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Emocionar no es Intervenir en las Emociones

 

Las emociones son el resultado de un proceso cognitivo por el que la información captada por los cinco sentidos se organiza, clasifica y procesa en el sistema cognitivo hasta generar una respuesta. Dicha respuesta consta de tres componentes: pensamientos y juicios, emociones y comportamientos.

La ciencia que se ocupa de estudiar e intervenir en estos procesos es la Psicología. Y los profesionales formalmente cualificados para trabajar con ello son los psicólogos.

Sin embargo el proliferar de constante de técnicas orientadas a emocionar a las personas con el fin de producir cambios en su estado y disposición, está poniendo de manifiesto por parte de cada creador de esas herramientas el otorgarse el derecho a trabajar profesionalmente con dichas técnicas y ejercer como tal en el amplio mundo de las terapias y del crecimiento personal.

Cabe añadir que muchas de esas técnicas, no encuadradas formalmente en el corpus de protocolos testados científicamente, suelen constituir un refrito o refundido de herramientas y estrategias que muchas veces sus creadores han aprendido acudiendo a un psicólogo u observando a psicólogos en acción. Es el caso por ejemplo de la PNL.

saltimbanquiEsta praxis no otorga la ilegitimidad de a trabajar y cobrar por aplicar dichas técnicas, aunque desde un punto de vista ético se agradecería que esas actuaciones sirvieran para testar científicamente su efectividad y, tanto en el caso de no ser efectivas, como en el de no estar todavía testadas, al menos no se especulara con ellas y con su efectividad a través de publicidad engañosa.

Lejos de querer prohibirlas (¿Qué vamos a prohibir si no somos capaces de prohibir el tabaco por intereses comerciales?), quizás la cuestión sea regularlas así como se hace con el tabaco: si fumar mata, y hay que decirlo en el paquete, ¿por qué no decir que esas técnicas no está comprobado que tienen efecto estandarizable a un amplio margen de la población?

Otro opción es no llamarlas terapias. En eso ya han pensado sus creadores, abriéndose al concepto de “Desarrollo Personal”, es decir, un corpus de filosofías y técnicas orientadas a mejorar a la persona y contribuir a su crecimiento humano, partiendo del convencimiento de que la persona no está enferma: no hay diagnóstico, por lo que no hay enfermedad, por lo que no puede haber terapia.

Lo que ocurre bajo este principio es que sin enfermedad  no hay terapia, pero sigue habiendo personas que promocionan la intervención en emociones desde el crecimiento personal. La reflexión y la duda entonces surge espontánea:  ¿para qué tiene que haber intervención en las emociones? ¿para qué es necesario intervenir en una emoción o una creencia “imitante” si o es disfuncional o no causa un malestar en la persona? ¿para qué una emoción que no presenta disfunción , necesita de intervención?

Llegados a ese punto, algunos se esmeran para vender la idea de que los psicólogos solo trabajan la parte clínica, la enfermedad, y afirman que lo otro, la parte sana de la persona, es un territorio de legitima intervención para esas “profesiones”, que en la realidad no son profesiones sino meras estrategias de intervención derivadas en mucha ocasión de alguna corriente de la psicología para ayudar a las personas y contribuir a su crecimiento personal.

Aquí, la cuestión de fondo es que la psicología es la ciencia que estudia e interviene en el comportamiento, la cognición y la emoción humana, sin restricciones. Hay mucha psicología más allá de la clínica, como la deportiva, de las organizaciones, de los grupos (y equipos), perinatal, gerontológica, jurídica, mediación, etc. Relegar la psicología al territorio de la patología es un error conceptual de fondo cuando no representa una clara y maliciosa intención de beneficiarse y especular de manera fraudolenta con ello.

La idea de que los psicólogos trabajan la patología y los profesionales del crecimiento personal trabajan la parte sana de la persona es una mentira. Solo los psicólogos clínicos trabajan con la enfermedad. Luego están otros psicólogos con su propia especialización (trabajo, educación, deoprte, jurídica, etc.), trabajan desde la salud, en el campo en que pretenden ubicarse esas nuevas corrientes.

No nos engañemos: o estamos creando eufemismos para legitimar el intrusismo profesional, o estamos confundiendo emocionar con intervención en emociones.

Capítulo aparte merece la cuestión acerca del Coaching: ¿indicees psicología o no es psicología? ¿tiene que aplicarlo los psicólogos o no? La cuestión en este aspecto es muy clara: el coaching nació como actividad de ayuda a una persona para la consecución de objetivos, basada en un arte dialéctica (ojo, una arte, no una terapia) que es la mayéutica. Un coach tiene la función de ayudar a través de la pregunta a reflexionar y ordenar ideas con el fin de organizar y ejecutar una conducta orientada a un fin. Es la misma persona que decide la conducta y toma las decisiones. El coach solo ayuda a la reflexión, no dictamina, no juzga, evita contaminar el proceso con sus suposiciones. Para ello no hay que ser psicólogos. El problema surge cuando desde el coaching se pretende intervenir en las emociones o bloqueos emocionales de una persona que no logra poner en práctica lo que decide o lo que le gustaría hacer: cuando se inicia a trabajar intencionalmente sobre creencias limitantes, bloqueos emocionales, etc. El mero hecho de intervenir en ese campo representa un “cruzar la línea” del intrusismo profesional.  Y no todos los coaches son conscientes de ello o tienen intereses en mantenerse en su “lado de campo”.   Pero por ello no hemos de demonizar al Coaching como estrategia de intervención.

Que duda cabe que las emociones son un terreno común a todos los seres humanos. Así como los son los estornudos y la gripe. Y que duda cabe que en muchas ocasiones una emoción nueva es capaz de cambiar el estado de una persona y tener efectos terapéuticos: es lo que ocurre con la música, el cine, y el arte en general: provocan emociones que nos sacuden y llegan a tener efectos terapéuticos, pero no tienen la intención directa de “curar” nuestras enfermedades emocionales o disfunciones cognitivas.

Quizá sea hora de aproximar esas técnicas a un arte que simplemente genera entretenimiento y bienestar. Ese entretenimiento puede que tenga efectos terapéuticos, pero de ahí a vender ese producto como terapia hay un salo especulativo que haría caer en el fraude profesional.

Hay personas “adictas” a charlas, libros, videos de desarrollo personal. Les encanta. Pero no por ello encuentran fin a su sufrimiento y malestar, sino que generan una nueva forma más de “entretenimiento”, es decir de distracción del problema, para seguir viviendo o conviviendo con ello sin afrontarlo directamente. Puede que algún día una de esas charlas provoque un salto cuántico en sus emociones y sistemas cognitivos que de repente ponga fin a su malestar, pero no será fruto de la serendipia, no de la acción terapéutica intencionada.

Seamos honestos y éticos, dejemos la intervención sobre las emociones a los psicólogos, y hablemos de arte que emociona para vender esos productos.

¿Cuál es la frontera entre el Coaching y la Intervención Psicológica? 2 Sesiones

Muchos coaches y formadores en coaching, afirman que hacer coaching no es hacer psicología, muchas veces desde el desconocimiento, confundiendo el territorio tan amplio de la psicología con la mera intervención clínica, y desde la falsa creencia de que por psicología solo se entiende la terapia.

En efecto, el coaching no es terapia, pero sí es psicología puesto que trabaja sobre las creencias y las conductas del ser humano, las emociones, y la adquisición o el cambio de hábitos.

¿Entonces como podemos marcar el límite entre lo que es el coaching y la intervención psicológica, o incluso esa modalidad de coaching que solo aplican los psicólogos que se llama “coaching psicológico”?

Linea Roja

En mi opinión esa frontera no existe porque todo coaching es psicología.

Aún así, en el supuesto de quererle “poner puertas al campo”, si tuviera que elegir un elemento suficientemente claro y evidente, como indicador de que se está pasando la delgada línea del coaching ejercido por un no psicólogo, y el coaching ejercido por un psicólogo, o incluso la intervención terapéutica en psicología, me fijaría en el número de sesiones necesarias para generar un cambio de habito o la adquisición de un nuevo hábito por parte del coachee.

Desde este punto de vista, un proceso de coaching que no requiera de la intervención de psicólogo/a debería resultar muy fácil de aplicar, basándose solo en tres o cuatro herramientas cuya aplicación conlleve necesariamente a la obtención de resultados (análisis de situación o rueda de la vida, establecimiento de objetivos o grow, plan de acción, y revisión del plan con preguntas poderosas).

Un coaching ejercido por un no psicólogo no debería implicar dificultades por parte de un cliente para ejecutar un plan de acción adquiriendo los hábitos necesarios o deshaciéndose de aquellos que quiera abandonar: cada sesión debería proceder por su curso sin bloqueos o resistencias por parte del coachee.

En el momento en que hubiese algún bloqueo o resistencia que impida proceder adelante en una sesión o que requiera volver atrás en proceso, o que haga que el proceso se estanque en más de dos sesiones sobre el mismo punto, con el coachee que presenta dificultades para afrontar y superar esa parte del plan de acción, se puede considerar señal más que evidente de la necesidad de tratar ese tema desde el coaching psicológico o incluso desde la intervención psicológica. Y desde luego la conveniencia por parte del cliente de terminar el proceso y cambiar de coach y pasar a un/a coach con perfil psicológico.

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¿Por qué Es Aconsejable Que Un Coach Tenga Formación Específica en Psicología?

Coaching Psicologo

Este no es un post que trata una vez más de hincar el dedo en la tan conocida controversia que ve enfrentados algunos Coaches y otros Psicólogos (cuando esto sucede, ambos suelen tienen mucho en común, sobre todo su intransigencia hacia el otro), sino que trata de sintonizar y armonizar posturas.

Aún admitiendo y siendo muy respetuoso y condescendiente con todos los Coaches que no son psicólogos y con todos los psicólogos que no saben realmente lo que es el Coaching, afirmaré primero que muchos de los problemas surgidos entre Coaches y Psicólogos se deben precisamente al desconocimiento de unos acerca del área de trabajo de los otros.

En todo caso, quizá, usando un lenguaje más propio del Coaching, más que preguntarse un “por que” a este asunto, habría que preguntarse un “para qué” y cambiar la pregunta en: “Para qué es aconsejable que un Coach tenga formación específica en Psicología?

En este post trataré de contestar tanto al “por qué” como al “para qué”.

El “por que” proviene del mismo desconocimiento que desde el mundo del Coaching se tiene acerca de la psicología, confundiendo la psicología (en su más amplio abanico de aplicaciones) con la psicoterapia. En este sentido está claro que el Coaching no es una psicoterapia, pero también es cierto que en el Coaching se trabaja sobre creencias, pensamientos, comportamientos y emociones, ámbitos que siempre han sido territorio de trabajo exclusivo de los psicólogos.

El por qué un Coach debería tener conocimientos de psicología (bastaría con un bienio de formación), reside en el hecho de no ser conscientes muchos Coaches no psicólogos que, aún preguntando, sin decir a una persona lo que tiene que hacer, el Coach acaba influyendo en los procesos psicológicos de un Coachee. Para tomar consciencia de ello bastaría con preguntar a un Coach no psicólogo en base a qué criterios suele elegir hacer una pregunta u otra a su cliente en un momento dado de una sesión: ¿Por qué elige esa pregunta y no otra? ¿Para qué? ¿Con qué finalidad?

La respuesta a esta pregunta delata de manera evidente que el Coach tiene una intención de influir en los procesos psicológicos del cliente, aunque lo haga desde el desconocimiento de qué proceso psicológico se trata y desde la falta de consciencia en ello, aún con toda la buena fe del mundo.

Si por ejemplo nos encontramos ante una situación en el que el Coachee desea alcanzar una objetivo, pero se siente impedido en hacer lo que es preciso que haga para lograrlo, y usamos por ejemplo la pregunta: ¿En qué otras ocasiones fuiste capaz de hacer algo parecido?, desde el enfoque de un Coach no psicólogo es evidente que estamos “animando” al Coachee a encontrar recursos en sí mismo para ver si es capaz de hacerlo; desde el enfoque de un Coach-Psicólogo es evidente que estamos tocando el Consctructo del Empowerment y que, conociendo datos basados en la evidencia investigadora publicada en literatura sobre como es este constructo, de qué manera funciona y que factores lo mueven, un Coach-Psicólogo puede valorar si es el momento adecuado de hacer esa pregunta o, si acaso, plantear otra pregunta: “Qué podrías aprender en caso de intentarlo y fallarlo”, que sin embargo toca el Constructo de la Resiliencia en lugar del Empowerment.

Realmente la cosa no parece tener mucha trascendencia puesto que ningún Coach, siendo o no psicólogo estaría prestando un servicio realmente profesional en el caso de adelantarse al cliente y pensar que es lo que “le viene mejor” en un momento dado, pero sí es importante que conozca la trascendencia de cada una de sus preguntas como para saber al menos qué es lo que está moviendo en el cliente mientras le pregunta.

Y un coach que sin saberlo hace palanca en el constructo del Empowerment en lugar de hacerlo sobre la Resiliencia, es responsable de los procesos que genera en su cliente y no podemos alienar esa responsabilidad en el desconocimiento de las implicaciones que esto tiene para el coachee, para su salud psico-emocional, para su integridad, autoestima y, por qué no, de cara también al servicio por el que el Coach cobra y a su legitimidad ética: como se suele decir, el desconocimiento de la norma no exime a uno de sus propias responsabilidades .

Los que somos Coaches y además Psicólogos nos hemos dado cuenta de la importancia de todo esto en estos años de experiencia: mientras un Coach simplemente hace preguntas para animar la reflexión de su cliente no siendo consciente de qué procesos y mecanismos psicológicos toca, un Coach-psicólogo si es consciente de ello, por lo que puede hacer preguntas acertadas y orientadas al servicio que realmente pretende ofrecer a su cliente y por el que el cliente decide y paga en todo momento.

Es muy importante por estas razones, de un lado sensibilizar a los Coaches que no son psicólogos de las implicaciones que está teniendo su servicio en sus clientes y, por el otro, regular esta actividad para que los programas de Coaching que salgan al mercado tengan en cuenta un mínimo de horas de formación en psicología, orientada a este fin.

A favor de todo esto se presenta muy propicia la propuesta de reforma de los grados universitarios que pretende ejecutar el gobierno de España que vería una reducción del primer grado de tres a dos años: esto permitiría ofrecer una formación básica que podría ser la vía por la que finalmente se regularía la actividad profesional del Coaching mediante un primer bienio de formación básica en psicología y, luego, la especialización que corresponda (Coaching Ejecutivo, Sistémico y de Grupos, Deportivo, De Vida, etc.).

Ahora venimos al “para qué” es aconsejable que los Coaches tuvieran esa formación de base:

– Para mejorar la eficacia de los protocolos de intervención.
– Para unificar prestaciones de servicio bajo criterios más homologables en el mercado.
– Para garantizar un servicio más profundo y preciso a sus clientes y un feed-back más profesionalizado.
– Para elevar su categoría profesional y finalmente igualarla a nivel institucional a la de un psicólogo.
– Para eliminar de una vez el enfrentamiento que ve a Coaches y Psicólogos separados y considerando sus servicios como excluyentes y en antítesis, siendo profesionales que trabajan en ámbitos que han de entenderse como totalmente complementarios.

A fin de cuentas, todos saldríamos ganando.

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¿Quieres Un Proceso de Coaching Gratis Conmigo? – Öptima Coaching Te Lo Regala

Banner Optima

Querido/a amigo/a, me complace informarte de que la empresa Öptima Coaching sorteará un proceso de Coaching Gratuito entre las personas que se suscriban a su newsletter semanal a lo largo de este mes.

Yo mismo seré quien ejecutará directamente el proceso con el ganador/a.

El 31 de Marzo conoceremos el ganador/a que podría ser una de las personas que reciban este mail.

Para participar al sorteo habrá que seguir el procedimiento a continuación:

Ir al a página optimacoaching.es

  1. Buscar entre los Slides de portada aquel que menciona el Sorteo del Coaching
  2. Poner el Correo Electrónico en la ventanita de ese Slide para suscribirse al boletín
  3. El sorteo será público y se realizará el 31 de Marzo a partir de las 13 horas en el CEEIM (Murcia).

Para más información puedes contactar con info@optimacoaching.es / @robcrobu (twitter).

Muchas Gracias por tu atención.

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Como Reconocer y Diferenciar El Coaching De Otras Prácticas: Entrevista A Salva Gálvez

saLVA10Salva Gálvez es Escritor, Coach Profesional, Trainer PNL por la International Trainers Academy (J. Grinder) y CoDirector del Curso de Coaching Profesional de la Universidad de Murcia. Ha sido el fundador de la Asociación de Profesionales del Coaching en la Región de Murcia (APROCORM) y su Presidente durante 7 años (2007-2013). Es propietario de la Escuela de Coaching de la Región de Murcia (ECOREM) y de la Escuela Española de Programación NeuroLingüística (ESPNL). Es el creador de la metodología DCH 7 Fortalezas aplicada a PNL, basada en su libro “Los Panes y Los Peces, La Llave de un Mundo de Infinitas Posibilidades”. Se puede contactar con él a través de su web: www.salvagalvez.com

RC: Estamos asistiendo en los últimos tiempos a una progresiva “transformación” del concepto de Coaching, que parece aplicarse a todo, casi olvidándonos de sus orígenes, finalidades y ámbitos de intervención. ¿Se trata de una verdadera transformación de la profesión o es más bien una confusión debido al uso impropio del término?

SG: Respondiendo a tu pregunta, el Coaching sólo puede transformarse como profesión desde las Asociaciones Profesionales de Coaching, todo lo que haya fuera de las mismas lo podrán denominar Coaching pero no es tal. Por eso, a mi me gusta hablar de Coaching Profesional para referirme al Coaching como profesión, que en la Región de Murcia está representado por el colectivo APROCORM al que pertenezco (Asociación Profesional del Coaching en la Región de Murcia). Así que para saber qué es Coaching y para contar con verdaderos profesionales hay que ir a encontrarlos en Entidades exclusivamente profesionales. En el caso de APROCORM hablamos de una Entidad cuyos estatutos están depositados en el Registro de Entidades Empresariales y Profesionales de la Dirección General de Trabajo de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia.

RC: ¿Cómo influyen en esto los programas de televisión que hacen uso de este término? ¿Podemos considerar a “El Hermano Mayor” como una forma de hacer Coaching?

SG:La televisión en programas “estrella” tipo “Hermano Mayor”, “La Voz”, “Ajuste de Cuentas” y otros está ofreciendo al Coaching una publicidad impagable, por un lado, y por otro, distorsionan lo que realmente significa “Coaching” en cuanto a metodología y forma de aplicarse. A veces, se le llama Coach a figuras que nada tienen que ver con lo que haría un Coach Profesional, como es el caso del Programa “La Voz”. Me consta que son los propios Coaches del Progama “La Voz” los que, en ocasiones, han acudido a profesionales del Coaching para conocer la metodología real del Coaching.

En el caso del conocido Programa “Hermano Mayor”, es un Programa Social que ha sido importado de Estados Unidos. Creo que fui el primer profesional en introducirlo en España, ya que hacia los años 1996 hasta 1998 aproximadamente, antes que aqui se tuviera una cierta conciencia social de lo que era el Coaching, presenté subvención a la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia y me fue concedida durante años sobre un programa “Hermano Mayor” que copié del formato americano que aparecía en una serie de TV americana “Cosas de Casa” (la del famoso protagonista Steve Urkel) y, en absoluto, se trata de Coaching, puesto que aunque es un acompañamiento, el “Hermano Mayor” ejerce una cierta autoridad moral sobre el adolescente, donde el consejo o asesoramiento forma parte de la metodología.

RC: ¿La espectacularización del coaching en la tele (pero también podríamos hablar de la psicología con programas como “Supernanny” hacen bien a la práctica profesional? ¿No estarán “vendiendo a la sociedad” unas expectativas que luego no necesariamente se cumplan en un proceso real?

SG: Creo que toda la publicidad gratuita y masiva que se haga hacia las profesiones de ayuda, para mí, ha de ser bienvenida, porque resultaría muy difícil conseguir ese efecto de otro modo.

Todo tiene una cara y una cruz, quiero quedarme con el hecho de que las personas, los ciudadanos, por fin, gracias a estos programas están tomando conciencia de que cuando tienen problemas serios, cuando han de tomar decisiones muy complicadas, o hacer determinados cambios en su vida, pueden acudir a profesionales cualificados que les ayuden en esos procesos, ya sea un coach o un psicólogo, en función de la tipología del asunto.

Otra cosa es la preparación de los profesionales, que en el caso del Coaching, debe hacerse, a mi juicio, a través de las Universidades para garantizar que los mismos dispondrán de las herramientas y conocimientos precisos. Como Director de la Escuela de Coaching de la Región de Murcia desde 2006, mi responsabilidad en este sentido me llevó a realizar un Convenio con la Universidad de Murcia para impartir los Cursos desde dicho ámbito.

RC: El Coaching siempre se caracterizó como una disciplina orientada al desarrollo del potencial de la persona, muy marcadamente alejada de la intención de intervenir en el estado de “salud” (físico o psicológico) de la persona. Sin embargo últimamente se está hablando incluso de “Coaching para la Salud”: ¿Cómo debemos interpretar esto? ¿Es asumible o es que se han tergiversado las bases más profundas del Coaching?  

SG: No existe dentro del Coaching Profesional un Coaching para la Salud, puesto que se trataría de una injerencia en el ámbito de otras profesiones. Si una persona no está sana debe ir a un médico o a un terapeuta. Otra cosa diferente es que el cliente quiera tomar conciencia y acción sobre un determinado estilo de vida que no es sano para cambiarlo por un estilo de vida sano en un plazo determinado. En este sentido sí que puede intervenir un Coach de Vida (Life Coaching) sobre la potencialidad del ser humano para desempeñar conductas más sanas a través del correspondiente plan de acción.

Las bases profundas del Coaching centradas en el desarrollo del potencial humano y la no imposición de contenidos siguen muy presentes, al menos desde las Asociaciones Profesionales, precisamente para marcar muy bien la diferencia con otras profesiones.

RC: El Coaching siempre se ha desmarcado de la terapia. El Coaching no es terapia. Sin embargo, últimamente hay quien se tilda de “Terapeuta” y “Coach” a la vez: ¿Es compatible una cosa con otra? ¿Se puede hacer terapia y coaching a la vez con una misma persona, o es que se está practicando otra cosa y usando impropiamente este término?

SG: Si hay algo que se ha dejado claro desde el comienzo en la metodología coaching es que NO ES TERAPIA. El coaching no entra en las causas, ni se dirige hacia el pasado. Si un cliente necesitara hacerlo para establecer una adecuada comprensión de su presente, o para la resolución de un trauma, el Coach ha de derivarle a un profesional de la psicología.

En cuanto a las personas que se tildan de “Terapeuta y Coach”, realizo las siguientes reflexiones:  1.   Que están siendo incongruentes puesto que son disciplinas absolutamente diferenciadas. 2.   Que aunque digan que ellos diferencian cuándo hacen terapia y cuándo hacen coaching, están llevando a confusión al cliente respecto a la aplicación de metodologías tan diferenciadas. 3.     Que un experto en marketing jamás aconsejaría a un profesional que se tildara como “Terapeuta y Coach” precisamente por la confusión a la que se induce al cliente. Personalmente yo jamás iría a un “Terapeuta y Coach” sino que iré a un Psicólogo cuando necesite a un Psicólogo y a un Coach cuando necesite un Coach.

Entiendo que un Terapeuta pueda utilizar el coaching como metodología en su trabajo en relación a la forma de hacer preguntas y conducir una conversación, pero un Terapeuta hace terapia no coaching. Entiendo que el trabajo del Coach pueda tener efectos terapéuticos pero el Coach hace coaching no terapia. Personalmente creo que quien se define como Terapeuta y Coach tiene un conflicto interno que debería resolver acerca de su vocación profesional y que tiene que ver con una cierta inseguridad y un injustificado miedo a la pobreza.

Coaching Emprendedor: No Apuestes En Tus Ideas, Por Muy Brillantes Que Sean…

¿Tienes una idea de negocio innovadora?

¿Cuánto crees que vale?

¿Qué vas a hacer para ponerla en práctica?

¿Tienes miedo que te la copien?

¿Qué vas a hacer para que no te la copien?, o mejor dicho: ¿Qué vas a hacer a partir del momento en que estén copiadas? ¿Cómo tienes previsto llevar tu negocio a partir de entonces?

Porque si quieres que nadie te la copie, entonces más valga que no apuestes por ella: ver satisfecho el deseo de no ser copiado, significa necesariamente que esa idea no valdrá la pena para nadie y solo lo valdrá para ti. Si nadie ve un beneficio en esa idea, es muy difícil que tu entonces lo encuentres.

Ideas RobadasNadie copia ideas que no valgan. O mejor dicho, si quieres que no te copien una idea, entonces trata de que sea la peor idea del mundo.

Por otro lado, el mero hecho de que tu idea tenga valor, será la mera demostración de que comiencen a copiarla.

Del mismo modo, no renuncies a una idea de negocio justo porque otros ya la pusieron en marcha. De esta manera, en una ciudad solo habría una panadería y a nade se le ocurriría abrir otra.

No se trata de lo que haces, sino de que quieras hacerlo estando dispuesto a ser el mejor u ofrecer un producto/ servicio mejor que la competencia.

Otra cosa es que no te creas capaz de conseguirlo, entonces este no es tu partido y esta no es tu liga.

Una de las mayores falacias es pensar que las ideas nos pertenecen. Y cuando creemos que son brillantes, más aún. Y si son de negocios, entonces entramos en fibrilación para ponerlas en marcha y para que los demás no nos copien.

Muchos emprendedores y empresarios siguen en continua búsqueda de la “idea innovadora” para poner en marcha algo que la competencia no tiene, o que nadie esté haciendo, descuidando pero la pregunta de si alguien lo está pidiendo o demandando.

Si ofreces algo que los demás no hacen, será algo desconocido que te costará horrores dar a conocer. Y en el momento en que lo des a conocer, no tendrás otro remedio que exponerte ante la competencia. La idea entonces ya dejará de pertenecerte.

Las ideas son lo más fácil de copiar. Mejor dicho, serán lo que más fácil y rápidamente te copiarán. Y entonces, desposeído de algo que creías tuyo, iniciarás a quejarte de los que “te copian” y de lo malos que son, por no querer asumir tu error en haberte equivocado de estrategia. Por no asumir que ellos lo hacen mejor que tú. Que han aprovechado una idea tuya para conseguir lo que desde luego no es tuyo ni lo era antes ni lo será: sus resultados.

Lo mejor es apostar en algo que no te copiaran con tanta facilidad. Algo tuyo, que forma parte de ti y que hace que todo lo demás resulte ser una mera imitación. Tu estilo, tu esencia. Tu valor diferencial. Te buscarán porque ofreces algo que muchos ofrecen, pero te contratarán por los detalles, tus detalles, por tu valor añadido, por darles lo que tienes y de la manera en que lo haces.

¿Por qué entonces debería funcionar una película de Hollywood sobre una historia tan conocida como Caperucita Roja, King kong o como el Hombre Lobo, habiendo ya un libro sobre ello y otras películas hechas previamente?

El secreto no está en lo que ofreces sino en cómo haces lo que ofreces y, más aún, en como lo ofreces.

Cuídate tú para cuidar tu negocio. No cometas el error de muchos emprendedores que acaban tan enamorados de “sus ideas” como para volcarse totalmente en ellas descuidando lo que es más importante para venderlas, que es el entusiasmo con el que demuestran al mundo que son los mejores en ponerlas en práctica.

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La Dificultad Es Tu Mejor Aliada: ¿Querrías Algo Fácil?

¿Querías algo fácil?
¿Querrías que algo fuera fácil?
¿Para qué?

FacilTrata de contestar a esta última pregunta y encontrarás lo que te motiva mucho más que la propia posibilidad de conseguir tu objetivo.
Sí, porque entonces no estás tan alineado/a con tu objetivo como para hacer más de lo que contestas en esa tercera pregunta, para conseguirlo: ergo, condicionas la consecución de tu objetivo al no estar dispuesto/a a hacer más de lo que contestas a esa última pregunta.
Ergo, para ti es más importante no superar la limitación de lo que contestas a esa tercera pregunta que conseguir ese objetivo, cueste lo que cueste.

Esta es tu realidad. O mejor dicho lo que tú has elegido que sea tu realidad. O dicho aún mejor, lo que queda te la realidad tras ponerle tú la limitación que le has impuesto.

¿Te lo habías planteado alguna vez desde este punto de vista?

Pero, en efecto, a dónde conduce el buscar algo fácil?
Desde luego a lo que cualquiera puede conseguir si se propone algo fácil. O simplemente a conseguir cualquier cosa que pueda conseguir cualquiera. Ya que si es fácil, cualquiera, en circunstancias como las tuyas, podría conseguirlo.

Por tanto, lo fácil conduce a lo obvio, a lo ordinario, a lo que todos saben y pueden hacer/ conseguir.

¿Entonces, que te diferencia de los demás? ¿Qué hace que alguien, un cliente, un empleador, una posible pareja, se decante por ti y en lugar de por otros?

Y la conclusión a todo esto es que buscar lo fácil conduce a la mediocridad y lo ordinario de la gran mayoría que ya lo consiguen.
Y si no quieres caer en la mediocridad, será oportuno que inicies a mentalizarte en que las cosas van a ser difíciles.

Ahora, ¿Te quejas de que las cosas están difíciles?
¿Acaso, tras lo dicho, querrías algo fácil?
¿Acaso te conviene que algo sea fácil?

Cuanto más fácil, más tendrás que compartir ese reto con otros tantos (y son muchos) que buscan cosas fáciles. Al final no sé si te va a resultar rentable tanto esfuerzo para buscar lo fácil para luego tenerte que “pelear” con muchos para compartir un trocito de tarta a repartir entre tantos. Quizás esto al final te resulte más difícil y poco rentable que apostar por lo difícil desde partida.

Es curioso como huimos de lo difícil cuando sin embargo lo difícil puede ser nuestro mejor aliado. Maldecimos lo difícil cuando sin embargo lo podríamos agradecer: que las cosas sean difíciles hace que tengas cada vez menos competencia en lo que haces.

Podrías entonces agradecer que las cosas te resulten tan difíciles. Porque si las cosas no fuesen tan difíciles tendrías entonces mucha más competencia de la que tienes. Y no podrías diferenciarte de la masa de tantos mediocres con tanta eficacia como cuando tratas de conseguir metas difíciles.

Porque la excelencia no está reñida con la facilidad, sino que es incompatible con ella. Porque la excelencia se fragua a partir de dónde otros abandonan, lo dejan, y desisten. Porque la excelencia se forja a partir de dónde se termina lo fácil para la mayoría, y otro pocos emprenden el camino de la dificultad.

Por esta razón el camino de la dificultad siempre es menos traficado. Por esta razón eligiendo la excelencia y asumiendo la dificultad que conlleva, encontrarás cada vez menos competencia hacia esa cumbre en la que solo cabe destacar al/la mejor. Por eso el camino de la excelencia siempre tiene menos competencia. Por eso la excelencia siempre es rentable.

Necesitamos retos difíciles para crecer como hombres y profesionales. Porque lo fácil nos conduce a la mediocridad.

Facil DificilSi las cosas no fueran difíciles, tendríamos mucha más competencia pero escasas competencias.
Si las cosas no fueran difíciles, tendríamos mucha más competencia pero escasa competitividad.
Si las cosas no fueran difíciles, tendríamos mucha más competencia y ninguna excelencia.

Y recuerda que siempre encontrarás dos caminos posibles en lo que hagas: el fácil y el excelente. Lo que te vayas encontrando en esos caminos no va a depender tanto de ti, pero escoger uno u otro, eso sí es decisión y responsabilidad tuya.

Ante la dificultad se crecen los hombres. Entre las dificultades se encuentran siempre los mejores.

Por otro lado, “Fácil” es la palabra que esconde la mentira que no queremos ver en cada uno de nosotros. Porque llamamos fácil todo aquello que usamos para esconder nuestra propia incompetencia e ineptitud ante los retos que podríamos/ deberíamos afrontar.

Llamamos fácil aquello que no nos permite ver nuestra necesidad de mejora personal/ profesional.
Llamamos fácil aquello que nos permite evitar los esfuerzos y la incomodidad de realizar cambios útiles.
Llamamos fácil aquello que nos permite permanecer en nuestra holgada comodidad, engañados bajo la falacia de la seguridad de que siempre será holgada, siempre será cómoda, y siempre estará ahí para nosotros solo.

Hasta el día en que nuestra barriga de orgullo y expectativas crezca de manera desmesurada como para de repente darnos cuenta de que ya no es tan cómoda, ha dejado de ser holgada y se ha vuelto estrecha, además de estar compartiéndola con muchos que ansían lo mismo. Entonces será cuando nos daremos cuenta que seremos nosotros quienes habremos cambiado nuestra condición…… obviamente a peor.

Ahora te repito la pregunta: ¿Querías algo fácil?