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Coaching y Ciencia: ¿Cómo el Agua y el Aceite?

Una de las señales inequívocas de que el Coaching no es más que una rama de la Psicología es el esmero reciente por parte de algunas asociaciones de buscar su justificación científica y tropezar una vez más con la Psicología como el fundamento científico que en gran parte sostiene las raíces de esta práctica.

Y no es casual que esta práctica, hijastra maltratada por muchos psicólogos que se niegan a considerarla perteneciente a esta disciplina, se ha encontrado en su camino evolutivo ante las mismas críticas que la Psicología de los años 40 del siglo pasado: eran tiempos en que la psicología era poco más que la psicoanálisis y, más allá de la aportación filosófica, las teorías de Freud y Jung iniciaron a tambalear ante las críticas de los defensores del método científico y de la epistemología moderna.

Ahí fue cuando el conductismo puro, no sin defectos estructurales como la visión mecanicista y la casi negación de la importancia de aspectos cognitivos y emocionales, realizó una de las mayores aportaciones históricas a esta disciplina: la posibilidad de medir, estructurar y replicar resultados en laboratorio, hecho que ayudó a que la psicología entrase de una vez en el corpus de las ciencias sociales. Hoy la psicología es una ciencia a todos los efectos, que sigue los estrictos rigores metodológicos de la epistemología Popperiana, las reglas de la estadística psicométrica y la investigación psicosocial.

El coaching nació como práctica fuera del marco académico de la psicología, aunque fundamentado en gran medida por enfoques de intervención derivados de la psicología. Durante unos años el coaching proliferó siendo adoptado por todo tipo de “profesional” que con mayor o menor formación específica, podía colgarse el título de Coach Profesional con relativa facilidad y en plazos menores a lo que supone el estudio de un grado universitario de psicología.

Así fue como el mercado se “plagó” de nuevos gurúes que resucitaron muchas las ramas de la psicología que habían sido descartadas por el estricto control de método científico, y desahuciadas por los mismos psicólogos en un afán “cientista” por ver reconocida a esta disciplina como ciencia.  Gestalt, psicoanálisis, terapia transaccional, teorías del aprendizaje de Piaget, eneagrama, encontraron nuevos adeptos que gracias a buenas labores de marketing y ciertas operaciones de fusión con ideas propias cautivadoras y a la moda, creaban  nuevos modelos de intervención bajo su propia marca personal: hasta Jung revivió bajo el nombre de escuelas y herramientas tecnológicas inspiradas en sus teorías y fundamentadas en el Big Data, para proponer nuevos servicios y productos con algo más de rigor.

Pero el tiempo hizo que las brevas cayeran por su propio peso. En menos de una década el Coaching entra en crisis: ¿Qué hay en cuanto a resultados y beneficios objetivos para un cliente dispuesto a pagar entre 50€ y 250€ / sesión, en la que el coach siquiera asume una posición asimétrica a través de la cual ofrecer un valor añadido, un conocimiento, o una experiencia que en el resto de las profesiones consiste precisamente en la justificación del precio a pagar para esa inversión? ¿Qué hay más allá del marketing de  un supuesto gurú que en sus charlas multitudinarias repite frases “motivacionales” escritas por otros que pasaron a la historia por conseguir algo más que él? ¿Se ha convertido el pagar por coaching en pagar por una nueva forma de filosofía personalizada y al uso?

En ese auge desregulado, llegó un momento en que llegó a llamarse “coaching” casi cualquier cosa que fuera mínimamente asociada a animar, dinamizar y crear algo de engagement: pareció que el coaching se había convertido, como la psicología casi cien años antes, en un territorio donde todo podía valer.

Fue en esos momentos en que los profesionales y asociaciones de coaching se propusieron buscar algo de rigor poniendo el interés en su fundamento científico e impulsando investigaciones sobre ello. Pero es difícil hoy en día hacer ciencia sin estar dentro de un entorno académico: y el coaching precisamente no se encuentra comprendido entre las disciplinas académicas universitarias. El desconocimiento y la falta de experiencia en cuanto a investigación psicométrica hizo que algunos neófitos, desde su ignorancia, simplemente se limitaran utilizar hallazgos de neurociencias y psicología para fundamentar mediante saltos especulativos, sesgados y parciales, unas conclusiones para definir el fundamento científico del coaching, que no pueden sujetarse.

Y la cuestión es que el coaching no puede fundamentarse científicamente porque es un conjunto de estrategias de intervención que no pueden investigarse en su totalidad: habría que investigar cada aplicación, cada herramienta, y cada actuación por separado, teniendo en cuenta a colectivos, edades, sexos, niveles de estudios: habría que contar con muestras amplias, etc.

El coaching nació como enfoque eminentemente práctico, donde el factor “consecución del resultado” era más importante que el factor “validez del método”. Algo parecido a las funciones de un entrenador en un equipo deportivo (de ahí justamente la palabra coach):

¿se imagina el lector a un entrenador de futbol perdiendo el tiempo en buscar las pruebas científicas de sus métodos?  ¿Le pagarían para ello? ¿Cuántos partidos tendrían que esperar en su club para que traiga esas conclusiones? Posiblemente perdería toda la temporada: y el equipo compite para ganar, no para probar demostraciones científicas. Y es más, en el supuesto eventual de ocurrir en  algún hallazgo: ¿Valdría posteriormente ese hallazgo con otros equipos y otras personas? ¿Valdrían para siempre?

La ciencia no es el camino para el coaching, sino lo son los resultados. Y para ello el nivel de cambio y ajustes ha de tener en cuenta un Coach de ser tan elevado y personalizado que es imposible investigarlo con el método científico tradicional, mientras el big data neurofisiológico capaz de ofrecer feed-back y baremos a amplia escala no esté maduro. Seguramente llegaremos a ello en unos años, razón por la cual es posible que el Big Data permita superar los problemas técnicos que llevaron hace años a descartar teorías Jungianas o gestáltica.

De otro modo, buscar la cientificidad en el coaching no es más que una nueva manera de admitir su inclusión dentro de las prácticas profesionales de la psicología, aunque con un nivel de rigor menos estricto que las prácticas clínicas y sanitarias, debido al exhaustivo control que éstas últimas han de pasar por su carácter terapéutico.

Reconocer la pretensión no científica del coaching pero no es razón por la que volver a la práctica del “todo vale”, sino lo contrario, iniciar a asumir que la única ciencia que dota al Coaching de algo de cientificidad es la psicología y la neuropsicología.

Pero aquí surge la gran evidencia reveladora: ¿Qué otra cosa estaría haciendo sino intervención psicológica, un supuesto coach, cuando para ello se justifica en estudios psicológicos y neuropsicológicos? Este hecho, demuestra que el coaching no es más que una manera de practicar intervención psicológica, distinta de la clínica y sanitaria, pero psicología.

 

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Emocionar no es Intervenir en las Emociones

 

Las emociones son el resultado de un proceso cognitivo por el que la información captada por los cinco sentidos se organiza, clasifica y procesa en el sistema cognitivo hasta generar una respuesta. Dicha respuesta consta de tres componentes: pensamientos y juicios, emociones y comportamientos.

La ciencia que se ocupa de estudiar e intervenir en estos procesos es la Psicología. Y los profesionales formalmente cualificados para trabajar con ello son los psicólogos.

Sin embargo el proliferar de constante de técnicas orientadas a emocionar a las personas con el fin de producir cambios en su estado y disposición, está poniendo de manifiesto por parte de cada creador de esas herramientas el otorgarse el derecho a trabajar profesionalmente con dichas técnicas y ejercer como tal en el amplio mundo de las terapias y del crecimiento personal.

Cabe añadir que muchas de esas técnicas, no encuadradas formalmente en el corpus de protocolos testados científicamente, suelen constituir un refrito o refundido de herramientas y estrategias que muchas veces sus creadores han aprendido acudiendo a un psicólogo u observando a psicólogos en acción. Es el caso por ejemplo de la PNL.

saltimbanquiEsta praxis no otorga la ilegitimidad de a trabajar y cobrar por aplicar dichas técnicas, aunque desde un punto de vista ético se agradecería que esas actuaciones sirvieran para testar científicamente su efectividad y, tanto en el caso de no ser efectivas, como en el de no estar todavía testadas, al menos no se especulara con ellas y con su efectividad a través de publicidad engañosa.

Lejos de querer prohibirlas (¿Qué vamos a prohibir si no somos capaces de prohibir el tabaco por intereses comerciales?), quizás la cuestión sea regularlas así como se hace con el tabaco: si fumar mata, y hay que decirlo en el paquete, ¿por qué no decir que esas técnicas no está comprobado que tienen efecto estandarizable a un amplio margen de la población?

Otro opción es no llamarlas terapias. En eso ya han pensado sus creadores, abriéndose al concepto de “Desarrollo Personal”, es decir, un corpus de filosofías y técnicas orientadas a mejorar a la persona y contribuir a su crecimiento humano, partiendo del convencimiento de que la persona no está enferma: no hay diagnóstico, por lo que no hay enfermedad, por lo que no puede haber terapia.

Lo que ocurre bajo este principio es que sin enfermedad  no hay terapia, pero sigue habiendo personas que promocionan la intervención en emociones desde el crecimiento personal. La reflexión y la duda entonces surge espontánea:  ¿para qué tiene que haber intervención en las emociones? ¿para qué es necesario intervenir en una emoción o una creencia “imitante” si o es disfuncional o no causa un malestar en la persona? ¿para qué una emoción que no presenta disfunción , necesita de intervención?

Llegados a ese punto, algunos se esmeran para vender la idea de que los psicólogos solo trabajan la parte clínica, la enfermedad, y afirman que lo otro, la parte sana de la persona, es un territorio de legitima intervención para esas “profesiones”, que en la realidad no son profesiones sino meras estrategias de intervención derivadas en mucha ocasión de alguna corriente de la psicología para ayudar a las personas y contribuir a su crecimiento personal.

Aquí, la cuestión de fondo es que la psicología es la ciencia que estudia e interviene en el comportamiento, la cognición y la emoción humana, sin restricciones. Hay mucha psicología más allá de la clínica, como la deportiva, de las organizaciones, de los grupos (y equipos), perinatal, gerontológica, jurídica, mediación, etc. Relegar la psicología al territorio de la patología es un error conceptual de fondo cuando no representa una clara y maliciosa intención de beneficiarse y especular de manera fraudolenta con ello.

La idea de que los psicólogos trabajan la patología y los profesionales del crecimiento personal trabajan la parte sana de la persona es una mentira. Solo los psicólogos clínicos trabajan con la enfermedad. Luego están otros psicólogos con su propia especialización (trabajo, educación, deoprte, jurídica, etc.), trabajan desde la salud, en el campo en que pretenden ubicarse esas nuevas corrientes.

No nos engañemos: o estamos creando eufemismos para legitimar el intrusismo profesional, o estamos confundiendo emocionar con intervención en emociones.

Capítulo aparte merece la cuestión acerca del Coaching: ¿indicees psicología o no es psicología? ¿tiene que aplicarlo los psicólogos o no? La cuestión en este aspecto es muy clara: el coaching nació como actividad de ayuda a una persona para la consecución de objetivos, basada en un arte dialéctica (ojo, una arte, no una terapia) que es la mayéutica. Un coach tiene la función de ayudar a través de la pregunta a reflexionar y ordenar ideas con el fin de organizar y ejecutar una conducta orientada a un fin. Es la misma persona que decide la conducta y toma las decisiones. El coach solo ayuda a la reflexión, no dictamina, no juzga, evita contaminar el proceso con sus suposiciones. Para ello no hay que ser psicólogos. El problema surge cuando desde el coaching se pretende intervenir en las emociones o bloqueos emocionales de una persona que no logra poner en práctica lo que decide o lo que le gustaría hacer: cuando se inicia a trabajar intencionalmente sobre creencias limitantes, bloqueos emocionales, etc. El mero hecho de intervenir en ese campo representa un “cruzar la línea” del intrusismo profesional.  Y no todos los coaches son conscientes de ello o tienen intereses en mantenerse en su “lado de campo”.   Pero por ello no hemos de demonizar al Coaching como estrategia de intervención.

Que duda cabe que las emociones son un terreno común a todos los seres humanos. Así como los son los estornudos y la gripe. Y que duda cabe que en muchas ocasiones una emoción nueva es capaz de cambiar el estado de una persona y tener efectos terapéuticos: es lo que ocurre con la música, el cine, y el arte en general: provocan emociones que nos sacuden y llegan a tener efectos terapéuticos, pero no tienen la intención directa de “curar” nuestras enfermedades emocionales o disfunciones cognitivas.

Quizá sea hora de aproximar esas técnicas a un arte que simplemente genera entretenimiento y bienestar. Ese entretenimiento puede que tenga efectos terapéuticos, pero de ahí a vender ese producto como terapia hay un salo especulativo que haría caer en el fraude profesional.

Hay personas “adictas” a charlas, libros, videos de desarrollo personal. Les encanta. Pero no por ello encuentran fin a su sufrimiento y malestar, sino que generan una nueva forma más de “entretenimiento”, es decir de distracción del problema, para seguir viviendo o conviviendo con ello sin afrontarlo directamente. Puede que algún día una de esas charlas provoque un salto cuántico en sus emociones y sistemas cognitivos que de repente ponga fin a su malestar, pero no será fruto de la serendipia, no de la acción terapéutica intencionada.

Seamos honestos y éticos, dejemos la intervención sobre las emociones a los psicólogos, y hablemos de arte que emociona para vender esos productos.

¿Cuál es la frontera entre el Coaching y la Intervención Psicológica? 2 Sesiones

Muchos coaches y formadores en coaching, afirman que hacer coaching no es hacer psicología, muchas veces desde el desconocimiento, confundiendo el territorio tan amplio de la psicología con la mera intervención clínica, y desde la falsa creencia de que por psicología solo se entiende la terapia.

En efecto, el coaching no es terapia, pero sí es psicología puesto que trabaja sobre las creencias y las conductas del ser humano, las emociones, y la adquisición o el cambio de hábitos.

¿Entonces como podemos marcar el límite entre lo que es el coaching y la intervención psicológica, o incluso esa modalidad de coaching que solo aplican los psicólogos que se llama “coaching psicológico”?

Linea Roja

En mi opinión esa frontera no existe porque todo coaching es psicología.

Aún así, en el supuesto de quererle “poner puertas al campo”, si tuviera que elegir un elemento suficientemente claro y evidente, como indicador de que se está pasando la delgada línea del coaching ejercido por un no psicólogo, y el coaching ejercido por un psicólogo, o incluso la intervención terapéutica en psicología, me fijaría en el número de sesiones necesarias para generar un cambio de habito o la adquisición de un nuevo hábito por parte del coachee.

Desde este punto de vista, un proceso de coaching que no requiera de la intervención de psicólogo/a debería resultar muy fácil de aplicar, basándose solo en tres o cuatro herramientas cuya aplicación conlleve necesariamente a la obtención de resultados (análisis de situación o rueda de la vida, establecimiento de objetivos o grow, plan de acción, y revisión del plan con preguntas poderosas).

Un coaching ejercido por un no psicólogo no debería implicar dificultades por parte de un cliente para ejecutar un plan de acción adquiriendo los hábitos necesarios o deshaciéndose de aquellos que quiera abandonar: cada sesión debería proceder por su curso sin bloqueos o resistencias por parte del coachee.

En el momento en que hubiese algún bloqueo o resistencia que impida proceder adelante en una sesión o que requiera volver atrás en proceso, o que haga que el proceso se estanque en más de dos sesiones sobre el mismo punto, con el coachee que presenta dificultades para afrontar y superar esa parte del plan de acción, se puede considerar señal más que evidente de la necesidad de tratar ese tema desde el coaching psicológico o incluso desde la intervención psicológica. Y desde luego la conveniencia por parte del cliente de terminar el proceso y cambiar de coach y pasar a un/a coach con perfil psicológico.

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¿Por qué Es Aconsejable Que Un Coach Tenga Formación Específica en Psicología?

Coaching Psicologo

Este no es un post que trata una vez más de hincar el dedo en la tan conocida controversia que ve enfrentados algunos Coaches y otros Psicólogos (cuando esto sucede, ambos suelen tienen mucho en común, sobre todo su intransigencia hacia el otro), sino que trata de sintonizar y armonizar posturas.

Aún admitiendo y siendo muy respetuoso y condescendiente con todos los Coaches que no son psicólogos y con todos los psicólogos que no saben realmente lo que es el Coaching, afirmaré primero que muchos de los problemas surgidos entre Coaches y Psicólogos se deben precisamente al desconocimiento de unos acerca del área de trabajo de los otros.

En todo caso, quizá, usando un lenguaje más propio del Coaching, más que preguntarse un “por que” a este asunto, habría que preguntarse un “para qué” y cambiar la pregunta en: “Para qué es aconsejable que un Coach tenga formación específica en Psicología?

En este post trataré de contestar tanto al “por qué” como al “para qué”.

El “por que” proviene del mismo desconocimiento que desde el mundo del Coaching se tiene acerca de la psicología, confundiendo la psicología (en su más amplio abanico de aplicaciones) con la psicoterapia. En este sentido está claro que el Coaching no es una psicoterapia, pero también es cierto que en el Coaching se trabaja sobre creencias, pensamientos, comportamientos y emociones, ámbitos que siempre han sido territorio de trabajo exclusivo de los psicólogos.

El por qué un Coach debería tener conocimientos de psicología (bastaría con un bienio de formación), reside en el hecho de no ser conscientes muchos Coaches no psicólogos que, aún preguntando, sin decir a una persona lo que tiene que hacer, el Coach acaba influyendo en los procesos psicológicos de un Coachee. Para tomar consciencia de ello bastaría con preguntar a un Coach no psicólogo en base a qué criterios suele elegir hacer una pregunta u otra a su cliente en un momento dado de una sesión: ¿Por qué elige esa pregunta y no otra? ¿Para qué? ¿Con qué finalidad?

La respuesta a esta pregunta delata de manera evidente que el Coach tiene una intención de influir en los procesos psicológicos del cliente, aunque lo haga desde el desconocimiento de qué proceso psicológico se trata y desde la falta de consciencia en ello, aún con toda la buena fe del mundo.

Si por ejemplo nos encontramos ante una situación en el que el Coachee desea alcanzar una objetivo, pero se siente impedido en hacer lo que es preciso que haga para lograrlo, y usamos por ejemplo la pregunta: ¿En qué otras ocasiones fuiste capaz de hacer algo parecido?, desde el enfoque de un Coach no psicólogo es evidente que estamos “animando” al Coachee a encontrar recursos en sí mismo para ver si es capaz de hacerlo; desde el enfoque de un Coach-Psicólogo es evidente que estamos tocando el Consctructo del Empowerment y que, conociendo datos basados en la evidencia investigadora publicada en literatura sobre como es este constructo, de qué manera funciona y que factores lo mueven, un Coach-Psicólogo puede valorar si es el momento adecuado de hacer esa pregunta o, si acaso, plantear otra pregunta: “Qué podrías aprender en caso de intentarlo y fallarlo”, que sin embargo toca el Constructo de la Resiliencia en lugar del Empowerment.

Realmente la cosa no parece tener mucha trascendencia puesto que ningún Coach, siendo o no psicólogo estaría prestando un servicio realmente profesional en el caso de adelantarse al cliente y pensar que es lo que “le viene mejor” en un momento dado, pero sí es importante que conozca la trascendencia de cada una de sus preguntas como para saber al menos qué es lo que está moviendo en el cliente mientras le pregunta.

Y un coach que sin saberlo hace palanca en el constructo del Empowerment en lugar de hacerlo sobre la Resiliencia, es responsable de los procesos que genera en su cliente y no podemos alienar esa responsabilidad en el desconocimiento de las implicaciones que esto tiene para el coachee, para su salud psico-emocional, para su integridad, autoestima y, por qué no, de cara también al servicio por el que el Coach cobra y a su legitimidad ética: como se suele decir, el desconocimiento de la norma no exime a uno de sus propias responsabilidades .

Los que somos Coaches y además Psicólogos nos hemos dado cuenta de la importancia de todo esto en estos años de experiencia: mientras un Coach simplemente hace preguntas para animar la reflexión de su cliente no siendo consciente de qué procesos y mecanismos psicológicos toca, un Coach-psicólogo si es consciente de ello, por lo que puede hacer preguntas acertadas y orientadas al servicio que realmente pretende ofrecer a su cliente y por el que el cliente decide y paga en todo momento.

Es muy importante por estas razones, de un lado sensibilizar a los Coaches que no son psicólogos de las implicaciones que está teniendo su servicio en sus clientes y, por el otro, regular esta actividad para que los programas de Coaching que salgan al mercado tengan en cuenta un mínimo de horas de formación en psicología, orientada a este fin.

A favor de todo esto se presenta muy propicia la propuesta de reforma de los grados universitarios que pretende ejecutar el gobierno de España que vería una reducción del primer grado de tres a dos años: esto permitiría ofrecer una formación básica que podría ser la vía por la que finalmente se regularía la actividad profesional del Coaching mediante un primer bienio de formación básica en psicología y, luego, la especialización que corresponda (Coaching Ejecutivo, Sistémico y de Grupos, Deportivo, De Vida, etc.).

Ahora venimos al “para qué” es aconsejable que los Coaches tuvieran esa formación de base:

– Para mejorar la eficacia de los protocolos de intervención.
– Para unificar prestaciones de servicio bajo criterios más homologables en el mercado.
– Para garantizar un servicio más profundo y preciso a sus clientes y un feed-back más profesionalizado.
– Para elevar su categoría profesional y finalmente igualarla a nivel institucional a la de un psicólogo.
– Para eliminar de una vez el enfrentamiento que ve a Coaches y Psicólogos separados y considerando sus servicios como excluyentes y en antítesis, siendo profesionales que trabajan en ámbitos que han de entenderse como totalmente complementarios.

A fin de cuentas, todos saldríamos ganando.

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¿Quieres Un Proceso de Coaching Gratis Conmigo? – Öptima Coaching Te Lo Regala

Banner Optima

Querido/a amigo/a, me complace informarte de que la empresa Öptima Coaching sorteará un proceso de Coaching Gratuito entre las personas que se suscriban a su newsletter semanal a lo largo de este mes.

Yo mismo seré quien ejecutará directamente el proceso con el ganador/a.

El 31 de Marzo conoceremos el ganador/a que podría ser una de las personas que reciban este mail.

Para participar al sorteo habrá que seguir el procedimiento a continuación:

Ir al a página optimacoaching.es

  1. Buscar entre los Slides de portada aquel que menciona el Sorteo del Coaching
  2. Poner el Correo Electrónico en la ventanita de ese Slide para suscribirse al boletín
  3. El sorteo será público y se realizará el 31 de Marzo a partir de las 13 horas en el CEEIM (Murcia).

Para más información puedes contactar con info@optimacoaching.es / @robcrobu (twitter).

Muchas Gracias por tu atención.

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Como Reconocer y Diferenciar El Coaching De Otras Prácticas: Entrevista A Salva Gálvez

saLVA10Salva Gálvez es Escritor, Coach Profesional, Trainer PNL por la International Trainers Academy (J. Grinder) y CoDirector del Curso de Coaching Profesional de la Universidad de Murcia. Ha sido el fundador de la Asociación de Profesionales del Coaching en la Región de Murcia (APROCORM) y su Presidente durante 7 años (2007-2013). Es propietario de la Escuela de Coaching de la Región de Murcia (ECOREM) y de la Escuela Española de Programación NeuroLingüística (ESPNL). Es el creador de la metodología DCH 7 Fortalezas aplicada a PNL, basada en su libro “Los Panes y Los Peces, La Llave de un Mundo de Infinitas Posibilidades”. Se puede contactar con él a través de su web: www.salvagalvez.com

RC: Estamos asistiendo en los últimos tiempos a una progresiva “transformación” del concepto de Coaching, que parece aplicarse a todo, casi olvidándonos de sus orígenes, finalidades y ámbitos de intervención. ¿Se trata de una verdadera transformación de la profesión o es más bien una confusión debido al uso impropio del término?

SG: Respondiendo a tu pregunta, el Coaching sólo puede transformarse como profesión desde las Asociaciones Profesionales de Coaching, todo lo que haya fuera de las mismas lo podrán denominar Coaching pero no es tal. Por eso, a mi me gusta hablar de Coaching Profesional para referirme al Coaching como profesión, que en la Región de Murcia está representado por el colectivo APROCORM al que pertenezco (Asociación Profesional del Coaching en la Región de Murcia). Así que para saber qué es Coaching y para contar con verdaderos profesionales hay que ir a encontrarlos en Entidades exclusivamente profesionales. En el caso de APROCORM hablamos de una Entidad cuyos estatutos están depositados en el Registro de Entidades Empresariales y Profesionales de la Dirección General de Trabajo de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia.

RC: ¿Cómo influyen en esto los programas de televisión que hacen uso de este término? ¿Podemos considerar a “El Hermano Mayor” como una forma de hacer Coaching?

SG:La televisión en programas “estrella” tipo “Hermano Mayor”, “La Voz”, “Ajuste de Cuentas” y otros está ofreciendo al Coaching una publicidad impagable, por un lado, y por otro, distorsionan lo que realmente significa “Coaching” en cuanto a metodología y forma de aplicarse. A veces, se le llama Coach a figuras que nada tienen que ver con lo que haría un Coach Profesional, como es el caso del Programa “La Voz”. Me consta que son los propios Coaches del Progama “La Voz” los que, en ocasiones, han acudido a profesionales del Coaching para conocer la metodología real del Coaching.

En el caso del conocido Programa “Hermano Mayor”, es un Programa Social que ha sido importado de Estados Unidos. Creo que fui el primer profesional en introducirlo en España, ya que hacia los años 1996 hasta 1998 aproximadamente, antes que aqui se tuviera una cierta conciencia social de lo que era el Coaching, presenté subvención a la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia y me fue concedida durante años sobre un programa “Hermano Mayor” que copié del formato americano que aparecía en una serie de TV americana “Cosas de Casa” (la del famoso protagonista Steve Urkel) y, en absoluto, se trata de Coaching, puesto que aunque es un acompañamiento, el “Hermano Mayor” ejerce una cierta autoridad moral sobre el adolescente, donde el consejo o asesoramiento forma parte de la metodología.

RC: ¿La espectacularización del coaching en la tele (pero también podríamos hablar de la psicología con programas como “Supernanny” hacen bien a la práctica profesional? ¿No estarán “vendiendo a la sociedad” unas expectativas que luego no necesariamente se cumplan en un proceso real?

SG: Creo que toda la publicidad gratuita y masiva que se haga hacia las profesiones de ayuda, para mí, ha de ser bienvenida, porque resultaría muy difícil conseguir ese efecto de otro modo.

Todo tiene una cara y una cruz, quiero quedarme con el hecho de que las personas, los ciudadanos, por fin, gracias a estos programas están tomando conciencia de que cuando tienen problemas serios, cuando han de tomar decisiones muy complicadas, o hacer determinados cambios en su vida, pueden acudir a profesionales cualificados que les ayuden en esos procesos, ya sea un coach o un psicólogo, en función de la tipología del asunto.

Otra cosa es la preparación de los profesionales, que en el caso del Coaching, debe hacerse, a mi juicio, a través de las Universidades para garantizar que los mismos dispondrán de las herramientas y conocimientos precisos. Como Director de la Escuela de Coaching de la Región de Murcia desde 2006, mi responsabilidad en este sentido me llevó a realizar un Convenio con la Universidad de Murcia para impartir los Cursos desde dicho ámbito.

RC: El Coaching siempre se caracterizó como una disciplina orientada al desarrollo del potencial de la persona, muy marcadamente alejada de la intención de intervenir en el estado de “salud” (físico o psicológico) de la persona. Sin embargo últimamente se está hablando incluso de “Coaching para la Salud”: ¿Cómo debemos interpretar esto? ¿Es asumible o es que se han tergiversado las bases más profundas del Coaching?  

SG: No existe dentro del Coaching Profesional un Coaching para la Salud, puesto que se trataría de una injerencia en el ámbito de otras profesiones. Si una persona no está sana debe ir a un médico o a un terapeuta. Otra cosa diferente es que el cliente quiera tomar conciencia y acción sobre un determinado estilo de vida que no es sano para cambiarlo por un estilo de vida sano en un plazo determinado. En este sentido sí que puede intervenir un Coach de Vida (Life Coaching) sobre la potencialidad del ser humano para desempeñar conductas más sanas a través del correspondiente plan de acción.

Las bases profundas del Coaching centradas en el desarrollo del potencial humano y la no imposición de contenidos siguen muy presentes, al menos desde las Asociaciones Profesionales, precisamente para marcar muy bien la diferencia con otras profesiones.

RC: El Coaching siempre se ha desmarcado de la terapia. El Coaching no es terapia. Sin embargo, últimamente hay quien se tilda de “Terapeuta” y “Coach” a la vez: ¿Es compatible una cosa con otra? ¿Se puede hacer terapia y coaching a la vez con una misma persona, o es que se está practicando otra cosa y usando impropiamente este término?

SG: Si hay algo que se ha dejado claro desde el comienzo en la metodología coaching es que NO ES TERAPIA. El coaching no entra en las causas, ni se dirige hacia el pasado. Si un cliente necesitara hacerlo para establecer una adecuada comprensión de su presente, o para la resolución de un trauma, el Coach ha de derivarle a un profesional de la psicología.

En cuanto a las personas que se tildan de “Terapeuta y Coach”, realizo las siguientes reflexiones:  1.   Que están siendo incongruentes puesto que son disciplinas absolutamente diferenciadas. 2.   Que aunque digan que ellos diferencian cuándo hacen terapia y cuándo hacen coaching, están llevando a confusión al cliente respecto a la aplicación de metodologías tan diferenciadas. 3.     Que un experto en marketing jamás aconsejaría a un profesional que se tildara como “Terapeuta y Coach” precisamente por la confusión a la que se induce al cliente. Personalmente yo jamás iría a un “Terapeuta y Coach” sino que iré a un Psicólogo cuando necesite a un Psicólogo y a un Coach cuando necesite un Coach.

Entiendo que un Terapeuta pueda utilizar el coaching como metodología en su trabajo en relación a la forma de hacer preguntas y conducir una conversación, pero un Terapeuta hace terapia no coaching. Entiendo que el trabajo del Coach pueda tener efectos terapéuticos pero el Coach hace coaching no terapia. Personalmente creo que quien se define como Terapeuta y Coach tiene un conflicto interno que debería resolver acerca de su vocación profesional y que tiene que ver con una cierta inseguridad y un injustificado miedo a la pobreza.

Coaching Emprendedor: No Apuestes En Tus Ideas, Por Muy Brillantes Que Sean…

¿Tienes una idea de negocio innovadora?

¿Cuánto crees que vale?

¿Qué vas a hacer para ponerla en práctica?

¿Tienes miedo que te la copien?

¿Qué vas a hacer para que no te la copien?, o mejor dicho: ¿Qué vas a hacer a partir del momento en que estén copiadas? ¿Cómo tienes previsto llevar tu negocio a partir de entonces?

Porque si quieres que nadie te la copie, entonces más valga que no apuestes por ella: ver satisfecho el deseo de no ser copiado, significa necesariamente que esa idea no valdrá la pena para nadie y solo lo valdrá para ti. Si nadie ve un beneficio en esa idea, es muy difícil que tu entonces lo encuentres.

Ideas RobadasNadie copia ideas que no valgan. O mejor dicho, si quieres que no te copien una idea, entonces trata de que sea la peor idea del mundo.

Por otro lado, el mero hecho de que tu idea tenga valor, será la mera demostración de que comiencen a copiarla.

Del mismo modo, no renuncies a una idea de negocio justo porque otros ya la pusieron en marcha. De esta manera, en una ciudad solo habría una panadería y a nade se le ocurriría abrir otra.

No se trata de lo que haces, sino de que quieras hacerlo estando dispuesto a ser el mejor u ofrecer un producto/ servicio mejor que la competencia.

Otra cosa es que no te creas capaz de conseguirlo, entonces este no es tu partido y esta no es tu liga.

Una de las mayores falacias es pensar que las ideas nos pertenecen. Y cuando creemos que son brillantes, más aún. Y si son de negocios, entonces entramos en fibrilación para ponerlas en marcha y para que los demás no nos copien.

Muchos emprendedores y empresarios siguen en continua búsqueda de la “idea innovadora” para poner en marcha algo que la competencia no tiene, o que nadie esté haciendo, descuidando pero la pregunta de si alguien lo está pidiendo o demandando.

Si ofreces algo que los demás no hacen, será algo desconocido que te costará horrores dar a conocer. Y en el momento en que lo des a conocer, no tendrás otro remedio que exponerte ante la competencia. La idea entonces ya dejará de pertenecerte.

Las ideas son lo más fácil de copiar. Mejor dicho, serán lo que más fácil y rápidamente te copiarán. Y entonces, desposeído de algo que creías tuyo, iniciarás a quejarte de los que “te copian” y de lo malos que son, por no querer asumir tu error en haberte equivocado de estrategia. Por no asumir que ellos lo hacen mejor que tú. Que han aprovechado una idea tuya para conseguir lo que desde luego no es tuyo ni lo era antes ni lo será: sus resultados.

Lo mejor es apostar en algo que no te copiaran con tanta facilidad. Algo tuyo, que forma parte de ti y que hace que todo lo demás resulte ser una mera imitación. Tu estilo, tu esencia. Tu valor diferencial. Te buscarán porque ofreces algo que muchos ofrecen, pero te contratarán por los detalles, tus detalles, por tu valor añadido, por darles lo que tienes y de la manera en que lo haces.

¿Por qué entonces debería funcionar una película de Hollywood sobre una historia tan conocida como Caperucita Roja, King kong o como el Hombre Lobo, habiendo ya un libro sobre ello y otras películas hechas previamente?

El secreto no está en lo que ofreces sino en cómo haces lo que ofreces y, más aún, en como lo ofreces.

Cuídate tú para cuidar tu negocio. No cometas el error de muchos emprendedores que acaban tan enamorados de “sus ideas” como para volcarse totalmente en ellas descuidando lo que es más importante para venderlas, que es el entusiasmo con el que demuestran al mundo que son los mejores en ponerlas en práctica.

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