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Inteligencia Emocional Y Mindfulness: Todo Lo Que Trates de Comunicar Con Palabras, En La Lógica De Lo Racional, Más Te Alejará De Vivirlo Como Una Experiencia Natural

Pensemos en estos tres supuestos:

  1. ¿Quién no se ha encontrado alguna vez ante una situación en la que “las palabras sobraban”?
  2. ¿O en situaciones en las que las palabras eran necesarias para impedir que las situaciones fluyeran hacia conclusiones indeseadas?
  3. ¿O cuantas veces el hecho de que alguien nos “explicara” gratuitamente alguna situación en palabras  para que la entendiéramos, esto produjo en nosotros el hecho que nos pusiéramos a reflexionar sobre ella, acabando con más dudas y preocupaciones de las que teníamos en un primer momento? Incluso puede que nos  pusieran “la mosca detrás de la oreja” “fastidiándonos” incluso una situación para la que no teníamos duda o preocupación alguna.

SUPUESTO 1.

Pensemos, respecto al primer caso, en aquellos momentos “de pasión”, en la intimidad con una pareja:  ¿Acaso pasamos esos momentos hablando y hablando y describiendo lo que hacemos y como lo hacemos, o estamos más atentos en sentir, vivir y experimentar?  Claro que puede ocurrir lo primero, pero seamos sinceros: ¿cuál de las dos opciones nos gustaría más vivir? ¿La de pasar esos momentos hablando, o la de estar atentos a vivirlos y sentirlos plenamente?

Pensemos también en  un simple momento de romanticismo.  ¿Acaso en esos momentos “tan mágicos” del fatídico “primer beso” con una persona, cuando todo fluye en un entendimiento mutuo y correspondido, nos paramos parábamos para preguntarle: ¿Nos besamos?

 Cierto es que a veces puede haber pasado: pero en esos casos pensemos en los motivos que nos hayan llevado a salir del flujo de la situación y tratar de poner palabras a ello.

1. ¿Puede que haya sido por inseguridad nuestra ante la situación?

2. ¿Puede que lo hayamos hecho por torpeza de no saber cómo actuar ante esa situación y que la cosa nos saliera por ahí?

3. ¿O puede que haya sido por querer respetar al máximo a la persona y querer mostrarnos educados ante ella?

En todos estos casos está clara una cosa: un pensamiento ha venido desde fuera de la situación donde estábamos:

En el primer caso: “No estoy seguro de si seguir adelante y más vale preguntar si quiere mi beso a no ser que me equivoco”;

En el segundo: “Esta situación no sé cómo la está viviendo la otra persona y puesto que no consigo intuir o prever que es lo que siente o quiere la otra persona, más vale que pregunte si quiere un beso y así actuaré en consecuencia”;

En el tercero: “Me gustaría darle un beso, pero a lo mejor le puede sentar mal y no quisiera parecer cafre”.

En todos esto casos, ese pensamiento externo se ha introducido de “manera intrusiva” en lo que estábamos haciendo, presentes y atentos a vivir el aquí y ahora, y ha interrumpido el flujo natural de las cosas. Ha cautivado nuestra atención acabando por hacer que le diésemos suficiente importancia como para seguir su mandato e instrucciones, antes que fluir con la situación.

Cuando todo esto ocurre, el explicar, preguntar y argumentar no es otra cosa que tratar de suplir y rellenar con palabras aquellas inseguridades personales que tiene la misma persona que habla. http://clicktotweet.com/abz7m

Y lo que se habla no pertenece al fluir natural de la situación, sino a las preocupaciones internas de una de las dos (que generalmente es la que habla).

Todo esto no es que una manera más de tratar de racionalizar y “mentalizar” una situación que no necesariamente requiere de las palabras y explicaciones para facilitar el entendimiento entre personas.

Los animales no necesitan recurrir a la palabra hablada para entenderse. http://clicktotweet.com/diBSs . Los niños pequeños tampoco: lo que ocurre es que conforme su vida alrededor se va sofisticando, el recurrir a las palabra puede ser de ayuda para que entiendan ciertos mecanismos complejos de las cosas, pero no aquellas cosas sencillas y naturales que nosotros, los adultos, sofisticamos y complicamos. Quizás lo que estamos haciendo en esos casos es tratar de justificarnos para que ellos entiendan la complejidad de nuestras posturas tan alejadas y sofisticadas de lo natural, porque nosotros decidimos en algún momento quererlas complicar.

En ocasiones caemos en la falacia que comunicar = expresar en palabras lo que pensamos. http://clicktotweet.com/543yf

Pero no es así. Comunicar en palabras es una de las tantas maneras que hay de comunicar: pero se puede comunicar también con gestos, con silencio o con el simple comportamiento.

Tres CerebrosY desde luego comunicar con palabras es la forma más sofisticada de comunicación pero no la única ni la mejor, http://clicktotweet.com/eL8ya  ya que el don de la palabra pertenece exclusivamente al ser humano, y que su desarrollo y adquisición se sitúa en la parte del cerebro más exterior, es decir el Neocortex, aquella parte del cerebro más “evolucionado” que solo tenemos los seres humanos. Ese cerebro es el que permite también la abstracción, el cálculo y la creatividad. Pero también es la parte del cerebro menos relacionada con la condición puramente animal, instintiva y emocional del ser humano.

Si queremos fluir con las situaciones, es necesario recuperar el funcionamiento de esas otras partes más puramente “animales”, que se sitúan en los dos “cerebros inferiores” que subyacen al Neocrotex: el Cerebro Reptiliano (el instintivo, relacionado con las funciones vitales y necesidades primarias del ser humano), y el Cerebro Emocional (relacionado con el centro de las emociones).

Inteligencia emocional es también capacidad de “fluir” en ciertas situaciones.

Para fluir en la vida en general, es muy importante practicar la atención plena en el presente, http://clicktotweet.com/32cd0  que es la única unidad en la que vivimos intensamente lo que tenemos delante y de manera inmediata ante nosotros, lejos de las preocupaciones sobre el futuro, o los pensamientos cuestionantes y juiciosos sobre el pasado.

Y el concepto de “Flujo”, así como el de “Atención Plena” (en inglés Mindfulness)  están íntimamente relacionados con la felicidad. http://clicktotweet.com/TKUdl

Y para fluir con las situaciones, es muy importante ser capaces de tener la mente (cerebro Neocortex)  “en silencio”.  Esta es la condición necesaria y común de la que hablan todas las personas que en algún momento han sentido una sensación plena de disfrute ante una circunstancia específica.

Poner entonces a funcionar la mente racional en estas situaciones, con sus discursos y la lógica de lo racional, lo que más puede contribuir es alejarnos de vivir la plenitud de la situación que estamos experimentando.

Todo esto ocurre constantemente con los niños, que nacen y viven el presente durante todo el tiempo posible, hasta que se nos ocurre iniciar a “preocuparles” con nuestras preocupaciones disfrazadas de “sentido común” tratando de “explicarles lo que pasa (mejor dicho, lo que nos pasa”: como si nos lo hubieran pedido.

Está claro que todo esto no vale cuando a estos mismos niños se les ve pensativos y dudosos: quizá, en estos casos sea mejor intervenir pero sin darles “explicaciones gratuitas”, simplemente preguntando y tratando de averiguar la naturaleza de sus dudas: quizás sus pensamientos vayan por otros derroteros y nuestras “explicaciones gratuitas”, sin averiguación previa, podrían generarles incluso más dudas.

En todo caso es conveniente que nos preguntemos ¿Qué actitud nuestra  puede haber contribuido a esa duda inicial? Quizás la respuesta la necesitemos más nosotros que ellos.

Las explicaciones y los discursos siguen las leyes de la racionalidad: son razonamientos, y por tanto racionales, y por tanto lógicos. Y se formulan desde los sistemas de creencias y valores, y desde los significados que entiende y atribuye  la persona que los expresa, pero no necesariamente de la persona que los recibe, sobre todo cuando no los pide. La persona que recibe esas argumentaciones puede no ver o entender las cosas desde el “mismo prisma” o “mapa de significados” de quien los expresa. Puede que incluso no vea problemas donde  quien explica lo esté viendo.

Dicho desde otro enfoque, poner palabras a ciertas cuestiones que simplemente pueden fluir, es acostumbrar a la gente a preocuparse gratuitamente y más de lo necesario. http://clicktotweet.com/bbt9h Es transmitir nuestra tendencia a la preocupación a personas que quizás disfruten de la vida sin esta tendencia.

Poner palabras a estas situaciones es hacer funcionar con más influencia a la parte izquierda del cerebro, la del cálculo, de la lógica, de la racionalidad, del “lenguaje hablado”,  por encima de la parte derecha, la intuitiva, más involucrada en la tendencia a “fluir” con las situaciones.

Emisferios Cerebrales

SUPUESTO 2.

Pensemos ahora en un supuesto contrario, el de una situación que si dejamos que fluya, puede causarnos perjuicios o consecuencias que van en contra de nuestros intereses: pensemos por ejemplo en una discusión o un conflicto con alguien con quien no nos interese pelearnos, o  cuyo conflicto puede degenerar en una situación de riesgo y peligro para una o ambas partes.

¿Qué solemos hacer para bloquear esta situación?

Precisamente solemos tratar de ponerle palabras de por medio (negociando) o distancia suficiente como para que estemos lejos del riesgo (alejándonos para evitarlo).

En estos casos poner palabras para negociar es una forma de racionalizar el problema, cuando algo requiere que la “razón y el sentido común” prevalga sobre el arrastre natural de los ánimos y el “torrente” de emociones que lo envuelve.

En estos casos, interrumpir el flujo natural de las cosas puede ser incluso beneficioso.

Pero el motivo de poner este ejemplo no reside en esta explicación, sino el mero hecho de que sirva este ejemplo para demostrar una vez más que las palabras lo que hacen es interrumpir el flujo natural de las situaciones.

Luego está en nosotros la posibilidad de entender cuando es conveniente (o no lo es) interrumpir el flujo: cuando estamos ante un flujo como el del supuesto 1 (y por tanto dejar correr las cosas), o cuando estamos ante un flujo como el del supuesto 2 (y entonces pararlo).

Hecho está que tanto el supuesto 1 como el supuesto 2 tienen en común el fluir (agradablemente en el primer caso, y desagradable en el segundo), y que en ambos casos, poner palabras provoca el recurso al Neocortex, a la racionalidad, a la desnaturalización del proceso y a la interrupción del “fluir con ese proceso”.

 Todo esto va bien en el ámbito de las relaciones emocionales. ¿Pero que hacer en las relaciones  más puramente racionales como las de trabajo? ¿Vale el mismo discurso?

SUPUESTO 3.

Las organizaciones de trabajo son organizaciones racionales y racionalizadas: por eso la necesidad de explicaciones  lógicas es más “natural” en esos ambientes que en otros de la vida.

Pero no hay que olvidar que las personas somos antes que seres humanos, animales. Y que antes del Neocortex, existen los otros dos cerebros que gobiernan nuestras emociones y conductas.

Nuestras decisiones, por cuanto las disfracemos de sensatez, tienen una naturaleza básica, primaria, instintiva, y emocional, en su núcleo esencial. http://clicktotweet.com/5vfFn

Por tanto, en las organizaciones es bueno usar la comunicación hablada en palabra para explicar  ciertas cosas, pero no nos olvidemos que hay ocasiones en las que el exceso de palabras y explicaciones puede generar más dudas de las que pretende evitar http://clicktotweet.com/Bs7vb  (este es el tercer ejemplo con el que iniciamos este artículo).

Siempre es bueno barajar hasta que punto   estamos previniendo un riesgo o contribuyendo a un peligro en nuestro afán de evitarlo: la famosa ley de Pygmalion, o Profecia que se Autocumple, o incluso la Ley de Murphy, siempre están al acecho.

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Para Tu Felicidad o Tristeza, No es Tan Importante lo que Te Sucede, Sino Como Permites que Te Suceda: 6 Consejos Para Fluir

PARA TU FELICIDAD O TRISTEZA NO ES TAN IMPORTANTE LO QUE TE SUCEDE SINO COMO PERMITES QUE TE SUCEDA

O dicho de otra manera, “para tu felicidad o tristeza no es tan importante lo que te sucede, sino lo que haces para que suceda o no suceda”. http://clicktotweet.com/f6btF

Ayer fue un día especialmente feliz para mí: y lo de “feliz” no está reñido con que ocurrieron cosas “especiales” o con alto potencial de hacerme feliz. http://clicktotweet.com/220W2

Lo que marcó lo de “especialmente feliz” fue la intención, es decir la actitud con la que lo afronté.

Cierto es, no tengo duda de ello, que ocurrieron cosas: o mejor dicho, no ocurrieron cosas desagradables. O por lo menos, la incidencia de imprevistos imponderables fue mínima, no tanto en su frecuencia, sino en sus consecuencias: y estoy seguro que esto fue debido a mi actitud que supo “abrazar esos imponderables antes que oponerle resistencia”, hecho que transforma radicalmente sus consecuencias. http://clicktotweet.com/A8dbN

Pero las cosas que ocurrieron tampoco fueron casas de “otro universo fuera de serie”.

También es cierto que, después de varias semanas, he vuelto a practicar meditación con constancia y frecuencia: llevo 4 días meditando 15 minutos al día y haciéndolos otro 30’ mientras nado en la piscina. Pero esto no fue diferente de los anteriores 3 días.

Al dar un paso atrás al final del día y observar las cosas como ocurrieron desde una posición de “ecuanimidad”, y al observarme a mí mismo desde fuera, me di cuenta que la clave de todo esto no fue lo que ocurrió, y ni siquiera el “como ocurrió”, sino el como actué yo bajo las distintas actitudes que asumí a lo largo del día ante lo que ocurría.

Y las tenían todas actitudes algo en común y “especial” con respecto a las actitudes habituales con las que afronté las mismas tareas.

Es decir, lo que fue especial no fueron los hechos, sino las actitudes mías, el prisma bajo el cual percibía las experiencias que iba teniendo. http://clicktotweet.com/0fbXH

Y me di cuenta de que estaba siendo algo muy especial porque sentía una inmensa sensación de “fluidez” con todo lo que ocurría.

¿Cuáles fueron esas actitudes que me permitieron “fluir” con tanta plenitud? Muy sencillo:

1. Estar presente y consciente casi en todo momento de lo que entraba, en ese momento, en mi campo perceptivo (olores, imágenes, sonidos y sensaciones corporales).

2. Darme cuenta en todo momento de lo que dependía de mis juicios y de los meros hechos de la realidad: de lo que eran mis construcciones mentales y la realidad en sí misma depurada de ellas.

3. Abrazar todo lo que viniera sin cuestionarlo o juzgarlo como “bueno” o “malo”, sino útil en todo caso: incluso esos contratiempos imponderables.

4. Darme cuenta de que fue uno de los días en los que mi tendencia general de pensamientos viajó menos veces y menos tiempo hacia el futuro y hacia aspectos de ese futuro que se escapan de mi control.

5. Ocuparme en todo momento de lo que correspondía a ese momento y no cosas del pasado o del futuro.

6. Controlar lo controlable, siguiendo mi planificación establecida y centrándome y concentrándome en hacer lo que tenía previsto para ese momento.