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Pienso Luego Actúo; Actúo Luego Existo…

Decía Descartes: “Pienso, luego Existo”.

Pienso Luego ExistoSegún Descartes la toma de consciencia del simple pensar es suficiente para que una persona se dé cuenta de que está viva y que tiene parte en este mundo.

¿Pero ha cambiado algo en el ser humano en 400 años de historia como para seguir vigente este axioma?

Desde luego hubieron tres revoluciones industriales de por medio y, aún sobreviviendo a las primeras dos de ellas, este pensamiento ha tenido que enfrentarse a la tercera, la de las TIC’s (tecnología de la información y comunicación), que ha ubicado al ser humano en un mundo de hiper-conexiones que le permite estar en continuo contacto directo con otras personas y en el que la consciencia social y la consciencia pública, están asumiendo un rol cada vez más relevante, por encima de la consciencia personal e individual.

Vivimos en la era de la productividad y del “todo documentable y demostrable en imágenes”. Todo comportamiento humano es de alguna manera visible o tiene que serlo. Si una persona o una empresa hoy no está en las redes sociales, se dice de ella que no existe o, mejor dicho, siquiera se dice algo de ella.

El afán por ser visibles en todo momento pasa por otro axioma atribuido a Oscar Wilde: “No importa que hablen bien o mal de ti, lo importante es que hablen”.

Y esto nos lleva a otro axioma, de Gandhi: “Las acciones expresan prioridades”. Esta frase explica que el ser visible tiene que ver básicamente con qué comportamientos manifestamos a los demás y con el hecho de que el comportamiento es lo que demuestra las intenciones y prioridades de las personas, por encima de sus palabras. A una persona se le reconoce no por lo que dice, sino por lo que hace (o al menos es razonable confiar en ello).

Las acciones hablan más que las palabras. Y son las acciones lo que demuestran lo que realmente cree y piensa la persona, por tanto: “pienso luego actúo”.

Añadiendo la frase de Gandhi, podríamos concluir entonces que una persona define su identidad y su existencia en base a cómo actúa y a lo que hace con su comportamiento, ya que ese comportamiento es lo meramente visible a los demás, por lo que los demás se forjarán una opinión acerca de esa persona en base a como esa persona actúa: por tanto, “actúo luego existo”, en el sentido de que en base a como actúo, definiré mi existencia.

Pero si lo pensamos, lo que parece una evolución del pensamiento humano a lo largo de cuatro siglos de historia, nos devuelve a 1600 años antes de Descartes, cuando el Discípulo Mateo cita la famosa frase del nuevo testamento: “Los reconocerán por sus obras”.

En definitiva, esto nos demuestra que en dos mil años de historia, en poco ha cambiado el pensamiento humano, aunque sí, mucho se ha confundido y tergiversado por el camino.

¿Es más Importante lo que Sabes o Como lo Transmites?

Propiedades emergentesA nadie le gusta oir o ver a alguien que recibe las atenciones de las personas, de su equipo, de los directivos de su empresa o de los medios, y cosecha éxito o fama por divulgar ideas o contenidos de los que uno se siente propietario.

En la sociedad de la información y del conocimiento, con la gran cantidad de datos que circulan por las distintas redes, teniendo en cuenta las leyes de “sinergías”, “serindipidad” y “propiedades emergentes” quizás tengamos que hacernos a la idea de que “las ideas no son de nadie y pertenecen a todos” (twittealo), de que quizás todo lo primario esté inventado y lo nuevo que se descubre no es más que lo que emerge desde la mezcla de conocimientos compartidos (twittealo), lo que hace que el propietario de una idea sea más bien la comunidad y no quien simplemente “la canaliza”, a menos que no provengan de conclusiones sobre investigaciones de corte científico en las que unas personas pusieron tiempo y recursos para hallar algo contrastado de alguna manera, lo cual es legítimo que les convierta en propietarios intelectuales del hallazgo.

Pero mientras nos basamos en la intuición como proceso creativo, por esas mismas leyes es posible que en dos partes del mundo distintas, dos personas distintas acaben forjando el mismo pensamiento, mediante un libro parecido o una melodía parecida: de esta manera solo podrían ser propietarios de la forma en la que plasman esa idea, pero no de la idea: ¿Nos imaginamos si los Egipcios y los Maya se hubieran peleado sobre la propiedad intelectual de las pirámides como concepto? ¿Sería justo que unos acusasen de plagio a otros que crearon algo parecido en un periodo parecido, mediante proyectos de edificación parecidos, sin que ninguno de los dos supiera de la existencia del otro? Somos simples canalizadores de ideas ajenas a nosotros, no propietarios (twittealo): la comunidad o el equipo al que pertenecemos, tiene derecho a disponer de ellas como resultado del conocimiento que nos aporta como ingrediente base.

Esto nos lleva a una conclusión importante: en el mundo de hoy no es importante lo que uno sabe, sino lo que hace y crea con ello (twittealo), junto a los conocimientos de los demás. Otra conclusión es que, lo que no se transmite, no existe ni tiene valor (twittealo) o, dicho de otra manera, el valor de una idea lo determina su coeficiente de alcance y difusión, no la idea misma (twittealo) .

Por eso, no vale la pena enfadarse cuando oimos a alguien que transmite masivamente a un grupo o equipo, apoyado por los directivos, un mensaje o la conclusión de algún razonamiento, a lo que nosotros llegamos ya hace tiempo en nuestra profesión, como si nos hubieran “robado” la idea y se estuvieran benficiando de ella más que nosotros.

¿Acaso no hubo en la historia nadie que hubiese merecido el mismo reconocimiento que Gandhi o Mandela o Luther King o los U2 por tener  las mismas ideas o crear algo con ella de la misma calidad o hacer mejor música? NO! Tajantemente no, porque seguramente no fue tan capaz como ellos de transmitirlas, trabajar, luchar, y asumir todas las consecuencias que implicaron el divulgarlas y el ser coherentes con ellas.

El hecho de que nosotros ya  sepamos lo que otros transmiten, no nos convierte en propietarios de esa idea (twittealo): solo nos dice que no fuimos capaces de divulgarla tan bien como otros consiguieron (twittealo) .

Roberto Crobu Entrevista a Sergi Torres Sobre Comunicación Humana, Felicidad y Emociones

SergiTorres-©CarlosPericas-1829 - 25 por cien

 Hola Sergi,

Según un estudio publicado recientemente, España lidera el consumo de datos de Smartphone en Europa (ver noticia). Los smartphones son esos móviles que permiten una conexión continua con toda Red Social o fuente de información.  Esto es que nos gusta mucho hablar, relacionarnos e intercambiar contenidos: casi da igual el contenido a veces, lo importante es hablar…

¿Por qué necesitamos hablar tanto con los demás?

 

 Parece que lo que queremos, es estar en comunicación con los demás, pero en realidad, lo que ocurre es que no queremos estar  en comunicación con nuestra sensación de soledad. No queremos estar en comunicación con nuestro dolor profundo de no saber quienes somos  ni por qué estamos vivos. Por eso es que hablamos tanto. Si nos fijásemos  sólo por un instante, en todo lo que decimos a lo largo del día y mirásemos cuántas de esas cosas surgen de nuestra paz, de nuestra alegría o de nuestro amor, seguramente habría personas que no encontrarían ni una sola palabra.

 

En la música, para que la melodía suene armónica, el silencio es muy importante: es lo que permite que la música tenga tiempo y ritmo, y que sea agradable. Sin embargo parece que esto no lo aplicamos a las conversaciones humanas: el silencio “incomoda”.

¿Al tratar de hablar tanto, acaso huimos del silencio?

 

 El silencio, en cierto modo nos atrae, porque es nuestro origen. Lo que ocurre es que hemos envuelto nuestro silencio con una capa de ruido, llena de dolor. Y es de esa capa de la que huimos. Cuando nos comunicamos, en realidad estamos  buscando las propiedades del silencio: la unidad, la comprensión, la paz, la alegría. Por lo tanto, cuando yo me comunico con alguien, estoy esperando eso, pero no lo conseguimos porque al huir de nuestro dolor que envuelve el ruido, terminamos huyendo del silencio que existe detrás de ese dolor.

 

Curioso, que otra “arma tecnológica” que el ser humano inventó para huir del silencio y de ese dolor, es el “Entretenimiento”

¿De qué necesitamos estar entre-tenidos? 

 De ese dolor interno. Necesitamos tener nuestra conciencia atrapada en nuestras sensaciones, porque si no lo hacemos, nuestra  conciencia, de forma natural, tiende hacia el silencio,  tiende hacia esa parte  interna, profunda. Y en ese viaje hacia dentro, vamos a tener que cruzar sí o sí, esa capa de  pura soledad, de pura desconexión, de puro dolor. Por eso buscamos mirar hacia fuera, porque la mirada interna nos lleva a encontrar el silencio que está justo detrás del dolor más intenso que jamás imaginamos, el dolor de haber olvidado ese silencio.

 

Parece que todo esto tenga que ver con eso que llaman “El camino a la felicidad”.  Para algunos la felicidad no existe, en cuanto, como la perfección, es un ideal a perseguir, algo a que aspirar; Otros dicen de que no hay camino a la felicidad, sino que la felicidad es el camino. Otros se han planteado montar estudios que llaman “científicos” al respecto. Otros simplemente la viven y la experimentan, sin cuestionarse más. 

¿Es verdad que en cada momento tenemos la opción de elegir si buscar la felicidad o simplemente sentirla y experimentarla?

 

Sí, de hecho, el que elige parar de buscarla y sentirla, es consciente de esa elección. En cambio el que elige seguir buscándola, no es consciente de que está eligiendo eso, sólo es consciente de su necesidad de encontrarla, y cree que la busca debido a esa necesidad. Es por eso que jamás va a sentirla, porque la necesidad no lleva a la felicidad.

¿Puedes darme algún consejo para que pueda demostrárselo a algún lector o cliente?

 

No, porque la vida de cualquier persona ya es pura felicidad. La vida es felicidad, lo que ocurre es que nosotros analizamos la vida, en lugar de vivirla. Valoramos si es buena, mala, si me hace feliz o no, en lugar de darnos cuenta de que estamos vivos, y que esa vida es pura felicidad en sí misma, aunque parezca haber dolor en ella.

Ser felices:  ¿Tiene que ver más con una decisión personal de tomar una posición ante la vida, o con una cuestión circunstancial de valorar la posición en la que la vida nos sitúa?

 

   Es lo mismo, si esa decisión personal o esa valoración terminan en aceptar la vida tal cual es y nos disponemos abiertamente a aprender de ella. La vida siempre tiende hacia la felicidad a pesar de que nosotros en nuestro análisis humano pensemos lo contrario. Recordemos que la vida es felicidad.  

 

Esto parece que tenga que ver mucho con la Actitud Personal, pero la felicidad:

¿No es más bien cuestión de habilidades?Me refiero al si ser felices no tenga que ver más con desarrollar esa habilidad de suspender los juicios (positivos y negativos) y saber “fluir con la vida”, independientemente de la experiencia que tengamos…

   

Sí, siempre y cuando, ese fluir con la vida también incluya el juzgar. La felicidad es plena y no rechaza ni cuestiona nada. Quiero decir que si voy a usar mis habilidades para rechazar algo en mí para llegar a ser feliz, entonces no seré feliz. Como mucho, en lugar de ser feliz, creeré serlo, por el hecho de creer que ya no juzgo. Y eso es un juicio también.

 

¿Es inevitable Juzgar?

Sí, es inevitable. Evitar juzgar implica creer que juzgar es malo porque me impide ser feliz y esta creencia es un juicio. Este intento lleva a muchas personas a practicar y entrenar muy duro para conseguir la imposible tarea de no juzgar. Creer que yo no juzgo es un juicio también. Lo que es evitable es creerse los juicios, eso sí es evitable. La felicidad acepta todos los juicios, sin embargo no se cree ninguno que no tenga origen en la felicidad.

 

Hemos hablado de Comunicación, Felicidad, Habilidades y Actitudes. Nos faltan las emociones…

¿Qué es lo que llaman “Inteligencia Emocional” para Sergi Torres?

 

 En primera instancia, la inteligencia emocional es la capacidad de descubrir que yo soy la causa de mis emociones y que todas ellas son dignas de ser sentidas y vividas. Y descubrir que detrás de todas ellas, hay un solo origen: paz perfecta.

En segunda instancia, la inteligencia emocional es nuestra capacidad de ver más allá de la “calidad” de la emoción (tristeza, alegría, ira, miedo) y descubrir aquella esencia que las une a todas. Entonces uno se da cuenta de que todas ellas son energía y que la energía es luz, y que la luz, a su vez, es conciencia y la conciencia, finalmente es paz.  Eso es para mí la inteligencia emocional en tercera instancia, la paz. El que es inteligente emocionalmente vive en paz sin importar que emoción esté sintiendo.

 

 

¿Qué es la fortuna (suerte) para Sergi Torres? ¿Tiene que ver con lo que la gente llama casualidad?

 

Cuando miramos a la vida, fuera de la comprensión humana, fuera de las cosas buenas o malas, positivas o negativas, nos damos cuenta que detrás de la vida  hay un impulso que da origen a la vida en el que no hay cabida para la fortuna, ni para el azar, ni para la casualidad, ni siquiera para la sincronía, que ahora está tan de moda. Todo emerge de la conciencia constantemente. Ser consciente de ello no te hace más afortunado, sino más consciente.

 

Gracias Sergi.

 

Un honor, Roberto.

 

www.sergitorres.es

www.yolibrelapelicula.com

Inteligencia Emocional Y Mindfulness: Todo Lo Que Trates de Comunicar Con Palabras, En La Lógica De Lo Racional, Más Te Alejará De Vivirlo Como Una Experiencia Natural

Pensemos en estos tres supuestos:

  1. ¿Quién no se ha encontrado alguna vez ante una situación en la que “las palabras sobraban”?
  2. ¿O en situaciones en las que las palabras eran necesarias para impedir que las situaciones fluyeran hacia conclusiones indeseadas?
  3. ¿O cuantas veces el hecho de que alguien nos “explicara” gratuitamente alguna situación en palabras  para que la entendiéramos, esto produjo en nosotros el hecho que nos pusiéramos a reflexionar sobre ella, acabando con más dudas y preocupaciones de las que teníamos en un primer momento? Incluso puede que nos  pusieran “la mosca detrás de la oreja” “fastidiándonos” incluso una situación para la que no teníamos duda o preocupación alguna.

SUPUESTO 1.

Pensemos, respecto al primer caso, en aquellos momentos “de pasión”, en la intimidad con una pareja:  ¿Acaso pasamos esos momentos hablando y hablando y describiendo lo que hacemos y como lo hacemos, o estamos más atentos en sentir, vivir y experimentar?  Claro que puede ocurrir lo primero, pero seamos sinceros: ¿cuál de las dos opciones nos gustaría más vivir? ¿La de pasar esos momentos hablando, o la de estar atentos a vivirlos y sentirlos plenamente?

Pensemos también en  un simple momento de romanticismo.  ¿Acaso en esos momentos “tan mágicos” del fatídico “primer beso” con una persona, cuando todo fluye en un entendimiento mutuo y correspondido, nos paramos parábamos para preguntarle: ¿Nos besamos?

 Cierto es que a veces puede haber pasado: pero en esos casos pensemos en los motivos que nos hayan llevado a salir del flujo de la situación y tratar de poner palabras a ello.

1. ¿Puede que haya sido por inseguridad nuestra ante la situación?

2. ¿Puede que lo hayamos hecho por torpeza de no saber cómo actuar ante esa situación y que la cosa nos saliera por ahí?

3. ¿O puede que haya sido por querer respetar al máximo a la persona y querer mostrarnos educados ante ella?

En todos estos casos está clara una cosa: un pensamiento ha venido desde fuera de la situación donde estábamos:

En el primer caso: “No estoy seguro de si seguir adelante y más vale preguntar si quiere mi beso a no ser que me equivoco”;

En el segundo: “Esta situación no sé cómo la está viviendo la otra persona y puesto que no consigo intuir o prever que es lo que siente o quiere la otra persona, más vale que pregunte si quiere un beso y así actuaré en consecuencia”;

En el tercero: “Me gustaría darle un beso, pero a lo mejor le puede sentar mal y no quisiera parecer cafre”.

En todos esto casos, ese pensamiento externo se ha introducido de “manera intrusiva” en lo que estábamos haciendo, presentes y atentos a vivir el aquí y ahora, y ha interrumpido el flujo natural de las cosas. Ha cautivado nuestra atención acabando por hacer que le diésemos suficiente importancia como para seguir su mandato e instrucciones, antes que fluir con la situación.

Cuando todo esto ocurre, el explicar, preguntar y argumentar no es otra cosa que tratar de suplir y rellenar con palabras aquellas inseguridades personales que tiene la misma persona que habla. http://clicktotweet.com/abz7m

Y lo que se habla no pertenece al fluir natural de la situación, sino a las preocupaciones internas de una de las dos (que generalmente es la que habla).

Todo esto no es que una manera más de tratar de racionalizar y “mentalizar” una situación que no necesariamente requiere de las palabras y explicaciones para facilitar el entendimiento entre personas.

Los animales no necesitan recurrir a la palabra hablada para entenderse. http://clicktotweet.com/diBSs . Los niños pequeños tampoco: lo que ocurre es que conforme su vida alrededor se va sofisticando, el recurrir a las palabra puede ser de ayuda para que entiendan ciertos mecanismos complejos de las cosas, pero no aquellas cosas sencillas y naturales que nosotros, los adultos, sofisticamos y complicamos. Quizás lo que estamos haciendo en esos casos es tratar de justificarnos para que ellos entiendan la complejidad de nuestras posturas tan alejadas y sofisticadas de lo natural, porque nosotros decidimos en algún momento quererlas complicar.

En ocasiones caemos en la falacia que comunicar = expresar en palabras lo que pensamos. http://clicktotweet.com/543yf

Pero no es así. Comunicar en palabras es una de las tantas maneras que hay de comunicar: pero se puede comunicar también con gestos, con silencio o con el simple comportamiento.

Tres CerebrosY desde luego comunicar con palabras es la forma más sofisticada de comunicación pero no la única ni la mejor, http://clicktotweet.com/eL8ya  ya que el don de la palabra pertenece exclusivamente al ser humano, y que su desarrollo y adquisición se sitúa en la parte del cerebro más exterior, es decir el Neocortex, aquella parte del cerebro más “evolucionado” que solo tenemos los seres humanos. Ese cerebro es el que permite también la abstracción, el cálculo y la creatividad. Pero también es la parte del cerebro menos relacionada con la condición puramente animal, instintiva y emocional del ser humano.

Si queremos fluir con las situaciones, es necesario recuperar el funcionamiento de esas otras partes más puramente “animales”, que se sitúan en los dos “cerebros inferiores” que subyacen al Neocrotex: el Cerebro Reptiliano (el instintivo, relacionado con las funciones vitales y necesidades primarias del ser humano), y el Cerebro Emocional (relacionado con el centro de las emociones).

Inteligencia emocional es también capacidad de “fluir” en ciertas situaciones.

Para fluir en la vida en general, es muy importante practicar la atención plena en el presente, http://clicktotweet.com/32cd0  que es la única unidad en la que vivimos intensamente lo que tenemos delante y de manera inmediata ante nosotros, lejos de las preocupaciones sobre el futuro, o los pensamientos cuestionantes y juiciosos sobre el pasado.

Y el concepto de “Flujo”, así como el de “Atención Plena” (en inglés Mindfulness)  están íntimamente relacionados con la felicidad. http://clicktotweet.com/TKUdl

Y para fluir con las situaciones, es muy importante ser capaces de tener la mente (cerebro Neocortex)  “en silencio”.  Esta es la condición necesaria y común de la que hablan todas las personas que en algún momento han sentido una sensación plena de disfrute ante una circunstancia específica.

Poner entonces a funcionar la mente racional en estas situaciones, con sus discursos y la lógica de lo racional, lo que más puede contribuir es alejarnos de vivir la plenitud de la situación que estamos experimentando.

Todo esto ocurre constantemente con los niños, que nacen y viven el presente durante todo el tiempo posible, hasta que se nos ocurre iniciar a “preocuparles” con nuestras preocupaciones disfrazadas de “sentido común” tratando de “explicarles lo que pasa (mejor dicho, lo que nos pasa”: como si nos lo hubieran pedido.

Está claro que todo esto no vale cuando a estos mismos niños se les ve pensativos y dudosos: quizá, en estos casos sea mejor intervenir pero sin darles “explicaciones gratuitas”, simplemente preguntando y tratando de averiguar la naturaleza de sus dudas: quizás sus pensamientos vayan por otros derroteros y nuestras “explicaciones gratuitas”, sin averiguación previa, podrían generarles incluso más dudas.

En todo caso es conveniente que nos preguntemos ¿Qué actitud nuestra  puede haber contribuido a esa duda inicial? Quizás la respuesta la necesitemos más nosotros que ellos.

Las explicaciones y los discursos siguen las leyes de la racionalidad: son razonamientos, y por tanto racionales, y por tanto lógicos. Y se formulan desde los sistemas de creencias y valores, y desde los significados que entiende y atribuye  la persona que los expresa, pero no necesariamente de la persona que los recibe, sobre todo cuando no los pide. La persona que recibe esas argumentaciones puede no ver o entender las cosas desde el “mismo prisma” o “mapa de significados” de quien los expresa. Puede que incluso no vea problemas donde  quien explica lo esté viendo.

Dicho desde otro enfoque, poner palabras a ciertas cuestiones que simplemente pueden fluir, es acostumbrar a la gente a preocuparse gratuitamente y más de lo necesario. http://clicktotweet.com/bbt9h Es transmitir nuestra tendencia a la preocupación a personas que quizás disfruten de la vida sin esta tendencia.

Poner palabras a estas situaciones es hacer funcionar con más influencia a la parte izquierda del cerebro, la del cálculo, de la lógica, de la racionalidad, del “lenguaje hablado”,  por encima de la parte derecha, la intuitiva, más involucrada en la tendencia a “fluir” con las situaciones.

Emisferios Cerebrales

SUPUESTO 2.

Pensemos ahora en un supuesto contrario, el de una situación que si dejamos que fluya, puede causarnos perjuicios o consecuencias que van en contra de nuestros intereses: pensemos por ejemplo en una discusión o un conflicto con alguien con quien no nos interese pelearnos, o  cuyo conflicto puede degenerar en una situación de riesgo y peligro para una o ambas partes.

¿Qué solemos hacer para bloquear esta situación?

Precisamente solemos tratar de ponerle palabras de por medio (negociando) o distancia suficiente como para que estemos lejos del riesgo (alejándonos para evitarlo).

En estos casos poner palabras para negociar es una forma de racionalizar el problema, cuando algo requiere que la “razón y el sentido común” prevalga sobre el arrastre natural de los ánimos y el “torrente” de emociones que lo envuelve.

En estos casos, interrumpir el flujo natural de las cosas puede ser incluso beneficioso.

Pero el motivo de poner este ejemplo no reside en esta explicación, sino el mero hecho de que sirva este ejemplo para demostrar una vez más que las palabras lo que hacen es interrumpir el flujo natural de las situaciones.

Luego está en nosotros la posibilidad de entender cuando es conveniente (o no lo es) interrumpir el flujo: cuando estamos ante un flujo como el del supuesto 1 (y por tanto dejar correr las cosas), o cuando estamos ante un flujo como el del supuesto 2 (y entonces pararlo).

Hecho está que tanto el supuesto 1 como el supuesto 2 tienen en común el fluir (agradablemente en el primer caso, y desagradable en el segundo), y que en ambos casos, poner palabras provoca el recurso al Neocortex, a la racionalidad, a la desnaturalización del proceso y a la interrupción del “fluir con ese proceso”.

 Todo esto va bien en el ámbito de las relaciones emocionales. ¿Pero que hacer en las relaciones  más puramente racionales como las de trabajo? ¿Vale el mismo discurso?

SUPUESTO 3.

Las organizaciones de trabajo son organizaciones racionales y racionalizadas: por eso la necesidad de explicaciones  lógicas es más “natural” en esos ambientes que en otros de la vida.

Pero no hay que olvidar que las personas somos antes que seres humanos, animales. Y que antes del Neocortex, existen los otros dos cerebros que gobiernan nuestras emociones y conductas.

Nuestras decisiones, por cuanto las disfracemos de sensatez, tienen una naturaleza básica, primaria, instintiva, y emocional, en su núcleo esencial. http://clicktotweet.com/5vfFn

Por tanto, en las organizaciones es bueno usar la comunicación hablada en palabra para explicar  ciertas cosas, pero no nos olvidemos que hay ocasiones en las que el exceso de palabras y explicaciones puede generar más dudas de las que pretende evitar http://clicktotweet.com/Bs7vb  (este es el tercer ejemplo con el que iniciamos este artículo).

Siempre es bueno barajar hasta que punto   estamos previniendo un riesgo o contribuyendo a un peligro en nuestro afán de evitarlo: la famosa ley de Pygmalion, o Profecia que se Autocumple, o incluso la Ley de Murphy, siempre están al acecho.

Lo Que Eres De Verdad Se Define Por Lo Que Haces, No Por lo Que Dices

Lo que eres de verdad se define por lo que haces

 

Normas de Comunicación Positiva: ¿Cual es la más Importante para ti?

www.optimacoaching.es   

Investigando en las Reglas de Comunicación que permiten mejorar o garantizar una buena convivencia en un Equipo de Trabajo, en una Empresa, como en una Pareja o una Familia, detallaré a continuación los que más me han parecido importantes.

Independientemente de la lista a continuación, ruego al amable lector/a que participe en el debate:

a)      Indicando las 3 normas que le parecen más importantes;

b)      Añadiendo otras posibles que se le ocurran.

La lista de normas contiene las siguientes intenciones:

  1. Comunicarse en primera persona plural antes que en primera persona singular
  2. Proponer antes que imponer decisiones
  3. Proponer soluciones antes que criticar o quejarse
  4. Asumir la propia responsabilidad ante un problema antes que culpar o criticar al otro
  5. Proponer alternativas antes que manifestar una disconformidad o negación
  6. Dialogar antes que discutir desacuerdos
  7. Preguntar antes que afirmar ideas
  8. Confiar antes que sospechar de las intenciones del otro (buscar la intención positiva del otro antes que sospechar sobre su intención negativa)
  9. Comprender antes que corregir (buscar la comprensión de las razones  ajenas antes que los fallos para corregir)
  10. Buscar soluciones antes que razones
  11. Aceptar antes que rechazar propuestas
  12. Preguntar antes que interpretar en caso de dudas
  13. Escuchar antes que juzgar al otro
  14. Explicar y argumentar antes que decidir
  15. Compartir antes que repartir responsabilidades
  16. Asumir antes que evitar tomar decisiones
  17. Opinar antes que juzgar
  18. Contrastar antes que suponer ideas
  19. Asumir antes que justificar errores y responsabilidades
  20. Sugerir antes que pedir cambios al otro