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Posts Tagged ‘Pensamientos Auto-Limitantes’

Creencias Limitantes, Auto-Determinación y Auto-Motivación

Tanto que creas que sí, como que creas que no, tienes razón. Así decía un sabio. Porque al fin y al cabo lo que mueve el mundo son las creencias (decía otro sabio).

Creer en algo es lo más poderoso para conseguir ese algo como lo es para conseguir su contrario, si se cree en lo contrario. Lo que al principio y al final cuenta es lo que uno cree.

FelicidadTras creer durante muchos años en las disciplinas motivacionales de la psicología clásica (me formé inicialmente como psicólogo industrial), me di cuenta que había casos de excelencia que salían de las leyes y teorías de esa psicología y los analicé y modelé (por ejemplo Viktor Frankl, o de Nelson Manela, o de Gandhi, o de deportistas como Michael Jordan, Alex Zanardi, Edurne Pasaban, u otras personas que han conseguido superar enfermedades y dificultades muy graves). A todos ellos les une una actitud que yo llamo de auto-determinación, basada en el auto-abastecimiento de motivación generada por la pura y profunda alineación con valores fuertemente arraigados a un propósito vital por el que dejar en segundo plano (casi) cualquier otra cosa, ante la consecución de ese propósito: una actitud centrada en sentirse como únicos responsables de la creación de su propio destino (para bien o para mal) y que deja solo bajo su propia responsabilidad y compromiso, el hecho de actuar en coherencia con esa creencia.

Si crees que lo de fuera es tan poderoso como para motivarte o desmotivarte, entonces dejarás que lo de fuera te motive y te desmotive a su antojo. Si crees que solo tú eres dueño de lo que sientes y te sucede, entonces solo tú decidirás que es importante y que no lo es. Del mismo modo, si crees que no puedes conseguir algo debido a tus circunstancias, al final no lo conseguirás (posiblemente ni lo intentarás) achacando la causa de tu fracaso, malestar, o descontento a esas circunstancias. Esto es tremendamente desalentador porque te anclarás a una actitud de indefensión por la que estarás diciendo a tu subconsciente que no controlas tu vida, o mejor dicho, no controlas como tu afrontas esa vida. Esto te hará sentir poco poderoso, nada inspirado y más desmotivado puesto que te preguntarás a ti mismo/a: ¿para qué intentarlo si al final no depende de mí conseguirlo….

A todo esto se puede dar un giro de actitud porque lo importante no está al final sino al principio: no es tan importante lo que se pueda conseguir al final, sino como planteamos el principio de nuestro actuar. Si crees que solo en ti está la voluntad de afrontar esas circunstancias para conseguir algo diferente, independientemente de la circunstancia, entonces actuarás por encima de esa u otra circunstancia.

Esto último responde a la actitud de auto-determinación con la que las personas funcionan cuando están alineadas con su propósito vital. James Allen decía que Las circunstancias no hacen al hombre, pero lo revelan (en cuanto le ponen delante de la oportunidad de auto-determinarse, o dejarse llevar, desvelando así su propia naturaleza). Del mismo modo Nietsche decía quien tiene un por que (o un propósito) soporta cualquier como (es decir la circunstancia). Y finalmente Viktor Frankl decía que Quizás no puedas elegir todo lo que te sucede (las circunstancias) pero sí puedes elegir qué hacer con ellas.

En definitiva, si una persona cree que lo que más le motiva está fuera de sí, de sus posibilidades y de su control, caerá en el riesgo o falacia de dejar entonces que sean cosas ajenas a su voluntad las que determinen su mayor o menor nivel de motivación.
Si una persona cree que lo contrario, con más posibilidades se sentirá dueña de su destino como para perseguir su propósito vital con auto-determinación. Y que lo consiga o no, no tendrá porque alterar su actitud o su estado de felicidad, puesto que no hay condición más feliz que la de haber hecho todo lo que depende de uno mismo y haber aprovechado las circunstancias a disposición (sean las que sean) para darse la oportunidad de alinearse con un propósito vital coherente con los valores y principios de esa persona.

La Decepción No La Produce Un Comportamiento Inadecuado, Sino La Falsa Expectativa Que Tiene Del Mismo

La Decepción No La Produce Un Comportamiento Inadecuado Sino La Falsa Expextativa Que Se Tiene De El

Es muy frecuente usar el verbo “Decepcionar” de manera pasiva, asociada al comportamiento o acción de alguien.

De hecho, es mucho más frecuente oir la frase “Me ha decepcionado” antes que “Estoy decepcionado”. Incluso cuando se usa esta segunda modalidadla manera de hablar se refiere en la mayoría de las circunstancias a decir “Estoy decepcionado por este motivo”, como si el motivo de la decepción tratásemos de ubicarlo fuera de nosotros antes que dentro.

Esto es señal de que nos cuesta asumir que si algo nos decepcionó, fue debido a nuestra expectativa previa antes que a los acontecimientos en sí.

Decir que algo nos ha decepcionado, significa admitir que de alguna manera esperábamos algo que no ha ocurrido o que ha ocurrido de de manera diferente de lo que nos esperábamos: es decir que teníamos una idea previa de lo que nos esperábamos.

Pero no solamente significa esto. Significa también admitir que sobre la idea previa que teníamos, habíamos emitido un juicio personal polarizando esa idea como algo más o menos positivo, aceptable, o correcto, de acuerdo con una persona, su comportamiento, o una circunstancia.

Pero hay algo más: decir que algo nos ha decepcionado, significa también admitir que hemos juzgado la realidad de manera personal, sumaria y subjetiva, desde nuestro personal sistema de creencias y valores, o  aquello que ha dicho o hecho esa persona o como se han desarrollado los acontecimientos: que lo hemos comparado con nuestra idea o expectativa previa, y que tras esa comparación, hemos juzgado que lo que ha ocurrido no refleja o no cumple con nuestros criterios previos. O que simplemente es inferior en calidad y beneficio a lo que nos esperábamos.

Por tanto, todo este proceso que nos lleva a decir que “algo no ha decepcionado”, es fruto de una expectativa arbitraria, imaginada y no real, de un juicio sobre esa expectativa, construido sobre la base de la imaginación, de una comparación entre la realidad efectiva y nuestra imaginación alimentada por nuestras expectativas basadas en simples deseos o necesidades personales y, finalmente, de un juicio sobre la realidad efectiva, basado en esa comparación.

Lo que no nos damos cuenta es que estamos comparando hechos consumados y objetivos, con  imaginación subjetiva previa.

Y menos aún nos damos cuenta que a la hora de comparar hechos con imaginación, damos más crédito a la imaginación y creemos que nuestro punto de vista es mejor o más aceptable, o más justo, o con más derecho de razón, respecto a los hechos patentes.

Este proceso representa una falacia en el momento en que damos por sentado y obvio que nuestra expectativa previa, aún siendo algo imaginativo cuenta más o tiene más derecho de existir que los meros hechos patentes.

Por eso, al decir que  “algo nos ha decepcionado” , estaremos también afirmando que para nosotros,  nuestra expectativa previa tiene más razón e importancia que la mera realidad. Que cuenta más lo que pensamos, que lo que ocurre ahí en el mundo exterior.

Y al usar como punto de comparación nuestro pensamiento, expectativa o idea previa, decimos caemos también en el autoengaño de creer que esa es la correcta y que si la realidad no coincide o cumple con ella, o la supera, entonces esa realidad habrá hecho algo que no consideramos justo o asumible, ya que nos habrá decepcionado.

Todo esto es fruto de un egocentrismo cognitivo o conceptual que nos lleva a pensar erróneamente que disponemos de más y mayor razón que la realidad misma.

Lo que nos resistimos a entender es que la realidad ahí fuera simplemente ocurre, y que nuestro punto de vista y nuestro juicio es lo que la disfraza de algo que nos gusta o nos gusta.

Y que cuando algo no nos gusta o pensamos que “nos decepciona”, será porque nosotros, con nuestros juicios y nuestras expectativas previas habremos querido que sea así: y que eliminando el juicio, eliminaremos el malestar o la decepción.

Por este motivo, cuando algo nos decepciona, no habrá sido por lo que habrá hecho o no habrá hecho o habrá dejado de hacer, sino por nuestras expectativas previas que habremos construido de manera sumaria, sin considerar eventualidades como la realidad que finalmente nos abofetea en la cara (ojo, no es la realidad que da la bofetada, sino nosotros que ponemos la cara por donde pasa ella).

Del mismo modo, si piensas que has decepcionado a alguien, puedes pensar también que no habrá sido por lo que hayas hecho o dicho, sino por las expectativas equivocadas que esa persona tenía.

La causa de su decepción no está en tu comportamiento, sino en las expectativas del otro/a.  

¿Qué Es Lo Que Te Mueve Hacia Lo Desconocido? ¿Y Qué Es Lo Que Te Frena Ante Los Cambios?

Que te mueve hacia los desconocido y que te frena hacia los cambios

 

Curioso, muy curioso.

Las personas por un lado afrontamos lo desconocido con ilusión, pero somos a la vez capaces de frenarnos ante los cambios.

Lo que parece una incoherencia en principio, esconde mecanismos psicológicos muy marcados y claramente adaptativos.

Primero, no es que haya personas que les gusten los cambios y otras que no, sino que hay personas que gestionan de distinta manera el cambio.

En general todos tendemos a producir cambio cuando ciertas situaciones sobrepasan el umbral de aburrimiento. Pero el umbral de aburrimiento cambia de persona en persona. Por eso hay personas que buscan los cambios con más frecuencia que otras.

Pero en general, incluso a “los culos de mal asiento” pueden en ocasiones sentarles mal los cambios.

La razón es que a nadie le gusta un cambio que no haya podido elegir o cuyos términos, tiempos, modalidades y condiciones no puede controlar o decidir.

Por eso, la principal razón que nos lleva a afrontar cambios y movernos hacia lo desconocido con mayor o menor ilusión, no reside en el cambio en sí o en sus condiciones coyunturales y materiales, sino en la percepción de control que una persona pueda tener de ese cambio.

A mayor percepción de control, más ilusión. A menor percepción corresponderá menos ilusión o incluso frustración.

Pero el cambio no tiene que ver solo con el destino hacia el que una persona de dirige, sino, también con el presente que tiene que abandonar.

Cuando una situación presente no supone estimulo alguno, o incluso es motivo de frustración, el cambio, y por tanto el abandono de la condición presente, será mucho más dinámico y voluntario por parte de la persona.

El problema pero surge cuando esa misma situación, incluso en la mediocridad que pueda suponer para la persona, satisface por otro lado aquellas necesidades básicas que permiten a la persona vivir con cierta tranquilidad y comodidad.

Ahí es cuando la persona, asentada en su propia “zona de confort”, percibe por un lado la ilusión y el deseo de cambiar pero, por el otro, el miedo a tener que abandonar una situación con la que en cierta medida se conforma.

Es en esos momentos que la persona se debate entre dar el paso o quedarse quieta.

Estos bloqueos pueden superarse en unos casos identificando las creencias limitantes que impiden a la persona actuar y,  en otros casos identificando aquellas expectativas también limitantes que pueden envolver a la persona en un espejismo ilusorio que le hace ver lo que persigue como un éxito seguro y le impide contemplar otras posibilidades alternativas más eficaces.

El Mundo No Es Lo Que Ves, Sino Lo Que Crees Acerca De Lo Que Ves

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Toda Preocupación No Es Más Que Una Barrera Que Impide Un Aprendizaje Potencial

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