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Posts Tagged ‘Creencias Limitantes’

Emocionar no es Intervenir en las Emociones

 

Las emociones son el resultado de un proceso cognitivo por el que la información captada por los cinco sentidos se organiza, clasifica y procesa en el sistema cognitivo hasta generar una respuesta. Dicha respuesta consta de tres componentes: pensamientos y juicios, emociones y comportamientos.

La ciencia que se ocupa de estudiar e intervenir en estos procesos es la Psicología. Y los profesionales formalmente cualificados para trabajar con ello son los psicólogos.

Sin embargo el proliferar de constante de técnicas orientadas a emocionar a las personas con el fin de producir cambios en su estado y disposición, está poniendo de manifiesto por parte de cada creador de esas herramientas el otorgarse el derecho a trabajar profesionalmente con dichas técnicas y ejercer como tal en el amplio mundo de las terapias y del crecimiento personal.

Cabe añadir que muchas de esas técnicas, no encuadradas formalmente en el corpus de protocolos testados científicamente, suelen constituir un refrito o refundido de herramientas y estrategias que muchas veces sus creadores han aprendido acudiendo a un psicólogo u observando a psicólogos en acción. Es el caso por ejemplo de la PNL.

saltimbanquiEsta praxis no otorga la ilegitimidad de a trabajar y cobrar por aplicar dichas técnicas, aunque desde un punto de vista ético se agradecería que esas actuaciones sirvieran para testar científicamente su efectividad y, tanto en el caso de no ser efectivas, como en el de no estar todavía testadas, al menos no se especulara con ellas y con su efectividad a través de publicidad engañosa.

Lejos de querer prohibirlas (¿Qué vamos a prohibir si no somos capaces de prohibir el tabaco por intereses comerciales?), quizás la cuestión sea regularlas así como se hace con el tabaco: si fumar mata, y hay que decirlo en el paquete, ¿por qué no decir que esas técnicas no está comprobado que tienen efecto estandarizable a un amplio margen de la población?

Otro opción es no llamarlas terapias. En eso ya han pensado sus creadores, abriéndose al concepto de “Desarrollo Personal”, es decir, un corpus de filosofías y técnicas orientadas a mejorar a la persona y contribuir a su crecimiento humano, partiendo del convencimiento de que la persona no está enferma: no hay diagnóstico, por lo que no hay enfermedad, por lo que no puede haber terapia.

Lo que ocurre bajo este principio es que sin enfermedad  no hay terapia, pero sigue habiendo personas que promocionan la intervención en emociones desde el crecimiento personal. La reflexión y la duda entonces surge espontánea:  ¿para qué tiene que haber intervención en las emociones? ¿para qué es necesario intervenir en una emoción o una creencia “imitante” si o es disfuncional o no causa un malestar en la persona? ¿para qué una emoción que no presenta disfunción , necesita de intervención?

Llegados a ese punto, algunos se esmeran para vender la idea de que los psicólogos solo trabajan la parte clínica, la enfermedad, y afirman que lo otro, la parte sana de la persona, es un territorio de legitima intervención para esas “profesiones”, que en la realidad no son profesiones sino meras estrategias de intervención derivadas en mucha ocasión de alguna corriente de la psicología para ayudar a las personas y contribuir a su crecimiento personal.

Aquí, la cuestión de fondo es que la psicología es la ciencia que estudia e interviene en el comportamiento, la cognición y la emoción humana, sin restricciones. Hay mucha psicología más allá de la clínica, como la deportiva, de las organizaciones, de los grupos (y equipos), perinatal, gerontológica, jurídica, mediación, etc. Relegar la psicología al territorio de la patología es un error conceptual de fondo cuando no representa una clara y maliciosa intención de beneficiarse y especular de manera fraudolenta con ello.

La idea de que los psicólogos trabajan la patología y los profesionales del crecimiento personal trabajan la parte sana de la persona es una mentira. Solo los psicólogos clínicos trabajan con la enfermedad. Luego están otros psicólogos con su propia especialización (trabajo, educación, deoprte, jurídica, etc.), trabajan desde la salud, en el campo en que pretenden ubicarse esas nuevas corrientes.

No nos engañemos: o estamos creando eufemismos para legitimar el intrusismo profesional, o estamos confundiendo emocionar con intervención en emociones.

Capítulo aparte merece la cuestión acerca del Coaching: ¿indicees psicología o no es psicología? ¿tiene que aplicarlo los psicólogos o no? La cuestión en este aspecto es muy clara: el coaching nació como actividad de ayuda a una persona para la consecución de objetivos, basada en un arte dialéctica (ojo, una arte, no una terapia) que es la mayéutica. Un coach tiene la función de ayudar a través de la pregunta a reflexionar y ordenar ideas con el fin de organizar y ejecutar una conducta orientada a un fin. Es la misma persona que decide la conducta y toma las decisiones. El coach solo ayuda a la reflexión, no dictamina, no juzga, evita contaminar el proceso con sus suposiciones. Para ello no hay que ser psicólogos. El problema surge cuando desde el coaching se pretende intervenir en las emociones o bloqueos emocionales de una persona que no logra poner en práctica lo que decide o lo que le gustaría hacer: cuando se inicia a trabajar intencionalmente sobre creencias limitantes, bloqueos emocionales, etc. El mero hecho de intervenir en ese campo representa un “cruzar la línea” del intrusismo profesional.  Y no todos los coaches son conscientes de ello o tienen intereses en mantenerse en su “lado de campo”.   Pero por ello no hemos de demonizar al Coaching como estrategia de intervención.

Que duda cabe que las emociones son un terreno común a todos los seres humanos. Así como los son los estornudos y la gripe. Y que duda cabe que en muchas ocasiones una emoción nueva es capaz de cambiar el estado de una persona y tener efectos terapéuticos: es lo que ocurre con la música, el cine, y el arte en general: provocan emociones que nos sacuden y llegan a tener efectos terapéuticos, pero no tienen la intención directa de “curar” nuestras enfermedades emocionales o disfunciones cognitivas.

Quizá sea hora de aproximar esas técnicas a un arte que simplemente genera entretenimiento y bienestar. Ese entretenimiento puede que tenga efectos terapéuticos, pero de ahí a vender ese producto como terapia hay un salo especulativo que haría caer en el fraude profesional.

Hay personas “adictas” a charlas, libros, videos de desarrollo personal. Les encanta. Pero no por ello encuentran fin a su sufrimiento y malestar, sino que generan una nueva forma más de “entretenimiento”, es decir de distracción del problema, para seguir viviendo o conviviendo con ello sin afrontarlo directamente. Puede que algún día una de esas charlas provoque un salto cuántico en sus emociones y sistemas cognitivos que de repente ponga fin a su malestar, pero no será fruto de la serendipia, no de la acción terapéutica intencionada.

Seamos honestos y éticos, dejemos la intervención sobre las emociones a los psicólogos, y hablemos de arte que emociona para vender esos productos.

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Cambia De Actitud: Pasa Del “Esque” Al “Ysi”

Lo que sientes depende de a lo que prestas atención. Y si tu atención se va hacia pensamientos negativos, éstos predispondrán tu cuerpo a actuar a la defensiva. Y actuar a la defensiva no siempre está reñido con afrontar una situación de manera eficaz.

Podemos decir que ahí donde tu atención se detenga, condicionará no solamente tus emociones, sino también tus acciones. Y las acciones son lo que te separa de los resultados que quieras obtener: dependiendo de la manera en la que actúes, cambiaras el destino de los acontecimientos para obtener unos resultados u otros.Y tal como piensas, acabarás actuando.

Existe un patrón de pensamiento defensivo muy dañino y limitante a la hora de afrontar ciertas situaciones. Es muy frecuente entre las personas que constantemente buscan una justificación para no tomar decisiones valientes.

Se trata de aquellas personas que siempre tienen un problema por cada solución, en lugar de una solución para cada problema.

Ese patrón de pensamiento se instala y enquista en dos palabras tremendamente paralizantes con las que inician cada frase: “Es que….”

Lo que suele seguir a esas palabras es normalmente un argumento que trata de neutralizar la propuesta recibida. Hagamos un ejemplo:

  • Coach: ¿Cómo sería para ti afrontar ese problema actuando como lo hizo tu adversario?
  • Coachee: Es que a él le favorecieron los árbitros.
  • Coach: ¿Qué hubiera hecho en caso de que no le favorecieran?
  • Coachee: arriesgarse jugándosela a todo o nada.
  • Coach: ¿Te atreverías a jugártela a todo o nada?
  • Coachee: Es que hay que tener suerte para que te salga bien.
  • Coach: ¿Y además de suerte que habría que tener?
  • Coachee: Valentía, pero es que el cementerio está lleno de valientes.
  • Coach: ¿Solo los valientes van al cementerio?
  • Coachee: No, todos acabamos ahí tarde o temprano.
  • Coach: ¿Entonces qué te planeas hacer?
  • Coachee: Es que mi situación no es la misma que la suya….

 

Hand stopping falling dominoes - domino effect

Corta el flujo de tus pensamientos, programando otras frases: Pasa del Esque al Ysi

Es muy complicado sacar del hoyo a personas con este patrón si no entendemos la necesidad de cambiar su enfoque “Es que” con otra entradilla de frase. Como la mente se auto-programa en la medida en la que usa ciertas palabras, es conveniente en ese caso desviar la atención del Coachee en otros aspectos. Se trata de pasar el “Es que…” al “Y si…”. El resultado puede ser sorprendente:

  • Coach: ¿Cómo sería para ti afrontar ese problema actuando como lo hizo tu adversario?
  • Coachee: Es que a él le favorecieron los árbitros.
  • Coach: ¿Y si se diera la casualidad de tener los árbitros a favor, que harías?
  • Coachee: arriesgarme jugándomela a todo o nada.
  • Coach: ¿Te atreverías a jugártela a todo o nada?
  • Coachee: Es que hay que tener suerte para que te salga bien
  • Coach: ¿Y si tuvieras suerte, demos por hecho que la tengas, que otras cosas deberías tener para ganar?
  • Coachee: Fuerza, Constancia y Concentración.
  • Coach: ¿Y si la fuerza la constancia y la concentración fueran características tuyas, que tendrías que haber hecho para lograrlas?
  • Coachee: entrenar sobretodo los movimientos rápidos y de ataque y centrar mi atención en su cintura, y ser capaz de mantener la mirada en sus ojos más tiempo que él.
  • Coach: ¿Entonces qué te planeas hacer?
  • Coachee: voy a entrenar con un compañero estos aspectos.

 

El “Y si” conecta a la persona con resultados positivos, detonando una serie de conexiones neuronales y emocionales que llevan a la personas a moverse hacia el escenario deseado, mientras que el “Es que”, conectando con escenarios negativos y desmotivadores, con mayor frecuencia conecta a la persona con tratar de evitar esas circunstancia. La prioridad de evitar la circunstancia detona una serie de mecanismos biológicos defensivos de “huida”, que alteran la prioridad de la persona, siendo ésta la de preservar su propia condición. La prioridad es protegerse y, desde este enfoque, se pierde toda posibilidad de formular ideas orientadas a afrontar y superar la situación: parece que el “es que” active el cerebro más primitivo, el reptiliano, que toma las riendas de la situación para dirigir comportamientos instintivos de acción-reacción. El “Y si”, sin embargo al facilitar la creación de escenarios deseados, la visualización, parece activar la zona pre-frontal de la corteza del cerebro, haciendo que actuemos desde el neocortex, la parte más evolucionada del cerebro, que gobierna las funciones ejecutivas y decididas.

Obviamente estamos en el campo de las suposiciones, y es que no hay investigación científica que corrobore esta hipótesis, pero:  ¿Y si fuera cierto?

¡Libérate de Tus Miedos! Sé Psicópata

Abundan en literatura de Auto Ayuda títulos o frases como “Supera tus miedos”, “Abandona tus miedos”, “Libérate de una vez de tus miedos”, “Erradica el miedo de tu vida”, etc.

También en los blogs de Coaches se usa y abusa este concepto para vender ideas, servicios y estrategias de afrontamiento en muchas ocasiones abordadas de una manera superficial y falaz, cuando el Coach no domine a fondo los estudios y la experiencia en intervención psicológica necesarias para entender este mecanismo psico-emocional.

Y la pregunta que surge es la siguiente: ¿Es posible vivir sin miedos?

Tras analizarlo y observarlo llegué a la conclusión de que suele darse un solo caso psicológico en el que los miedos pueden desaparecer del ser humano, y es llegando a la locura. Pero no una locura cualquiera, sino la psicopatía.

Miedos

El miedo es un recurso adaptativo del que nos dota la naturaleza (como a todos los animales) para preservar y mantener la especie. Gracias al miedo no nos lanzamos al agua (al menos sin precauciones) cuando estén infestadas de tiburones blancos. Y si lo hacemos, pondremos en práctica las debidas precauciones (jaula, no estar en la superficie, etc.).

El miedo es un recurso útil en cuanto nos ayuda a tomar decisiones que conserven la especie y no nos expongan ante peligros.

El problema surge cuando esos peligros son más bien percibidos que reales, y cuando nuestra propia imaginación nos sugestiona tanto como para hacernos tomar decisiones “conservadoras” allá donde queremos tomar decisiones más bien valientes.

Pero esto no tiene que ver con eliminar al miedo de nuestra vida, sino con aprender a funcionar conviviendo con un nivel de esta emoción que no suponga un freno para nuestras intenciones.

Vivir sin miedo equivale, por el contrario, a desarrollar la capacidad de no sentir emoción alguna ante lo que nos suceda. No tener el miedo implica a la vez no sentir la ilusión para lograr eso que el miedo nos impide. Es la condición del psicópata, es decir de aquella persona que vive desconectada de sus emociones.
Vivimos en un mundo dual, donde por cada cosa que experimentamos, existe también la contraria. El miedo y su extremo opuesto, llamemosle ilusión o valentía, son dos caras de un mismo folio. No se puede quitar una sin tener como efecto el de eliminar a la otra. Eliminar el miedo, significaría irremediablemente eliminar la ilusión.

Al contrario, se trata más bien de experimentar ese miedo y disfrutar de él. Averiguar porque lo tenemos y aprender de lo que nos quiere mostrar para superarlo, pero no eliminarlo.

Es bueno ser conscientes de ello y no auto-engañarse con eso de eliminar uno sus miedos, a menos que no quiera desarrollar una psicopatía.

Y es bueno que los profesionales del sector de la psicología tomen consciencia de ello a menos que aquellos coaches que no poseen los conocimientos necesarios de psicología y decidan tratar estos casos, deseen convertir a sus clientes en psicópatas.

Toda intervención con el miedo de los clientes, tanto terapéutica, como en coaching, en mi experiencia, logró los resultados esperados cuando pusimos como objetivo en lugar de la eliminación del miedo, el aprender a vivir con ello sin que afecte a la persona o le impida hacer lo que desea.

La Zona de Confort Es Necesaria: Desmontando Algunas Mentiras Del Coaching

Nadie me puede Motivar, Me Gusta La Zona de Confort, Los Miedos me Protegen, No tengo Creencias Limitantes, y Soy Feliz.

PayasoMuchos conceptos en el ejercicio del Coaching han evolucionado en los últimos años y, los que en principio parecían grandes avances, han demostrado pronto sus limitaciones. Esto nos está llevando a rediseñar un nuevo código del Coaching más ecuánime que ha dejado atrás el brillo superficial de aquellos speakers aparentemente motivadores cuyo discurso carecía de fundamento y no estaba sustentado en un conocimiento de los mecanismos psicológicos y emocionales del ser humano. A continuación detallamos algunos de esos conceptos desmitificados:

1. Se acabó la era de los “Gasolineros”: nadie motiva a nadie. Nadie chuta energía a nadie como si fuera gasolina que le haga funcionar: porque igual la gasolina que me chutan es diesel y yo necesito combustible hibrido porque soy “más limpio” pero corro menos, o porque me tratan de chutar gasolina de fórmula uno o de competición para que mi coche corra más, mientras mi coche necesita Euro 95. Ha quedado atrás el concepto de Leader motivador. Como mucho se puede ser Leader inspirador, pero la evidencia ha demostrado que nadie puede motivar a aquellos que no desean estar motivados o motivarse. Así como se expresa el libro Camino al Cambio (Bubok 2013), la motivación es una decisión personal e intransferible: en la empresa se convierte en una responsabilidad personal que funciona de bisagra entre empresa y empleado; si no estás motivado y no consigues motivarte, es tu responsabilidad y lo que deriva de ello es tan importante como definir si el trabajar desmotivado y no rendir adecuadamente, puede representar en sí mismo un fraude hacia la empresa.

2. La zona de confort es fundamental para el disfrute y la felicidad: la tan denigrada zona de confort no es algo malo en sí. Desde luego lo es si nos encontramos en una situación de malestar de la que deseamos aparentemente salir y no hacemos nada para ello, anclándonos a nuestro malestar. Será entonces que de alguna manera disfrutamos de ese malestar si no queremos abandonarlo. Cuando más disfrutamos de las cosas es cuando podemos parar y contemplarlas, es decir cuando nos sintamos realmente cómodos en ellas. La zona de confort puede confundirse con la rutina. Pero la rutina es importante para recrearse y afianzarse en un hábito hasta integrarlo y automatizarlo: y cuando un proceso se automatiza, se llega a fluir en ello. Y la fluidez es un concepto muy cercano a la felicidad. Otra cosa es que nos aferremos a ese hábito y a esa comodidad a toda costa como para resistirnos a los cambios inevitables de un mundo que evoluciona y que nos pide que evolucionemos en consonancia: en este caso nos quedaremos obsoletos si nos acomodamos.

3. Los miedos no son negativos, sino que nos ayudan a protegernos y a proteger lo que deseamos seguir disfrutando: el miedo, que es la base de la zona de confort, es una emoción adaptativa que nos preserva ante los peligros. No ayuda a proteger lo que hemos logrado para seguir disfrutándolo. Otra cosa es que nos apeguemos a ello como para que su falta nos cuse malestar. El miedo tiene por tanto una utilidad ya que nos ayuda a reflexionar sobre como mantener nuestro bienestar, siempre que sea en dosis comedidas y no nos lleve a la parálisis. Gracias al miedo podemos ser más prudentes cuando las situaciones lo requieren.

4. No existen las creencias limitantes en absoluto: las creencias no es que sean limitantes o potenciadoras en absoluto: las creencias surgen como efecto de procesos psicológicos orientados a ayudarnos a construir un significado de las experiencias que tengamos en la vida. Creamos creencias para dar significado a lo que vivimos. Toda creencia surgió en algún momento para ayudarnos a comprender y clasificar una situación de alguna manera para que pudiéramos convivir con ella o superarla. Es por tanto una creencia positiva, al menos en su intención inicial: otra cosa es que los tiempos cambien y que para adaptarnos a nuevas situaciones, esa creencia inicie a causarnos ciertas dificultades. La cuestión no estará entonces en destruirla o eliminarla o tratarla como una enemiga, sino en transformarla para que nos ayude a integrar los nuevos aprendizajes provenientes de esas nuevas experiencias.

5. Lo que más nos impulsa puede ser nuestra mayor limitación: ojo con eso de dejarse llevar por los valores positivos que a uno más le impulsan. Imaginemos que una persona desee ser speaker o conferenciante y que tiene como valor que le impulsa el reconocimiento. Buscando ese reconocimiento es posible que se auto-imponga un alto nivel de exigencia a la hora de hablar en público como para agradar al mayor número posible de personas. Pero imaginemos que el nivel de exigencia es tan elevado que la persona acabe sintiéndose invadida por la ansiedad y el nerviosismo. ¿Disfrutará esa persona de lo que más le impulsa? ¿Le ayudará esto a esa persona para lograr lo que desea y hacerlo adecuadamente?

6. La felicidad no está al final de un proceso, como consecuencia de obtener uno lo que desea, sino al principio: la felicidad es una decisión personal. Es un principio. Es una actitud que una persona decide tener en la vida. No por tener más dinero, más fama, más amor, más salud seremos necesariamente más felices. Sino que si somos felices con lo que tenemos, no tendremos necesidad de más dinero, más fama, más amor y más salud. Lo que se plantea uno desde la privación, no puede conducirle a algo bueno y beneficioso puesto que desde el subconsciente le reafirma constantemente que no tiene o no posee el objeto de su deseo, y que mientras no lo tenga no estará apaciguado su ánimo.

LA EXCELENCIA NO ENTIENDE DE CIENCIA

La Excelencia No Entiende de Ciencia

En más de una ocasión me he preguntado que opinará un científico investigador en Psicología sobre el libro “El Hombre En Busca De Sentido” de Viktor Frankl. Porque el caso de Frankl es tan singular y vinculado a la excelencia del sentir, pensar, y actuar humano que desde luego no encaja con la gran mayoría de la gente.

Viktor Frankl, ingresado en un campo de concentración consiguió sobrevivir durante muchísimo tiempo viendo como sus compañeros, mujer e hijos (creo eran hijas) dejaban su vida ahí. Él mismo cuenta que el motivo de tanto aguantar pese a los edemas y a la pérdida de dedos del pié por congelación,era debida al hecho de tener muy claro el sentido vital de aquella experiencia como paso necesario para luego publicar su libro y contar a la comunidad Psicológica de la Época sus hallazgos en como piensa y actúa una persona en situaciones similares.

Pero Claro Frankl, frente a los millones de judíos muertos y asesinados por los Nazis es una excepción. Es quizás ese porcentaje de error a la tésis que soportarían las ciencias  sociales que en un campo de concentración, lo normal es acabar muerto tras “x” tiempo de permanencia, con un alpha de .01 o .05.

Lo mismo podríamos decir de Mandela que tras 27 años de cárcel, consiguió cambiar el destino de su patria, siendo elegido presidente. ¿Qué probabilidades científicas tiene un ex-presidiario de ser elegido presidente de su país?

Lo mismo podríamos decir de Thomas Edison quien, tras más de 11000 experimentos, dio con la bombilla que iluminó nuestras casas durante 100 años, siendo tan coherente con sus propósitos como seguir en sus intentos en contra de lo que afirmaban los “científicos” de la época acerca de él (que era un loco, un fracasado, y que estaba perdiendo el tiempo).

Lo mismo podríamos decir de Einstein, quien dio la vuelta a la mecánica Newtoniana con la teoría de la relatividad.

O de Nicolás Kopénrico quien se atrevió a decir que no era la tierra, sino el sol, el astro que ocupaba el centro del universo.

O Cristobal Colón, quien se atrevió a surcar el oceáno en busca de las Indias en una época en la que la “ciencia” afirmaba que la tierra era plana y en ese charco acababa

También era cientificamente imposible que una persona afroamericana (con piel negra) pudiera ser elegido presidente de los EE.UU hasta hace 6 años.

O el caso del periodista Norman Cousins quien, tras caer gravemente enfermo y paralizado, ante las escasísimas esperanzas de vida que le dieron los médicos por no haber tratamiento, decidió sin resignarse, a cerrarse en casa a ver películas de humor mientras un amigo le inyectaba grandes cantidades de vitamina C. No obviamente, pero se curó.

O por qué no citar los ejemplos modernos que nos ofrece el deporte: Michael Jordan, quien desafió las leyes de la gravedad, o aquel caso de unos corredores que rebajaron el tiempo de ejecución de sus pruebas en contra de lo que decían los “científicos”, y que sobre ellos se dijo: “Como no sabían que era imposible, entonces lo consiguieron”.

Todo estos ejemplos de excelencia son casos evidentes de personas singulares, de la excelencia personificada en el poder humano de ir más allá de sus “limitadas” posibilidades.O mejor dicho, de lo que otros juzgan de manera pretenciosa que son sus limitaciones, creyendose poseedores de la verdad al esgrimir sus tesis como “cientificamente válidas y contrastadas”.

¿Qué diría hoy Sócrates si nos viera hablar por el móvil?   ¿Qué diría hoy Magallanes si viera pasar un avión con personas por encima de su cabeza, mientras navegara por las olas del oceano?

Y la evidencia es que las “ciencias sociales” basándose en criterios de probabilidad sobre “la mayoría de los casos con un mínimo margen de error”, no contemplan estos casos como científicamente probables, o los justifican como “las excepciones que confirman la regla”, abogando por lo que hace o por cómo se comporta la mayoría.

Bajo esta premisa se basa el sistema educativo, el social, y el sanitario principalmente.

Es así como niños con una inteligencia minimamente superior a la “media”, acaban siendo suprimidos por un sistema educativo que favorece un servicio destinado a las mentes “normales” (o porque no decir más bien medio-cres).

O como ciertas enfermedades tengan que tratarse con metodología convencional solo porque es “la que funciona para la mayoría”.

Viktor Frankl para la ciencia quizás nunca existió, o no sea posible. O quizás sea lo que llaman la excepeción que confirma la regla”. Quizás no se le otorgue el valor tan trascendental que sin embargo ha tenido su libro en transformar la vida de muchas personas en el mundo, incluso por encima e muchos hallazgos fruto de investigaciones sobre masas, basadas en lo que llaman “la evidencia empírica”.

Bajo este supuesto, pensemos en el gran poder limitante que tiene confiar en las “ciencias que basan sus resultados en probabilidades”: que según las previsiones recientemente publicadas (tras estudios proyectivos basados en la ciencia de la estadística) dicen que dos de cada tres enfermaremos de cáncer y por tanto afrontaremos esta eventualidad con resignación. Que hoy en día una persona con cáncer tiene muchas probabilidades de morir y afrontará la enfermedad con esta creencia dominante. Que un deportista, en teoría no se esforzaría tanto para mejorar sus marcas si le dicen que es imposible. Que un niño negro del barrio de Brooklyn en EE.UU. no se esforzaría para salir de la micro-cultura criminal que prevalece en su barrio porque los estudios dicen que no tiene prácticamente posibilidades de hacerlo.

GripeLa lamentable campaña de vacunación de la gripe 20013-14 del Servicio Murciano de Salud  pronuncia la siguiente frase: “la única alternativa a la vacuna”, encima de un dibujo que refleja una habitación (con colres y decoración tristona), con una cama, una mesilla y otros detallitos que además transmiten la sensación de soledad y desamparo. Insinuando que “O te vacunas, o caerás enfermo/a”. Dando la enfermedad como segura, y el medicamento como “salvación”.  ¿A qué intereses responde esta campaña? ¿A los de tener una sociedad que promueve la excelencia? Creo más bien a atentar en contra la salud mental pública, fomentando el miedo y la fobia.

Y esto nos pone en la evidencia de los hechos: la ciencia social, al basarse en las probabilidades calculadas sobre “la mayoría de los caso examinados” no hace más que apoyar y fomentar un sistema de mediocridad que mucho dista de la excelencia que tratamos de perseguir cada día.

Las ciencias sociales son en definitiva sinónimo de mediocridad y no de excelencia.

Personalmente creo que seguir y asumir como válidos ciertos datos demográficos provenientes de estudios sobre masas, no hace más que anclarnos en la mediocridad y la limitación del pensamiento.

Personalmente creo más en los ejemplo de excelencia previamente citados y de cómo el efecto de aprendizaje vicario de Bandura (es decir el aprendizaje basado en la observación de modelos) a partir de modelos de excelencia, sea el mejor método para trascender esa mediocridad.

Si buscas la excelencia, te será muy difícil conseguirlo si confías ciegamente en cierta “ciencia”.

La excelencia no conoce ciencia.