Palo, también llamada en Qi Gong postura de abrazar el árbol.En la postura de abrazar el árbol se pasa por distintos estados emocionales debido a la exigencia de la postura: fortaleza, aburrimiento, miedo, tensión, impaciencia, alegría, etc.. Curiosamente pero no casualmente, la alegría suele llegar al final, tras atravesar todas las demás. Y con estas emociones, practicando la atención plena desde la intención del mindfulness, se puede tomar consciencia de como va cambiando el patrón de respiración.

El Zhang Zhuan (hoy Qi Gong) es disciplina perteneciente a la medicina tradicional china que ofrece al amplio mundo del mindfulness una serie de actividades y recursos básicos. Concretamente el Zhang Zhuan ha sido investigado como terapia en distintos Hospitales de China y sus efectos expuestos en congresos de medicina a lo largo de todo el mundo.

Así es como recoge Dennis Lewis el resultado de una vida dedicada a investigar patrones de respiración: una respiración superficial, una vida superficial, una respiración profunda, una vida profunda, una respiración desordenada, una vida de estrés y confusión, una respiración forzada indica una vida forzosa, una respiración rica de suspiros y espasmos, una vida triste, una respiración con inspiraciones más fuertes que espiraciones, conecta con la rabia o el enfado, y al contrario, con el júbilo y la alegría, una respiración con apneas o con flujos de inspiración corto y ràpido, indica una vida rica de miedos, una respiración contraída, restringida y sofocada, con culpabilidad y arrepentimiento….

Al contrario, una respiración larga, con inhalaciones fluídas profundas, largas y pausadas, con unos ciclos de entre 20 y 40 segundos, conecta con estados de amor, compasión, serenidad, templanza y bondad.

Parece que cada emoción tiene su correspondiente patrón de respiración y conocerlo, puede ayudarnos a educarnos mejor en la gestión eficaz de nuestras emociones.

Si además entendemos las emociones (del latin -emovere = poner en movimiento) como ese mecanismo que representa la antesala de las acciones y comportamientos, es decir la chispa que hace que actuemos en el mundo material, de aquí viene la importancia de saber modular con eficacia los distintos patrones de respiración con el fin de ofrecer al mundo unas respuestas adecuadas a las situaciones que vamos afrontando en el día a día.

Pero si por un lado vivimos unavida habitualmente “emocionalmente castrada” no nos imaginamos lo poco que sabemos sobre nuestra respiración. Nadie nos educó para respirar, y debido a eso hemos desarrollado patrones automáticos de respiración como respuesta asociada a las emociones que vivimos.

Esta asociación (que los expertos en PNL no dudarían en llamar como un verdadero anclaje ancestral) hace que al sentir una emoción pongamos en marcha el mapa de repiración correspondiente. Pero también es cierto que este principio funciona también al contrario: al cambiar nuestro patron de respiración, podemos cambiar y transformar nuestros estados emocionales basculando hacia patrones funcionales afines a emociones más agradables.

Esto nos devuelve a un punto importante: en nuestra vida tiende a predominar aquellas emoción asociada al patrón de repiración que más reproducimos.

De ahí la importancia y la gran eficacia clínia de todas las técnicas de gestión de la respiración como las de Jacobson, el método de reducción del estrés basado en Mindfulnes de John Kabat Zinn, y el Qi Gong, el Tai Chi y el Yoga, que basan su disciplina en el control de la respiración inclusive asociado a la visualización.

Así como respiras, así es tu vida…

¿Qué Precio Tiene Tu Felicidad?

Piña con PiñonesNo hay cosa que me pone más alegre contento y feliz que el hecho de encontrarme una Piña llena de Piñones en el suelo, recién caída del árbol.

Y el hecho no es tan usual debido a que el continuo recurrir a árboles estériles en los parques públicos hace esto más difícil, además de ser habitualmente los perros los que pillan estos sabrosos y aromáticos frutos, cuando caen del árbol al suelo, y los reducen a nada.

Portanto tienen que darse una serie de conjunciones astrales importantes para dar con uno de ellos en la ciudad y que esté inmaculado.

Hoy los astros se alinearon de manera especial porque tuvieron que pasar muchas cosas más:

1. Que se me parase  mi coche en el medio de la autovía de casa al trabajo.

2. Que se rompiera el indicador de gasolina haciéndome veer que tenía gasolina mientras no tenía ni una gota.

3. Que pensando en un daño mayor, llamase al servicio en carretera del seguro.

4. Que el seguro me diera por error el teléfono de un taller que según ellos era concertado, pero que en la realidad no es así porque rompieron el acuerdo hace unos meses.

5. Que a la vuelta encontrara un accidente en el tramo opuesto de la autovía que nos paró un tiempo (esto fue determinante porque pasaron algo como 2 horas y media, y probablemente esto dio el tiempo necesario a la piña para que cayera del árbol).

6. Que la grúa dejase el coche en ese taller.

7. Que tuviera que irme a casa en el tranvía, lo cual hizo que de camino entre el taller y la parada, viera esa piña caída en el árbol para mí.

No importa el coche, no importa el dinero que vaya a costar la reparación, no importa la subida de la prima del seguro por el parte, no importan las 2 horas y media del tiempo perdido, no importa que estaré sin coche una semana aproximadamente: todo esto es obvio e inevitable ya. Lo que importa es la piña con los piñones que están en mis manos.

Es que mi felicidad y la ilusión de mi hijo al pasar una tarde rompiendo piñones y comíendolos, no tienen precio.

 

Inteligencia Emocional Y Mindfulness: Todo Lo Que Trates de Comunicar Con Palabras, En La Lógica De Lo Racional, Más Te Alejará De Vivirlo Como Una Experiencia Natural

Pensemos en estos tres supuestos:

  1. ¿Quién no se ha encontrado alguna vez ante una situación en la que “las palabras sobraban”?
  2. ¿O en situaciones en las que las palabras eran necesarias para impedir que las situaciones fluyeran hacia conclusiones indeseadas?
  3. ¿O cuantas veces el hecho de que alguien nos “explicara” gratuitamente alguna situación en palabras  para que la entendiéramos, esto produjo en nosotros el hecho que nos pusiéramos a reflexionar sobre ella, acabando con más dudas y preocupaciones de las que teníamos en un primer momento? Incluso puede que nos  pusieran “la mosca detrás de la oreja” “fastidiándonos” incluso una situación para la que no teníamos duda o preocupación alguna.

SUPUESTO 1.

Pensemos, respecto al primer caso, en aquellos momentos “de pasión”, en la intimidad con una pareja:  ¿Acaso pasamos esos momentos hablando y hablando y describiendo lo que hacemos y como lo hacemos, o estamos más atentos en sentir, vivir y experimentar?  Claro que puede ocurrir lo primero, pero seamos sinceros: ¿cuál de las dos opciones nos gustaría más vivir? ¿La de pasar esos momentos hablando, o la de estar atentos a vivirlos y sentirlos plenamente?

Pensemos también en  un simple momento de romanticismo.  ¿Acaso en esos momentos “tan mágicos” del fatídico “primer beso” con una persona, cuando todo fluye en un entendimiento mutuo y correspondido, nos paramos parábamos para preguntarle: ¿Nos besamos?

 Cierto es que a veces puede haber pasado: pero en esos casos pensemos en los motivos que nos hayan llevado a salir del flujo de la situación y tratar de poner palabras a ello.

1. ¿Puede que haya sido por inseguridad nuestra ante la situación?

2. ¿Puede que lo hayamos hecho por torpeza de no saber cómo actuar ante esa situación y que la cosa nos saliera por ahí?

3. ¿O puede que haya sido por querer respetar al máximo a la persona y querer mostrarnos educados ante ella?

En todos estos casos está clara una cosa: un pensamiento ha venido desde fuera de la situación donde estábamos:

En el primer caso: “No estoy seguro de si seguir adelante y más vale preguntar si quiere mi beso a no ser que me equivoco”;

En el segundo: “Esta situación no sé cómo la está viviendo la otra persona y puesto que no consigo intuir o prever que es lo que siente o quiere la otra persona, más vale que pregunte si quiere un beso y así actuaré en consecuencia”;

En el tercero: “Me gustaría darle un beso, pero a lo mejor le puede sentar mal y no quisiera parecer cafre”.

En todos esto casos, ese pensamiento externo se ha introducido de “manera intrusiva” en lo que estábamos haciendo, presentes y atentos a vivir el aquí y ahora, y ha interrumpido el flujo natural de las cosas. Ha cautivado nuestra atención acabando por hacer que le diésemos suficiente importancia como para seguir su mandato e instrucciones, antes que fluir con la situación.

Cuando todo esto ocurre, el explicar, preguntar y argumentar no es otra cosa que tratar de suplir y rellenar con palabras aquellas inseguridades personales que tiene la misma persona que habla. http://clicktotweet.com/abz7m

Y lo que se habla no pertenece al fluir natural de la situación, sino a las preocupaciones internas de una de las dos (que generalmente es la que habla).

Todo esto no es que una manera más de tratar de racionalizar y “mentalizar” una situación que no necesariamente requiere de las palabras y explicaciones para facilitar el entendimiento entre personas.

Los animales no necesitan recurrir a la palabra hablada para entenderse. http://clicktotweet.com/diBSs . Los niños pequeños tampoco: lo que ocurre es que conforme su vida alrededor se va sofisticando, el recurrir a las palabra puede ser de ayuda para que entiendan ciertos mecanismos complejos de las cosas, pero no aquellas cosas sencillas y naturales que nosotros, los adultos, sofisticamos y complicamos. Quizás lo que estamos haciendo en esos casos es tratar de justificarnos para que ellos entiendan la complejidad de nuestras posturas tan alejadas y sofisticadas de lo natural, porque nosotros decidimos en algún momento quererlas complicar.

En ocasiones caemos en la falacia que comunicar = expresar en palabras lo que pensamos. http://clicktotweet.com/543yf

Pero no es así. Comunicar en palabras es una de las tantas maneras que hay de comunicar: pero se puede comunicar también con gestos, con silencio o con el simple comportamiento.

Tres CerebrosY desde luego comunicar con palabras es la forma más sofisticada de comunicación pero no la única ni la mejor, http://clicktotweet.com/eL8ya  ya que el don de la palabra pertenece exclusivamente al ser humano, y que su desarrollo y adquisición se sitúa en la parte del cerebro más exterior, es decir el Neocortex, aquella parte del cerebro más “evolucionado” que solo tenemos los seres humanos. Ese cerebro es el que permite también la abstracción, el cálculo y la creatividad. Pero también es la parte del cerebro menos relacionada con la condición puramente animal, instintiva y emocional del ser humano.

Si queremos fluir con las situaciones, es necesario recuperar el funcionamiento de esas otras partes más puramente “animales”, que se sitúan en los dos “cerebros inferiores” que subyacen al Neocrotex: el Cerebro Reptiliano (el instintivo, relacionado con las funciones vitales y necesidades primarias del ser humano), y el Cerebro Emocional (relacionado con el centro de las emociones).

Inteligencia emocional es también capacidad de “fluir” en ciertas situaciones.

Para fluir en la vida en general, es muy importante practicar la atención plena en el presente, http://clicktotweet.com/32cd0  que es la única unidad en la que vivimos intensamente lo que tenemos delante y de manera inmediata ante nosotros, lejos de las preocupaciones sobre el futuro, o los pensamientos cuestionantes y juiciosos sobre el pasado.

Y el concepto de “Flujo”, así como el de “Atención Plena” (en inglés Mindfulness)  están íntimamente relacionados con la felicidad. http://clicktotweet.com/TKUdl

Y para fluir con las situaciones, es muy importante ser capaces de tener la mente (cerebro Neocortex)  “en silencio”.  Esta es la condición necesaria y común de la que hablan todas las personas que en algún momento han sentido una sensación plena de disfrute ante una circunstancia específica.

Poner entonces a funcionar la mente racional en estas situaciones, con sus discursos y la lógica de lo racional, lo que más puede contribuir es alejarnos de vivir la plenitud de la situación que estamos experimentando.

Todo esto ocurre constantemente con los niños, que nacen y viven el presente durante todo el tiempo posible, hasta que se nos ocurre iniciar a “preocuparles” con nuestras preocupaciones disfrazadas de “sentido común” tratando de “explicarles lo que pasa (mejor dicho, lo que nos pasa”: como si nos lo hubieran pedido.

Está claro que todo esto no vale cuando a estos mismos niños se les ve pensativos y dudosos: quizá, en estos casos sea mejor intervenir pero sin darles “explicaciones gratuitas”, simplemente preguntando y tratando de averiguar la naturaleza de sus dudas: quizás sus pensamientos vayan por otros derroteros y nuestras “explicaciones gratuitas”, sin averiguación previa, podrían generarles incluso más dudas.

En todo caso es conveniente que nos preguntemos ¿Qué actitud nuestra  puede haber contribuido a esa duda inicial? Quizás la respuesta la necesitemos más nosotros que ellos.

Las explicaciones y los discursos siguen las leyes de la racionalidad: son razonamientos, y por tanto racionales, y por tanto lógicos. Y se formulan desde los sistemas de creencias y valores, y desde los significados que entiende y atribuye  la persona que los expresa, pero no necesariamente de la persona que los recibe, sobre todo cuando no los pide. La persona que recibe esas argumentaciones puede no ver o entender las cosas desde el “mismo prisma” o “mapa de significados” de quien los expresa. Puede que incluso no vea problemas donde  quien explica lo esté viendo.

Dicho desde otro enfoque, poner palabras a ciertas cuestiones que simplemente pueden fluir, es acostumbrar a la gente a preocuparse gratuitamente y más de lo necesario. http://clicktotweet.com/bbt9h Es transmitir nuestra tendencia a la preocupación a personas que quizás disfruten de la vida sin esta tendencia.

Poner palabras a estas situaciones es hacer funcionar con más influencia a la parte izquierda del cerebro, la del cálculo, de la lógica, de la racionalidad, del “lenguaje hablado”,  por encima de la parte derecha, la intuitiva, más involucrada en la tendencia a “fluir” con las situaciones.

Emisferios Cerebrales

SUPUESTO 2.

Pensemos ahora en un supuesto contrario, el de una situación que si dejamos que fluya, puede causarnos perjuicios o consecuencias que van en contra de nuestros intereses: pensemos por ejemplo en una discusión o un conflicto con alguien con quien no nos interese pelearnos, o  cuyo conflicto puede degenerar en una situación de riesgo y peligro para una o ambas partes.

¿Qué solemos hacer para bloquear esta situación?

Precisamente solemos tratar de ponerle palabras de por medio (negociando) o distancia suficiente como para que estemos lejos del riesgo (alejándonos para evitarlo).

En estos casos poner palabras para negociar es una forma de racionalizar el problema, cuando algo requiere que la “razón y el sentido común” prevalga sobre el arrastre natural de los ánimos y el “torrente” de emociones que lo envuelve.

En estos casos, interrumpir el flujo natural de las cosas puede ser incluso beneficioso.

Pero el motivo de poner este ejemplo no reside en esta explicación, sino el mero hecho de que sirva este ejemplo para demostrar una vez más que las palabras lo que hacen es interrumpir el flujo natural de las situaciones.

Luego está en nosotros la posibilidad de entender cuando es conveniente (o no lo es) interrumpir el flujo: cuando estamos ante un flujo como el del supuesto 1 (y por tanto dejar correr las cosas), o cuando estamos ante un flujo como el del supuesto 2 (y entonces pararlo).

Hecho está que tanto el supuesto 1 como el supuesto 2 tienen en común el fluir (agradablemente en el primer caso, y desagradable en el segundo), y que en ambos casos, poner palabras provoca el recurso al Neocortex, a la racionalidad, a la desnaturalización del proceso y a la interrupción del “fluir con ese proceso”.

 Todo esto va bien en el ámbito de las relaciones emocionales. ¿Pero que hacer en las relaciones  más puramente racionales como las de trabajo? ¿Vale el mismo discurso?

SUPUESTO 3.

Las organizaciones de trabajo son organizaciones racionales y racionalizadas: por eso la necesidad de explicaciones  lógicas es más “natural” en esos ambientes que en otros de la vida.

Pero no hay que olvidar que las personas somos antes que seres humanos, animales. Y que antes del Neocortex, existen los otros dos cerebros que gobiernan nuestras emociones y conductas.

Nuestras decisiones, por cuanto las disfracemos de sensatez, tienen una naturaleza básica, primaria, instintiva, y emocional, en su núcleo esencial. http://clicktotweet.com/5vfFn

Por tanto, en las organizaciones es bueno usar la comunicación hablada en palabra para explicar  ciertas cosas, pero no nos olvidemos que hay ocasiones en las que el exceso de palabras y explicaciones puede generar más dudas de las que pretende evitar http://clicktotweet.com/Bs7vb  (este es el tercer ejemplo con el que iniciamos este artículo).

Siempre es bueno barajar hasta que punto   estamos previniendo un riesgo o contribuyendo a un peligro en nuestro afán de evitarlo: la famosa ley de Pygmalion, o Profecia que se Autocumple, o incluso la Ley de Murphy, siempre están al acecho.