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LA EXCELENCIA NO ENTIENDE DE CIENCIA

La Excelencia No Entiende de Ciencia

En más de una ocasión me he preguntado que opinará un científico investigador en Psicología sobre el libro “El Hombre En Busca De Sentido” de Viktor Frankl. Porque el caso de Frankl es tan singular y vinculado a la excelencia del sentir, pensar, y actuar humano que desde luego no encaja con la gran mayoría de la gente.

Viktor Frankl, ingresado en un campo de concentración consiguió sobrevivir durante muchísimo tiempo viendo como sus compañeros, mujer e hijos (creo eran hijas) dejaban su vida ahí. Él mismo cuenta que el motivo de tanto aguantar pese a los edemas y a la pérdida de dedos del pié por congelación,era debida al hecho de tener muy claro el sentido vital de aquella experiencia como paso necesario para luego publicar su libro y contar a la comunidad Psicológica de la Época sus hallazgos en como piensa y actúa una persona en situaciones similares.

Pero Claro Frankl, frente a los millones de judíos muertos y asesinados por los Nazis es una excepción. Es quizás ese porcentaje de error a la tésis que soportarían las ciencias  sociales que en un campo de concentración, lo normal es acabar muerto tras “x” tiempo de permanencia, con un alpha de .01 o .05.

Lo mismo podríamos decir de Mandela que tras 27 años de cárcel, consiguió cambiar el destino de su patria, siendo elegido presidente. ¿Qué probabilidades científicas tiene un ex-presidiario de ser elegido presidente de su país?

Lo mismo podríamos decir de Thomas Edison quien, tras más de 11000 experimentos, dio con la bombilla que iluminó nuestras casas durante 100 años, siendo tan coherente con sus propósitos como seguir en sus intentos en contra de lo que afirmaban los “científicos” de la época acerca de él (que era un loco, un fracasado, y que estaba perdiendo el tiempo).

Lo mismo podríamos decir de Einstein, quien dio la vuelta a la mecánica Newtoniana con la teoría de la relatividad.

O de Nicolás Kopénrico quien se atrevió a decir que no era la tierra, sino el sol, el astro que ocupaba el centro del universo.

O Cristobal Colón, quien se atrevió a surcar el oceáno en busca de las Indias en una época en la que la “ciencia” afirmaba que la tierra era plana y en ese charco acababa

También era cientificamente imposible que una persona afroamericana (con piel negra) pudiera ser elegido presidente de los EE.UU hasta hace 6 años.

O el caso del periodista Norman Cousins quien, tras caer gravemente enfermo y paralizado, ante las escasísimas esperanzas de vida que le dieron los médicos por no haber tratamiento, decidió sin resignarse, a cerrarse en casa a ver películas de humor mientras un amigo le inyectaba grandes cantidades de vitamina C. No obviamente, pero se curó.

O por qué no citar los ejemplos modernos que nos ofrece el deporte: Michael Jordan, quien desafió las leyes de la gravedad, o aquel caso de unos corredores que rebajaron el tiempo de ejecución de sus pruebas en contra de lo que decían los “científicos”, y que sobre ellos se dijo: “Como no sabían que era imposible, entonces lo consiguieron”.

Todo estos ejemplos de excelencia son casos evidentes de personas singulares, de la excelencia personificada en el poder humano de ir más allá de sus “limitadas” posibilidades.O mejor dicho, de lo que otros juzgan de manera pretenciosa que son sus limitaciones, creyendose poseedores de la verdad al esgrimir sus tesis como “cientificamente válidas y contrastadas”.

¿Qué diría hoy Sócrates si nos viera hablar por el móvil?   ¿Qué diría hoy Magallanes si viera pasar un avión con personas por encima de su cabeza, mientras navegara por las olas del oceano?

Y la evidencia es que las “ciencias sociales” basándose en criterios de probabilidad sobre “la mayoría de los casos con un mínimo margen de error”, no contemplan estos casos como científicamente probables, o los justifican como “las excepciones que confirman la regla”, abogando por lo que hace o por cómo se comporta la mayoría.

Bajo esta premisa se basa el sistema educativo, el social, y el sanitario principalmente.

Es así como niños con una inteligencia minimamente superior a la “media”, acaban siendo suprimidos por un sistema educativo que favorece un servicio destinado a las mentes “normales” (o porque no decir más bien medio-cres).

O como ciertas enfermedades tengan que tratarse con metodología convencional solo porque es “la que funciona para la mayoría”.

Viktor Frankl para la ciencia quizás nunca existió, o no sea posible. O quizás sea lo que llaman la excepeción que confirma la regla”. Quizás no se le otorgue el valor tan trascendental que sin embargo ha tenido su libro en transformar la vida de muchas personas en el mundo, incluso por encima e muchos hallazgos fruto de investigaciones sobre masas, basadas en lo que llaman “la evidencia empírica”.

Bajo este supuesto, pensemos en el gran poder limitante que tiene confiar en las “ciencias que basan sus resultados en probabilidades”: que según las previsiones recientemente publicadas (tras estudios proyectivos basados en la ciencia de la estadística) dicen que dos de cada tres enfermaremos de cáncer y por tanto afrontaremos esta eventualidad con resignación. Que hoy en día una persona con cáncer tiene muchas probabilidades de morir y afrontará la enfermedad con esta creencia dominante. Que un deportista, en teoría no se esforzaría tanto para mejorar sus marcas si le dicen que es imposible. Que un niño negro del barrio de Brooklyn en EE.UU. no se esforzaría para salir de la micro-cultura criminal que prevalece en su barrio porque los estudios dicen que no tiene prácticamente posibilidades de hacerlo.

GripeLa lamentable campaña de vacunación de la gripe 20013-14 del Servicio Murciano de Salud  pronuncia la siguiente frase: “la única alternativa a la vacuna”, encima de un dibujo que refleja una habitación (con colres y decoración tristona), con una cama, una mesilla y otros detallitos que además transmiten la sensación de soledad y desamparo. Insinuando que “O te vacunas, o caerás enfermo/a”. Dando la enfermedad como segura, y el medicamento como “salvación”.  ¿A qué intereses responde esta campaña? ¿A los de tener una sociedad que promueve la excelencia? Creo más bien a atentar en contra la salud mental pública, fomentando el miedo y la fobia.

Y esto nos pone en la evidencia de los hechos: la ciencia social, al basarse en las probabilidades calculadas sobre “la mayoría de los caso examinados” no hace más que apoyar y fomentar un sistema de mediocridad que mucho dista de la excelencia que tratamos de perseguir cada día.

Las ciencias sociales son en definitiva sinónimo de mediocridad y no de excelencia.

Personalmente creo que seguir y asumir como válidos ciertos datos demográficos provenientes de estudios sobre masas, no hace más que anclarnos en la mediocridad y la limitación del pensamiento.

Personalmente creo más en los ejemplo de excelencia previamente citados y de cómo el efecto de aprendizaje vicario de Bandura (es decir el aprendizaje basado en la observación de modelos) a partir de modelos de excelencia, sea el mejor método para trascender esa mediocridad.

Si buscas la excelencia, te será muy difícil conseguirlo si confías ciegamente en cierta “ciencia”.

La excelencia no conoce ciencia.

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