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Mindfulness: Motivación y Voluntad

La tercera edición del curso de Mindfulness MBET® e Inteligencia Emocional de la Universidad de Murcia ya es una realidad: a falta de dos semanas del cierre de inscripciones quedan todavía algunas plazas, habiendo cubierto ya el cuórum de alumnos mínimos para que el programa arranque.

Con motivo de incentivar la práctica formal e informal, dedicaremos este post a la motivación y la voluntad orientadas a la práctica.

¿Es lo mismo voluntad que motivación?

La falta de motivación o de voluntad (o de ambas cosas) puede ser uno de los grandes impedimentos hacia la práctica.

En efecto las dos variables son diferentes y se refieren a aspectos complementarios:

La palabra motivación deriva del latín motivus o motus, que significa ‘causa del movimiento’. La motivación es un estado interno que activa, dirige y mantiene la conducta.

La palabra voluntad proviene del idioma latín voluntas, voluntātis (verbo volo = ‘querer’, y sufijo -tas, -tatis = ‘-dad’, ‘-idad’, en castellano), y consiste en la capacidad de los seres humanos de decidir con libertad y optar por un tipo de conducta determinado.

Hay dos tipos de voluntad: la espontánea, que puede entenderse como Motivación, y la intencionada, que surge como efecto de la adecuación a una norma o disciplina.

Hay personas que tienen voluntad pero no motivación y otras que tienen motivación pero no voluntad. También hay personas que tienen ambas cosas o ninguna.

En la práctica del mindfulness, así como en cualquier entrenamiento, son importantes ambas: la motivación nos llevará a la acción espontánea y natural de practicar, bien movidos por el mero placer de la experiencia (motivación intrínseca) o bien por la expectativa de lograr un determinado estado emocional como efecto de la práctica (motivación extrínseca).

Imagen Onirica 1

Pero en ocasiones, sobre todo en los momentos de mayor estrés y carga, se tiene la tendencia en abandonar la práctica debido a que los problemas  y preocupaciones llevan a la persona a distraerse y no encontrar la práctica amena y agradable.

Sin embargo, en esos momentos es cuando más beneficioso puede resultar practicar, aunque directamente no se encuentre el punto ideal de motivación. La voluntad, es decir la capacidad de mantenerse firme en una decisión e intención tomada libremente, ayudará a mantener activa la rutina.

Del mismo modo, solo con voluntad, a la larga, una persona puede acabar desistiendo si no encuentra en la práctica una motivación, es decir un beneficio directo, que le anime e impulse a seguir.

Resumiendo e inspirándonos en la filosofía griega, tener motivación y voluntad es moverse en un equilibrio entre el placer del Epicureísmo (340 a.c. aproximadamente), y la determinación del Estoicismo de Zenón (300 a.c. aproximadamente).

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Vivir el Presente No Significa Exigir la Inmediatez

Vivir el presente está de moda. Tanto hincapié en el mindfulness y tantas frases esclarecedoras por la redes sociales están contribuyendo a una consciencia general orientada a valorar y apreciar el presente.

Pero con cada vez mayor frecuencia me encuentro con personas que tergiversan eso de vivir el presente y lo convierten en el extremo más exacerbado del motu epicúreo y edónico del Carpe Diem.

Cierto es que es recomendable disfrutar del momento, siempre y cuando esta actitud no se convierta en un actuar sin tener en cuenta las consecuencias de una conducta o siempre y cuando no se convierta en una obsesión compulsiva por la inmediatez.

reloj-inmediatoVivir el presente, desde el enfoque mindful otorga otra dimensión al Carpe Diem que no tiene tanto que ver hacer lo posible para que uno haga cosas que le plazcan, sino con hacer lo posible para encontrar el lado positivo y agradable de lo que se esté haciendo o esté sucediendo: no tiene que ver con tratar de manipular la realidad de acuerdo a lo que uno desea, sino con ser capaces de cambiar y manipular la propia actitud para sacar provecho de la realidad que a uno le ha tocado vivir.

Sin embargo vivimos inmersos en un mundo cuyos cambios con cada vez más rápidos y abruptos: la tecnología de la información nos ha permitido llegar, a diez años de la presentación del primer Smartphone, a tener el mundo a distancia de un click. Somos la sociedad digital, no solamente por eso del cero y uno, sino también por el hecho de que con un digito, con un click, con un dedo, podemos gobernar un mundo prevalentemente constituido por información.

Nos estamos acostumbrando a la inmediatez con una facilidad que a nuestra mente le cuesta cada vez más entender como ciertas decisiones o soluciones a problemas tarden horas en llegar. Nos estamos acostumbrando a llevar varias conversaciones a la vez por watsapp que cuando volvemos al mundo analógico, de la conversación cara a cara, nos cuesta esperar a que dos personas terminen para poder hablar nosotros, y el tiempo de espera nos parece interminable.

Si bien la inmediatez ha entrado a formar parte de nuestras decisiones con tanta facilidad, hay cuestiones que no dependen de nosotros y que tardan en cambiar, dilatando el presente durante muchas horas o días, o incluso meses.

Pero el presente no está reñido con la inmediatez. El presente puede dilatarse en el tiempo, la inmediatez no. Pensar en el presente no tiene que implicar la expectativa de  que aquello que esté sucediendo en ese presente deje de suceder o cambie.

Muchas personas acuden a mi a que les enseñe a practicar mindfulness, pero se exigen que su aprendizaje sea inmediato, que la práctica resulte placentera de inmediato: se exigen resultados inmediatos en el presente, que requieren que ese presente madure y se desarrolle. El presente necesita del tiempo para suceder, la inmediatez no  entiende de tiempo de espera. El presente se alimenta del tiempo y lo necesita, la inmediatez trata de eliminar ese tiempo.

Esas personas normalmente acaban desistiendo, en muchas ocasiones frustrados porque lo que se “vende por ahí” son imágenes y frases muy agradables y placenteras asociadas a esta práctica. Frases que resumen estados disposicionales y emocionales que no logran alcanzar con tres o cuatro sesiones donde la simple postura meditativa acaba convirtiéndose en un suplicio.

Todo esto nos devuelve una importante evidencia: el presente es un proceso que hay que vivir y experimentar, más que un estado agradable si o si, en el que uno desea estar. El presente simplemente sucede, y si una persona tiene sentidos desarrollados y disposición para prestar atención a ciertos matices de ese presente captará esos detalles.

Esta cuestión no es inherente solo al mindfulness, sino a toda actividad que para lograr ciertos estados o resultados requiere de un cierto entrenamiento, bien sea tocar el piano, pintar un paisaje en  un lienzo, conducir una moto, ir en patines, ir a caballo, nadar, correr o simplemente dar un paseo o tener una conversación agradable con una persona querida.

Pero hay que estar dispuestos a atravesar aquello que cada uno lleva dentro y su propia y necesaria torpeza del principiante e ir más allá de lo inmediato para lograr apreciar esos momentos: y la impaciencia es el peor compañero de viaje, siempre, independientemente de la disciplina o actividad que una persona decida practicar.

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Mindfulness como Medio o como Fin

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Es un dato evidente que muchas personas se inician en el mindfulness con el fin de reducir su estrés, encontrar un nuevo equilibrio, o lograr “callar” su mente y la espiral continua de pensamientos.

Que duda cabe que a través del mindfulness se pueden lograr todos esto beneficios, aunque es importante señalar que ninguno de ellos puede considerarse como objetivo a perseguir: es más, si se hace bajo esa intención es posible que los resultados tarden aún más en llegar.

Preguntaba un discípulo a su maestro:

  • “¿Maestro, cuanto tardaré en ser tan sabio como Vd.?
  • “10 años”. Respondió el maestro.
  • “¿Y si estudio el doble de tiempo?. Contestó el discípulo.
  • “Entonces tardarás el doble de tiempo”. Replicó el maestro.

Cuanto más usemos el mindfulness como medio para lograr ciertos estados, más estaremos tergiversando su aplicación.

Realmente el mindfulness no es el  medio, sino el fin de la práctica. Y si para algo podemos considerarlo un medio, es para darnos cuenta de lo que está en nuestra mente y tomar consciencia acerca de que hacer con ello.

Realmente no se logra poner la “mente en blanco” o “callar la mente” a través de la mera práctica del mindfulness entendido como entrenamiento mental, sino a través de la toma de consciencia acerca de lo que nos preocupa, con el fin de ocuparnos de ello y operar cambios en nuestras vidas, bien para cambiar las circunstancias y que dejen de afectarnos, o bien para cambiar nuestra actitud hacia ellas y, entonces, dejar de tener razones para preocuparnos.

¿De qué sirve meditar si tras tomar conciencia acerca de lo que nos hace estar mal, no operamos los cambios oportunos para que dejemos sentirnos así?

Si al practicar mindfulness nos damos cuenta que nuestra mente no para de proponernos ideas y cuestiones, y no logramos “callarla”, no es que no estemos practicando adecuadamente, sino que la practica será totalmente acertada, ya que el mindfulness no es una herramienta para llegar a un estado concreto de la mente, sino una ventana hacia ella para mostrarnos lo que se encuentra ahí dentro.

Es como si nos asomamos a una ventana: siempre encontraremos ante nosotros o algún tipo de panorama, nos guste o no nos guste. La cuestión no es tapiar esa ventana para no ver nada, ni menos pretender asomarse y esperarse contemplar la nada, sino tomar consciencia de lo que se encuentra ahí.

Puede que la ausencia de pensamientos y el famoso mito de “la mente en blanco” a la hora de practicar mindfulness, provengan más de haber aportado los cambios necesarios en nuestras vidas y realizado las decisiones oportunas acerca de los problemas a resolver, o bien porque hayamos aceptado una situación como tal, antes que por el mero hecho de sentarnos a respirar en silencio y quietud.

Es mucho más reconfortante practica mindfulness cuando uno está en paz con el mundo, que pretender estar en paz con el mundo como consecuencia de practicarlo.

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APLICACIONES PRÁCTICAS DE LA MEDITACIÓN “MINDFULNESS”: BENEFICIOS Y LÍMITES

MIndfulnessMuchos se preguntan cual es la diferencia ente Mindfulness y Meditación.

Si bien la Meditación cubre un amplio espectro de prácticas (tibetanas, taositas, hinduistas, vipassana, zen, etc.) con intenciones más o menos prescriptivas, que pretenden ubicar a la persona en ciertos estados emocionales y mentales (el perdón, el amor incondicional, la gratitud, el presente), el Mindfulness reúne solo el conjunto de técnicas y enfoques de meditación orientados a centrar la persona en el presente y gestionar sus focos de atención para que permanezcan el “aquí y ahora”.

En el mindfulness se trata de entrenar el primer de los tres niveles del Samadhi, es decir la estabilización de la mente.

Estabilizar es un elemento fundamental para una adecuada higiene mental y no tiene que ver con el mito de la “mente en blanco”.

De hecho, la práctica de la meditación mindfulness requiere una actitud presente pero retraída, de observador que tiene su atención abierta y centrada en sus pensamientos.

No se trata de “No pensar” en nada, sino de tomar consciencia de a dónde se dirigen nuestros pensamientos.

Este proceso, gestionado desde la posición de “observadores” en una sesión de entre 15 minutos y media hora al día, nos permite conocer a fondo que es lo que nos preocupa: lo que nuestros pensamientos nos proponen será señal de que su contenido por alguna razón está implicando, en nosotros, algún tipo de proceso cognitivo y emocional interno.

Pero tomar consciencia de un proceso no sirve de nada si no se hace algo con él. Lo importante es entonces conocer las implicaciones de ese proceso, sus orígenes, los efectos y las consecuencias que trae para nuestra existencia seguir funcionando desde ese enfoque, así como nuestro posicionamiento ante ello, es decir nuestra actitud.

Por esta razón yo siempre aconsejo dos tandas de meditación: una para tomar consciencia de los pensamientos más recurrentes y otra  para centrar nuestra atención en un pensamiento de ellos y conocer a fondo los procesos mentales  y emocionales implicados.

Aún así, conocer que parte de nosotros está implicada en ese proceso tampoco sirve de algo si luego no se usa esa toma de consciencia para aportar modificaciones y cambios en nuestras pautas y enfoques con el fin de asumir una posición diferente.

Este es un aspecto fundamental ya que meditar por meditar no aporta mucho a una persona, salvo en ocasiones cierto sosiego por el mero hecho de lograr estabilizar la mente o calmarnos por alejarnos de alguna fuente de estrés.

De por sí estos beneficios son poco estables y duraderos si no se aprovecha la toma de consciencia para cambiar la pauta y actitud de afrontamiento de la realidad que nos provoca malestar.

Cambiar la pauta de pensamiento ya no es cuestión de practicar mindfulness o meditación, sino de cambiar hábitos y estructuras mentales. Este proceso requiere una labor psicológica muy precisa y planeada que marca el final de la intervención con mindfulness para entrar en otro tipo de intervenciones que requieren una cualificación psicológica y terapéutica concreta.

Si bien el Mindfulness puede representar una herramienta de apoyo muy valiosa en todo proceso de desarrollo personal, no es recomendable usarse como sustituto o alternativa a tratamientos convencionales.

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Mindfulness para Afrontar Procesos de Cáncer

El próximo Jueves 26 de Mayo, a las 17.30, en la Sede de la Asociación AMIGA Murcia, el Psicólogo Roberto Crobu, Director y docente del programa de Mindfulness MBET  de la Universidad de Murcia, impartirá una charla para detallar los hallazgos en materia de Mindfulness y Cáncer, y conducirá posteriormente una sesión práctica. Más información en el teléfono: 968 216 668.

Curiosamente, la mayor proporción de estudios e investigaciones sobre Mindfulness, tiene que ver con su aplicación en acompañamiento a procesos de cáncer.

El mindfulness es una práctica particularmente indicada en el acompañamiento a procesos de cáncer, tiendo efectos contrastados en la mejora de la calidad de vida, como en la percepción de dolor y afrontamiento de las curas, y en su particular relación con la enfermedad misma.

La gran mayoría de los estudios han sido conducidos en Canadá por Carlson (Shapiro 2008) y, si bien no hemos de confundir el Mindfulness como una opción terapéutica que actúa sobre la enfermedad, sí podemos servirnos de su práctica como acompañamiento y método paliativo.

Los estudios conducidos en aplicación del Mindfulness en casos de cáncer indican una mejora de la calidad de vida consistente en aumento de las horas de sueño y calidad de sueño, mejora de los tiempos (reducción) para la conciliación del sueño, mejor percepción de bienestar en contra de la fatiga y mejor percepción del descanso (Carlson 2009).

En el plano endocrino, se ha evidenciado la relación de la  práctica del Mindfulness con la reducción de los niveles de cortisol en la saliva (el alto nivel cortisol es indicador químico asociado a altos niveles de estrés), en muestras de pacientes en proceso posterior a la curación de un cáncer, respecto a grupos de control compuestos de pacientes en las mismas condiciones y características (Carlson 2009).

En el plano psicológico, se ha evidenciado que la práctica del mindfulness reduce tanto el nivel de estrés y la incidencia de casos de depresión asociados a la enfermedad de cáncer (Carlson 2009).

Cartel Charla

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Las Malas Personas No Existen: Verdad, Bien, Mal, Justicia, Felicidad y Sufrimiento

El periodista  buscaba el titular y así tergiversó con su interpretación todo el mensaje de Howard Gardner.

Practicando atención plena me he dado cuenta de que todo lo que llamamos verdad es simple y llanamente un mero punto de vista. Una perspectiva personal, que no representa el puzzle completo de un hecho o realidad.

Pero aún así sigue siendo verdad en la medida en que se trata de una experiencia real. La verdad es en definitiva lo que experimentamos, no lo que creemos que está fuera de nosotros.

Porque nada puede ser y existir fuera de nuestra experiencia: si no lo experimentamos, no existe.

Y si nos lo cuentan, será entonces experiencia de otros. Será entonces la verdad de otros, pero no la nuestra.

En definitiva, la verdad es algo mucho más relativo de lo que parece. La verdad puede cambiar según quien la experimente y su punto de vista.

Del mismo modo podemos hablar del bien y del mal.

El bien nunca ganará la partida al mal. Porque el bien necesita del mal para existir. Tratar de aniquilar el mal es imposible porque la mera condición para que el bien existas, es que su contrario también exista.

Es más, tratar de aniquilar el mal se convertiría paradójicamente en practicar el mal.

Esto sucede porque lo que algunos juzgan como mal, no necesariamente lo juzguen de la misma manera aquellos que lo practican. El ladrón, por mucho que al ojo del inocente practique el mal, en su interior lo estará practicando bajo una intención positiva: la de hacer el bien para sí y para sus cercanos.

La verdad de quien ve algo malo en el otro, es la verdad de ese alguien, pero no necesariamente la de ese otro. Es una experiencia personal. Es un juicio.

En definitiva, el bien y el mal no son hechos consumados. No pertenecen siquiera a los hechos, sino a los juicios de aquellas personas que perciben y experimentan esos hechos.

En el mundo no existe el bien ni existe el mal como algo ajeno a la persona y su experiencia. Sino que el bien y el mal pertenecen a la condición misma humana. No existe el bien o mal en los hechos, sino hay bien o mal en las personas que juzgan esos hechos.

Y pasa lo mismo con la justicia. El mundo no es justo. No tiene porque serlo. El mundo simplemente es perfecto: todo sucede bajo unas normas de acción y consecuencia. Todo lo que sucede no solo es causa de consecuencias, sino que a su vez es consecuencia de unas causas que vinieron antes. Todo está entrelazado y en comunicación, en continua búsqueda de equilibro. Si algo podemos asociar al concepto de Justicia es justicia entendida como acción en respuesta a un cambio de situación que generó un desequilibrio, ante la necesidad de volver a establecer un nuevo equilibrio momentáneo. Así son las crisis por ejemplo.

Y así venimos al concepto de Felicidad. La felicidad existe porque existe el sufrimiento. No puedes quedarte con una y eliminar la otra. Porque pasa como con el bien y el mal. Una necesita de la otra para existir. Todo es un equilibrio de fuerzas. Y un mundo justo no es un mundo feliz, sino un mundo que en ese juego de acción, reacción, y re-equilibrio, encuentra un nuevo estado que equilibra el anterior y que está además a la espera de volverse a desequilibrar para re-equilibrar: en definitiva un mundo en permanente cambio. Todo cobra sentido en este sistema, tal como afirma la segunda ley de la termodinámica: todo sistema tiende a un equilibrio hasta generar un nuevo desequilibrio.

Eliminar el sufrimiento significa eliminar la felicidad. O mejor dicho, la felicidad no se encuentra como simple alternativa al sufrimiento, o como consecuencia de evitarlo. Sino que se encuentra más allá del sufrimiento, como consecuencia de abrazarlo, atravesarlo, vivirlo y superarlo. Uno puede ser feliz en el momento en que acepta el sufrimiento y como tal, aceptándolo, deja de ser un elemento de malestar para convertirse en un elemento de desarrollo. De ahí la importancia de la aceptación del sufrimiento, como estrategia de conexión con la felicidad. Abrazar el sufrimiento para obtener felicidad es aceptar lo que duele para transformarlo en oportunidad.

¿Qué es esto sino equilibrio?

Gran verdad! (pero claro… la mía).

Evidencias Científicas del Mindfulness y Como Aprenderlo

 

El Mindfulness se ha revelado una de las metodologías más potentes y fiables para la mejora de habilidades de profesionales y la ayuda en problemas psicológicos y enfermedades médicas.

Con respecto a los beneficios aportados a profesionales, su práctica mejora competencias vinculadas con el Liderazgo, y la Comunicación de gestores de personas y managers y las habilidades terapéuticas de profesionales de la salud. Según la recopilación de investigaciones realizada por Shapiro y Carlson, el mindfulness mejora las siguientes habilidades:

  1. Atención y Presencia en la comunicación y relación
  2. Desarrollo de Actitudes de Ayuda y Servicio a los demás
  3. Autocompasión y Aceptación (entendida como Flexibilidad emocional y cognitiva hacia uno mismo ante ocasiones de frustración y enfado)
  4. Empatía
  5. Regulación de emociones disfuncionales (rabia, entusiasmo, tristeza, miedo)

Además, los avances de la investigación en curso en la Universidad de Murcia y relacionada con beneficios en ámbito laboral, indican una sensible mejora en:

  1. Reducción de la Ansiedad
  2. Reducción de la tendencia hacia la Preocupación
  3. Incremento del Engagement (entendido como el compromiso positivo hacia el trabajo, variable muy importante en la Motivación en el trabajo).

Desde el punto de vista Psicológico, se han encontrado beneficios científicamente relevantes en mejora de trastornos como:

  1. Estrés (reducción)
  2. Ansiedad (reducción)
  3. Depresión (mejora de eficacia de tratamiento y prevención de recaídas cuando se acompaña de la práctica de mindfulness)
  4. Autoestima (mejora a través de variables como empowerment y locus interno)
  5. Preocupaciones obsesivas (reducción)
  6. Sueño (conciliación y duración)

En ámbito médico, la gran mayoría de la investigación realizada cubre el amplio espectro relacionado con el Cáncer, indicando evidencia en la mejora de aspectos psicológicos, endocrinos y de calidad del sueño, asociados a esta enfermedad: concretamente, las investigaciones realizadas por Carlson apuntan a una mejora en la calidad de vida de los pacientes afectados por cánceres de distinta índole (reducción de ansiedad, preocupaciones, estado de ánimo e incremento del locus interno), respaldadas por la reducción de la segregación de cortisol (hormona asociada al incremento del estrés), y por la mejora de indicadores de calidad del sueño como el incremento en la duración de horas de sueño (entre 30 y 60 minutos por noche) y una menor sensación de fatiga durante el día, debida supuestamente a un sueño más reparador.

Si quieres aprender Mindfulness y practicarlo, todavía estás a tiempo para realizar el curso de la Universidad de Murcia, desde el 20 de Abril hasta el 22 de Junio, con una sesión de 3 horas presenciales por semana, los miércoles de 18:00 a 21:00 horas.  Las inscripciones están abiertas y puedes obtener más información en este enlace de la Universidad de Murcia:

https://casiopea.um.es/cursospe/casiopea.portal.ficha.do?a=59BF78FE66CD577659395290F830C6F4

Curso Mindfulness UMU