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COMO PASAR DEL MIEDO A LA ACCION

Decálogo sobre la Acción como Antídoto del Miedo

El miedo es uno de los factores más paralizantes a la hora de querer conseguir uno lo que quiere. El miedo tiene una función adaptativa y nos sirve para protegernos de los peligros y preservar nuestra salud y existencia. Como animales que somos, es razonable y lógico hacer uso del miedo y tener miedo. La cuestión está en que en ocasiones aplicamos esa función biológica a aspectos que en realidad no están nada relacionados con nuestra supervivencia, como puede ser el miedo al fracaso, el miedo a hablar en público, el miedo a decir no, o el mismo miedo al cambio.

Pero, contrariamente a lo que muchos piensan, no es el factor más peligroso para conseguir  uno sus propósitos, ya que otros elementos más paralizantes que muchas veces confundimos precisamente con el miedo, tales como el sopor mental y la pereza. El sopor mental es lo opuesto a la alerta y vigilia, es un estado que podemos definir como “pereza del pensamiento”, apatía, o aburrimiento. La pereza todos sabemos lo que es: se trata de una preferencia por lo cómodo, lo conocido que desemboca en una actitud de aferrarse a la impermanencia de las cosas.

Muchas veces confundimos la pereza y el sopor con miedo: creemos tener miedo y decimos que estamos bloqueados, pero en realidad lo que tenemos es sopor y pereza.

Existe en esos casos un antídoto muy eficaz para superar ese estado: la acción.

La acción (como forma de afrontamiento) es el único recurso que tenemos para hacer frente  al miedo. Y esto es muy distinto de permanecer en la comodidad. De hecho, si estudiamos el reino animal, si bien hay algunas especies que ante situaciones de riesgo se hacen “los muertos”, la gran mayoría  tiene entre sus recursos dos estrategias: el ataque y la defensa. Ambas implican actuar.

Por esta razón tener miedo y no actuar no tiene sentido: será más preciso decir que se tiene miedo y además pereza. Y que no se actúa, no por miedo, sino por pereza. Tener miedo no obliga necesariamente a quedarse parados. De hecho, se puede tener miedo y hacer lo que uno no tiene miedo a hacer, haciéndolo con miedo, pero haciéndolo. De otra manera no será el miedo quien nos paralice sino la pereza y el  sopor mental.

Pero la evitación puede servir solo circunstancialmente porque no elimina ni sobrepasa el  miedo. Ni tampoco permite afrontar su causa: si queremos conseguir algo valioso, hemos de actuar.

Si no actuamos, no es por miedo, sino por pereza.

Ahora la pregunta que surge es la siguiente:

¿Cómo se puede pasar del miedo a la acción?

Aquí va un decálogo:

Mc Escher 2

  1. Tener claro si lo que se desea o se necesita vale más la pena que estarse  uno parado: a veces nos planteamos necesidades y deseos que en realidad no estamos dispuestos a hacer lo que es preciso y pagar el precio que suponen, causando en nosotros mucha frustración. Eliminando el deseo, se elimina el sufrimiento, pero entonces tendremos que ser consecuentes con que nuestra preferencia es permanecer como estamos.
  2. Se quiere actuar, dejar de repetirse uno que tiene miedo: eso no aporta y pone a una persona en la espiral de negatividad. Es obvio y natural tener miedo, y muchos otros que lo intentaron previamente, lo experimentaron. Pero aquellos que lo lograron tuvieron en algún momento que romper esa barrera pasando por los puntos sucesivos de este decálogo.
  3. Dejar de justificarse en el miedo como razón para no hacer: asumir uno su propia pereza si no quiere actuar.
  4. Dejar de repetirse que uno que no puede o no es capaz: será más bien que no quiere actuar o tiene pereza.
  5. Dejar de repetirse uno que no puede actuar por culpa de los demás, de lo que le sucedió o lo que le hicieron: posiblemente esa gente ya no está ahí impidiéndole
  6. Dejar de repetirse un que no dispone de recursos para hacerlo bien o que se dan las circunstancias adecuadas: la perfección no existe, ¿para qué entonces esperar a que se den las circunstancias perfectas? Actuar no implica hacerlo de la mejor manera posible en absoluto, sino de la manera en la que uno puede.
  7. Identificar la primera acción a poner en práctica y ejecutarla.
  8. Practicar, Fracasar y Repetir: lo normal es que a la primera no nos salgan las cosas. En ocasiones es necesario fracasar para aprender.
  9. Afrontar la experiencia: el valor de la experiencia es fundamental y siempre es necesario. Si no sabemos cómo conseguir algo, es porque no tenemos la experiencia necesaria para hacerlo: no nos que otro remedio que probar. Por ejemplo, las marcas de coche no podían fabricar hace 20 años los coches de hoy, porque necesitaron construir aquellos que vinieron en este intervalo de tiempo para darse cuenta de lo que necesitaban mejorar: todo se construye usando como base los pasos anteriores. No podemos llegar a un sitio alguno sin querernos desplazar.
  10. Vivir la experiencia como aprendizaje: muchas veces no actuamos porque pensamos que todavía nos falta aprender cosas. No hay otra forma de aprender que no sea practicando. Es algo que nos cuesta asumir porque venimos de un sistema educativo que se basa en la adquisición de conocimiento como base para la práctica. Así es como olvidamos que la práctica es la mejor estrategia de adquisición de conocimiento y aprendizaje.

 

Mindfulness: Motivación y Voluntad

La tercera edición del curso de Mindfulness MBET® e Inteligencia Emocional de la Universidad de Murcia ya es una realidad: a falta de dos semanas del cierre de inscripciones quedan todavía algunas plazas, habiendo cubierto ya el cuórum de alumnos mínimos para que el programa arranque.

Con motivo de incentivar la práctica formal e informal, dedicaremos este post a la motivación y la voluntad orientadas a la práctica.

¿Es lo mismo voluntad que motivación?

La falta de motivación o de voluntad (o de ambas cosas) puede ser uno de los grandes impedimentos hacia la práctica.

En efecto las dos variables son diferentes y se refieren a aspectos complementarios:

La palabra motivación deriva del latín motivus o motus, que significa ‘causa del movimiento’. La motivación es un estado interno que activa, dirige y mantiene la conducta.

La palabra voluntad proviene del idioma latín voluntas, voluntātis (verbo volo = ‘querer’, y sufijo -tas, -tatis = ‘-dad’, ‘-idad’, en castellano), y consiste en la capacidad de los seres humanos de decidir con libertad y optar por un tipo de conducta determinado.

Hay dos tipos de voluntad: la espontánea, que puede entenderse como Motivación, y la intencionada, que surge como efecto de la adecuación a una norma o disciplina.

Hay personas que tienen voluntad pero no motivación y otras que tienen motivación pero no voluntad. También hay personas que tienen ambas cosas o ninguna.

En la práctica del mindfulness, así como en cualquier entrenamiento, son importantes ambas: la motivación nos llevará a la acción espontánea y natural de practicar, bien movidos por el mero placer de la experiencia (motivación intrínseca) o bien por la expectativa de lograr un determinado estado emocional como efecto de la práctica (motivación extrínseca).

Imagen Onirica 1

Pero en ocasiones, sobre todo en los momentos de mayor estrés y carga, se tiene la tendencia en abandonar la práctica debido a que los problemas  y preocupaciones llevan a la persona a distraerse y no encontrar la práctica amena y agradable.

Sin embargo, en esos momentos es cuando más beneficioso puede resultar practicar, aunque directamente no se encuentre el punto ideal de motivación. La voluntad, es decir la capacidad de mantenerse firme en una decisión e intención tomada libremente, ayudará a mantener activa la rutina.

Del mismo modo, solo con voluntad, a la larga, una persona puede acabar desistiendo si no encuentra en la práctica una motivación, es decir un beneficio directo, que le anime e impulse a seguir.

Resumiendo e inspirándonos en la filosofía griega, tener motivación y voluntad es moverse en un equilibrio entre el placer del Epicureísmo (340 a.c. aproximadamente), y la determinación del Estoicismo de Zenón (300 a.c. aproximadamente).

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Evidencias Científicas del Mindfulness y Como Aprenderlo

 

El Mindfulness se ha revelado una de las metodologías más potentes y fiables para la mejora de habilidades de profesionales y la ayuda en problemas psicológicos y enfermedades médicas.

Con respecto a los beneficios aportados a profesionales, su práctica mejora competencias vinculadas con el Liderazgo, y la Comunicación de gestores de personas y managers y las habilidades terapéuticas de profesionales de la salud. Según la recopilación de investigaciones realizada por Shapiro y Carlson, el mindfulness mejora las siguientes habilidades:

  1. Atención y Presencia en la comunicación y relación
  2. Desarrollo de Actitudes de Ayuda y Servicio a los demás
  3. Autocompasión y Aceptación (entendida como Flexibilidad emocional y cognitiva hacia uno mismo ante ocasiones de frustración y enfado)
  4. Empatía
  5. Regulación de emociones disfuncionales (rabia, entusiasmo, tristeza, miedo)

Además, los avances de la investigación en curso en la Universidad de Murcia y relacionada con beneficios en ámbito laboral, indican una sensible mejora en:

  1. Reducción de la Ansiedad
  2. Reducción de la tendencia hacia la Preocupación
  3. Incremento del Engagement (entendido como el compromiso positivo hacia el trabajo, variable muy importante en la Motivación en el trabajo).

Desde el punto de vista Psicológico, se han encontrado beneficios científicamente relevantes en mejora de trastornos como:

  1. Estrés (reducción)
  2. Ansiedad (reducción)
  3. Depresión (mejora de eficacia de tratamiento y prevención de recaídas cuando se acompaña de la práctica de mindfulness)
  4. Autoestima (mejora a través de variables como empowerment y locus interno)
  5. Preocupaciones obsesivas (reducción)
  6. Sueño (conciliación y duración)

En ámbito médico, la gran mayoría de la investigación realizada cubre el amplio espectro relacionado con el Cáncer, indicando evidencia en la mejora de aspectos psicológicos, endocrinos y de calidad del sueño, asociados a esta enfermedad: concretamente, las investigaciones realizadas por Carlson apuntan a una mejora en la calidad de vida de los pacientes afectados por cánceres de distinta índole (reducción de ansiedad, preocupaciones, estado de ánimo e incremento del locus interno), respaldadas por la reducción de la segregación de cortisol (hormona asociada al incremento del estrés), y por la mejora de indicadores de calidad del sueño como el incremento en la duración de horas de sueño (entre 30 y 60 minutos por noche) y una menor sensación de fatiga durante el día, debida supuestamente a un sueño más reparador.

Si quieres aprender Mindfulness y practicarlo, todavía estás a tiempo para realizar el curso de la Universidad de Murcia, desde el 20 de Abril hasta el 22 de Junio, con una sesión de 3 horas presenciales por semana, los miércoles de 18:00 a 21:00 horas.  Las inscripciones están abiertas y puedes obtener más información en este enlace de la Universidad de Murcia:

https://casiopea.um.es/cursospe/casiopea.portal.ficha.do?a=59BF78FE66CD577659395290F830C6F4

Curso Mindfulness UMU

¿La Tristeza? Necesaria

Cuando La Felicidad se Convierte en Obligación: Sobre los Engaños del Pensamiento Positivo.

Existe mucho desconocimiento en el ciudadano de a pié e incluso entre algunos profesionales de la psicología acerca de lo que es la “psicología positiva”, confundiéndola en ocasiones con ese movimiento tan poco profesional y respetuoso con los procesos de una persona que trata de inculcar con el “calzador” el pensamiento positivo si o si, a modo de obligación para ser feliz. Y la verdad es que nunca conocí a nadie que encontrara la felicidad desde la obligación o auto-obligación.

Hacer psicología positiva no tiene que ver con “negar uno sus propias condiciones desfavorables”, ni tampoco apartar la mirada de ellas, ni menos quitarles importancia tratando de “reprogramarse en positivo”, sino apelar uno a sus fortalezas y sus partes sanas para afrontar esas mismas dificultades y poner remedio a sus problemas.

Embaucador
En estos tiempos van de moda conceptos como la “Felicidad” y han surgido casi infinitas variables y versiones paralelas de “profesionales” (coaches, speakers, terapeutas no sanitarios, etc.), que supuestamente acompañan a las personas en procesos de ayuda hacia ese estado de felicidad que se convierte más bien en una quimera que otra cosa. Desde esos enfoques, (que poco tienen que ver con una intervención ética, responsable y profesional de un psicólogo) en ocasiones se tergiversa esa ayuda mediante técnicas evasivas que más que otra cosa pueden llevar al cliente a apartar la mirada de lo que le duele, del problema en sí, para distraerse y entretenerse con contenidos divertidos, que ilusionan y despiertan el buen humor que reconecta fugazmente como un fuego de paja a la persona con esa fuente de “Felicidad”, aliviando momentáneamente las ansiedades y preocupaciones, a la vez que la ubican muy lejos de la posibilidad de afrontar y resolver sus conflictos.

Así surgen los consumidores compulsivos de auto-ayuda y de charlas motivacionales: en ese intento de aliviar la ansiedad que les producen sus problemas, se cargan de energía “positiva” hasta que la pierden y necesitan nuevamente volver a esas charlas o comprar nuevos libros o ver compulsivamente videos “empoderadores” en youtube. Muchos, en la paradoja de motivarse y motivarse acudiendo a uno y otro evento, leyendo frases motivacionales y haciéndose seguidores en las Redes Sociales de quienes las publican, acaban utilizando la gran mayoría de su tiempo motivándose para algo de lo que no les quedará el tiempo de hacer, afrontar, o resolver.

Es lo que yo llamo “la Paradoja de la Motivación que provoca Pereza”.

Caer en este bucle es tan fácil como reconocer que en los últimos dos o tres meses una persona haya acudido a tantos eventos motivacionales, risoterapia, haya visto horas y horas de youtube, o haya comprado y leído libros de autoayuda sin pero todavía haber puesto solución a lo que le atormenta o, al menos, haberlo intentado: si la relación entre horas empleadas en motivarse y horas de acción para afrontar un problema es a favor de lo primero, entonces el problema es patente y no conviene seguir estando en ese bucle ya que se ha convertido en sí en una “zona de confort”.

En estos casos no hay mayor autoayuda que reconocer uno su tristeza o su malestar. Por mucho que tratemos de eliminar la tristeza, esta componente es tan necesaria como la noche para que exista el día: en un símil metafórico, si la sombra existe porque existe la luz, la tristeza existe porque existe la alegría. No se puede negar una cosa sin eliminar la otra.

Por este motivo aquel que busca la felicidad negando la tristeza, acabará en la paradoja de negar su propia felicidad también.

La tristeza en un proceso cognitivo. Es necesario. En los momentos de tristeza la actividad fisiológica ralentiza, la acción se reduce para dejar el paso a la reflexión. Y todo en aras del cambio. Cambio necesario cognitivamente para asumir y encajar lo que nos sucede: encontrarle un significado como para adecuar nuestros paradigmas a ello. Superar la “disonancia cognitiva” que separa nuestras creencias y valores, con los hechos ocurridos con los que colisionan esas creencias y valores. Gracias a la tristeza podemos parar, reflexionar, asumir, aceptar (que no es lo mismo que resignarse) y re-emprender el camino resiliente de la mejora y el bienestar.

Sin esa reflexión no pude haber “curación”. Si entendemos por tanto la aceptación de la tristeza como una “locura” en esta sociedad que tanto se afana en la “búsqueda de la felicidad”, también podemos ser consecuentes con esa frase que dice que “la locura lo cura”.

La tristeza es en sí mismo un proceso de curación. Negando la curación, negaremos la solución.

La tristeza es un proceso de cambio cognitivo necesario, y no solamente una emoción que con demasiado simplismo y superficialidad juzgamos de “negativa” y “dañina”, hasta el punto en que algunas disciplinas tan poco respetuosas con el ser humano y con la psicología simplemente la quieren rechazar.

Hacer psicología positiva tiene que ver también con esta aceptación. De otra forma caeremos en ese engaño del “pensamiento positivo” que tantos speakers motivacionales de moda (no es de extrañar que la gran mayoría no son siquiera psicólogos) se afanan en “vender” como producto de rápido consumo y que tratan de inculcar últimamente. Esto va en contra de la psicología del ser humano y, por supuesto, de la naturaleza humana en sí.

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La Zona de Confort Es Necesaria: Desmontando Algunas Mentiras Del Coaching

Nadie me puede Motivar, Me Gusta La Zona de Confort, Los Miedos me Protegen, No tengo Creencias Limitantes, y Soy Feliz.

PayasoMuchos conceptos en el ejercicio del Coaching han evolucionado en los últimos años y, los que en principio parecían grandes avances, han demostrado pronto sus limitaciones. Esto nos está llevando a rediseñar un nuevo código del Coaching más ecuánime que ha dejado atrás el brillo superficial de aquellos speakers aparentemente motivadores cuyo discurso carecía de fundamento y no estaba sustentado en un conocimiento de los mecanismos psicológicos y emocionales del ser humano. A continuación detallamos algunos de esos conceptos desmitificados:

1. Se acabó la era de los “Gasolineros”: nadie motiva a nadie. Nadie chuta energía a nadie como si fuera gasolina que le haga funcionar: porque igual la gasolina que me chutan es diesel y yo necesito combustible hibrido porque soy “más limpio” pero corro menos, o porque me tratan de chutar gasolina de fórmula uno o de competición para que mi coche corra más, mientras mi coche necesita Euro 95. Ha quedado atrás el concepto de Leader motivador. Como mucho se puede ser Leader inspirador, pero la evidencia ha demostrado que nadie puede motivar a aquellos que no desean estar motivados o motivarse. Así como se expresa el libro Camino al Cambio (Bubok 2013), la motivación es una decisión personal e intransferible: en la empresa se convierte en una responsabilidad personal que funciona de bisagra entre empresa y empleado; si no estás motivado y no consigues motivarte, es tu responsabilidad y lo que deriva de ello es tan importante como definir si el trabajar desmotivado y no rendir adecuadamente, puede representar en sí mismo un fraude hacia la empresa.

2. La zona de confort es fundamental para el disfrute y la felicidad: la tan denigrada zona de confort no es algo malo en sí. Desde luego lo es si nos encontramos en una situación de malestar de la que deseamos aparentemente salir y no hacemos nada para ello, anclándonos a nuestro malestar. Será entonces que de alguna manera disfrutamos de ese malestar si no queremos abandonarlo. Cuando más disfrutamos de las cosas es cuando podemos parar y contemplarlas, es decir cuando nos sintamos realmente cómodos en ellas. La zona de confort puede confundirse con la rutina. Pero la rutina es importante para recrearse y afianzarse en un hábito hasta integrarlo y automatizarlo: y cuando un proceso se automatiza, se llega a fluir en ello. Y la fluidez es un concepto muy cercano a la felicidad. Otra cosa es que nos aferremos a ese hábito y a esa comodidad a toda costa como para resistirnos a los cambios inevitables de un mundo que evoluciona y que nos pide que evolucionemos en consonancia: en este caso nos quedaremos obsoletos si nos acomodamos.

3. Los miedos no son negativos, sino que nos ayudan a protegernos y a proteger lo que deseamos seguir disfrutando: el miedo, que es la base de la zona de confort, es una emoción adaptativa que nos preserva ante los peligros. No ayuda a proteger lo que hemos logrado para seguir disfrutándolo. Otra cosa es que nos apeguemos a ello como para que su falta nos cuse malestar. El miedo tiene por tanto una utilidad ya que nos ayuda a reflexionar sobre como mantener nuestro bienestar, siempre que sea en dosis comedidas y no nos lleve a la parálisis. Gracias al miedo podemos ser más prudentes cuando las situaciones lo requieren.

4. No existen las creencias limitantes en absoluto: las creencias no es que sean limitantes o potenciadoras en absoluto: las creencias surgen como efecto de procesos psicológicos orientados a ayudarnos a construir un significado de las experiencias que tengamos en la vida. Creamos creencias para dar significado a lo que vivimos. Toda creencia surgió en algún momento para ayudarnos a comprender y clasificar una situación de alguna manera para que pudiéramos convivir con ella o superarla. Es por tanto una creencia positiva, al menos en su intención inicial: otra cosa es que los tiempos cambien y que para adaptarnos a nuevas situaciones, esa creencia inicie a causarnos ciertas dificultades. La cuestión no estará entonces en destruirla o eliminarla o tratarla como una enemiga, sino en transformarla para que nos ayude a integrar los nuevos aprendizajes provenientes de esas nuevas experiencias.

5. Lo que más nos impulsa puede ser nuestra mayor limitación: ojo con eso de dejarse llevar por los valores positivos que a uno más le impulsan. Imaginemos que una persona desee ser speaker o conferenciante y que tiene como valor que le impulsa el reconocimiento. Buscando ese reconocimiento es posible que se auto-imponga un alto nivel de exigencia a la hora de hablar en público como para agradar al mayor número posible de personas. Pero imaginemos que el nivel de exigencia es tan elevado que la persona acabe sintiéndose invadida por la ansiedad y el nerviosismo. ¿Disfrutará esa persona de lo que más le impulsa? ¿Le ayudará esto a esa persona para lograr lo que desea y hacerlo adecuadamente?

6. La felicidad no está al final de un proceso, como consecuencia de obtener uno lo que desea, sino al principio: la felicidad es una decisión personal. Es un principio. Es una actitud que una persona decide tener en la vida. No por tener más dinero, más fama, más amor, más salud seremos necesariamente más felices. Sino que si somos felices con lo que tenemos, no tendremos necesidad de más dinero, más fama, más amor y más salud. Lo que se plantea uno desde la privación, no puede conducirle a algo bueno y beneficioso puesto que desde el subconsciente le reafirma constantemente que no tiene o no posee el objeto de su deseo, y que mientras no lo tenga no estará apaciguado su ánimo.

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Discurso Motivacional para Superación Personal y Deportiva: Todos Llevamos Un #TomBrady Dentro

BradyCuando en la final del lejano Enero de 1982, perdiendo su equipo, Joe Montana lanzó un último desesperado pase, con 52 segundos del final que dio a los San Francisco 49ers, la anotación que les hizo recuperar el y ponerse delante en el marcador, ganando finalmente 28-27 contra los Dallas Cowboys, entre los setenta mil espectadores que presenciaron la histórica jugada había un niño californiano de 4 años llamado Tom Brady.

Ese niño presenció ese increíble pase que posteriormente pasó a la historia de este deporte y fue bautizado “The Catch”. También presenció el inicio de la época gloriosa de Joe Montana, el mejor jugador de football americano de todos los tiempos (hasta el domingo pasado). Ese partido puso a Montana en la primera superbowl (que ganó), y a la que sucedieron otras tres a lo largo de la década de los ochenta. Montana se convirtió para aquel niño en el ídolo, ejemplo, e imagen a seguir.

Y ese niño el domingo pasado, en la XLIV Superbowl se convirtió finalmente en el mejor jugador de football americano de todos los tiempos, no solamente por igualar el mismo número de títulos de Montana (4); tampoco por haber sido seleccionado, igual que Montana, tres veces como mejor jugador de la Superbowl; sino por el haber superado su record de pases con anotación en una superbowl  y por la manera en la que llegó a ello tras 15 años de carrera y varios intentos fallidos.

El camino de Brady no ha sido tan fácil para llegar hasta ahí. Fue seleccionado como jugador número 199 de la liga en el 2000 en la sexta ronda de elecciones, en un lugar dejado para deportistas mediocres y reservas. Aún así fue capaz de decirle a su jefe que su elección iba a ser la mejor decisión que jamás hubiera tomado la organización de los New England Patriots, su actual y único equipo desde entonces. Al año siguiente, partiendo como segunda reserva, acabó titular por accidente y llevó a su equipo a la Superbowl ganándola con una última conducción del ataque que a pocos segundos del final permitió a su equipo desempatar el partido. En 2004, otra vez a la superbowl, con un solo minuto del final repitió la gesta contra los Carolina Panthers.  En 2005 con tan solo 27 años ya había ganado 3 superbowl, y las comparaciones con Montana iniciaron presentarse así como la sombra de una maldición que siempre le llevó, desde entonces, a acercarse a su mito sin lograrlo. Se quedó a la puerta de su cuarto superbowl en varias ocasiones y perdió otros dos contra los New York Giants. Tras varios intentos fallidos, podría haberse conformado. Con 38 años, siendo el mejor pagado, teniéndolo todo, tres títulos en el bolsillo, y estando en el Top no es fácil mantener la motivación y la atención centrada en la excelencia porque ya se está en la excelencia: no se llega a eso por casualidad. Es difícil motivarse cuando uno está muy abajo, pero quizás lo sea aún más cuando uno ya ve que lo ha conseguido prácticamente todo. Podría haberse conformado: en todo caso hubiera logrado ser el mejor de los segundos…

Pero Tom Brady no es así, es el mejor. Él lo sabe. Lo siente. Forma parte de su actitud. Solo lo tiene que demostrar una vez más. Solo hay para él un camino, y es adelante. Solo hay una acción posible y es seguir exigiéndose el máximo.

Tras ganar el tercer título en 2005, supo mantener su motivación centrada y, tras 11 años de esfuerzos y trabajo,  se presentó finalmente a su sexto superbowl el domingo pasado, ganando tras una memorable remontada de diez puntos en el último cuarto de partido, culminada a poco más de dos minutos del final, tras haber iniciado el encuentro con una pérdida de balón, siendo interceptado: lo peor que le pueda pasar a un jugador en su rol y en un partido tan trascendental donde pierde más el que primero falla y donde gana el que menos fallos comete.

Y 11 años de intentos se dicen pronto, pero hay que vivirlos para saber mantener enfocada la motivación de un deportista de alto rendimiento que lleva encima la presión mediatica del mundo del deporte y de la prensa rosa a resultar además ser el marido de la top model Giselle Bundchen. Y eso porque si una habilidad podemos destacar, por encima de todas, en un jugador que está al football americano como Michael Jordan al baloncesto, es su fortaleza mental.

La fortaleza mental que le permitió seguir teniendo nítida la imagen y el deseo que surgió en él a los cuatro años, viendo jugar a Montana.  Y esta es la clave que convierte a un deportista normal, quizás poco prometedor como lo fue él en sus inicios, en el mejor de todos los tiempos: tener las ideas claras, saber lo que uno quiere y disponerse a dedicar su vida a esa misión superando dificultades, presiones internas, externas, y mediáticas, lesiones, frenos e impedimentos, con actitud y determinación de estar dispuesto a hacer lo que se precisa para lograr lo que uno quiere.

Así es como Tom Brady acaba por tenerlo todo. Encarna el prototipo de chico perfecto americano: guapo, famoso, millonario de los deportistas mejor pagados al mundo, sonriente, educado, capitán de su equipo, referente para los demás, con una familia feliz y perfecta, casado con una top model, que se dedica a lo que le gusta y…. mejor jugador de todos los tiempos.

En el fútbol no hay parecido ya que Brady encarna el glamour y el atractivo de David Beckham, el talento  y la velocidad de Messi, la eficacia de Pelé, la responsabilidad,  humildad y elegancia de Zidane,  el poderío físico de Ronaldo, y el liderazgo de Guardiola.

Es como  un Federer con la fortaleza mental y el poderío de Nadal.

Algo que a muchos les puede  resultar lejano e inalcanzable.

Pero, ¿acaso no fue también inalcanzable esto en algún momento para ese niño de cuatro años mezclado entre los setenta mil espectadores de ese partido del 1982?

La cuestión es que todos, como ese niño, partimos del mismo punto: del ser meros espectadores de los éxitos de los demás y admirarlo hasta tal punto de desearlo sin darnos el permiso de intentarlo. El punto de partida es común a todos. Lo que pasa es que muchos desisten de partida por no confiar en sus medios y juzgar eso como imposible.

Pero, lo que marca la diferencia es ser capaces de plantearse primero que eso puede suceder y, luego, mantener la atención presente en lo que más deseamos conseguir, por encima de las distracciones y vaivén que se nos proponen a lo largo del camino (que siempre es largo) para llegar a ello.  Así es como ese niño salió del anonimato de esas setenta mil personas y destacó hasta darnos a conocer que se llama Tom Brady.

Tom Brady tardó 33 años para convertirse desde ese partido de Montana en el mejor de todos los tiempos y ese fue el tiempo que necesitó: ¿estamos dispuestos nosotros a dedicar el tiempo necesario para dar cabida a nuestros sueños?

La respuesta a esta pregunta es lo que nos separará de lo que más deseamos, sin perder de vista un elemento importante: todos hemos sido o estamos siendo ante nuestros sueños como ese niño de cuatro años. Nada nos diferencia de él.

Todos llevamos un Tom Brady dentro.