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Posts Tagged ‘Actitud Positiva’

Cambia De Actitud: Pasa Del “Esque” Al “Ysi”

Lo que sientes depende de a lo que prestas atención. Y si tu atención se va hacia pensamientos negativos, éstos predispondrán tu cuerpo a actuar a la defensiva. Y actuar a la defensiva no siempre está reñido con afrontar una situación de manera eficaz.

Podemos decir que ahí donde tu atención se detenga, condicionará no solamente tus emociones, sino también tus acciones. Y las acciones son lo que te separa de los resultados que quieras obtener: dependiendo de la manera en la que actúes, cambiaras el destino de los acontecimientos para obtener unos resultados u otros.Y tal como piensas, acabarás actuando.

Existe un patrón de pensamiento defensivo muy dañino y limitante a la hora de afrontar ciertas situaciones. Es muy frecuente entre las personas que constantemente buscan una justificación para no tomar decisiones valientes.

Se trata de aquellas personas que siempre tienen un problema por cada solución, en lugar de una solución para cada problema.

Ese patrón de pensamiento se instala y enquista en dos palabras tremendamente paralizantes con las que inician cada frase: “Es que….”

Lo que suele seguir a esas palabras es normalmente un argumento que trata de neutralizar la propuesta recibida. Hagamos un ejemplo:

  • Coach: ¿Cómo sería para ti afrontar ese problema actuando como lo hizo tu adversario?
  • Coachee: Es que a él le favorecieron los árbitros.
  • Coach: ¿Qué hubiera hecho en caso de que no le favorecieran?
  • Coachee: arriesgarse jugándosela a todo o nada.
  • Coach: ¿Te atreverías a jugártela a todo o nada?
  • Coachee: Es que hay que tener suerte para que te salga bien.
  • Coach: ¿Y además de suerte que habría que tener?
  • Coachee: Valentía, pero es que el cementerio está lleno de valientes.
  • Coach: ¿Solo los valientes van al cementerio?
  • Coachee: No, todos acabamos ahí tarde o temprano.
  • Coach: ¿Entonces qué te planeas hacer?
  • Coachee: Es que mi situación no es la misma que la suya….

 

Hand stopping falling dominoes - domino effect

Corta el flujo de tus pensamientos, programando otras frases: Pasa del Esque al Ysi

Es muy complicado sacar del hoyo a personas con este patrón si no entendemos la necesidad de cambiar su enfoque “Es que” con otra entradilla de frase. Como la mente se auto-programa en la medida en la que usa ciertas palabras, es conveniente en ese caso desviar la atención del Coachee en otros aspectos. Se trata de pasar el “Es que…” al “Y si…”. El resultado puede ser sorprendente:

  • Coach: ¿Cómo sería para ti afrontar ese problema actuando como lo hizo tu adversario?
  • Coachee: Es que a él le favorecieron los árbitros.
  • Coach: ¿Y si se diera la casualidad de tener los árbitros a favor, que harías?
  • Coachee: arriesgarme jugándomela a todo o nada.
  • Coach: ¿Te atreverías a jugártela a todo o nada?
  • Coachee: Es que hay que tener suerte para que te salga bien
  • Coach: ¿Y si tuvieras suerte, demos por hecho que la tengas, que otras cosas deberías tener para ganar?
  • Coachee: Fuerza, Constancia y Concentración.
  • Coach: ¿Y si la fuerza la constancia y la concentración fueran características tuyas, que tendrías que haber hecho para lograrlas?
  • Coachee: entrenar sobretodo los movimientos rápidos y de ataque y centrar mi atención en su cintura, y ser capaz de mantener la mirada en sus ojos más tiempo que él.
  • Coach: ¿Entonces qué te planeas hacer?
  • Coachee: voy a entrenar con un compañero estos aspectos.

 

El “Y si” conecta a la persona con resultados positivos, detonando una serie de conexiones neuronales y emocionales que llevan a la personas a moverse hacia el escenario deseado, mientras que el “Es que”, conectando con escenarios negativos y desmotivadores, con mayor frecuencia conecta a la persona con tratar de evitar esas circunstancia. La prioridad de evitar la circunstancia detona una serie de mecanismos biológicos defensivos de “huida”, que alteran la prioridad de la persona, siendo ésta la de preservar su propia condición. La prioridad es protegerse y, desde este enfoque, se pierde toda posibilidad de formular ideas orientadas a afrontar y superar la situación: parece que el “es que” active el cerebro más primitivo, el reptiliano, que toma las riendas de la situación para dirigir comportamientos instintivos de acción-reacción. El “Y si”, sin embargo al facilitar la creación de escenarios deseados, la visualización, parece activar la zona pre-frontal de la corteza del cerebro, haciendo que actuemos desde el neocortex, la parte más evolucionada del cerebro, que gobierna las funciones ejecutivas y decididas.

Obviamente estamos en el campo de las suposiciones, y es que no hay investigación científica que corrobore esta hipótesis, pero:  ¿Y si fuera cierto?

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La Felicidad Es La Ausencia de Deseos… Ahora Bien: ¿Deseas ser Feliz?

Parece que nuestra sociedad ha asumido desde hace unos años la búsqueda de la felicidad como uno de los propósitos existenciales más profundos del ser humano.

¿No será más bien una forma de permanecer sin embargo en la superficie y no afrontar el problema en la raíz?

Y la raíz es que mientras muchos buscan la felicidad, el mundo parece cada vez más sumergido en el sufrimiento: ¿Por qué, si no, tanta búsqueda de felicidad? Quizás el hecho de que vayamos buscando la felicidad sea demostración fehaciente de que estemos instalados más bien en el sufrimiento…

Children flying rainbow kite in the meadow on a blue sky background

Children flying rainbow kite in the meadow on a blue sky background

¿No será entonces la hora de mirar de frente a lo que tenemos y resolverlo en lugar de ir buscando por ahí otra cosa y distraernos de lo que verdaderamente nos aflige?
Mientras muchos hablan de cómo lograr la felicidad: ¿no será cuestión de iniciar a hablar de cómo afrontar y resolver el sufrimiento?

La búsqueda de la felicidad se ha convertido para muchos en una manera de distraerse y entretenerse de sus verdaderos problemas, de no verlos y afrontarlos de una vez: la felicidad es para muchos una forma de huir del sufrimiento sin afrontarlo y resolverlo.

Sin embargo hay una frase de mi compañero Alfonso Alcántara (@yoriento) que explica en el fondo lo que hemos de hacer en lugar de distraernos con contenidos falaces: “Deja de preguntarte cómo te sientes y ponte a organizar y resolver tu vida”.

Si bien esto nos ayude a tener menos sufrimiento, tampoco hemos de dar por hecho que tras hacerlo encontraremos esa ansiada felicidad: porque existen tres creencias sobre la felicidad, estandarizadas y generalizadas entre nosotros, que nos proporcionan más sufrimiento aún:

  1. La Felicidad es una recompensa que se puede encontrar al final de algo y, si lo hacemos bien, podemos encontrarla: ergo, hay que buscar la felicidad.
  2. Hay un camino a la felicidad: por lo tanto tiene que haber un “mapa”, una “receta” que nos diga como lograrla.
  3. La Felicidad es la consecuencia de sumar sensaciones y emociones positivas y agradables.

La creencia de entender a la felicidad como una recompensa al final de un proceso no hace más que incrementar nuestro deseo de encontrarla, lo cual incrementa la percepción y la toma de consciencia de que si la hemos de encontrar, entonces no la tenemos.
Resumido a la esencia, buscar la felicidad solo nos lleva a ser conscientes de que no somos felices. Y esto es tremendamente devastador para nuestras emociones.

En cuanto al segundo aspecto, la receta para la felicidad, también nos aboga al fracaso y malestar: no hay recetas ni prescripciones para la felicidad. Porque ser felices prescinde de resultados, prescinde de ser una consecuencia al final de un camino: porque la felicidad no se encuentra al final de un proceso, sino que surge como actitud desde el interior nuestro y desde la disposición positiva en hacer lo que nos proponemos con naturalidad, aceptación (que no es resignación) y compasión (que no es piedad), sin juicios previos o creencias pre-establecidas al respecto. La felicidad no es un premio que alguien nos otorgue por haber hecho bien las cosas… No proviene de fuera de nosotros. Sino que es una actitud que nosotros podemos mostrar como origen de nuestros actos y de nuestra manera de ver y afrontar el mundo. Depender de factores ajenos o terceras personas para hacernos felices, no hace más que incrementar nuestra sensación de no tener el control de nuestras vidas. Nuestro mundo emocional no será independiente y autónomo para elegir desde el libre albedrío como quiere que esté ordenada su vida: y entonces nuestra vida nunca lograría estar ordenada acorde a lo que nosotros realmente queremos.

Aún así, es cierto que necesitamos emociones para sentirnos vivos: pero hasta la más bonita y positiva se puede convertir en tóxica si no sabemos como gestionarla.

Pensar que la felicidad consiste en la acumulación de sensaciones y emociones positivas, nos lleva juzgar y clasificar si lo que vivimos es bueno o malo para nosotros, en lugar de aceptarlo como algo especial, grandioso, o una oportunidad única para la experiencia y existencia en este planeta. Y acto seguido, ese juicio nos lleva a rechazar las experiencias negativas a favor de las positivas. Lo cual nos lleva a rechazar lo que juzgamos como sufrimiento y perseguir lo que creemos nos proporciona simple y llanamente alegría.

Así es como acabamos por no querer ver y afrontar lo que juzgamos como negativo y, habiéndolo convertido en basura mental, no haremos nada para resolverlo de una vez, corriendo el riesgo de que ese problema, junto con la basura mental que lo acompaña, vuelvan a reiterarse y presentarse en nuestra vida con mayor o menor frecuencia, haciendo que choquemos contra ellos y nos tropecemos nuevamente. La vida nos propondrá nuestros conflictos y problemas no resueltos una y otra vez hasta que los afrontemos de una vez, hasta el final de nuestros días sin que posiblemente nos demos cuenta de estar rodeados de su mal olor por llevarlos puesta una carga en nuestra mochila existencial.

Pensar que la felicidad es el resultado de la acumulación de sensaciones y emociones positiva, nos instalará además en el sufrimiento de la compulsión adictiva por lo bueno: porque no somos conscientes de que las sensaciones y emociones agradables son extremadamente efímeras, lo cual hará que terminado el efecto de una, tratemos de buscar inmediatamente otra en una automatismo adictivo que solo nos hará sentir peor mientras no la encontremos.

Además de adicción, las sensaciones y emociones positivas generan tolerancia: es decir que con el tiempo una persona se acostumbra a ellas y deja de sentirlas tan intensas y especiales, llegando a normalizarlas: lo cual nos lleva a buscar sensaciones cada vez más intensas para salir de esa normalidad que acabamos por confundir nuevamente con la ausencia de felicidad.

La acumulación de sensaciones y emociones negativas solo alimenta el espíritu capitalista de nuestro ego que querrá más y más, y que en este afán se sentirá cada vez peor: no es de extrañar que este hábito, extendido a varios aspectos de la vida, hace que las sociedades capitalistas sean aquellas más “acomodadas en el sufrimiento” y a la vez más refractarias a todo indicio de felicidad, ya que en el afán de buscar más y más, pierden la perspectiva que les permita valorar como especial lo que están acostumbradas a tener como algo simplemente normal y obvio.

En definitiva, psicológicamente hablando, si solo eliminásemos de nosotros el deseo de ser felices, posiblemente logremos serlo. El problema surge cuando establezcamos como estrategia de eliminación, la satisfacción de esos deseos, puesto que nada más satisfacerlos, entonces surgirán otras necesidades, otros deseos que volverán a alimentar la espiral del “capitalismo emocional”.

Situarse en la ausencia del deseo no es fácil ya que corremos el riesgo de no sentirnos vivos y confundir ese estado con una apatía crónica.

Pero aquí viene la pregunta: ¿Se puede vivir sin deseos?
Evidentemente NO. Al igual que es inevitable juzgar las experiencias como buenas o malas, del mismo modo es inevitable vivir sin deseos: el primero de todos, el deseo de vivir, mantenerse y perpetuarse.

¿Entonces, si es imposible no tener deseos, estando al título de este post, es imposibles ser felices?

La cuestión no está tanto en la ausencia de deseos, sino en la ausencia de apego e identificación con esos deseos. Podemos tener deseos, del mismo modo en el que nos podemos dar cuenta de ello, relativizarlo y no aferrarnos a él como si fuera necesario para alcanzar la felicidad. Siempre que nos demos cuenta de que estamos experimentando un deseo y que aferrarnos a él nos provoca malestar, al igual que hacemos con los juicios, podemos volver al estado de ecuanimidad y des-identificarnos de ese deseo para no acabar atrapados en él.

Por ausencia de deseo entendemos entonces tener un “ego de bajo consumo”, centrado en el equilibrio y ecuanimidad como valores principales; en la no dualidad del juicio sobre lo “bueno” y lo “malo” de lo que vivimos; y en el propósito, en su lugar, de encontrar la utilidad existencial a todo lo que nos ocurra.

Lejos de dar recetas y de decirte que hacer para ser feliz, o como tienes que ser feliz, mi propuesta es de convertir el concepto de felicidad en un estado de ausencia de apego a los deseos.

Si a partir de esa ausencia, sigues deseando ser feliz, eso ya será indicador de que el sufrimiento volverá a apoderarse de tu vida, y que posiblemente te estás mintiendo a ti mismo/a nuevamente.

Lo Que Siento Depende De A Lo Que Presto Atención

Practicar la Consciencia Plena o Atención Plena (Mindfulness) permite hallar una serie de conclusiones acerca de cómo usamos nuestra mente y de los hábitos dañinos y poco saludables que solemos adquirir.

Y lo cierto es que la calidad de la vida de una persona depende en definitiva de la calidad de sus pensamientos.

Caras 5La mente es como un gran contenedor donde vertemos gran cantidad de información. Esa información la analizamos consciente o subconscientemente, la juzgamos y, finalmente, la clasificamos archivándola en nuestro “disco duro” en formato de creencias, es decir conclusiones de análisis, razonamientos, o soluciones más prácticas que nos sirven para facilitar nuestro funcionamiento a diario, simplificando nuestra toma de decisiones.

Esas creencias funcionan de criterios que nos permiten rápidamente valorar y sacar nuevas conclusiones de las nuevas experiencias que vivimos todos los días sin tener que volver a analizar toda la información nuevamente. Son economizadores cognitivos que funcionan de idiosincrasias, es decir mecanismos automatizados de funcionamiento que nos permiten tomar decisiones acordes a nuestra experiencia previa.

Esas creencias pueden convertirse en ocasiones, dependiendo de la mayor o menor rigidez que asuman, en verdaderos dogmas y prejuicios que en ocasiones nos llevan a sacar conclusiones excesivamente rápidas e intuitivas, adelantando incluso la vivencia y la experiencia: en base a ellas es posible imaginar el resultado de una decisión o comportamiento sin tener porque ponerlo en práctica y vivirlo directamente.

Pero como todo, este mecanismo puede volverse en nuestra contra dependiendo de la calidad de los pensamientos y creencias que llegamos a forjar y almacenar en nuestras mentes.

Está comprobado que en la medida en la que pongamos “basura” en ese gran contenedor que es la mente, esa misma se llenará de basura y producirá creencias fundamentadas en la basura.

IMG-20141103-00743A fin de cuentas, las personas felices son aquellas que son capaces de llenar su mente de pensamientos ilusionantes, incentivadores y motivadores, así como recuerdos de las partes positivas de sus experiencias: se trata de conclusiones positivas acerca de lo que viven, que les llevarán a actuar y seguir funcionando en la línea que eligieron.

Las personas tristes o con malestar sin embargo, son aquellas que llenan sus mentes con pensamientos preocupantes, fundamentados en el miedo, la evitación, el malestar y las partes negativas de sus experiencias.

Esto nos devuelve a lo útil que puede ser el mindfulness para darnos cuenta de qué tipo de pensamientos y juicios estamos dejando caer en el contenedor de nuestra mente y ser más conscientes de la gran influencia que tienen los mecanismos y procesos de atención en lo que luego se convierte en nuestra disposición, nuestro estado de ánimo y, en definitiva, nuestro bienestar o malestar emocional.

En la medida en que prestemos atención a los aspectos negativos de nuestras vivencias, almacenaremos recuerdos negativos que nos conectarán con estados de ánimo negativos.

En la medida en que hagamos lo contrario, sucederá lo contrario.

La cuestión entonces reside, cuando nos demos cuenta de que estamos experimentando un estado de ánimo negativo, en tomar consciencia de que si nos sentimos mal, será porque estaremos prestando atención a la parte negativa de nuestras vivencias. Pero la parte negativa de nuestras experiencias no es necesariamente toda la vivencia, sino el resultado de un punto de vista, de un análisis sumario que hagamos de esa realidad, desde la perspectiva y actitud de base que usamos para analizarla y sacr conclusiones.

Para superar ese bucle es bueno preguntarse entonces: ¿Si estoy prestando atención a los aspectos negativos, a que otros aspectos diferentes no estoy prestando atención?

En la respuesta a esa pregunta reside la posibilidad de un cambio sustancial de estado de ánimo.

10 Comportamientos Que Te Hacen Feliz

Los lectores de este blog ya saben que la filosofía que se propone es que no hay camino a la felicidad, ni tampoco la felicidad es el camino, sino que la felicidad es el principio, una actitud que nace desde dentro, una intención que impregna todo pensamiento emoción y acción de una persona y que independientemente de los resultados que obtenga, le ayudará a vivir en armonía y equilibrio consigo misma y con su alrededor.

Arco IrisPero, ¿Cuáles son los 10 comportamientos que, practicados día tras día, nos entrenan en esa disposición llamada “Felicidad”?

  1.  Tener Visión de Futuro clara todos los días: un propósito vital por el que vale la pena hacer las cosas.
  2. Realizar todos los días acciones concretas hacia objetivos concretos e inmediatos alineados con esa visión de largo plazo.
  3. Identificar los juicios negativos y darles la vuelta. Entender que el éxito y el fracaso son lo mismo: juicios acerca de resultados, y como tales no son lo que sucede, sino como nosotros podríamos estar viéndolo, por lo que ese punto de vista no estará completo y cuanto menos distorsionado.
  4. Configurar el problema diario más importante como oportunidad de crecimiento, y disponerse a afrontarlo: todo problema representa una oportunidad para mejorar nuestro grado de experiencia y habilidades. Todo tiene una utilidad, otra cosa es que no seamos capaces de verla.
  5. Evaluar las experiencias diarias en una escala positiva por su aportación al crecimiento personal en lugar de juzgarlas negativamente. Es demasiado fácil mirar la parte de inconvenientes, pero esos inconvenientes son el precio que tenemos que estar dispuestos a pagar si de verdad queremos algo. Y si no estamos dispuestos a pagarlo, es que lo deseamos, pero no lo queremos.
  6. Buscar una crítica ajena al día y valorarla como oportunidades de mejora.
  7. Encontrar las oportunidades personales en los beneficios y logros ajenos. Si entendemos que todo beneficio de los demás puede aportarnos un reflejo positivo, dejaremos la envidia de lado y además estaremos dispuestos a ayudarles: esto genera conexiones y sinergias muy útiles.
  8. Ofrecer facilidades incondicionalmente a los demás para el logro de sus objetivos, al menos una vez al día. Sin esperar nada a cambio: disfrutar de que los demás disfruten, lejos de pensar si es a cuesta nuestra.
  9. Tomar una decisión cada día siendo conscientes de estar pagando un precio: estar dispuestos a deshacerse de lo superfluo, aunque parezca importante.
  10. Tener un gesto de cariño y cuidado de los cercanos todos los días: tener claro que ante los reveses de la vida, los que nos darán la última palmadita o el abrazo más sincero, serán personas que se cuentan en los dedos de una mano.

¿Consiste La Felicidad En Hacer Lo Que Uno Quiere?

“La felicidad consiste en hacer lo que uno quiere, que no significa hacer lo que a uno le da la gana”.

Hacer lo que a uno le da la gana es simplemente actuar en base a la voluntad y disposición del momento, desconectados de una línea que otorgue coherencia y sentido a lo que uno hace: en un momento apetece hacer una cosa y se hace; en otro momento apetece hacer lo contrario, y se hace con la misma de cambio. Esa incoherencia, a la larga influye en nuestro estado de ánimos ya que subconcientemente mandamos un mensaje a la mente de que actuamos sin rumbo y que nuestra vida carece de un sentido que vaya más allá del puro edonismo del momento.

La gran mayoría de personas que he atendido aquejadas por infelicidad, suelen situarse en este primer enfoque de vida, mientras que las personas que he podido conocer y de las que he podido comprobar un alto nivel de felicidad, suelen actuar desde otro enfoque vital relacionado con hacer lo que uno quiere, no lo que le da la gana.

La felicidad consiste en hacer lo que uno quiere
Hacer lo que uno quiere tiene que ver con definir claramente cuales con las prioridades y los objetivos de la persona, tener un fin, un propósito, actuar dentro de un marco de valores principios y finalidades por los que tenga sentido cada una de las acciones que la persona emprende. Esto puede suponer que en un momento dado sintamos que “no tengamos ganas” de hacer algo concreto, pero acabaremos motivados en hacerlo porque esa acción cumple con un propósito final claramente definido. También puede que pase que con el tiempo el propósito que inicialmente se defino, ya deje de tener sentido en función de nueva información que la persona adquiera y que cambie de alguna manera su paradigma, es decir el marco de valores y creencias que dan sentido a lo que hace: cambiando entonces el paradigma, posiblemente dejen de tener sentido ciertas acciones y así inicie a actuar de una nueva manera, en todo caso, siempre acorde con ese nuevo marco.

Bien, ser felices tiene que ver actuar bajo este segundo enfoque, teniendo la consciencia de que se está actuando en todo momento desde la libertad y autonomía, teniendo la oportunidad de perfilar lo que uno desea para su vida desde la actitud de auto-determinación en este mundo.

Pero, para lograr ser felices no basta tener claro este propósito, sino también tener claro el hecho de que la acción no tiene porque conducir necesariamente a unos resultados esperados: la felicidad no reside en los resultados, sino en la oportunidad de actuar con el fin de conseguirlos.

De hecho, es muy frecuente que por actuar de una manera, pre-configuremos nuestro universo en base a unas expectativas que surjan de esa intención de actuar, y que nos identifiquemos con esas expectativas hasta fusionarnos con ellas, confundiendo expectativas con acciones, acciones con resultados, resultados con objetivos, objetivos con deseos y deseos con derecho a su disfrute. Tergiversando nuestro propósito e intención inicial, acabaremos actuando sintiendo el derecho de que ocurran ciertas cosas que esperamos o deseamos : ¿Qué pasa entonces si lo que pre-configuramos desde nuestra expectativa acaba por no suceder? ¿Cómo nos sentiremos? ¿Qué haremos desde ese sentir y esa emoción?

Definitivamente es importante concluir y añadir que “La Felicidad consiste en hacer lo que uno quiere, no en conseguir lo que uno desea”.

¿Qué Precio Tiene Tu Felicidad?

Piña con PiñonesNo hay cosa que me pone más alegre contento y feliz que el hecho de encontrarme una Piña llena de Piñones en el suelo, recién caída del árbol.

Y el hecho no es tan usual debido a que el continuo recurrir a árboles estériles en los parques públicos hace esto más difícil, además de ser habitualmente los perros los que pillan estos sabrosos y aromáticos frutos, cuando caen del árbol al suelo, y los reducen a nada.

Portanto tienen que darse una serie de conjunciones astrales importantes para dar con uno de ellos en la ciudad y que esté inmaculado.

Hoy los astros se alinearon de manera especial porque tuvieron que pasar muchas cosas más:

1. Que se me parase  mi coche en el medio de la autovía de casa al trabajo.

2. Que se rompiera el indicador de gasolina haciéndome veer que tenía gasolina mientras no tenía ni una gota.

3. Que pensando en un daño mayor, llamase al servicio en carretera del seguro.

4. Que el seguro me diera por error el teléfono de un taller que según ellos era concertado, pero que en la realidad no es así porque rompieron el acuerdo hace unos meses.

5. Que a la vuelta encontrara un accidente en el tramo opuesto de la autovía que nos paró un tiempo (esto fue determinante porque pasaron algo como 2 horas y media, y probablemente esto dio el tiempo necesario a la piña para que cayera del árbol).

6. Que la grúa dejase el coche en ese taller.

7. Que tuviera que irme a casa en el tranvía, lo cual hizo que de camino entre el taller y la parada, viera esa piña caída en el árbol para mí.

No importa el coche, no importa el dinero que vaya a costar la reparación, no importa la subida de la prima del seguro por el parte, no importan las 2 horas y media del tiempo perdido, no importa que estaré sin coche una semana aproximadamente: todo esto es obvio e inevitable ya. Lo que importa es la piña con los piñones que están en mis manos.

Es que mi felicidad y la ilusión de mi hijo al pasar una tarde rompiendo piñones y comíendolos, no tienen precio.

 

No Sabemos Que Hay Después Pero Sí Que Hay Un Después

No sabemos que hay despues pero si que hay un despues

Carta Abierta a un/a asistente que me dejó una nota muy conmovedora tras la ponencia en las JORNADAS CONCIENCIA ACTIVA , que siente que la tristeza se ha apoderado ella y aún así le da la bienvenida, la acepta y la agradece:

Lo que sientes ha crecido en tí como una articulación más de tu cuerpo: y te es útil para hacer o aprender algo en tu vida.

¿Para que puede servirte esa tristeza?

¿Qué puedes lograr con ella a través de ella? ¿Qué juicios, creencias o valores la causan?

¿Qué otros beneficios obtienes con mantener esos juicios?

¿Cómo puedes mantener esos beneficios y cambiar los juicios?

Aceptar el camino es importante y fundamental como primer paso, pero si solo nos quedamos ahí no haremos más que recrearnos en el sufrimiento que genera. Ahí entonces es cuando se hace merecedor atravesarlo y recorrerlo, estando abiertos a las infinitas posibilidades y lugares de destino que nos brinda.

No se trata de transformar la tristeza en expectativas de un futuro mejor, sino de ser conscientes que el fluir del proceso de la vida pasa por una etapa nueva: una nueva “pantalla”.

No sabemos que hay después, pero sí que hay un después: tanto si  nos quedamos parados, como si decidimos avanzar, hacia él, caminar y seguir adelante.

El primer después ya lo conoscemos.

El otro está por descubrir.