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Las 3 Leyes del Equilibrio

Y LOS 3 CONSEJOS PARA LOGRARLO

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No es lo mismo equilibrio que tensión. Estar en equilibrio no es lo mismo que estar en tensión. Si no pregún teselo a un amigo o amiga: ¿Cómo te sientes cuando estás en equilibrio? ¿Cuándo estás en tensión? ¿Es lo mismo?

Entonces, ¿Cómo lograr el equilibrio en la vida sin caer en la tensión?

 

1ª LEY: el equilibrio es un estado dinámico.

Pongamos por ejemplo un equilibrista que camina sobre una cuerda. Su objetivo es permanecer en equilibrio, y para ello ¿Qué hace? ¿Acaso permanece inmueble sobre una cuerda? No, se mueve y realiza continuos ajustes en el espacio para mantenerse c

omo tal. Y una vez que logra el equilibrio, ¿permanecerá inmueble? No. Seguirá en ese balanceo. Llegamos por tanto a la primera ley del equilibrio. Para llevar una vida en equilibrio y balanceada, hay que estar en continuo movimiento. La estaticidad no nos valdrá. Hay que estar dispuestos a cambiar constantemente de estado.  De acuerdo con eso surge el primer consejo:

  1. Estar dispuestos al cambio continuo.

2ª LEY: sin tensión no puede haber equilibrio.

La cuerda, que para ello se llama “floja”, es floja, pero eso no significa que no tenga tensión. Tampoco está excesivamente tensada. Tiene que ser suficientemente floja para permitirle permanecer en equilibrio, pero a la vez suficientemente tensada para no “flojear” y caerse. De aquí el segundo consejo.

  1. Encontrar el punto de tensión adecuado para que esos cambios sean llevaderos.

3ª LEY: son necesarias dos fuerzas para lograr el equilibrio: una la pone la persona, la otra, el contexto.

El contexto influye. Para obtener el justo punto de tensión, el equilibrista elige el contexto y lo adapta a sus posibilidades, tensando o relajando la cuerda según sus posibilidades. Es difícil mantenerse en una vida balanceada en  un contexto que no nos favorece ese equilibrio. Si ese no es el contexto, no nos va a servir el simple realizar continuos cambios y hay que tomar una determinación. Una de dos: cambiemos el contexto o cambiemos de contexto. De aquí el tercer consejo.

  1. Adecuar las dificultades a las posibilidades de cada uno: que viene a ser lo mismo a cambiar el contexto o cambiar de contexto.

 

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