Archivo

Archive for the ‘Recursos Humanos’ Category

Esto No Tiene Solución

Cadena ¿Cómo? ¿Estás seguro de lo que dices? ¿Tienes idea de la implicación de esta afirmación tuya? ¿Tienes idea de las consecuencias que puede tener para los demás que les mientas con esta afirmación? ¿Eres consciente de que, con esto, estás mintiendo o mintiéndote a ti mismo y, posiblemente causando daño a los demás?

Estas preguntas están dirigidas a todos aquellos lectores que en algún momento hayan recurrido a esta frase tan sumamente mentirosa, desmotivadora, y dañina.

Y a aquellos profesionales que además la hayan usado como diagnóstico en su trabajo. A ellos se les podría decir que además de ser una frase mentirosa, desmotivadora y dañina, no es más que una señal de su falta de profesionalidad y del peligro que está suponiendo su actividad para los demás.

Con esto no me quiero dirigir a nadie o nada en concreto, pero sí aprovechar para reflexionar sobre las implicaciones que ciertos errores de pensamiento (personales o ajenos) pueden suponer en nuestras vidas.
Porque la frase “Esto no tiene solución” es una gran falacia y mentira. Porque una cosa es decir que algo no tiene solución, y otra lo es el hecho de admitir uno su incapacidad de encontrarla, o de declararse incompetente para intentarlo. Y la verdad es que solemos recurrir más a la primera opción antes que a las otras.

Bruce Lee

Usar la frase “Esto no tiene solución” es afirmar una sentencia concluyente y tajante: inmutable. ¿Acaso disponemos de la audacia y seguridad de que esto vaya a ser así para siempre? ¿Acaso tenemos la arrogancia de posicionarnos en el lugar de un todopoderoso como para sentenciar esto? ¿No será más bien que no conocemos al momento la forma de encontrar esa solución? Entonces, ¿No será mejor decir: no sé como darle solución a esto?
Si la humanidad se hubiese anclado a este pensamiento limitante, no habríamos llegado al día de hoy sabiendo volar o, por ejemplo, sabiendo comunicar instantáneamente de una parte a otra del mundo por medio de un dispositivo electrónico.

EinsteinImaginemos si Einstein se hubiese parado ante uno de sus cálculos previos a la teoría de relatividad diciendo: “Esto no tiene solución”.

O si quienes lograron hacer volar el primer avión, se hubieran parado ante uno de sus primeros intentos fallidos diciendo: “Esto no tiene solución” ¿Hubiera esto impedido que otros lo lograran?

Porque una cosa es decir que algo no es posible, y otra es el hecho de no disponer todavía de la tecnología para lograrlo. Una cosa es decir que un fenómeno es científicamente imposible, y otra es decir que la ciencia todavía no sabe explicar ese fenómeno, o que la farmacología todavía no haya encontrado el medicamento a ese problema.

Por eso, decir “Esto no tiene solución” no solamente es manifiesto de no admitir una persona que no sabe que hacer o como hacerlo, sino una falta de consideración hacia los que dependen de su opinión porque les quita muchas energías e ilusión como para seguir intentándolo de otra manera o con otras ayudas. Es ponerles trabas, dificultar su búsqueda, y desanimar: porque el hecho que nosotros no seamos capaces de encontrar solución, no impide a otros la posibilidad de conseguirla.

No Tuve El Tiempo = Quise Hacer Otras Cosas

 

PenduloEs curioso el tergiversar de la mente humana que nos lleva en ocasiones a hacernos creer nuestras propias mentiras a través de excusas, falacias, y juegos de palabras que esconden detrás de sí unas realidades lapidarias, duras como puños, que nos resistimos a asumir.

Uno de estos ejemplos es la tan socorrida frase: “no tuve el tiempo”.

Como si el tiempo fuera algo que llevamos en los bolsillos y de repente desaparece.

La verdad es que el tiempo no se puede poseer ya que es el mismo tiempo que nos posee a nosotros y nos consume: el tiempo sucede inexorablemente en una única dirección posible: adelante.

El tiempo ni se gana ni se pierde, ni va más lento ni va más rápido, simplemente ocurre: y lo que se gana o se pierde es la posibilidad de hacer ciertas cosas mientras éste pasa.

Es más, el tiempo en sí no es una entidad tangible. Tampoco es lo que medimos con el reloj. El tiempo es, más bien, el conjunto de acontecimientos y actividades que realizamos en un determinando momento: y siempre se hace algo, aunque sea un simple respirar o dormir.

Por eso tampoco vale decir otra muy frecuente frase “no hice nada” / “no hiciste nada”.  Más bien usaste ese tiempo para hacer ciertas cosas, otras cosas que quizá no cabría esperarse, por muy simples, fútiles o triviales que fueran.

Por esta razón, cuando recurrimos a la frase: “no tuve el tiempo”, realmente lo que queremos decir es que usamos ese tiempo para hacer otras cosas. Y si lo hicimos así, desde luego, al ser nosotros los responsables de nuestras decisiones, tendremos que asumir que lo hicimos por decisión nuestra. Por tanto, decidimos hacer otras cosas en lugar de lo que se esperaba que hiciéramos.

Quizás nos hayamos sentidos “forzados” por los acontecimientos y las situaciones en dar prioridad a otras actividades, pero a fin de cuentas, la decisión habrá sido nuestra, y la responsabilidad de haber cedido ante otros acontecimientos, incluso imponderables, seguirá siendo nuestra en primera persona, tal vez por no haber considerado la eventualidad de esos mismos imponderables.

Así que más vale salir del escondite de la excusa, dar la cara, y afirmar con toda rotundidad que nuestras prioridades eran (y tal vez siguen siendo) otras.

Como Superar La Doble Seducción De La Desmotivación

Alambre Espino¿Qué es la Desmotivación?

La desmotivación consiste simple y llanamente en una condición emocional fruto de un pensamiento. La desmotivación es producida por un pensamiento. Un pensamiento que llega en determinados momentos y consigue que una persona no haga algo que sin embargo quisiera hacer o que, le haría hipotéticamente ilusión hacer.

Aún teniendo ilusión por hacer o conseguir algo, esa ilusión no consigue vencer la poderosa fuerza “desmotivadora” de ese pensamiento que, bien por miedo, bien por comodidad, acaba captando más atención y credibilidad en la persona hasta “vencer” a la ilusión inicial.

El pensamiento limitante que puede producir desmotivación suele tener un gran poder seductor, ya que es capaz de convencernos a cambiar nuestras intenciones iniciales y llevarnos a actuar de manera distinta de lo inicialmente deseado.

Al ser causada por un pensamiento, y asumir mayor poder en la medida en la que los focos de atención de la persona se centran más tiempo en ese pensamiento, la desmotivación puede menguar en la medida en la que conseguimos deshacernos de ese pensamiento o prestarle menos atención. Para lograrlo tendremos que tener previamente clara la respuesta a la siguiente pregunta:

¿Cuándo y en qué condiciones se presenta ese pensamiento?

El poder seductor de un pensamiento limitante que conduce a la desmotivación depende de los momentos en que ese pensamiento se genera o toma presencia en nuestra mente. Existen dos momentos en los que los pensamientos limitantes pueden producir desmotivación:

  1. En los momentos previos al inicio de una actividad: esto ocurre cuando, ante los preparativos a una actividad, surgen pensamientos que inducen a la persona a permanecer en las condiciones en las que se encuentra, si éstas son más agradables o cómodas de lo que supone la actividad, pese a los beneficios finales que se pueden obtener de ella, (ejemplo: como está lloviendo y hace frío, me quedo en casa a ver la película que estoy viendo en lugar de ir a entrenar) o que inducen a realizar otras actividades más amenas y agradables (ejemplo: en lugar de ir a entrenar, me voy de compras con mi amiga Ana).
  2. Durante la actividad, en los momentos de dificultad, cansancio o aburrimiento: cuando durante la realización de la actividad el nivel de dificultad percibido es excesivo respecto a las habilidades percibidas por la persona (ejemplo: esto está siendo muy duro, no está hecho para mí aunque me guste), o cuando el cansancio o la fatiga generan ese pensamiento que nos lleva a desistir bajo hipótesis o justificaciones teóricamente razonables, pero no necesariamente probables (ejemplo: hoy no me encuentro tan bien, igual si sigo me lesiono, igual me debería parar). También puede ocurrir como efecto de la repetición, la rutina y del aburrimiento que esto pueden provocar (esto ya lo he hecho otras veces, ya sé como va, lo puedo hacer o retomar cuando quiero, por hoy es suficiente).

¿Cómo podemos deshacernos de la desmotivación y recuperar la motivación?

Existen varias maneras de hacerlo y se pueden practicar y entrenar. Visualizar la meta y los beneficios de ella pueden ayudar, aunque no es aconsejable en los casos en los que se está todavía muy lejos de ella. Las técnicas más efectivas se basan en la gestión de los focos de atención, la consciencia plena y en el dominio de mapas mentales.

Focos de Atención: se trata de manejar la atención para centrarla en aspectos positivos y motivadores de la actividad, centrados no tanto en la visualización de cuando ésta estará acabada, sino en los aspectos positivos y agradables de su mera realización.

Conciencia Plena: se pueden contemplar los aspectos difíciles de la actividad y mantenerse activo en ella, tratando de que mientras, pase el mayor tiempo posible. Fisiológicamente las señales de malestar, aburrimiento y desmotivación irán progresivamente menguando conforme seamos capaces de contemplarlas y mirarlas a la cara; conforme pasa el tiempo, las probabilidades de que ese pensamiento limitante permanezca, irán progresivamente menguando, hasta desaparecer. Es una técnica que requiere mucha firmeza pero, una vez dominada, confiere mucha seguridad a la persona.

Mapas Mentales: se trata de disponer de una serie de pautas de pensamientos previamente diseñadas y establecidas que funcionen como guión a la hora de afrontar dificultades. En la medida en la que seamos capaces de centrarnos en esos mapas de pensamiento, no dejaremos lugar a la “intrusión” de otros pensamientos: la mente humana no puede pensar dos cosas a la vez con la misma claridad y precisión, por lo que en cuanto nuestra atención consigue centrar más claramente unos mapas pre-definidos, nos sentiremos menos “seducidos” por otros pen

¿Tienes El Síndrome De La Tarea Sucesiva? – Una de las Mayores Fuentes de Estrés

Tras estar coqueteando durante un periodo más o menos largo de estrés y tratar de gestionarlo a través de la consciencia plena (Mindfulness), me di cuenta de que una de las principales causas de estrés es lo que llamo “Síndrome de la tarea sucesiva”.

ObstaculosReconozco que en mi caso este síndrome es mi principal fuente de estrés y lo que actualmente está viéndome implicado en su abordaje y resolución, no sin dificultades, ya que he descubierto que su origen se instala una pauta mental o hábito poco saludable, muy incrustado en mis automatismos e idiosincrasias diarias, desde al menos 15 años.

¿Qué es el síndrome de la tarea sucesiva?

Es un cuadro de estrés y malestar que surge mientras una persona realiza una tarea, dentro de una sucesión de tareas en las que otorga más importancia y trascendencia a la tarea sucesiva en lugar de la que está realizando en ese momento: por ejemplo, conducir para ir a una reunión; cambiar el pañal de su propio hijo en el medio de la final de copa de su equipo; atender una consulta por teléfono que hace un tercero, con un e-mail pendiente de enviar a una persona de la que dependen decisiones de mayor incumbencia; comer para luego irse de paseo con la persona querida; cargar una lavadora en el intermedio publicitario de una película que nos tiene “enganchados”, etc. No tiene porque ser la tarea más trascendente para los beneficios efectivos de la persona, sino aquella a la que la persona suele otorgar más importancia y mayor carga emocional o preocupación, independientemente de los beneficios que pueda extraer ella.

¿Qué efectos tiene?

Básicamente el efecto más común es el de no permitirnos disfrutar de lo que estamos haciendo porque acabamos siendo presas de las preocupaciones por la tarea sucesiva: todo lo que se nos pone entre medias se convierte en algo poco agradable, privo de significado, o incluso un estorbo, un contratiempo, con toda la frustración que conlleva. Presas de este síndrome acabamos por perder progresivamente la capacidad de disfrutar de lo que hacemos y de las pequeñas cosas que dan sabor a la vida por estar constante y compulsivamente preocupados por la tarea que va a venir.

¿A quién afecta?

A todos en distintas partes de la vida, aunque reconozco que las personas más perjudicadas son aquellas con alta tendencia a trabajar por objetivos, muy obcecadas en la gestión el tiempo, que trabajan con listas de tareas a las que no ponen límite, que establecen prioridades y que todo ello lo hacen con altas dosis de ambición, auto-exigencia y perfeccionismo.

¿Cómo les afecta?

La tarea sucesiva a realizar y la carga emocional que supone se presentan en forma de pensamientos intrusivos durante la realización de otras actividades previas, funcionando como anticipaciones y generando una necesidad imperiosa de “acabar cuanto antes” y hacer las cosas con prisa para disponerse a realizar la tarea siguiente que les preocupa.

¿Qué se puede hacer con ello?

La atención plena (mindfulness) permite tomar mucha consciencia de los momentos en los que acabamos siendo presas de esa tendencia. Pero tomar consciencia en si mismo no sirve de mucho si esa consciencia no se usa para mejorar o producir cambios efectivos orientados al bienestar. Esos cambios tienen que ver con trabajar sobre las expectativas y la actitud de auto-disciplina personal. Practicar meditación y atención a la respiración ayuda porque mejora el entrenamiento, pero no basta por sí mismo.

La clave consiste en tratar de re-dirigir el proceso hacia una tendencia al “fluir”. Para ello es muy útil apartarse momentáneamente y periódicamente de las tareas y rutinas diarias y disponerse a hacer algo nuevo y distinto.

Pero lo más efectivo es practicar la posibilidad de renuncia y el desapego de nuestras mismas expectativas. No se trata de asumir una actitud conformista ante la vida, sino de pensar en términos de “desprendimiento de exigencias” en lugar de “acumulación o maximización de beneficios”: es decir, en lugar de pensar en términos de logros acumulativos, pensar en términos de renuncias satisfactorias. Al fin y al cabo, todo logro implica siempre un precio que tenemos que pagar para conseguirlo: y ese precio se paga en términos de cosas a las que renunciamos para obtener ese logro; lo mismo ocurre cuando compramos algo: renunciamos al poseer cierto dinero con el fin de obtener otro bien a cambio.

Pensar en lo que estoy dispuesto a pagar hoy en lugar del logro que quiero maximizar, nos ayuda a tomar una dimensión más realista de nuestras posibilidades tal y como pasa cuando vamos a comprar algo: no compramos nunca lo que queremos, sino lo que estamos dispuestos o podemos pagar para tenerlo.

De esta manera es mucho más fácil redimensionar nuestras expectativas y asumir una actitud más acorde con nuestras posibilidades: soñar grandes resultados y luego frustrarse por no lograrlo, es muy fácil, pero demasiado caro en ocasiones.

¿Es más Importante lo que Sabes o Como lo Transmites?

Propiedades emergentesA nadie le gusta oir o ver a alguien que recibe las atenciones de las personas, de su equipo, de los directivos de su empresa o de los medios, y cosecha éxito o fama por divulgar ideas o contenidos de los que uno se siente propietario.

En la sociedad de la información y del conocimiento, con la gran cantidad de datos que circulan por las distintas redes, teniendo en cuenta las leyes de “sinergías”, “serindipidad” y “propiedades emergentes” quizás tengamos que hacernos a la idea de que “las ideas no son de nadie y pertenecen a todos” (twittealo), de que quizás todo lo primario esté inventado y lo nuevo que se descubre no es más que lo que emerge desde la mezcla de conocimientos compartidos (twittealo), lo que hace que el propietario de una idea sea más bien la comunidad y no quien simplemente “la canaliza”, a menos que no provengan de conclusiones sobre investigaciones de corte científico en las que unas personas pusieron tiempo y recursos para hallar algo contrastado de alguna manera, lo cual es legítimo que les convierta en propietarios intelectuales del hallazgo.

Pero mientras nos basamos en la intuición como proceso creativo, por esas mismas leyes es posible que en dos partes del mundo distintas, dos personas distintas acaben forjando el mismo pensamiento, mediante un libro parecido o una melodía parecida: de esta manera solo podrían ser propietarios de la forma en la que plasman esa idea, pero no de la idea: ¿Nos imaginamos si los Egipcios y los Maya se hubieran peleado sobre la propiedad intelectual de las pirámides como concepto? ¿Sería justo que unos acusasen de plagio a otros que crearon algo parecido en un periodo parecido, mediante proyectos de edificación parecidos, sin que ninguno de los dos supiera de la existencia del otro? Somos simples canalizadores de ideas ajenas a nosotros, no propietarios (twittealo): la comunidad o el equipo al que pertenecemos, tiene derecho a disponer de ellas como resultado del conocimiento que nos aporta como ingrediente base.

Esto nos lleva a una conclusión importante: en el mundo de hoy no es importante lo que uno sabe, sino lo que hace y crea con ello (twittealo), junto a los conocimientos de los demás. Otra conclusión es que, lo que no se transmite, no existe ni tiene valor (twittealo) o, dicho de otra manera, el valor de una idea lo determina su coeficiente de alcance y difusión, no la idea misma (twittealo) .

Por eso, no vale la pena enfadarse cuando oimos a alguien que transmite masivamente a un grupo o equipo, apoyado por los directivos, un mensaje o la conclusión de algún razonamiento, a lo que nosotros llegamos ya hace tiempo en nuestra profesión, como si nos hubieran “robado” la idea y se estuvieran benficiando de ella más que nosotros.

¿Acaso no hubo en la historia nadie que hubiese merecido el mismo reconocimiento que Gandhi o Mandela o Luther King o los U2 por tener  las mismas ideas o crear algo con ella de la misma calidad o hacer mejor música? NO! Tajantemente no, porque seguramente no fue tan capaz como ellos de transmitirlas, trabajar, luchar, y asumir todas las consecuencias que implicaron el divulgarlas y el ser coherentes con ellas.

El hecho de que nosotros ya  sepamos lo que otros transmiten, no nos convierte en propietarios de esa idea (twittealo): solo nos dice que no fuimos capaces de divulgarla tan bien como otros consiguieron (twittealo) .