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Posts Tagged ‘Felicidad’

¿Consiste La Felicidad En Hacer Lo Que Uno Quiere?

“La felicidad consiste en hacer lo que uno quiere, que no significa hacer lo que a uno le da la gana”.

Hacer lo que a uno le da la gana es simplemente actuar en base a la voluntad y disposición del momento, desconectados de una línea que otorgue coherencia y sentido a lo que uno hace: en un momento apetece hacer una cosa y se hace; en otro momento apetece hacer lo contrario, y se hace con la misma de cambio. Esa incoherencia, a la larga influye en nuestro estado de ánimos ya que subconcientemente mandamos un mensaje a la mente de que actuamos sin rumbo y que nuestra vida carece de un sentido que vaya más allá del puro edonismo del momento.

La gran mayoría de personas que he atendido aquejadas por infelicidad, suelen situarse en este primer enfoque de vida, mientras que las personas que he podido conocer y de las que he podido comprobar un alto nivel de felicidad, suelen actuar desde otro enfoque vital relacionado con hacer lo que uno quiere, no lo que le da la gana.

La felicidad consiste en hacer lo que uno quiere
Hacer lo que uno quiere tiene que ver con definir claramente cuales con las prioridades y los objetivos de la persona, tener un fin, un propósito, actuar dentro de un marco de valores principios y finalidades por los que tenga sentido cada una de las acciones que la persona emprende. Esto puede suponer que en un momento dado sintamos que “no tengamos ganas” de hacer algo concreto, pero acabaremos motivados en hacerlo porque esa acción cumple con un propósito final claramente definido. También puede que pase que con el tiempo el propósito que inicialmente se defino, ya deje de tener sentido en función de nueva información que la persona adquiera y que cambie de alguna manera su paradigma, es decir el marco de valores y creencias que dan sentido a lo que hace: cambiando entonces el paradigma, posiblemente dejen de tener sentido ciertas acciones y así inicie a actuar de una nueva manera, en todo caso, siempre acorde con ese nuevo marco.

Bien, ser felices tiene que ver actuar bajo este segundo enfoque, teniendo la consciencia de que se está actuando en todo momento desde la libertad y autonomía, teniendo la oportunidad de perfilar lo que uno desea para su vida desde la actitud de auto-determinación en este mundo.

Pero, para lograr ser felices no basta tener claro este propósito, sino también tener claro el hecho de que la acción no tiene porque conducir necesariamente a unos resultados esperados: la felicidad no reside en los resultados, sino en la oportunidad de actuar con el fin de conseguirlos.

De hecho, es muy frecuente que por actuar de una manera, pre-configuremos nuestro universo en base a unas expectativas que surjan de esa intención de actuar, y que nos identifiquemos con esas expectativas hasta fusionarnos con ellas, confundiendo expectativas con acciones, acciones con resultados, resultados con objetivos, objetivos con deseos y deseos con derecho a su disfrute. Tergiversando nuestro propósito e intención inicial, acabaremos actuando sintiendo el derecho de que ocurran ciertas cosas que esperamos o deseamos : ¿Qué pasa entonces si lo que pre-configuramos desde nuestra expectativa acaba por no suceder? ¿Cómo nos sentiremos? ¿Qué haremos desde ese sentir y esa emoción?

Definitivamente es importante concluir y añadir que “La Felicidad consiste en hacer lo que uno quiere, no en conseguir lo que uno desea”.

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Creencias Limitantes, Auto-Determinación y Auto-Motivación

Tanto que creas que sí, como que creas que no, tienes razón. Así decía un sabio. Porque al fin y al cabo lo que mueve el mundo son las creencias (decía otro sabio).

Creer en algo es lo más poderoso para conseguir ese algo como lo es para conseguir su contrario, si se cree en lo contrario. Lo que al principio y al final cuenta es lo que uno cree.

FelicidadTras creer durante muchos años en las disciplinas motivacionales de la psicología clásica (me formé inicialmente como psicólogo industrial), me di cuenta que había casos de excelencia que salían de las leyes y teorías de esa psicología y los analicé y modelé (por ejemplo Viktor Frankl, o de Nelson Manela, o de Gandhi, o de deportistas como Michael Jordan, Alex Zanardi, Edurne Pasaban, u otras personas que han conseguido superar enfermedades y dificultades muy graves). A todos ellos les une una actitud que yo llamo de auto-determinación, basada en el auto-abastecimiento de motivación generada por la pura y profunda alineación con valores fuertemente arraigados a un propósito vital por el que dejar en segundo plano (casi) cualquier otra cosa, ante la consecución de ese propósito: una actitud centrada en sentirse como únicos responsables de la creación de su propio destino (para bien o para mal) y que deja solo bajo su propia responsabilidad y compromiso, el hecho de actuar en coherencia con esa creencia.

Si crees que lo de fuera es tan poderoso como para motivarte o desmotivarte, entonces dejarás que lo de fuera te motive y te desmotive a su antojo. Si crees que solo tú eres dueño de lo que sientes y te sucede, entonces solo tú decidirás que es importante y que no lo es. Del mismo modo, si crees que no puedes conseguir algo debido a tus circunstancias, al final no lo conseguirás (posiblemente ni lo intentarás) achacando la causa de tu fracaso, malestar, o descontento a esas circunstancias. Esto es tremendamente desalentador porque te anclarás a una actitud de indefensión por la que estarás diciendo a tu subconsciente que no controlas tu vida, o mejor dicho, no controlas como tu afrontas esa vida. Esto te hará sentir poco poderoso, nada inspirado y más desmotivado puesto que te preguntarás a ti mismo/a: ¿para qué intentarlo si al final no depende de mí conseguirlo….

A todo esto se puede dar un giro de actitud porque lo importante no está al final sino al principio: no es tan importante lo que se pueda conseguir al final, sino como planteamos el principio de nuestro actuar. Si crees que solo en ti está la voluntad de afrontar esas circunstancias para conseguir algo diferente, independientemente de la circunstancia, entonces actuarás por encima de esa u otra circunstancia.

Esto último responde a la actitud de auto-determinación con la que las personas funcionan cuando están alineadas con su propósito vital. James Allen decía que Las circunstancias no hacen al hombre, pero lo revelan (en cuanto le ponen delante de la oportunidad de auto-determinarse, o dejarse llevar, desvelando así su propia naturaleza). Del mismo modo Nietsche decía quien tiene un por que (o un propósito) soporta cualquier como (es decir la circunstancia). Y finalmente Viktor Frankl decía que Quizás no puedas elegir todo lo que te sucede (las circunstancias) pero sí puedes elegir qué hacer con ellas.

En definitiva, si una persona cree que lo que más le motiva está fuera de sí, de sus posibilidades y de su control, caerá en el riesgo o falacia de dejar entonces que sean cosas ajenas a su voluntad las que determinen su mayor o menor nivel de motivación.
Si una persona cree que lo contrario, con más posibilidades se sentirá dueña de su destino como para perseguir su propósito vital con auto-determinación. Y que lo consiga o no, no tendrá porque alterar su actitud o su estado de felicidad, puesto que no hay condición más feliz que la de haber hecho todo lo que depende de uno mismo y haber aprovechado las circunstancias a disposición (sean las que sean) para darse la oportunidad de alinearse con un propósito vital coherente con los valores y principios de esa persona.

El Tiempo No Es Lo Que Sucede, Sino Lo Que Tú Haces Para Que Suceda

Es curioso que hay épocas de nuestra vida que parece que pasan muy rápidas, y otras que parecen que no se pasan nunca… Parece que en ocasiones el tiempo va más rápido o más lento, pero la realidad es que se trata de una percepción subjetiva ya que los días disponen siempre de 24 horas todos los días.

¿Entonces qué es lo que hace que nuestra percepción cambie?

Son dos los factores que inciden en esta percepción:

1. El número de cosas que hacemos.

2. La profundidad con la sentimos lo que hacemos desde un punto de vista emocional.

RelojCon respecto al número de cosas, cuantas más hacemos, más parece que el tiempo vaya de prisa: la sensación es que el día se pasa rápido y que no tangamos el tiempo de “aburrirnos”. Esto si hablamos de la sensación presente mientras estemos en la tarea. Sin embargo, cuando todo ello se convierte en recuerdo, la gran cantidad de actividades realizadas hace que nos sorprendamos nosotros mismos de haber realizado/ conseguido tantas cosas en tan poco tiempo, y la sensación es de haber vivido muchas experiencias y que la vida no haya pasado tan lentamente como pensábamos cuando vivíamos esas situaciones.

Visto del modo contrario, en las épocas en las que no tenemos recuerdos de haber realizado muchas actividades, tendremos la sensación de que hayan pasado muy deprisa, pese a aburrirnos mientras las vivíamos.

Por tanto, cuantas más cosas hagamos, más parece que llenamos la vida de experiencia y, cuantas menos experiencias distintas y variadas tengamos, más parece que la vida pase de prisa. ¿Por qué?

Básicamente es porque medimos el tiempo en actividades y eventos, cosas que nos suceden y experiencias que tenemos. De hecho, podemos decir que el tiempo no es lo que pasa y se mide con las agujas del reloj, sino el conjunto de actividades y experiencias que nosotros somos capaces de tener y producir durante ese transcurso.

Pero es evidente el revés que puede tener este aspecto: que cuanto más nos afanemos para hacer muchas cosas variadas, más tendremos la sensación de que nos estamos perdiendo algo por el camino y que no estamos viviendo con “Profundidad” lo que hacemos. ¿Cuántas veces, presas por el estrés de hacer muchas cosas, hemos caído en no haber sido capaces de disfrutar de lo que hacíamos? Aquí entra el segundo factor en juego:

La profundidad con la sentimos lo que hacemos desde un punto de vista emocional, parece no tan fácil de conseguir aunque es un ingrediente base esencial para disfrutar de la vida y sentir esa “plenitud” que algunos relacionan tanto con la “felicidad”. ¿Cómo conseguir todo esto?

Desde luego aprendiendo a vivir el presente: dicho así parece una frase vacía, de esas tantas que se leen en libros de auto-ayuda, que quedan bien pero no dicen más. Pero en este post iremos un poco más allá y explicaremos el real significado de “vivir con profundidad el presente”: esto significa afrontar cada actividad del día a día con la consciencia plena de donde estamos, qué estamos haciendo, porque lo hacemos, para qué lo hacemos, ser conscientes de que lo realizamos de la manera más agradable, dentro de lo que cabe en nuestras posibilidades, y ser conscientes a la vez de la intención positiva que nos guía para hacerlo. Siempre que hagamos algo conscientes de todos estos aspectos mientras lo estemos realizando, estaremos viviendo el presente en profundidad.

Para lograrlo es importante que nuestra atención esté centrada en lo que estemos haciendo y que cada vez que notemos que se desvía hacia preocupaciones/ especulaciones del futuro, o rumiaciones/ recuerdos sobre el pasado, (todo ello ajeno a la situación presente), volver a centrar la mente en lo que se esté haciendo y recuperar esa conscienciaen esa intención positiva, como disciplina de pensamiento.

Todo ello significa asumir el control de lo que estemos haciendo, siendo conscientes de que en todo momento estemos realizando algo para conseguir que sucedan ciertas cosas movidas por esa intención positiva.

De esta manera la experiencia vivida cobra profundidad y significado y, pese al número de actividades que hagamos, no tendremos la sensación de que el “tiempo haya pasado” tan rápidamente.

Tras este razonamiento podemos decir que el tiempo finalmente no es lo que simplemente sucede, como si fuera algo alejado y ajeno a nosotros: si así fuera se convertiría en vacío, en tiempo inexistente y ausencia de recuerdos, por tanto en ausencia de tiempo.

El tiempo es más bien el conjunto de todas las cosas que nosotros somos capaces de convertir en recuerdo porque las vivimos con suficiente intensidad y profundidad emocional debido a vivir nuestro presente con atención plena, conscientes de que estamos haciendo algo con una intención positiva orientada a que sucedan ciertas cosas.

Definitivamente, el tiempo no es lo que simplemente sucede, sino el conjunto de actividades que nosotros realizamos con la intención positiva de que las cosas sucedan.

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Próxima Cita en Las Jornadas Conciencia Con Ciencia – 14 Junio

xxiv jornadas murcia BREncantado de haber sido elegido para inaugurar las XXIV Jornadas Conciencia con Ciencia, ofreceré una transformadora conferencia de ’90 minutos a las 10:00 de la mañana del Sábado 14 de Junio, titulada “Objetivos Vitales y Felicidad“, extraída de mi primer libro, Camino Al Cambio.

Las XXIV Jornadas Conciencia con Ciencia, son un evento multitudinario que en su última edición en Murcia, en 2012, congregó a más de 1000 personas.

Para inscripciones hacer click aquí.

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Sufrología del Fracaso

Pensador¿Qué es lo que realmente duele a una persona, cuando no consigue un objetivo esperado? ¿El fracaso? ¿Y qué es el fracaso?

Psicológicamente, el fracaso no es otra cosa que la resultante, en términos pasivos (es decir en términos negativos) de la diferencia entre el valor asignado por una persona al resultado obtenido de una acción, y el valor asignado a la idea o expectativa del resultado deseado y previamente imaginado por parte de esa misma persona.

En esto términos, si una persona obtiene como consecuencia de sus acciones un resultado al que asigna un valor de 4 en una escala de 1 a 10, pero se esperaba un resultado de 7, la diferencia entre 4 y 7 será de -3, es decir un resultado pasivo.

Todo resultado pasivo de esa resta, es susceptible de ser considerado psicológicamente como un fracaso.

Por el contrario, llamaremos éxito toda aquella diferencia que iguala o supera en este balance al valor de 0.

Ahora bien, analicemos los términos que llevan a ese resultado: por un lado tenemos a un resultado que es objetivo, es decir la evidencia de la realidad.

Por el otro tenemos a la expectativa personal acerca de ese resultado. Es decir una realidad psicológica que solo depende de la persona, no de los hecho.

No cabe duda de que entonces en lo que solemos llamar “Fracaso” tiene mucho que ver, al menos en un 50%, esa expectativa y el punto en el cual el protagonista ubica esa expectativa. Desde luego los hechos no siempre dependen de quien actúa ya que entre lo que hace y los resultados que cosecha pueden interferir muchas variables imponderables. Pero cierto es que el otro 50%, es decir el punto en el cual el protagonista ubica su expectativa, sí es plenamente controlable ya que depende exclusivamente de lo que piense esa persona.

Esto nos devuelve una conclusión importante: que dependiendo de dónde ubicamos nuestra expectativa, tendremos más o menos posibilidades de “sufrir” por un fracaso, independientemente de cómo se desarrollen finalmente los hechos: a mayor auto-exigencia y expectativa, mayores posibilidades de que los resultados no alcancen ese listón que la misma persona se auto-impone.

Por eso, lo que realmente duele a una persona cuando “fracasa” no son los hechos ocurridos, sino la diferencia entre cómo valora esos hechos, y la valoración de las expectativas que se hizo previamente.

Por esta razón, el sufrimiento es directamente proporcional a la distancia entre lo sucedido y el deseo/ expectativa de algo diferente de lo sucedido.

Por esta razón, no es tan importante lo que nos sucede, sino como nos lo tomamos: el significado que le damos.

Por esta razón, una de las mayores barreras a fluir con la vida y ser felices, no son los acontecimientos que nos ocurren, sino las expectativas de que las cosas tengan que ser de una cierta manera.

Por esta razón lo que más concurre a la insatisfacción y sufrimiento de una persona, no es lo que le pasa o lo que le hicieron, sino la manera en la que se aferre a unas expectativas concretas acerca de lo que, según ella, debería haber sucedido.

Por esta razón, cuando la dificultad de los hechos es inevitable, el sufrimiento es opcional. Porque tenemos la posibilidad de deshacernos de esa expectativa y eliminar el sufrimiento, o aferrarnos a ellas y seguir sufriendo.

Por esta razón, el camino hacia una vida más plena pasa paradójicamente por la posibilidad de abandonar toda expectativa acerca de una vida plena: y de que una vida plena tenga que corresponder a una idea pre-determinada acerca de cómo debería de ser una “vida plena”.

En definitiva, la vida se llena no tanto en la medida en la que tratamos de añadirle cosas, sino en la medida en la vaciamos de necesidades y expectativas.

¿Tienes El Síndrome De La Tarea Sucesiva? – Una de las Mayores Fuentes de Estrés

Tras estar coqueteando durante un periodo más o menos largo de estrés y tratar de gestionarlo a través de la consciencia plena (Mindfulness), me di cuenta de que una de las principales causas de estrés es lo que llamo “Síndrome de la tarea sucesiva”.

ObstaculosReconozco que en mi caso este síndrome es mi principal fuente de estrés y lo que actualmente está viéndome implicado en su abordaje y resolución, no sin dificultades, ya que he descubierto que su origen se instala una pauta mental o hábito poco saludable, muy incrustado en mis automatismos e idiosincrasias diarias, desde al menos 15 años.

¿Qué es el síndrome de la tarea sucesiva?

Es un cuadro de estrés y malestar que surge mientras una persona realiza una tarea, dentro de una sucesión de tareas en las que otorga más importancia y trascendencia a la tarea sucesiva en lugar de la que está realizando en ese momento: por ejemplo, conducir para ir a una reunión; cambiar el pañal de su propio hijo en el medio de la final de copa de su equipo; atender una consulta por teléfono que hace un tercero, con un e-mail pendiente de enviar a una persona de la que dependen decisiones de mayor incumbencia; comer para luego irse de paseo con la persona querida; cargar una lavadora en el intermedio publicitario de una película que nos tiene “enganchados”, etc. No tiene porque ser la tarea más trascendente para los beneficios efectivos de la persona, sino aquella a la que la persona suele otorgar más importancia y mayor carga emocional o preocupación, independientemente de los beneficios que pueda extraer ella.

¿Qué efectos tiene?

Básicamente el efecto más común es el de no permitirnos disfrutar de lo que estamos haciendo porque acabamos siendo presas de las preocupaciones por la tarea sucesiva: todo lo que se nos pone entre medias se convierte en algo poco agradable, privo de significado, o incluso un estorbo, un contratiempo, con toda la frustración que conlleva. Presas de este síndrome acabamos por perder progresivamente la capacidad de disfrutar de lo que hacemos y de las pequeñas cosas que dan sabor a la vida por estar constante y compulsivamente preocupados por la tarea que va a venir.

¿A quién afecta?

A todos en distintas partes de la vida, aunque reconozco que las personas más perjudicadas son aquellas con alta tendencia a trabajar por objetivos, muy obcecadas en la gestión el tiempo, que trabajan con listas de tareas a las que no ponen límite, que establecen prioridades y que todo ello lo hacen con altas dosis de ambición, auto-exigencia y perfeccionismo.

¿Cómo les afecta?

La tarea sucesiva a realizar y la carga emocional que supone se presentan en forma de pensamientos intrusivos durante la realización de otras actividades previas, funcionando como anticipaciones y generando una necesidad imperiosa de “acabar cuanto antes” y hacer las cosas con prisa para disponerse a realizar la tarea siguiente que les preocupa.

¿Qué se puede hacer con ello?

La atención plena (mindfulness) permite tomar mucha consciencia de los momentos en los que acabamos siendo presas de esa tendencia. Pero tomar consciencia en si mismo no sirve de mucho si esa consciencia no se usa para mejorar o producir cambios efectivos orientados al bienestar. Esos cambios tienen que ver con trabajar sobre las expectativas y la actitud de auto-disciplina personal. Practicar meditación y atención a la respiración ayuda porque mejora el entrenamiento, pero no basta por sí mismo.

La clave consiste en tratar de re-dirigir el proceso hacia una tendencia al “fluir”. Para ello es muy útil apartarse momentáneamente y periódicamente de las tareas y rutinas diarias y disponerse a hacer algo nuevo y distinto.

Pero lo más efectivo es practicar la posibilidad de renuncia y el desapego de nuestras mismas expectativas. No se trata de asumir una actitud conformista ante la vida, sino de pensar en términos de “desprendimiento de exigencias” en lugar de “acumulación o maximización de beneficios”: es decir, en lugar de pensar en términos de logros acumulativos, pensar en términos de renuncias satisfactorias. Al fin y al cabo, todo logro implica siempre un precio que tenemos que pagar para conseguirlo: y ese precio se paga en términos de cosas a las que renunciamos para obtener ese logro; lo mismo ocurre cuando compramos algo: renunciamos al poseer cierto dinero con el fin de obtener otro bien a cambio.

Pensar en lo que estoy dispuesto a pagar hoy en lugar del logro que quiero maximizar, nos ayuda a tomar una dimensión más realista de nuestras posibilidades tal y como pasa cuando vamos a comprar algo: no compramos nunca lo que queremos, sino lo que estamos dispuestos o podemos pagar para tenerlo.

De esta manera es mucho más fácil redimensionar nuestras expectativas y asumir una actitud más acorde con nuestras posibilidades: soñar grandes resultados y luego frustrarse por no lograrlo, es muy fácil, pero demasiado caro en ocasiones.

La Felicidad Ni Es El Destino Ni Es El Camino: Es El Inicio

Eso de la felicidad es algo muy curioso. Y la industria que se está montando alrededor la verdad es que poco tiene que ver con facilitar a las personas una vida más plena y mejor….

Pero razonemos sobre esto último: ¿Acaso la vida tiene que ser plena? ¿Acaso ya no lo es? ¿Será porque nos encargamos nosotros de vaciarla….? ¿Y tiene que ser mejor? ¿Mejor, con respecto a qué? ¿O a la de quien?

En todo caso, antes de seguir esta digresión será el caso de aclarar que se entiende en este post como felicidad: porque este es un término muy prostituido y facilmente confuso con “placer” o alegría. Y así lo hace en parte el RAE (Real Diccionario de la Academia) cuando en su prmer significado entiende a la felicidad como un “estado de ánimo que se complace por la posesión de un bien”. Como si lo material dirigiera lo interior….. Menos mal que vino un día IKEA y cambió esa definición diciendo que “no es más feliz el que más tiene sino el que menos necesita”….

Aquí trataremos esa felicidad fácilmente tergiversada en alegría, así como la trata la industria de la felicidad, que coincide con como la entiende el RAE y que se da con la posesión de un bien, y que convierte la búsqueda de la felicidad en la búsqueda de esa placer necesario por tener ese bien, en lugar de esa felicidad entendida como estado utópico de bienestar continuo al que todo el mundo aspira sin saber nunca si lo ha logrado o no.

Hace poco, entrando en una empresa vi un cartel que pretendía fomentar la igualdad de género en el que aparecían dos mujeres: una de ella un poco descuidada, con bolsas de la compra en una mano, y tirando de uno o dos niños por la otra; la amiga era un chica bien cuidada y resuelta que le preguntaba: ¿Tienes algún objetivo o sueño que quieras cumplir en tu vida? La otra le contestaba: con eso de la familia, los niños, el trabajo y la casa, el único sueño que tengo es por la noche cuando me acuesto…

Spiral 2Esto me hizo reflexionar… ¿Acaso tener un trabajo no es un sueño para más de 6 millones de españoles al día de hoy? ¿Acaso tener una vivienda que cuidar no es un sueño para muchos que no tienen acceso a una vivienda digna y en propiedad? ¿Acaso muchos no persiguen un hijo como un sueño y tardan tiempo y tiempo sin lograrlo, incluso tras gastar mucho dinero en tratamientos?

Que lerdos son ciertos seres humanos que cuando tienen todo esto ni se dan cuenta de que han cumplido ya muchos sueños. De que quizás no tengan sueños porque ya los alcanzaron. Del tan poco capaces que son ciertas personas de no valorar y agradecer lo que tienen…

Esto representa la semilla de la industria de la felicidad que te hace creer que no tienes razones para sentirte feliz y constantemente te induce pensar en que necesitas muchas cosas para serlo (sobre todo sus productos)… Y la industria no tiene culpa de ello. Responde a una estrategia de mercado legítima para vender sus productos de consumo. Pero tú no te das cuenta y caes una y otra vez en creerte este programa.

Ya es más de una conferencia en la que asisto que el conferenciante de turno dice que el objetivo y fin último del ser humano es el de ser feliz…. ¿En qué momento de nuestra sana o insana evolución, hemos iniciado a creernos esto? ¿Por qué nos lo tenemos que creer? ¿Para qué? ¿Qué implicaciones tiene creernos este programa mental de que tenemos que aspirar a la felicidad?

…Cómo si ya no la tuviéramos. Como si no tuviéramos más de mil y una demostración que nos ofrece la vida cada día como para ser felices…

Toxico 5Y la cuestión de fondo es que la felicidad ya la tenemos. Otra cosa es que seamos capaces de verla, vivirla, experimentarla todos los días, día tras día, incluso detrás de aquellos acontecimientos que pueden suponer en un primer momento un revés o malestar.

Por tanto prefiero optar a que la felicidad no se ubica allá al final de ese arduo camino que muchos recorren pensando que un día tendrán su merecida recompensa por los esfuerzos y sacrificios que hacen.

Tampoco puedo considerar que la felicidad es el camino, como dicen otros.

Porque el camino está compuestos de muchos elementos: unos de los cuales (los fundamentales) son esas dificultades del día a día que nos sirven para apreciar lo bueno.

Pero muchos, ante esas dificultades, prefieren optar por el camino fácil, el atajo de la “industria de la felicidad” que les dice que busquen la felicidad. Como si la felicidad no se encontrara delante de ellos (o mejor dicho con ellos). Sí, porque mientras te crees que tienes que buscar la felicidad, entonces te vas diciendo a ti mismo que la tienes que buscar porque no la tienes.

Por tanto el mero acto de buscar la felicidad implica asumir la triste y desconsolada evidencia de que no se tiene la felicidad en ese momento. Y con todo este programa de creencias muchos van buscando esa felicidad en los sitios más recónditos.

Y en esa búsqueda (para muchos obsesiva) es cuando algunos cometen el cortocircuito de su equilibrio emocional como personas, porque convierten la felicidad en una condición compensatoria del hecho de no ser felices, buscándola finalmente en fugaces momentos de placer, entretenimiento, y distracción del problema real que les preocupa, que les separa de ella y que les mantendrá alejados de esa misma felicidad mientras no se dispondrán a afrontarlo de cara y debidamente.

Se convierte entonces la felicidad en una fugaz emoción compensatoria que algunos persiguen como sustituto de los problemas que no quieren afrontar y resolver.

Y esto representa el fundamento de la industria de la felicidad: tener a personas frustradas a quienes mantener en su frustración mientras consumen productos y servicios que solo les dan un ligero y momentáneo aliento que se esfuma fugazmente como las burbujas de la coca cola.

Y en todo esto llego finalmente a la conclusión que la felicidad ni es el destino ni es camino, sino es el principio: es la intención con la cual afrontamos nuestro día a día abiertos a recibir de buen grado todo lo que nos ocurra, independientemente del juicio que podamos tener de ello, y considerarlo sobre todo como una ocasión de aprendizaje.

Equilibrista 1A fin de cuentas, todo sirve, todo es útil y todo es provechoso. Si lo asumimos así, dejaremos de experimentar lo malo y lo injusto en nuestras vidas y simplemente encontraremos el Equilibrio.

Porque la verdad es que el ser humano no persigue la felicidad como estado natural, tal y como dicen ciertos conferenciantes, sino que su estado natural es el equilibrio.

La felicidad (entendida como la entiende la industria, es decir como “placer” o “alegría” no es más que un extremo de la cadena emocional con el que afrontamos nuestra existencia. Y al otro extremo está el sufrimiento o el disgusto. Y la cuestión es que los extremos siempre se parecen y que conforme uno se acerca a uno de ellos, cae irremediablemente en el otro. Porque la vida no es lineal sino circular, y lo que mejor garantiza su paso por ella es el Equilibrio, no los extremos.

Lo que pasa es que el equilibrio no vende y no produce industria como lo hace el concepto de felicidad.

Pero seguro que puesto a elegir, prefiero perseguir el Equilibrio, ese punto casi inexistente, casi inalcanzable, casi imperceptible y tan poco duradero, que hace que me tenga que mantener en continuo movimiento para alcanzarlo.