Archive

Posts Tagged ‘Conflictos’

Estrategia de la Aceptación para Resolver Conflictos

Un conflicto no es más que una situación en la cual dos o más partes se encuentran enfrentadas con posturas y necesidades aparentemente no compatibles o poco complementarias entre ellas.

De ahí surge la necesidad de  realizar ajustes y cambios para que esas posturas sean compatibles. Dichos ajustes pueden suponer que una o ambas partes no estén dispuestas a ellos, lo cual puede derivar en un “enquistamiento” del conflicto.

Consecuencia o causa de ese enquistamiento es la búsqueda de los argumentos necesarios para “tener razón” Como si tener razón fuera el elemento fundamental para acabar con el conflicto: posiblemente se acabe con ello, pero no con la insatisfacción de la parte “vencida” por la razón de la otra.  Porque si algo implica la estrategia de resolver conflictos a través de la razón, es el prevalecer de una parte sobre la otra.

Funcionar desde la fuerza o desde la razón, tal como recita el lema patrio esculpido en el Peso Chileno, no hace otra cosa que causar un antecendente que servirá a la parte vencida para construir un nuevo conflicto sobre el poso de la insatisfacción la frustración o la envidia.

Resolver conflictos, más que tener que ver con la Razón, tiene que ver sin  con la Aceptación.  Aceptación entendida aquí de manera muy diferente de la Resignación. Si resignarse significa dejarse llevar por los acontecimientos evitando toda posibilidad de intervención y acción orientada a la mejora, la aceptación tiene que ver con el reconocimiento de una evidencia ajena a nosotros, que depende de sí misma o, como mínimo, es ajena a nuestras posibilidades y deseos de control.

Aceptacion

Si tratar de tener razón tiene que ver con el intento de tomar el control de algo que no depende de nosotros (por ejemplo la voluntad o la satisfacción de la otra parte), resolver un conflicto con aceptación significa reconocer a la/s otra/s parte/s como autónoma/s e independiente/s de nuestra voluntad, con unos deseos y necesidades propias que tienen el mismo derecho que las nuestras de quedarse satisfechas.

Aceptar al otro/a, nos confiere la poderosa toma de consciencia acerca de lo que no depende de nosotros para solucionar un problema. Y si no depende de nosotros y nosotros no tenemos control sobre ello, ¿para qué invertir tiempo en tratar de controlarlo?

A través de la aceptación, cesaremos también con la frecuente tendencia que se suele tener en un conflicto de acusar a la otra parte, puesto que si aceptamos a esa parte,  dejaremos de tener argumentos para acusarle.

La acusación en un conflicto, además de aportar un gran peso de toxicidad, representa un elemento importante de distracción, ya que desvía nuestra atención  desde lo que depende de nosotros y la centra en la otra parte que es justamente lo que nosotros no podemos controlar: la acusación en definitiva nos distrae confundiéndonos y haciéndonos malgastar nuestro tiempo en tratar de cambiar algo que no depende de nosotros.

Por todo ello, la manera más favorable de afrontar y resolver un conflicto es aceptar a la otra parte: solo a través de la aceptación del otro, podremos centrarnos en lo que depende de nosotros mismos para resolver un conflicto.

Tanto Que Sigas Como Que Renuncies, El Dolor Lo Tendrás Igual

En más de una ocasión puede habernos llegado la duda del si seguir adelante en la persecución de un resultado concreto, o dejarlo y desistir.

La manera en la que afrontamos este “Cruce de Caminos” es fundamental en la vivencia del dolor y del sufrimiento que podamos padecer como consecuencia de una u otra cosa.

Y la verdad, una de las verdades absolutas es que el Dolor existe y es inevitable.

A esto yo añadiría que el conflicto también existe y es inevitable: bien con uno mismo o bien con los demás.

La cuestión es elegir el camino que menos sufrimiento puede causar en nosotros y nuestro alrededor y la mayor felicidad y alegría pueda generar.

DesprendimientoPongamos por ejemplo la persecución de fines y objetivos empresariales y económicos. No cabe duda que puede ser un factor de mucho estrés, incomodidad y malestar, según el tipo de objetivo que se plantee. Esto puede generar tensiones y conflictos no solo en el interior de una empresa, como en el mercado, por tratar de colocar un producto por encima de la competencia o mediante técnicas de comunicación manipulativa o coercitivas, con el fin de cumplir con objetivos.

Lo vimos recientemente en las prácticas poco Responsables de Directivos del sector de la banca que dieron lugar a la famosa crisis de las hipotecas basura.

No cabe duda de que las consecuencias de estas prácticas hayan generado mucho dolor y sufrimiento no solo en ciertos Directivos, sino en sus principales Stakeholders y clientes.

Pero renunciar a estos objetivos también puede implicar mucho dolor puesto que significa decir no a ciertas políticas de empresa, con el riesgo de perder incluso el puesto de trabajo o suculentas cuantías económicas en términos de primas.

No tenemos porque indignarnos por todo esto, puesto en nuestro pequeño reproducimos este mecanismo de toma de decisiones continuamente, todos los días, con nuestros amigos, vecinos de casa, compañeros de trabajo, hijos y pareja.

Puede que me sienta en derecho de conseguir mis objetivos profesionales o de ocio y que esto conlleve un conflicto con mi pareja y mi familia por no atenderles adecuadamente. Pero a la vez entraría en conflicto conmigo mismo por no lograr mis aspiraciones en el supuesto de renunciar a ello. ¿Qué hago? ¿Sufro por un lado, o sufro por el otro?

Y practicando deporte de resistencia: afronto el dolor que implica seguir adelante cuando creo que no puedo más, o el dolor para mi autoestima de dejarlo?

Puede que entre en conflicto con mi vecino de casa por querer poner una barbacoa en mi jardín y tener que hacerlo en la mejor zona para mí que coincide con la valla que linda con su parcela a la altura de la ventana del salón de su casa. ¿Renuncio a mis barbacoas por renunciar al conflicto, o renuncio a la buena relación con él por no renunciar a mis deseos?

Sea cual fuere la decisión que tome, esto siempre implicará una renuncia y un conflicto, bien conmigo mismo por renunciar a mis deseos, o bien con los demás por renunciar a la buena convivencia a favor de mis prioridades. Y el dolor es asegurado en un caso o en el otro.

Ahora bien, la intensidad del dolor depende de la rigidez con la que abordemos una u otra postura. A mayor rigidez, mayor dolor.

Si queremos eliminar el dolor, tendremos que eliminar o suavizar esa rigidez de plantemiento. Y esto implica realizar una labor de desprendimiento de todos aquellos elementos, creencias, planteamientos y posturas que concurren a esa rigidez.

Las personas, bajo este enfoque muchas veces caen en el error de creer que ante el prójimo, son siempre ellas quienes entonces dan el brazo a torcer; que son siempre ellas quienes tienen que esforzarse para que las cosas salgan más o menos bien en lugar de sus interlocutores; que son siempre ellas están buscando soluciones en nombre de un mayor bienestar común.

La labor de desprendimiento inicia con el renunciar a esta actidud.

Para conseguirlo es importante asumir que sus decisiones son el mejor revelador de cuáles son sus principales valores, que es lo que les importa más,  que están dispuestas a renunciar en nombre de lo que elijen.

Si optas por renunciar a tus objetivos profesionales a favor de una mejor convivencia con tu pareja, esto significa que de alguna manera necesitas más lo segundo que lo primero. Que la convivencia con  tu pareja es más importante que tu objetivo. O que tu objetivo puede esperar. O que no confías tanto en lograr tu objetivo como para arriesgarte a perder una cosa y no conseguir la otra: que no estás dispuesto/a a pagar un precio tan alto para lograr lo que buscas, o que de alguna manera una cosa no compensa la otra.

Entonces el conflicto real ya no es con la otra persona, sino con uno mismo, ya que uno no acepta el desprenderse de una parte de sus aspiraciones que van más allá de lo que realmente se siente capaz de lograr. Es un problema de frustración con uno mismo más que de conflicto con los demás. Y si no lo resuelve, lo más probable es que al fin y al cabo tampoco sea capaz de evitar el conflicto con la otra persona por pagar su frustración con esa misma persona.

La cuestión entonces está en salir del victimismo y de esa auto-compasión que nos hace pensar que siempre somos nosotros los desgraciados,  y asumir que lo que deseamos implica esfuerzo, elecciones y prioridades.

Y priorizar siempre significa abandonar algo: bien un convencimiento o bien una comodidad material.

Que tenemos que elegir si queremos una vida cómoda o si queremos perseguir lo que de deseamos, cueste lo que cueste. Ser entonces consecuentes con lo que esto pueda implicar en términos de desprendimiento personal.

No opto necesariamente por las decisiones altruistas y “moral y políticamente” correctas, sino con asumir necesariamente el trabajo de “duelo” que implica para uno mismo, abandonar algo y del trabajo de agradecimiento que implica tener la oportunidad de conseguir lo otro.

Buscar Las Causas De Un Problema, No Lleva Necesariamente A Las Soluciones, Y Para Encontrar Soluciones, No Siempre Hay Que Actuar Sobre La Causa

Buscar Las Causas de Un Problema No Lleva Necesariamente a Encontrar Soluciones

Exigir un Cambio a los Demás, es la Mejor Manera de Mantener el Problemas: Nosotros Mismos

Exigir un cambio a los demas es la mejor manera de mantener el problema - nosotros mismos

Normas de Comunicación Positiva: ¿Cual es la más Importante para ti?

www.optimacoaching.es   

Investigando en las Reglas de Comunicación que permiten mejorar o garantizar una buena convivencia en un Equipo de Trabajo, en una Empresa, como en una Pareja o una Familia, detallaré a continuación los que más me han parecido importantes.

Independientemente de la lista a continuación, ruego al amable lector/a que participe en el debate:

a)      Indicando las 3 normas que le parecen más importantes;

b)      Añadiendo otras posibles que se le ocurran.

La lista de normas contiene las siguientes intenciones:

  1. Comunicarse en primera persona plural antes que en primera persona singular
  2. Proponer antes que imponer decisiones
  3. Proponer soluciones antes que criticar o quejarse
  4. Asumir la propia responsabilidad ante un problema antes que culpar o criticar al otro
  5. Proponer alternativas antes que manifestar una disconformidad o negación
  6. Dialogar antes que discutir desacuerdos
  7. Preguntar antes que afirmar ideas
  8. Confiar antes que sospechar de las intenciones del otro (buscar la intención positiva del otro antes que sospechar sobre su intención negativa)
  9. Comprender antes que corregir (buscar la comprensión de las razones  ajenas antes que los fallos para corregir)
  10. Buscar soluciones antes que razones
  11. Aceptar antes que rechazar propuestas
  12. Preguntar antes que interpretar en caso de dudas
  13. Escuchar antes que juzgar al otro
  14. Explicar y argumentar antes que decidir
  15. Compartir antes que repartir responsabilidades
  16. Asumir antes que evitar tomar decisiones
  17. Opinar antes que juzgar
  18. Contrastar antes que suponer ideas
  19. Asumir antes que justificar errores y responsabilidades
  20. Sugerir antes que pedir cambios al otro