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Coaching y Ciencia: ¿Cómo el Agua y el Aceite?

Una de las señales inequívocas de que el Coaching no es más que una rama de la Psicología es el esmero reciente por parte de algunas asociaciones de buscar su justificación científica y tropezar una vez más con la Psicología como el fundamento científico que en gran parte sostiene las raíces de esta práctica.

Y no es casual que esta práctica, hijastra maltratada por muchos psicólogos que se niegan a considerarla perteneciente a esta disciplina, se ha encontrado en su camino evolutivo ante las mismas críticas que la Psicología de los años 40 del siglo pasado: eran tiempos en que la psicología era poco más que la psicoanálisis y, más allá de la aportación filosófica, las teorías de Freud y Jung iniciaron a tambalear ante las críticas de los defensores del método científico y de la epistemología moderna.

Ahí fue cuando el conductismo puro, no sin defectos estructurales como la visión mecanicista y la casi negación de la importancia de aspectos cognitivos y emocionales, realizó una de las mayores aportaciones históricas a esta disciplina: la posibilidad de medir, estructurar y replicar resultados en laboratorio, hecho que ayudó a que la psicología entrase de una vez en el corpus de las ciencias sociales. Hoy la psicología es una ciencia a todos los efectos, que sigue los estrictos rigores metodológicos de la epistemología Popperiana, las reglas de la estadística psicométrica y la investigación psicosocial.

El coaching nació como práctica fuera del marco académico de la psicología, aunque fundamentado en gran medida por enfoques de intervención derivados de la psicología. Durante unos años el coaching proliferó siendo adoptado por todo tipo de “profesional” que con mayor o menor formación específica, podía colgarse el título de Coach Profesional con relativa facilidad y en plazos menores a lo que supone el estudio de un grado universitario de psicología.

Así fue como el mercado se “plagó” de nuevos gurúes que resucitaron muchas las ramas de la psicología que habían sido descartadas por el estricto control de método científico, y desahuciadas por los mismos psicólogos en un afán “cientista” por ver reconocida a esta disciplina como ciencia.  Gestalt, psicoanálisis, terapia transaccional, teorías del aprendizaje de Piaget, eneagrama, encontraron nuevos adeptos que gracias a buenas labores de marketing y ciertas operaciones de fusión con ideas propias cautivadoras y a la moda, creaban  nuevos modelos de intervención bajo su propia marca personal: hasta Jung revivió bajo el nombre de escuelas y herramientas tecnológicas inspiradas en sus teorías y fundamentadas en el Big Data, para proponer nuevos servicios y productos con algo más de rigor.

Pero el tiempo hizo que las brevas cayeran por su propio peso. En menos de una década el Coaching entra en crisis: ¿Qué hay en cuanto a resultados y beneficios objetivos para un cliente dispuesto a pagar entre 50€ y 250€ / sesión, en la que el coach siquiera asume una posición asimétrica a través de la cual ofrecer un valor añadido, un conocimiento, o una experiencia que en el resto de las profesiones consiste precisamente en la justificación del precio a pagar para esa inversión? ¿Qué hay más allá del marketing de  un supuesto gurú que en sus charlas multitudinarias repite frases “motivacionales” escritas por otros que pasaron a la historia por conseguir algo más que él? ¿Se ha convertido el pagar por coaching en pagar por una nueva forma de filosofía personalizada y al uso?

En ese auge desregulado, llegó un momento en que llegó a llamarse “coaching” casi cualquier cosa que fuera mínimamente asociada a animar, dinamizar y crear algo de engagement: pareció que el coaching se había convertido, como la psicología casi cien años antes, en un territorio donde todo podía valer.

Fue en esos momentos en que los profesionales y asociaciones de coaching se propusieron buscar algo de rigor poniendo el interés en su fundamento científico e impulsando investigaciones sobre ello. Pero es difícil hoy en día hacer ciencia sin estar dentro de un entorno académico: y el coaching precisamente no se encuentra comprendido entre las disciplinas académicas universitarias. El desconocimiento y la falta de experiencia en cuanto a investigación psicométrica hizo que algunos neófitos, desde su ignorancia, simplemente se limitaran utilizar hallazgos de neurociencias y psicología para fundamentar mediante saltos especulativos, sesgados y parciales, unas conclusiones para definir el fundamento científico del coaching, que no pueden sujetarse.

Y la cuestión es que el coaching no puede fundamentarse científicamente porque es un conjunto de estrategias de intervención que no pueden investigarse en su totalidad: habría que investigar cada aplicación, cada herramienta, y cada actuación por separado, teniendo en cuenta a colectivos, edades, sexos, niveles de estudios: habría que contar con muestras amplias, etc.

El coaching nació como enfoque eminentemente práctico, donde el factor “consecución del resultado” era más importante que el factor “validez del método”. Algo parecido a las funciones de un entrenador en un equipo deportivo (de ahí justamente la palabra coach):

¿se imagina el lector a un entrenador de futbol perdiendo el tiempo en buscar las pruebas científicas de sus métodos?  ¿Le pagarían para ello? ¿Cuántos partidos tendrían que esperar en su club para que traiga esas conclusiones? Posiblemente perdería toda la temporada: y el equipo compite para ganar, no para probar demostraciones científicas. Y es más, en el supuesto eventual de ocurrir en  algún hallazgo: ¿Valdría posteriormente ese hallazgo con otros equipos y otras personas? ¿Valdrían para siempre?

La ciencia no es el camino para el coaching, sino lo son los resultados. Y para ello el nivel de cambio y ajustes ha de tener en cuenta un Coach de ser tan elevado y personalizado que es imposible investigarlo con el método científico tradicional, mientras el big data neurofisiológico capaz de ofrecer feed-back y baremos a amplia escala no esté maduro. Seguramente llegaremos a ello en unos años, razón por la cual es posible que el Big Data permita superar los problemas técnicos que llevaron hace años a descartar teorías Jungianas o gestáltica.

De otro modo, buscar la cientificidad en el coaching no es más que una nueva manera de admitir su inclusión dentro de las prácticas profesionales de la psicología, aunque con un nivel de rigor menos estricto que las prácticas clínicas y sanitarias, debido al exhaustivo control que éstas últimas han de pasar por su carácter terapéutico.

Reconocer la pretensión no científica del coaching pero no es razón por la que volver a la práctica del “todo vale”, sino lo contrario, iniciar a asumir que la única ciencia que dota al Coaching de algo de cientificidad es la psicología y la neuropsicología.

Pero aquí surge la gran evidencia reveladora: ¿Qué otra cosa estaría haciendo sino intervención psicológica, un supuesto coach, cuando para ello se justifica en estudios psicológicos y neuropsicológicos? Este hecho, demuestra que el coaching no es más que una manera de practicar intervención psicológica, distinta de la clínica y sanitaria, pero psicología.

 

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Emocionar no es Intervenir en las Emociones

 

Las emociones son el resultado de un proceso cognitivo por el que la información captada por los cinco sentidos se organiza, clasifica y procesa en el sistema cognitivo hasta generar una respuesta. Dicha respuesta consta de tres componentes: pensamientos y juicios, emociones y comportamientos.

La ciencia que se ocupa de estudiar e intervenir en estos procesos es la Psicología. Y los profesionales formalmente cualificados para trabajar con ello son los psicólogos.

Sin embargo el proliferar de constante de técnicas orientadas a emocionar a las personas con el fin de producir cambios en su estado y disposición, está poniendo de manifiesto por parte de cada creador de esas herramientas el otorgarse el derecho a trabajar profesionalmente con dichas técnicas y ejercer como tal en el amplio mundo de las terapias y del crecimiento personal.

Cabe añadir que muchas de esas técnicas, no encuadradas formalmente en el corpus de protocolos testados científicamente, suelen constituir un refrito o refundido de herramientas y estrategias que muchas veces sus creadores han aprendido acudiendo a un psicólogo u observando a psicólogos en acción. Es el caso por ejemplo de la PNL.

saltimbanquiEsta praxis no otorga la ilegitimidad de a trabajar y cobrar por aplicar dichas técnicas, aunque desde un punto de vista ético se agradecería que esas actuaciones sirvieran para testar científicamente su efectividad y, tanto en el caso de no ser efectivas, como en el de no estar todavía testadas, al menos no se especulara con ellas y con su efectividad a través de publicidad engañosa.

Lejos de querer prohibirlas (¿Qué vamos a prohibir si no somos capaces de prohibir el tabaco por intereses comerciales?), quizás la cuestión sea regularlas así como se hace con el tabaco: si fumar mata, y hay que decirlo en el paquete, ¿por qué no decir que esas técnicas no está comprobado que tienen efecto estandarizable a un amplio margen de la población?

Otro opción es no llamarlas terapias. En eso ya han pensado sus creadores, abriéndose al concepto de “Desarrollo Personal”, es decir, un corpus de filosofías y técnicas orientadas a mejorar a la persona y contribuir a su crecimiento humano, partiendo del convencimiento de que la persona no está enferma: no hay diagnóstico, por lo que no hay enfermedad, por lo que no puede haber terapia.

Lo que ocurre bajo este principio es que sin enfermedad  no hay terapia, pero sigue habiendo personas que promocionan la intervención en emociones desde el crecimiento personal. La reflexión y la duda entonces surge espontánea:  ¿para qué tiene que haber intervención en las emociones? ¿para qué es necesario intervenir en una emoción o una creencia “imitante” si o es disfuncional o no causa un malestar en la persona? ¿para qué una emoción que no presenta disfunción , necesita de intervención?

Llegados a ese punto, algunos se esmeran para vender la idea de que los psicólogos solo trabajan la parte clínica, la enfermedad, y afirman que lo otro, la parte sana de la persona, es un territorio de legitima intervención para esas “profesiones”, que en la realidad no son profesiones sino meras estrategias de intervención derivadas en mucha ocasión de alguna corriente de la psicología para ayudar a las personas y contribuir a su crecimiento personal.

Aquí, la cuestión de fondo es que la psicología es la ciencia que estudia e interviene en el comportamiento, la cognición y la emoción humana, sin restricciones. Hay mucha psicología más allá de la clínica, como la deportiva, de las organizaciones, de los grupos (y equipos), perinatal, gerontológica, jurídica, mediación, etc. Relegar la psicología al territorio de la patología es un error conceptual de fondo cuando no representa una clara y maliciosa intención de beneficiarse y especular de manera fraudolenta con ello.

La idea de que los psicólogos trabajan la patología y los profesionales del crecimiento personal trabajan la parte sana de la persona es una mentira. Solo los psicólogos clínicos trabajan con la enfermedad. Luego están otros psicólogos con su propia especialización (trabajo, educación, deoprte, jurídica, etc.), trabajan desde la salud, en el campo en que pretenden ubicarse esas nuevas corrientes.

No nos engañemos: o estamos creando eufemismos para legitimar el intrusismo profesional, o estamos confundiendo emocionar con intervención en emociones.

Capítulo aparte merece la cuestión acerca del Coaching: ¿indicees psicología o no es psicología? ¿tiene que aplicarlo los psicólogos o no? La cuestión en este aspecto es muy clara: el coaching nació como actividad de ayuda a una persona para la consecución de objetivos, basada en un arte dialéctica (ojo, una arte, no una terapia) que es la mayéutica. Un coach tiene la función de ayudar a través de la pregunta a reflexionar y ordenar ideas con el fin de organizar y ejecutar una conducta orientada a un fin. Es la misma persona que decide la conducta y toma las decisiones. El coach solo ayuda a la reflexión, no dictamina, no juzga, evita contaminar el proceso con sus suposiciones. Para ello no hay que ser psicólogos. El problema surge cuando desde el coaching se pretende intervenir en las emociones o bloqueos emocionales de una persona que no logra poner en práctica lo que decide o lo que le gustaría hacer: cuando se inicia a trabajar intencionalmente sobre creencias limitantes, bloqueos emocionales, etc. El mero hecho de intervenir en ese campo representa un “cruzar la línea” del intrusismo profesional.  Y no todos los coaches son conscientes de ello o tienen intereses en mantenerse en su “lado de campo”.   Pero por ello no hemos de demonizar al Coaching como estrategia de intervención.

Que duda cabe que las emociones son un terreno común a todos los seres humanos. Así como los son los estornudos y la gripe. Y que duda cabe que en muchas ocasiones una emoción nueva es capaz de cambiar el estado de una persona y tener efectos terapéuticos: es lo que ocurre con la música, el cine, y el arte en general: provocan emociones que nos sacuden y llegan a tener efectos terapéuticos, pero no tienen la intención directa de “curar” nuestras enfermedades emocionales o disfunciones cognitivas.

Quizá sea hora de aproximar esas técnicas a un arte que simplemente genera entretenimiento y bienestar. Ese entretenimiento puede que tenga efectos terapéuticos, pero de ahí a vender ese producto como terapia hay un salo especulativo que haría caer en el fraude profesional.

Hay personas “adictas” a charlas, libros, videos de desarrollo personal. Les encanta. Pero no por ello encuentran fin a su sufrimiento y malestar, sino que generan una nueva forma más de “entretenimiento”, es decir de distracción del problema, para seguir viviendo o conviviendo con ello sin afrontarlo directamente. Puede que algún día una de esas charlas provoque un salto cuántico en sus emociones y sistemas cognitivos que de repente ponga fin a su malestar, pero no será fruto de la serendipia, no de la acción terapéutica intencionada.

Seamos honestos y éticos, dejemos la intervención sobre las emociones a los psicólogos, y hablemos de arte que emociona para vender esos productos.

Aceptación y Realización: las dos vías de Sanación

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Tras sofisticar mucho las formas y estrategias de intervención, llega un momento en la vida de todo profesional en el que de repente todo se aclara y simplifica a la esencia. Esto es lo que ha ocurrido repasando los distintos casos tratados en estos años de actividad.

Las personas que trabajan conmigo saben que el objetivo de todo camino de desarrollo psico-emocional es aprender a mantener el equilibrio, el foco y la fluidez. ¿Pero cómo hacerlo?

Los ejes de mi intervención son básicamente dos: la aceptación o la realización.

Porque toda fuente de desequilibrio o malestar suele ser generada en la persona por una forma de afrontar lo que le suceda y tener que hacer algo, bien con aquello que le afecta o bien con su manera de tomárselo.  En ambos casos el elemento que siempre está presente es la necesidad de la persona de re-establecer el equilibrio emocional. Y esa necesidad es lo primero que hemos de identificar y lo único con lo que hemos de trabajar.

Hay dos formas de resolver el conflicto o desequilibrio marcado por la necesidad de una persona: proceder a lograr lo que supone la satisfacción de esa necesidad (vía de la Realización), o eliminar esa necesidad (vía de la Aceptación).

De hecho, como consecuencia de esa necesidad, el cliente puede elegir si quiere que le acompañe para trata

r de cambiar lo de fuera, es decir poner en práctica las acciones necesarias para cambiar la situación, o cambiar su forma de afrontarlo, es decir tratar de construir un significado alternativo a lo que le ocurre, con el cual sentirse más cómodo y aceptar la situación.

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No existe entre los dos el camino fácil, ya que cada uno siempre esconde insidias, dificultades y sorpresas no del todo agradables.  De hecho, ambos caminos presentan  y parten de la misma  necesidad inicial.

Aceptación:es el camino de la resiliencia y del desapego,  del entender que aceptar una realidad no significa resignarse, sino aprender a valorar los aspectos positivos y entrever las oportunidades que esconde. Si un chico llega a la edad en que decide aceptar que no será futbolista profesional por estudiar una carrera, esto no significa que pasará toda su vida con la duda de no saber que hubiese pasado en caso de intentarlo, sino que aceptará vivir con la certeza de haber tomado una decisión que presenta la oportunidad de estudiar una carrera y ser profesional  de la rama que le corresponda. La estrategia de mi intervención con la que trabajo en estas fases se basa en el Mindfulness la Psicología Positiva y la Psicología Cognitiva. La línea estratégica principal es acompañar a la persona a desapegarse de su propia necesidad inicial de ser futbolista, para vivir en paz sin ella. Eliminada la necesidad que causa el malestar, se eliminará el malestar.

Realización: es el camino de la definición de objetivos ambiciosos y planes de acción. El camino de la motivación de gran alcance, del compromiso y la superación. Este camino requiere hacer todo lo que es preciso (y a veces incluso más) para alcanzar el objetivo que supone la satisfacción de la necesidad de la persona. Llegar a la cumbre del Everest sin oxigeno supone un logro que requiere gran esfuerzo y un foco dirigido y sostenido en el tiempo. Si la persona no acepta la posibilidad de no haberlo intentado, tendrá que cumplir con varias etapas de un plan de acción a muy largo plazo que requiere desde reunir los medios, hasta disponer del tiempo, como el superar fracasos y acumular la experiencia suficiente. El nivel de compromiso con el cliente no cambia, aunque en este caso el trabajo consiste en mantenerle atado  y apegado a esa necesidad y voluntad, incluso en los momentos en que puede plantearse desistir.    La Psicología Positiva y la Psicología Humanista son los marcos referenciales del trabajo en este aspecto, aunque el estilo de actuación  que uso es el del Coaching Ejecutivo y de Equipos.

Aclarado todo esto solo quedan dos preguntas:

¿Cuál es la necesidad que te atormenta últimamente?

¿Qué camino de los dos quieres elegir?

Yo te acompañaré.

Cambia De Actitud: Pasa Del “Esque” Al “Ysi”

Lo que sientes depende de a lo que prestas atención. Y si tu atención se va hacia pensamientos negativos, éstos predispondrán tu cuerpo a actuar a la defensiva. Y actuar a la defensiva no siempre está reñido con afrontar una situación de manera eficaz.

Podemos decir que ahí donde tu atención se detenga, condicionará no solamente tus emociones, sino también tus acciones. Y las acciones son lo que te separa de los resultados que quieras obtener: dependiendo de la manera en la que actúes, cambiaras el destino de los acontecimientos para obtener unos resultados u otros.Y tal como piensas, acabarás actuando.

Existe un patrón de pensamiento defensivo muy dañino y limitante a la hora de afrontar ciertas situaciones. Es muy frecuente entre las personas que constantemente buscan una justificación para no tomar decisiones valientes.

Se trata de aquellas personas que siempre tienen un problema por cada solución, en lugar de una solución para cada problema.

Ese patrón de pensamiento se instala y enquista en dos palabras tremendamente paralizantes con las que inician cada frase: “Es que….”

Lo que suele seguir a esas palabras es normalmente un argumento que trata de neutralizar la propuesta recibida. Hagamos un ejemplo:

  • Coach: ¿Cómo sería para ti afrontar ese problema actuando como lo hizo tu adversario?
  • Coachee: Es que a él le favorecieron los árbitros.
  • Coach: ¿Qué hubiera hecho en caso de que no le favorecieran?
  • Coachee: arriesgarse jugándosela a todo o nada.
  • Coach: ¿Te atreverías a jugártela a todo o nada?
  • Coachee: Es que hay que tener suerte para que te salga bien.
  • Coach: ¿Y además de suerte que habría que tener?
  • Coachee: Valentía, pero es que el cementerio está lleno de valientes.
  • Coach: ¿Solo los valientes van al cementerio?
  • Coachee: No, todos acabamos ahí tarde o temprano.
  • Coach: ¿Entonces qué te planeas hacer?
  • Coachee: Es que mi situación no es la misma que la suya….

 

Hand stopping falling dominoes - domino effect

Corta el flujo de tus pensamientos, programando otras frases: Pasa del Esque al Ysi

Es muy complicado sacar del hoyo a personas con este patrón si no entendemos la necesidad de cambiar su enfoque “Es que” con otra entradilla de frase. Como la mente se auto-programa en la medida en la que usa ciertas palabras, es conveniente en ese caso desviar la atención del Coachee en otros aspectos. Se trata de pasar el “Es que…” al “Y si…”. El resultado puede ser sorprendente:

  • Coach: ¿Cómo sería para ti afrontar ese problema actuando como lo hizo tu adversario?
  • Coachee: Es que a él le favorecieron los árbitros.
  • Coach: ¿Y si se diera la casualidad de tener los árbitros a favor, que harías?
  • Coachee: arriesgarme jugándomela a todo o nada.
  • Coach: ¿Te atreverías a jugártela a todo o nada?
  • Coachee: Es que hay que tener suerte para que te salga bien
  • Coach: ¿Y si tuvieras suerte, demos por hecho que la tengas, que otras cosas deberías tener para ganar?
  • Coachee: Fuerza, Constancia y Concentración.
  • Coach: ¿Y si la fuerza la constancia y la concentración fueran características tuyas, que tendrías que haber hecho para lograrlas?
  • Coachee: entrenar sobretodo los movimientos rápidos y de ataque y centrar mi atención en su cintura, y ser capaz de mantener la mirada en sus ojos más tiempo que él.
  • Coach: ¿Entonces qué te planeas hacer?
  • Coachee: voy a entrenar con un compañero estos aspectos.

 

El “Y si” conecta a la persona con resultados positivos, detonando una serie de conexiones neuronales y emocionales que llevan a la personas a moverse hacia el escenario deseado, mientras que el “Es que”, conectando con escenarios negativos y desmotivadores, con mayor frecuencia conecta a la persona con tratar de evitar esas circunstancia. La prioridad de evitar la circunstancia detona una serie de mecanismos biológicos defensivos de “huida”, que alteran la prioridad de la persona, siendo ésta la de preservar su propia condición. La prioridad es protegerse y, desde este enfoque, se pierde toda posibilidad de formular ideas orientadas a afrontar y superar la situación: parece que el “es que” active el cerebro más primitivo, el reptiliano, que toma las riendas de la situación para dirigir comportamientos instintivos de acción-reacción. El “Y si”, sin embargo al facilitar la creación de escenarios deseados, la visualización, parece activar la zona pre-frontal de la corteza del cerebro, haciendo que actuemos desde el neocortex, la parte más evolucionada del cerebro, que gobierna las funciones ejecutivas y decididas.

Obviamente estamos en el campo de las suposiciones, y es que no hay investigación científica que corrobore esta hipótesis, pero:  ¿Y si fuera cierto?

Estrategia de la Aceptación para Resolver Conflictos

Un conflicto no es más que una situación en la cual dos o más partes se encuentran enfrentadas con posturas y necesidades aparentemente no compatibles o poco complementarias entre ellas.

De ahí surge la necesidad de  realizar ajustes y cambios para que esas posturas sean compatibles. Dichos ajustes pueden suponer que una o ambas partes no estén dispuestas a ellos, lo cual puede derivar en un “enquistamiento” del conflicto.

Consecuencia o causa de ese enquistamiento es la búsqueda de los argumentos necesarios para “tener razón” Como si tener razón fuera el elemento fundamental para acabar con el conflicto: posiblemente se acabe con ello, pero no con la insatisfacción de la parte “vencida” por la razón de la otra.  Porque si algo implica la estrategia de resolver conflictos a través de la razón, es el prevalecer de una parte sobre la otra.

Funcionar desde la fuerza o desde la razón, tal como recita el lema patrio esculpido en el Peso Chileno, no hace otra cosa que causar un antecendente que servirá a la parte vencida para construir un nuevo conflicto sobre el poso de la insatisfacción la frustración o la envidia.

Resolver conflictos, más que tener que ver con la Razón, tiene que ver sin  con la Aceptación.  Aceptación entendida aquí de manera muy diferente de la Resignación. Si resignarse significa dejarse llevar por los acontecimientos evitando toda posibilidad de intervención y acción orientada a la mejora, la aceptación tiene que ver con el reconocimiento de una evidencia ajena a nosotros, que depende de sí misma o, como mínimo, es ajena a nuestras posibilidades y deseos de control.

Aceptacion

Si tratar de tener razón tiene que ver con el intento de tomar el control de algo que no depende de nosotros (por ejemplo la voluntad o la satisfacción de la otra parte), resolver un conflicto con aceptación significa reconocer a la/s otra/s parte/s como autónoma/s e independiente/s de nuestra voluntad, con unos deseos y necesidades propias que tienen el mismo derecho que las nuestras de quedarse satisfechas.

Aceptar al otro/a, nos confiere la poderosa toma de consciencia acerca de lo que no depende de nosotros para solucionar un problema. Y si no depende de nosotros y nosotros no tenemos control sobre ello, ¿para qué invertir tiempo en tratar de controlarlo?

A través de la aceptación, cesaremos también con la frecuente tendencia que se suele tener en un conflicto de acusar a la otra parte, puesto que si aceptamos a esa parte,  dejaremos de tener argumentos para acusarle.

La acusación en un conflicto, además de aportar un gran peso de toxicidad, representa un elemento importante de distracción, ya que desvía nuestra atención  desde lo que depende de nosotros y la centra en la otra parte que es justamente lo que nosotros no podemos controlar: la acusación en definitiva nos distrae confundiéndonos y haciéndonos malgastar nuestro tiempo en tratar de cambiar algo que no depende de nosotros.

Por todo ello, la manera más favorable de afrontar y resolver un conflicto es aceptar a la otra parte: solo a través de la aceptación del otro, podremos centrarnos en lo que depende de nosotros mismos para resolver un conflicto.

Evidencias Científicas del Mindfulness y Como Aprenderlo

 

El Mindfulness se ha revelado una de las metodologías más potentes y fiables para la mejora de habilidades de profesionales y la ayuda en problemas psicológicos y enfermedades médicas.

Con respecto a los beneficios aportados a profesionales, su práctica mejora competencias vinculadas con el Liderazgo, y la Comunicación de gestores de personas y managers y las habilidades terapéuticas de profesionales de la salud. Según la recopilación de investigaciones realizada por Shapiro y Carlson, el mindfulness mejora las siguientes habilidades:

  1. Atención y Presencia en la comunicación y relación
  2. Desarrollo de Actitudes de Ayuda y Servicio a los demás
  3. Autocompasión y Aceptación (entendida como Flexibilidad emocional y cognitiva hacia uno mismo ante ocasiones de frustración y enfado)
  4. Empatía
  5. Regulación de emociones disfuncionales (rabia, entusiasmo, tristeza, miedo)

Además, los avances de la investigación en curso en la Universidad de Murcia y relacionada con beneficios en ámbito laboral, indican una sensible mejora en:

  1. Reducción de la Ansiedad
  2. Reducción de la tendencia hacia la Preocupación
  3. Incremento del Engagement (entendido como el compromiso positivo hacia el trabajo, variable muy importante en la Motivación en el trabajo).

Desde el punto de vista Psicológico, se han encontrado beneficios científicamente relevantes en mejora de trastornos como:

  1. Estrés (reducción)
  2. Ansiedad (reducción)
  3. Depresión (mejora de eficacia de tratamiento y prevención de recaídas cuando se acompaña de la práctica de mindfulness)
  4. Autoestima (mejora a través de variables como empowerment y locus interno)
  5. Preocupaciones obsesivas (reducción)
  6. Sueño (conciliación y duración)

En ámbito médico, la gran mayoría de la investigación realizada cubre el amplio espectro relacionado con el Cáncer, indicando evidencia en la mejora de aspectos psicológicos, endocrinos y de calidad del sueño, asociados a esta enfermedad: concretamente, las investigaciones realizadas por Carlson apuntan a una mejora en la calidad de vida de los pacientes afectados por cánceres de distinta índole (reducción de ansiedad, preocupaciones, estado de ánimo e incremento del locus interno), respaldadas por la reducción de la segregación de cortisol (hormona asociada al incremento del estrés), y por la mejora de indicadores de calidad del sueño como el incremento en la duración de horas de sueño (entre 30 y 60 minutos por noche) y una menor sensación de fatiga durante el día, debida supuestamente a un sueño más reparador.

Si quieres aprender Mindfulness y practicarlo, todavía estás a tiempo para realizar el curso de la Universidad de Murcia, desde el 20 de Abril hasta el 22 de Junio, con una sesión de 3 horas presenciales por semana, los miércoles de 18:00 a 21:00 horas.  Las inscripciones están abiertas y puedes obtener más información en este enlace de la Universidad de Murcia:

https://casiopea.um.es/cursospe/casiopea.portal.ficha.do?a=59BF78FE66CD577659395290F830C6F4

Curso Mindfulness UMU

Roberto Crobu Presenta su segundo libro “Liderar la Incertidumbre”

CARTEL PRESENTACIÓN LIBRO

El autor, dará a conocer su segundo libro el próximo Jueves 17 de Marzo en El Corte Inglés acompañado de Bruno Dureux, Fernando Abad y José Luís Mendoza García

La obra, con prólogo de Juan Carlos Cubeiro y una colaboración de Edurne Pasaban, será presentada oficialmente el próximo 17 de Marzo, a las 19:30 en el aula cultural de El Corte Inglés, Gran Vía. La presentación, abierta al público hasta completar aforo, incluirá una master class de media hora gratuita, impartida por el autor, y un debate con la mesa redonda en la que participarán D. Bruno Dureux, presidente del Círculo de Economía de la Región de Murcia, D. Fernando Abad, director del diario MurciaEconomía, y D. José Luís Mendoza García, Director del Dpto. de Relaciones Internacionales de la UCAM.

En su interior el libro trata el Liderazgo desde la perspectiva del Mindfulness, aprovechando la historia de siete deportistas de élite (Mireia Belmonte, Tersa Perales, Edurne Pasaban, Tom Brady, Michael Jordan, Valentino Rossi y Ayrton Senna), para explicar los procesos de toma de decisiones y funcionamiento de la mente a la hora de afrontar grandes retos y propósitos vitales, camino a la excelencia en cualquiera de los ámbitos que decidamos actuar en nuestra vida. Así es como el autor redescubre valores como el Esfuerzo, la Perseverancia, la Oportunidad, La Atención, la Pasión, la Resiliencia y la Valentía.

Con el fin de organizar la llegada de los asistentes y prever la afluencia, se ha puesto a disposición un enlace para confirmar asistencia en este enlace:

http://www.ticketea.com/entradas-conferencia-presentacion-libro-liderar-la-incertidumbre-roberto-crobu/

El libro también cuenta con video de presentación en el enlace:

http://www.youtube.com/watch?v=xhpZVHByX18

Y una página de Facebook para información sobre los detalles de su producción y contenido:

http://www.facebook.com/liderarlaincertidumbre/?ref=bookmarks

El Jueves siguiente, 24 de Marzo, se repetirá presentación en FNAC con conferencia y debate, en esa ocasión conducido por Lola Gracia.