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Archive for the ‘Inteligencia Emocional’ Category

Como Transformar Emociones Difíciles en Pocos Minutos

TransformacionTransformar las emociones que nos causan malestar es posible con técnicas muy simples y eficaces. Una de ellas consiste en detectar el elemento negativo y meditar unos minutos sobre ello, hasta reducir considerablemente la carga emocional que nos genera. El procedimiento consiste en pocos pasos:

  1. Detectar el hecho ocurrido o situación que nos causa ese malestar, llámese enfado, tristeza, prisa, preocupación, miedo, o deseo incontenible de algo que, del ceder a la tentación, nos podría causar algún prejuicio.
  2. Detener la atención en un punto concreto o un detalle que nos conecta con esa emoción.
  3. Sentir la emoción en el cuerpo, en los lugares específicos dónde percibimos que la emoción está teniendo lugar.
  4. Detener la atención en ese punto del cuerpo tratando de dar una forma, color, o textura a ese punto.
  5. Observar detenidamente como esa forma, color o textura permanece o va cambiando, según lo que suceda, tratando de no perder la atención sobre ella al menos unos 20-30 minutos.
  6. Aún cuando intervengan otros pensamientos o distracciones quizás más apetecibles, tratar de volver la atención hacia ese punto y observar que ocurre.

Es muy probable que con el pasar del tiempo la carga emocional vaya reduciéndose: quizá en un principio es posible que incremente. De hecho es muy frecuente que al inicio incremente el estado de activación emocional pero, por el mismo efecto, la curva de activación llegará a un límite que, si somos capaces de ser suficientemente pacientes, acabará progresivamente por reducir hasta niveles muy llevaderos o incluso nulos.

El tiempo para que esto suceda puede variar de persona en persona, dependiendo de la carga emocional que tenga y del tiempo en el que ha estado conviviendo o expuesta a dicha carga: hay personas que en menos de 10’ logran transformar completamente la emoción, y otras que necesitan quizás más tiempo, o incluso más sesiones seguidas o con mayor frecuencia.

Esta técnica se puede repetir las veces que uno desee: no produce efectos colaterales, aunque tampoco nos libera del problema que nos ataña; no nos regala soluciones para resolver y superar lo que nos afecta, pero nos proporciona dos grandes beneficios:

  1. Reduce la carga emocional negativa, permitiéndonos alivio y sosiego.

 

  1. Nos hace más conscientes de lo importante que es relativizar: de hecho, no solemos prestar mucha atención a las emociones que nos producen los acontecimientos que vivimos. Muchas de ellas surgen como primera, rápida, e impulsiva reacción ante un hecho o acontecimiento. Solemos quedarnos habitualmente con esa primera emoción que registramos en nuestro sistema nervioso como fruto de esa primera impresión vivida y nos aferramos a ella para actuar bajo los impulsos y efectos de esa emoción. Nos sucede algo parecido que lo que les sucede a los patos cuando nacen y atribuyen el rol de madre al primer ser con el que interactúan, siguiéndole allá donde vaya. Nosotros hacemos así con las emociones dejándonos llevar por ellas sin cuestionarlas ni cuestionarnos hasta que punto puede sernos beneficios y útil. Al hacer esto, no damos oportunidad a nuestra mente de buscar recursos alternativos y otros puntos de vista con los que observar esa circunstancia con otros ojos. Con tan solo 5 o 10 minutos de reflexión acerca de ello, podríamos cambiar sensiblemente nuestra percepción, nuestro juicio, y así regular esa emoción: pero, con el ritmo de vida que llevamos, no solemos concedernos esa posibilidad. Esta técnica sin embargo, al permitir que pase ese tiempo de contemplación, facilita el surgir de nuevas ideas y pensamientos a un nivel consciente o subconsciente, que actúa sobre esa emocional residual de la “primera impresión” la transforma, del mismo modo que ofrece el tiempo suficiente al cuerpo para “digerir” el rastro de esa primera emoción y transmutarlo. De esta manera nos damos cuenta que si nuestro punto de vista, y la emoción inicial asociada a ello, pueden cambiar con tan solo pocos minutos de meditación, cuando nos encontraremos ante situaciones que despiertan en nosotros emociones difíciles, no nos aferraremos tanto a ellas sabiendo que nosotros no somos esa emoción “negativa”: no nos identificaremos con ella, sino que seremos capaces de  darnos cuenta de que simplemente somos quienes están sintiendo temporalmente esa emoción. Y lo que alberga al contenido, no es el contenido. Al darnos cuenta de ello de manera consciente, no nos creeremos todas las emociones que crearemos de partida: no nos tomaremos tanto en serio como para quedarnos tan afectados por ellas, sino que con más probabilidad, nos concederemos el tiempo de dejarlas reposar pausadamente antes que reaccionar y actuar presas de esas emociones.
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Lo Que Siento Depende De A Lo Que Presto Atención

Practicar la Consciencia Plena o Atención Plena (Mindfulness) permite hallar una serie de conclusiones acerca de cómo usamos nuestra mente y de los hábitos dañinos y poco saludables que solemos adquirir.

Y lo cierto es que la calidad de la vida de una persona depende en definitiva de la calidad de sus pensamientos.

Caras 5La mente es como un gran contenedor donde vertemos gran cantidad de información. Esa información la analizamos consciente o subconscientemente, la juzgamos y, finalmente, la clasificamos archivándola en nuestro “disco duro” en formato de creencias, es decir conclusiones de análisis, razonamientos, o soluciones más prácticas que nos sirven para facilitar nuestro funcionamiento a diario, simplificando nuestra toma de decisiones.

Esas creencias funcionan de criterios que nos permiten rápidamente valorar y sacar nuevas conclusiones de las nuevas experiencias que vivimos todos los días sin tener que volver a analizar toda la información nuevamente. Son economizadores cognitivos que funcionan de idiosincrasias, es decir mecanismos automatizados de funcionamiento que nos permiten tomar decisiones acordes a nuestra experiencia previa.

Esas creencias pueden convertirse en ocasiones, dependiendo de la mayor o menor rigidez que asuman, en verdaderos dogmas y prejuicios que en ocasiones nos llevan a sacar conclusiones excesivamente rápidas e intuitivas, adelantando incluso la vivencia y la experiencia: en base a ellas es posible imaginar el resultado de una decisión o comportamiento sin tener porque ponerlo en práctica y vivirlo directamente.

Pero como todo, este mecanismo puede volverse en nuestra contra dependiendo de la calidad de los pensamientos y creencias que llegamos a forjar y almacenar en nuestras mentes.

Está comprobado que en la medida en la que pongamos “basura” en ese gran contenedor que es la mente, esa misma se llenará de basura y producirá creencias fundamentadas en la basura.

IMG-20141103-00743A fin de cuentas, las personas felices son aquellas que son capaces de llenar su mente de pensamientos ilusionantes, incentivadores y motivadores, así como recuerdos de las partes positivas de sus experiencias: se trata de conclusiones positivas acerca de lo que viven, que les llevarán a actuar y seguir funcionando en la línea que eligieron.

Las personas tristes o con malestar sin embargo, son aquellas que llenan sus mentes con pensamientos preocupantes, fundamentados en el miedo, la evitación, el malestar y las partes negativas de sus experiencias.

Esto nos devuelve a lo útil que puede ser el mindfulness para darnos cuenta de qué tipo de pensamientos y juicios estamos dejando caer en el contenedor de nuestra mente y ser más conscientes de la gran influencia que tienen los mecanismos y procesos de atención en lo que luego se convierte en nuestra disposición, nuestro estado de ánimo y, en definitiva, nuestro bienestar o malestar emocional.

En la medida en que prestemos atención a los aspectos negativos de nuestras vivencias, almacenaremos recuerdos negativos que nos conectarán con estados de ánimo negativos.

En la medida en que hagamos lo contrario, sucederá lo contrario.

La cuestión entonces reside, cuando nos demos cuenta de que estamos experimentando un estado de ánimo negativo, en tomar consciencia de que si nos sentimos mal, será porque estaremos prestando atención a la parte negativa de nuestras vivencias. Pero la parte negativa de nuestras experiencias no es necesariamente toda la vivencia, sino el resultado de un punto de vista, de un análisis sumario que hagamos de esa realidad, desde la perspectiva y actitud de base que usamos para analizarla y sacr conclusiones.

Para superar ese bucle es bueno preguntarse entonces: ¿Si estoy prestando atención a los aspectos negativos, a que otros aspectos diferentes no estoy prestando atención?

En la respuesta a esa pregunta reside la posibilidad de un cambio sustancial de estado de ánimo.

10 Comportamientos Que Te Hacen Feliz

Los lectores de este blog ya saben que la filosofía que se propone es que no hay camino a la felicidad, ni tampoco la felicidad es el camino, sino que la felicidad es el principio, una actitud que nace desde dentro, una intención que impregna todo pensamiento emoción y acción de una persona y que independientemente de los resultados que obtenga, le ayudará a vivir en armonía y equilibrio consigo misma y con su alrededor.

Arco IrisPero, ¿Cuáles son los 10 comportamientos que, practicados día tras día, nos entrenan en esa disposición llamada “Felicidad”?

  1.  Tener Visión de Futuro clara todos los días: un propósito vital por el que vale la pena hacer las cosas.
  2. Realizar todos los días acciones concretas hacia objetivos concretos e inmediatos alineados con esa visión de largo plazo.
  3. Identificar los juicios negativos y darles la vuelta. Entender que el éxito y el fracaso son lo mismo: juicios acerca de resultados, y como tales no son lo que sucede, sino como nosotros podríamos estar viéndolo, por lo que ese punto de vista no estará completo y cuanto menos distorsionado.
  4. Configurar el problema diario más importante como oportunidad de crecimiento, y disponerse a afrontarlo: todo problema representa una oportunidad para mejorar nuestro grado de experiencia y habilidades. Todo tiene una utilidad, otra cosa es que no seamos capaces de verla.
  5. Evaluar las experiencias diarias en una escala positiva por su aportación al crecimiento personal en lugar de juzgarlas negativamente. Es demasiado fácil mirar la parte de inconvenientes, pero esos inconvenientes son el precio que tenemos que estar dispuestos a pagar si de verdad queremos algo. Y si no estamos dispuestos a pagarlo, es que lo deseamos, pero no lo queremos.
  6. Buscar una crítica ajena al día y valorarla como oportunidades de mejora.
  7. Encontrar las oportunidades personales en los beneficios y logros ajenos. Si entendemos que todo beneficio de los demás puede aportarnos un reflejo positivo, dejaremos la envidia de lado y además estaremos dispuestos a ayudarles: esto genera conexiones y sinergias muy útiles.
  8. Ofrecer facilidades incondicionalmente a los demás para el logro de sus objetivos, al menos una vez al día. Sin esperar nada a cambio: disfrutar de que los demás disfruten, lejos de pensar si es a cuesta nuestra.
  9. Tomar una decisión cada día siendo conscientes de estar pagando un precio: estar dispuestos a deshacerse de lo superfluo, aunque parezca importante.
  10. Tener un gesto de cariño y cuidado de los cercanos todos los días: tener claro que ante los reveses de la vida, los que nos darán la última palmadita o el abrazo más sincero, serán personas que se cuentan en los dedos de una mano.

¿Consiste La Felicidad En Hacer Lo Que Uno Quiere?

“La felicidad consiste en hacer lo que uno quiere, que no significa hacer lo que a uno le da la gana”.

Hacer lo que a uno le da la gana es simplemente actuar en base a la voluntad y disposición del momento, desconectados de una línea que otorgue coherencia y sentido a lo que uno hace: en un momento apetece hacer una cosa y se hace; en otro momento apetece hacer lo contrario, y se hace con la misma de cambio. Esa incoherencia, a la larga influye en nuestro estado de ánimos ya que subconcientemente mandamos un mensaje a la mente de que actuamos sin rumbo y que nuestra vida carece de un sentido que vaya más allá del puro edonismo del momento.

La gran mayoría de personas que he atendido aquejadas por infelicidad, suelen situarse en este primer enfoque de vida, mientras que las personas que he podido conocer y de las que he podido comprobar un alto nivel de felicidad, suelen actuar desde otro enfoque vital relacionado con hacer lo que uno quiere, no lo que le da la gana.

La felicidad consiste en hacer lo que uno quiere
Hacer lo que uno quiere tiene que ver con definir claramente cuales con las prioridades y los objetivos de la persona, tener un fin, un propósito, actuar dentro de un marco de valores principios y finalidades por los que tenga sentido cada una de las acciones que la persona emprende. Esto puede suponer que en un momento dado sintamos que “no tengamos ganas” de hacer algo concreto, pero acabaremos motivados en hacerlo porque esa acción cumple con un propósito final claramente definido. También puede que pase que con el tiempo el propósito que inicialmente se defino, ya deje de tener sentido en función de nueva información que la persona adquiera y que cambie de alguna manera su paradigma, es decir el marco de valores y creencias que dan sentido a lo que hace: cambiando entonces el paradigma, posiblemente dejen de tener sentido ciertas acciones y así inicie a actuar de una nueva manera, en todo caso, siempre acorde con ese nuevo marco.

Bien, ser felices tiene que ver actuar bajo este segundo enfoque, teniendo la consciencia de que se está actuando en todo momento desde la libertad y autonomía, teniendo la oportunidad de perfilar lo que uno desea para su vida desde la actitud de auto-determinación en este mundo.

Pero, para lograr ser felices no basta tener claro este propósito, sino también tener claro el hecho de que la acción no tiene porque conducir necesariamente a unos resultados esperados: la felicidad no reside en los resultados, sino en la oportunidad de actuar con el fin de conseguirlos.

De hecho, es muy frecuente que por actuar de una manera, pre-configuremos nuestro universo en base a unas expectativas que surjan de esa intención de actuar, y que nos identifiquemos con esas expectativas hasta fusionarnos con ellas, confundiendo expectativas con acciones, acciones con resultados, resultados con objetivos, objetivos con deseos y deseos con derecho a su disfrute. Tergiversando nuestro propósito e intención inicial, acabaremos actuando sintiendo el derecho de que ocurran ciertas cosas que esperamos o deseamos : ¿Qué pasa entonces si lo que pre-configuramos desde nuestra expectativa acaba por no suceder? ¿Cómo nos sentiremos? ¿Qué haremos desde ese sentir y esa emoción?

Definitivamente es importante concluir y añadir que “La Felicidad consiste en hacer lo que uno quiere, no en conseguir lo que uno desea”.

La Felicidad Ni Es El Destino Ni Es El Camino: Es El Inicio

Eso de la felicidad es algo muy curioso. Y la industria que se está montando alrededor la verdad es que poco tiene que ver con facilitar a las personas una vida más plena y mejor….

Pero razonemos sobre esto último: ¿Acaso la vida tiene que ser plena? ¿Acaso ya no lo es? ¿Será porque nos encargamos nosotros de vaciarla….? ¿Y tiene que ser mejor? ¿Mejor, con respecto a qué? ¿O a la de quien?

En todo caso, antes de seguir esta digresión será el caso de aclarar que se entiende en este post como felicidad: porque este es un término muy prostituido y facilmente confuso con “placer” o alegría. Y así lo hace en parte el RAE (Real Diccionario de la Academia) cuando en su prmer significado entiende a la felicidad como un “estado de ánimo que se complace por la posesión de un bien”. Como si lo material dirigiera lo interior….. Menos mal que vino un día IKEA y cambió esa definición diciendo que “no es más feliz el que más tiene sino el que menos necesita”….

Aquí trataremos esa felicidad fácilmente tergiversada en alegría, así como la trata la industria de la felicidad, que coincide con como la entiende el RAE y que se da con la posesión de un bien, y que convierte la búsqueda de la felicidad en la búsqueda de esa placer necesario por tener ese bien, en lugar de esa felicidad entendida como estado utópico de bienestar continuo al que todo el mundo aspira sin saber nunca si lo ha logrado o no.

Hace poco, entrando en una empresa vi un cartel que pretendía fomentar la igualdad de género en el que aparecían dos mujeres: una de ella un poco descuidada, con bolsas de la compra en una mano, y tirando de uno o dos niños por la otra; la amiga era un chica bien cuidada y resuelta que le preguntaba: ¿Tienes algún objetivo o sueño que quieras cumplir en tu vida? La otra le contestaba: con eso de la familia, los niños, el trabajo y la casa, el único sueño que tengo es por la noche cuando me acuesto…

Spiral 2Esto me hizo reflexionar… ¿Acaso tener un trabajo no es un sueño para más de 6 millones de españoles al día de hoy? ¿Acaso tener una vivienda que cuidar no es un sueño para muchos que no tienen acceso a una vivienda digna y en propiedad? ¿Acaso muchos no persiguen un hijo como un sueño y tardan tiempo y tiempo sin lograrlo, incluso tras gastar mucho dinero en tratamientos?

Que lerdos son ciertos seres humanos que cuando tienen todo esto ni se dan cuenta de que han cumplido ya muchos sueños. De que quizás no tengan sueños porque ya los alcanzaron. Del tan poco capaces que son ciertas personas de no valorar y agradecer lo que tienen…

Esto representa la semilla de la industria de la felicidad que te hace creer que no tienes razones para sentirte feliz y constantemente te induce pensar en que necesitas muchas cosas para serlo (sobre todo sus productos)… Y la industria no tiene culpa de ello. Responde a una estrategia de mercado legítima para vender sus productos de consumo. Pero tú no te das cuenta y caes una y otra vez en creerte este programa.

Ya es más de una conferencia en la que asisto que el conferenciante de turno dice que el objetivo y fin último del ser humano es el de ser feliz…. ¿En qué momento de nuestra sana o insana evolución, hemos iniciado a creernos esto? ¿Por qué nos lo tenemos que creer? ¿Para qué? ¿Qué implicaciones tiene creernos este programa mental de que tenemos que aspirar a la felicidad?

…Cómo si ya no la tuviéramos. Como si no tuviéramos más de mil y una demostración que nos ofrece la vida cada día como para ser felices…

Toxico 5Y la cuestión de fondo es que la felicidad ya la tenemos. Otra cosa es que seamos capaces de verla, vivirla, experimentarla todos los días, día tras día, incluso detrás de aquellos acontecimientos que pueden suponer en un primer momento un revés o malestar.

Por tanto prefiero optar a que la felicidad no se ubica allá al final de ese arduo camino que muchos recorren pensando que un día tendrán su merecida recompensa por los esfuerzos y sacrificios que hacen.

Tampoco puedo considerar que la felicidad es el camino, como dicen otros.

Porque el camino está compuestos de muchos elementos: unos de los cuales (los fundamentales) son esas dificultades del día a día que nos sirven para apreciar lo bueno.

Pero muchos, ante esas dificultades, prefieren optar por el camino fácil, el atajo de la “industria de la felicidad” que les dice que busquen la felicidad. Como si la felicidad no se encontrara delante de ellos (o mejor dicho con ellos). Sí, porque mientras te crees que tienes que buscar la felicidad, entonces te vas diciendo a ti mismo que la tienes que buscar porque no la tienes.

Por tanto el mero acto de buscar la felicidad implica asumir la triste y desconsolada evidencia de que no se tiene la felicidad en ese momento. Y con todo este programa de creencias muchos van buscando esa felicidad en los sitios más recónditos.

Y en esa búsqueda (para muchos obsesiva) es cuando algunos cometen el cortocircuito de su equilibrio emocional como personas, porque convierten la felicidad en una condición compensatoria del hecho de no ser felices, buscándola finalmente en fugaces momentos de placer, entretenimiento, y distracción del problema real que les preocupa, que les separa de ella y que les mantendrá alejados de esa misma felicidad mientras no se dispondrán a afrontarlo de cara y debidamente.

Se convierte entonces la felicidad en una fugaz emoción compensatoria que algunos persiguen como sustituto de los problemas que no quieren afrontar y resolver.

Y esto representa el fundamento de la industria de la felicidad: tener a personas frustradas a quienes mantener en su frustración mientras consumen productos y servicios que solo les dan un ligero y momentáneo aliento que se esfuma fugazmente como las burbujas de la coca cola.

Y en todo esto llego finalmente a la conclusión que la felicidad ni es el destino ni es camino, sino es el principio: es la intención con la cual afrontamos nuestro día a día abiertos a recibir de buen grado todo lo que nos ocurra, independientemente del juicio que podamos tener de ello, y considerarlo sobre todo como una ocasión de aprendizaje.

Equilibrista 1A fin de cuentas, todo sirve, todo es útil y todo es provechoso. Si lo asumimos así, dejaremos de experimentar lo malo y lo injusto en nuestras vidas y simplemente encontraremos el Equilibrio.

Porque la verdad es que el ser humano no persigue la felicidad como estado natural, tal y como dicen ciertos conferenciantes, sino que su estado natural es el equilibrio.

La felicidad (entendida como la entiende la industria, es decir como “placer” o “alegría” no es más que un extremo de la cadena emocional con el que afrontamos nuestra existencia. Y al otro extremo está el sufrimiento o el disgusto. Y la cuestión es que los extremos siempre se parecen y que conforme uno se acerca a uno de ellos, cae irremediablemente en el otro. Porque la vida no es lineal sino circular, y lo que mejor garantiza su paso por ella es el Equilibrio, no los extremos.

Lo que pasa es que el equilibrio no vende y no produce industria como lo hace el concepto de felicidad.

Pero seguro que puesto a elegir, prefiero perseguir el Equilibrio, ese punto casi inexistente, casi inalcanzable, casi imperceptible y tan poco duradero, que hace que me tenga que mantener en continuo movimiento para alcanzarlo.