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No Tuve El Tiempo = Quise Hacer Otras Cosas

 

PenduloEs curioso el tergiversar de la mente humana que nos lleva en ocasiones a hacernos creer nuestras propias mentiras a través de excusas, falacias, y juegos de palabras que esconden detrás de sí unas realidades lapidarias, duras como puños, que nos resistimos a asumir.

Uno de estos ejemplos es la tan socorrida frase: “no tuve el tiempo”.

Como si el tiempo fuera algo que llevamos en los bolsillos y de repente desaparece.

La verdad es que el tiempo no se puede poseer ya que es el mismo tiempo que nos posee a nosotros y nos consume: el tiempo sucede inexorablemente en una única dirección posible: adelante.

El tiempo ni se gana ni se pierde, ni va más lento ni va más rápido, simplemente ocurre: y lo que se gana o se pierde es la posibilidad de hacer ciertas cosas mientras éste pasa.

Es más, el tiempo en sí no es una entidad tangible. Tampoco es lo que medimos con el reloj. El tiempo es, más bien, el conjunto de acontecimientos y actividades que realizamos en un determinando momento: y siempre se hace algo, aunque sea un simple respirar o dormir.

Por eso tampoco vale decir otra muy frecuente frase “no hice nada” / “no hiciste nada”.  Más bien usaste ese tiempo para hacer ciertas cosas, otras cosas que quizá no cabría esperarse, por muy simples, fútiles o triviales que fueran.

Por esta razón, cuando recurrimos a la frase: “no tuve el tiempo”, realmente lo que queremos decir es que usamos ese tiempo para hacer otras cosas. Y si lo hicimos así, desde luego, al ser nosotros los responsables de nuestras decisiones, tendremos que asumir que lo hicimos por decisión nuestra. Por tanto, decidimos hacer otras cosas en lugar de lo que se esperaba que hiciéramos.

Quizás nos hayamos sentidos “forzados” por los acontecimientos y las situaciones en dar prioridad a otras actividades, pero a fin de cuentas, la decisión habrá sido nuestra, y la responsabilidad de haber cedido ante otros acontecimientos, incluso imponderables, seguirá siendo nuestra en primera persona, tal vez por no haber considerado la eventualidad de esos mismos imponderables.

Así que más vale salir del escondite de la excusa, dar la cara, y afirmar con toda rotundidad que nuestras prioridades eran (y tal vez siguen siendo) otras.

Coaching: El Sentido De Tu Vida No Lo Determina Lo Que Haces, Sino Lo Que Piensas Mientras Lo Haces

 

El Sentido De Tu Vida No Reside En Lo Que Haces Sino En Lo Que Piensas Mientras Lo Haces

En más de una ocasión puede que te hayas sentido ante la imperiosa necesidad de hacer algo orientado a un fin específico.

Puede incluso que si repasas tu agenda de actividades diarias y la analices, acabes por no encontrar hueco temporal alguno entre actividad y actividad.

Si esto te ocurre, sin duda quiere decir que eres una persona muy atareada.

Y puede atribuyas esta gran implicación en tantas actividades como una consecuencia necesaria de tu actividad personal o profesional, y que lo vivas entonces como una obligación “impuesta” por tus circunstancias.

Sin embargo no son tus circunstancias las que determinan tu agenda, sino lo que tu consideras que son tus circunstanciashttp://clicktotweet.com/QpXLo : es decir lo que tú decides priorizar en todo momento, de acuerdo con la importancia que atribuyes a cada cosa.

Por eso, si crees que “te falta tiempo” quizás no es cuestión de “falta de tiempo”: el día dura 24 horas para todos, incluso para ti. http://clicktotweet.com/d9Ii3

La cuestión es más bien de lo que decides hacer con ese tiempo: como tú decides “rellenar” esos vacíos, y lo que tú decides incluir en ese “contenedor” de actividades que realizas cada día, y que es el tiempo que tienes a disposición.

Si eso te puede ayudar, puedes visualizar el tiempo como una bolsa de monedas (por ejemplo 24 monedas de una hora o 96 monedas de un cuarto de hora).

Ahora bien, cada actividad que tú decides realizar a lo largo de tu día, es como si estuvieras comprando el tiempo necesario para realizarla, gastando de esas monedas el equivalente para disponer del tiempo que tu estimes necesario para su realización.

Hasta ahora estamos hablando del por qué hacemos ciertas cosas y rellenamos ese tiempo, pero ¿qué es del para qué?

¿Te has planteado alguna vez para qué haces lo que haces? http://clicktotweet.com/7W04j  ¿Qué sentido último tiene en línea con tu propósito vital? ¿Está  alineado eso con tu propósito vital? ¿Tienes un propósito vital?

Porque lo que da sentido a tu vida no es lo que hagas en todo momento, sino el hecho de que lo que decidas hacer, te acerque más o menos a lo que consideras que es tu propósito vital.

Y todo esto no tiene que ver con las actividades que decidas realizar, sino con lo que piensas acerca de esas actividades, justo en el momento previo y durante su realización.

Si entiendes que las actividades a las que tú has dado prioridad solo son “obligaciones” marcadas por lo que entiendes que son tus circunstancias (es decir lo que piensas que te ha tocado hacer en la vida), puede que existan otras actividades que con más facilidad te puedan acercar a tu propósito vital y que estés dejando de lado.

Entonces ¿Qué es lo que te impide re-establecer la distribución de agenda de una manera más acorde a tus prioridades? http://clicktotweet.com/AQd0f  Contestando a esta respuesta, no te engañes. Hasta ahora hemos demostrado que tú eres el dueño/a de tu tiempo.

En ocasiones tratamos de “rellenar” nuestros huecos temporales con actividades y actividades por realizar, como si eso fuera lo que diera sentido a nuestra vida. http://clicktotweet.com/dAZ91

El lema que seguimos en esas ocasiones suele ser: “cuantas más cosas hago, más habré aprovechado mi tiempo y mi vida”.

¿Pero están esas cosas alineadas con nuestros propósitos vitales?

Hacer por hacer, solo llena nuestros vacíos temporales,  pero no da necesariamente sentido a nuestra vida.    http://clicktotweet.com/XkGbZ

Nuestra vida iniciará a tener un sentido de plenitud cuando, a la hora de realizar las actividades, estaremos teniendo pensamientos relacionados no tanto con lo agradables o desagradables que serán esas actividades, no tanto con su mayor o menor obligatoriedad o necesidad, no tanto sobre otras cosas que nos gustaría realizar en su lugar, sino con lo importante que son esas actividades para acercarnos más a nuestros propósitos vitales.

Por esta razón, para dar sentido a nuestra vida, no es tan importante lo que hagamos, sino lo que estamos pensando acerca de lo que hagamos en ese momento: esto será lo que nos dará información acerca del si estamos bien alineados con nuestros propósitos vitales, o si es conveniente que revisemos nuestras prioridades.