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Roberto Crobu Presenta su segundo libro “Liderar la Incertidumbre”

CARTEL PRESENTACIÓN LIBRO

El autor, dará a conocer su segundo libro el próximo Jueves 17 de Marzo en El Corte Inglés acompañado de Bruno Dureux, Fernando Abad y José Luís Mendoza García

La obra, con prólogo de Juan Carlos Cubeiro y una colaboración de Edurne Pasaban, será presentada oficialmente el próximo 17 de Marzo, a las 19:30 en el aula cultural de El Corte Inglés, Gran Vía. La presentación, abierta al público hasta completar aforo, incluirá una master class de media hora gratuita, impartida por el autor, y un debate con la mesa redonda en la que participarán D. Bruno Dureux, presidente del Círculo de Economía de la Región de Murcia, D. Fernando Abad, director del diario MurciaEconomía, y D. José Luís Mendoza García, Director del Dpto. de Relaciones Internacionales de la UCAM.

En su interior el libro trata el Liderazgo desde la perspectiva del Mindfulness, aprovechando la historia de siete deportistas de élite (Mireia Belmonte, Tersa Perales, Edurne Pasaban, Tom Brady, Michael Jordan, Valentino Rossi y Ayrton Senna), para explicar los procesos de toma de decisiones y funcionamiento de la mente a la hora de afrontar grandes retos y propósitos vitales, camino a la excelencia en cualquiera de los ámbitos que decidamos actuar en nuestra vida. Así es como el autor redescubre valores como el Esfuerzo, la Perseverancia, la Oportunidad, La Atención, la Pasión, la Resiliencia y la Valentía.

Con el fin de organizar la llegada de los asistentes y prever la afluencia, se ha puesto a disposición un enlace para confirmar asistencia en este enlace:

http://www.ticketea.com/entradas-conferencia-presentacion-libro-liderar-la-incertidumbre-roberto-crobu/

El libro también cuenta con video de presentación en el enlace:

http://www.youtube.com/watch?v=xhpZVHByX18

Y una página de Facebook para información sobre los detalles de su producción y contenido:

http://www.facebook.com/liderarlaincertidumbre/?ref=bookmarks

El Jueves siguiente, 24 de Marzo, se repetirá presentación en FNAC con conferencia y debate, en esa ocasión conducido por Lola Gracia.

 

¿Cuál es la frontera entre el Coaching y la Intervención Psicológica? 2 Sesiones

Muchos coaches y formadores en coaching, afirman que hacer coaching no es hacer psicología, muchas veces desde el desconocimiento, confundiendo el territorio tan amplio de la psicología con la mera intervención clínica, y desde la falsa creencia de que por psicología solo se entiende la terapia.

En efecto, el coaching no es terapia, pero sí es psicología puesto que trabaja sobre las creencias y las conductas del ser humano, las emociones, y la adquisición o el cambio de hábitos.

¿Entonces como podemos marcar el límite entre lo que es el coaching y la intervención psicológica, o incluso esa modalidad de coaching que solo aplican los psicólogos que se llama “coaching psicológico”?

Linea Roja

En mi opinión esa frontera no existe porque todo coaching es psicología.

Aún así, en el supuesto de quererle “poner puertas al campo”, si tuviera que elegir un elemento suficientemente claro y evidente, como indicador de que se está pasando la delgada línea del coaching ejercido por un no psicólogo, y el coaching ejercido por un psicólogo, o incluso la intervención terapéutica en psicología, me fijaría en el número de sesiones necesarias para generar un cambio de habito o la adquisición de un nuevo hábito por parte del coachee.

Desde este punto de vista, un proceso de coaching que no requiera de la intervención de psicólogo/a debería resultar muy fácil de aplicar, basándose solo en tres o cuatro herramientas cuya aplicación conlleve necesariamente a la obtención de resultados (análisis de situación o rueda de la vida, establecimiento de objetivos o grow, plan de acción, y revisión del plan con preguntas poderosas).

Un coaching ejercido por un no psicólogo no debería implicar dificultades por parte de un cliente para ejecutar un plan de acción adquiriendo los hábitos necesarios o deshaciéndose de aquellos que quiera abandonar: cada sesión debería proceder por su curso sin bloqueos o resistencias por parte del coachee.

En el momento en que hubiese algún bloqueo o resistencia que impida proceder adelante en una sesión o que requiera volver atrás en proceso, o que haga que el proceso se estanque en más de dos sesiones sobre el mismo punto, con el coachee que presenta dificultades para afrontar y superar esa parte del plan de acción, se puede considerar señal más que evidente de la necesidad de tratar ese tema desde el coaching psicológico o incluso desde la intervención psicológica. Y desde luego la conveniencia por parte del cliente de terminar el proceso y cambiar de coach y pasar a un/a coach con perfil psicológico.

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¿Por qué Es Aconsejable Que Un Coach Tenga Formación Específica en Psicología?

Coaching Psicologo

Este no es un post que trata una vez más de hincar el dedo en la tan conocida controversia que ve enfrentados algunos Coaches y otros Psicólogos (cuando esto sucede, ambos suelen tienen mucho en común, sobre todo su intransigencia hacia el otro), sino que trata de sintonizar y armonizar posturas.

Aún admitiendo y siendo muy respetuoso y condescendiente con todos los Coaches que no son psicólogos y con todos los psicólogos que no saben realmente lo que es el Coaching, afirmaré primero que muchos de los problemas surgidos entre Coaches y Psicólogos se deben precisamente al desconocimiento de unos acerca del área de trabajo de los otros.

En todo caso, quizá, usando un lenguaje más propio del Coaching, más que preguntarse un “por que” a este asunto, habría que preguntarse un “para qué” y cambiar la pregunta en: “Para qué es aconsejable que un Coach tenga formación específica en Psicología?

En este post trataré de contestar tanto al “por qué” como al “para qué”.

El “por que” proviene del mismo desconocimiento que desde el mundo del Coaching se tiene acerca de la psicología, confundiendo la psicología (en su más amplio abanico de aplicaciones) con la psicoterapia. En este sentido está claro que el Coaching no es una psicoterapia, pero también es cierto que en el Coaching se trabaja sobre creencias, pensamientos, comportamientos y emociones, ámbitos que siempre han sido territorio de trabajo exclusivo de los psicólogos.

El por qué un Coach debería tener conocimientos de psicología (bastaría con un bienio de formación), reside en el hecho de no ser conscientes muchos Coaches no psicólogos que, aún preguntando, sin decir a una persona lo que tiene que hacer, el Coach acaba influyendo en los procesos psicológicos de un Coachee. Para tomar consciencia de ello bastaría con preguntar a un Coach no psicólogo en base a qué criterios suele elegir hacer una pregunta u otra a su cliente en un momento dado de una sesión: ¿Por qué elige esa pregunta y no otra? ¿Para qué? ¿Con qué finalidad?

La respuesta a esta pregunta delata de manera evidente que el Coach tiene una intención de influir en los procesos psicológicos del cliente, aunque lo haga desde el desconocimiento de qué proceso psicológico se trata y desde la falta de consciencia en ello, aún con toda la buena fe del mundo.

Si por ejemplo nos encontramos ante una situación en el que el Coachee desea alcanzar una objetivo, pero se siente impedido en hacer lo que es preciso que haga para lograrlo, y usamos por ejemplo la pregunta: ¿En qué otras ocasiones fuiste capaz de hacer algo parecido?, desde el enfoque de un Coach no psicólogo es evidente que estamos “animando” al Coachee a encontrar recursos en sí mismo para ver si es capaz de hacerlo; desde el enfoque de un Coach-Psicólogo es evidente que estamos tocando el Consctructo del Empowerment y que, conociendo datos basados en la evidencia investigadora publicada en literatura sobre como es este constructo, de qué manera funciona y que factores lo mueven, un Coach-Psicólogo puede valorar si es el momento adecuado de hacer esa pregunta o, si acaso, plantear otra pregunta: “Qué podrías aprender en caso de intentarlo y fallarlo”, que sin embargo toca el Constructo de la Resiliencia en lugar del Empowerment.

Realmente la cosa no parece tener mucha trascendencia puesto que ningún Coach, siendo o no psicólogo estaría prestando un servicio realmente profesional en el caso de adelantarse al cliente y pensar que es lo que “le viene mejor” en un momento dado, pero sí es importante que conozca la trascendencia de cada una de sus preguntas como para saber al menos qué es lo que está moviendo en el cliente mientras le pregunta.

Y un coach que sin saberlo hace palanca en el constructo del Empowerment en lugar de hacerlo sobre la Resiliencia, es responsable de los procesos que genera en su cliente y no podemos alienar esa responsabilidad en el desconocimiento de las implicaciones que esto tiene para el coachee, para su salud psico-emocional, para su integridad, autoestima y, por qué no, de cara también al servicio por el que el Coach cobra y a su legitimidad ética: como se suele decir, el desconocimiento de la norma no exime a uno de sus propias responsabilidades .

Los que somos Coaches y además Psicólogos nos hemos dado cuenta de la importancia de todo esto en estos años de experiencia: mientras un Coach simplemente hace preguntas para animar la reflexión de su cliente no siendo consciente de qué procesos y mecanismos psicológicos toca, un Coach-psicólogo si es consciente de ello, por lo que puede hacer preguntas acertadas y orientadas al servicio que realmente pretende ofrecer a su cliente y por el que el cliente decide y paga en todo momento.

Es muy importante por estas razones, de un lado sensibilizar a los Coaches que no son psicólogos de las implicaciones que está teniendo su servicio en sus clientes y, por el otro, regular esta actividad para que los programas de Coaching que salgan al mercado tengan en cuenta un mínimo de horas de formación en psicología, orientada a este fin.

A favor de todo esto se presenta muy propicia la propuesta de reforma de los grados universitarios que pretende ejecutar el gobierno de España que vería una reducción del primer grado de tres a dos años: esto permitiría ofrecer una formación básica que podría ser la vía por la que finalmente se regularía la actividad profesional del Coaching mediante un primer bienio de formación básica en psicología y, luego, la especialización que corresponda (Coaching Ejecutivo, Sistémico y de Grupos, Deportivo, De Vida, etc.).

Ahora venimos al “para qué” es aconsejable que los Coaches tuvieran esa formación de base:

– Para mejorar la eficacia de los protocolos de intervención.
– Para unificar prestaciones de servicio bajo criterios más homologables en el mercado.
– Para garantizar un servicio más profundo y preciso a sus clientes y un feed-back más profesionalizado.
– Para elevar su categoría profesional y finalmente igualarla a nivel institucional a la de un psicólogo.
– Para eliminar de una vez el enfrentamiento que ve a Coaches y Psicólogos separados y considerando sus servicios como excluyentes y en antítesis, siendo profesionales que trabajan en ámbitos que han de entenderse como totalmente complementarios.

A fin de cuentas, todos saldríamos ganando.

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La Meditación Es Psicología: Entrevista A Pedro Jara Vera

Pedro Jara FotoEn este artículo, Roberto Crobu entrevista al Psicólogo Pedro Jara Vera , especialista titulado en Psicología Clínica: Pedro trabaja desde 1993 como psicoterapeuta, orientador y formador con un enfoque integrador de diversas tendencias y estrategias. Profesor asociado en la Universidad de Murcia y autor de numerosos artículos científicos y profesionales. Ha publicado también los libros Adicción al Pensamiento (Ed. Abecedario) y El Mundo Necesita Terapia (Ed. Regenera). Es además socio fundador e impulsor de la asociación ReGenera Consciencia de Cambio.

Para más información y consultas, se puede contactar con Pedro a través de su web: www.pedrojara.es

RC:Últimamente estamos observando un creciente interés por las prácticas de Atención Plena y Meditación orientadas a tratar problemas y trastornos psicológicos: ¿son realmente tan efectivas como para tener un efecto terapéutico, o son un simple complemento de la terapia?

PJ:Quizá lo primero que hay que recordar es que el concepto de terapia es mucho más amplio y abarcador, pues incluye todo tipo de enfoques o estrategias que pueden contribuir a la solución de los problemas. Dentro de la terapia, las estrategias de atención plena y meditación son sin duda un recurso de gran valor. Aquí la investigación más controlada está últimamente refrendando en muchos sentidos la experiencia milenaria respecto a la utilidad de estos enfoques.
Por tanto, sobre si estas estrategias tienen un efecto realmente terapéutico, la respuesta contrastada es que sí, en un muy amplio abanico de problemas. Pero yo no dejaría de ver esto como un posible y valioso complemento a la terapia dentro de un paquete o enfoque más amplio, y sólo muy inusualmente como una terapia exclusiva.

 

RC:¿Qué hace de estas prácticas que sean más atractivas hoy y que no lo fueran hace 10 años?

PJ: Yo tengo la impresión de que al igual que en muchos otros casos hay un factor fundamental de casualidad, en tanto que alguna personalidad destacada en el ámbito de la ciencia occidental empieza a interesarse por investigar y publicar ampliamente sobre lo que viene haciéndose desde tiempo inmemorial en el mundo oriental, y a partir de aquí empieza a crearse una moda y un gran marketing en torno a ello, como si se tratase de algo nuevo.
Pero es cierto que una casualidad así requiere que se den determinadas circunstancia en el “espíritu de la época” que la hagan posible y que permitan una receptividad mayoritaria. En ese sentido creo que también es importante la crisis de las religiones tradicionales, la moda general del budismo en el mundo occidental y de todo lo que se ha vinculado a la cultura de la Nueva Era, el hecho de que vivimos en la era del estrés y por tanto hay una fuerte necesidad de paliativos en tal sentido, o la adaptación a occidente de estas estrategias despojándolas de sus componentes religiosos. Todos estos factores han venido propiciando un caldo de cultivo muy adecuado para el trabajo en atención plena.

 

RC: ¿Qué pueden aportar a la intervención psicológica estas prácticas?

PJ: La meditación es Psicología. Se trata de una intervención puramente psicológica, y que como es obvio para toda intervención psicológica efectiva tiene efectos palpables en nuestra fisiología y neurología. En este sentido no es diferente a si la pregunta se hace respecto a prácticas como la hipnosis, la reestructuración cognitiva, las estrategias de visualización, etc. Cuando cualquiera de estas prácticas se enmarca en una evaluación e intervención psicológica más amplia y bien estructurada, es cuando verdaderamente cobra valor y eficiencia al realizarse en una dirección y con unos criterios apropiados.

 

RC: ¿Y Qué puede aportar la psicología a estas disciplinas, puesto que las imparten personas que no necesariamente tienen una formación psicológica de base?

PJ: Es cierto que la historia de la meditación es muy anterior a la de la psicología científica, y que la Psicología tiene que absorber y otorgar comprensión y método a ésta y otras muchas estrategias tradicionalmente vinculadas a la religión, a la filosofía, a la medicina chamánica… Yo soy consciente de que hay muchos profesionales no psicólogos que tienen una capacidad contrastada en el manejo de ciertas estrategias claramente psicológicas, como la meditación, el coaching, la hipnosis…, así como que muchos psicólogos titulados pueden dejar bastante que desear en ese sentido. La competencia formal y la real no van necesariamente juntas. Además, ponerle puertas al árbol de lo psicológico es extremadamente difícil, porque la psicología lo impregna todo, es la disciplina más amplia que existe y se fusiona en cierto grado con todas las demás. Pero siendo esto así, en general considero que hay una excesiva banalización de la meditación cuando se aplica por parte de personas con una formación psicológica de base precaria. Esta base formativa siempre se nota, y es muy importante para atender adecuadamente a las particularidades de la intervención, para establecer del mejor modo los criterios de la misma, para darle una complementación pertinente con otras estrategias que puedan resultar adecuadas, y desde luego para desarrollar una buena comprensión acerca de que hace que esto funcione cuando lo hace, o no cuando no lo hace.
Y en general creo que ningún psicólogo bien formado se dedicaría de forma casi exclusiva a trabajar con esta técnica, así como con cualquier otra, por muy potente y polivalente que resulte, puesto que la visión y la inquietud siempre es más amplia, y lleva la mente del profesional a recursos complementarios y a intervenciones multimodales. Alguien dijo que debemos tener cuidado con las personas de un solo libro, y en este punto yo añadiría que también deberíamos ser recelosos con las personas de una sola técnica, o de una sola escuela.

 

RC: ¿Hay muchas personas que recurren a estas prácticas casi como refugio ante problemas de la vida?, ¿es esta una manera adecuada de plantear su práctica?
Pedro Jara

PJ: Cuando algo se enfoca casi como una panacea nunca es una buena práctica. Es cierto que la meditación, cuando se practica con continuidad y buenos criterios, tiene efectos de un amplio espectro en nuestra personalidad, porque de algún modo actúa insidiosamente sobre el núcleo de la mayoría de problemas psicológicos. Yo mismo he defendido esto en mi libro Adicción al Pensamiento, y por ello las prácticas de atención plena ocupan un lugar muy destacado en el capítulo final y nuclear del libro. Pero constantemente observo a supuestos meditadores que están lejos de orientarse a una verdadera solución de sus problemas, y que más bien se “entretienen” meditando y alimentan una ilusión de superioridad moral que les ofrece una precaria y frágil sensación de bienestar. En cualquier caso creo que esto ocurre precisamente porque no meditan de forma adecuada, porque la técnica está banalizada o mal interpretada, y sobre todo se pierde de vista que la meditación sobre el cojín o la banqueta es solo un entrenamiento para la vida meditativa que debe cultivarse fuera del cojín.
Me gustaría conectar esto con otro problema que me preocupa y que actualmente se está dando mucho. Me refiero a que si bien desvestir de religiosidad a las prácticas meditativas es un planteamiento correcto, en muchos casos ha supuesto una polarización hacia una visión banal y sesgada de las mismas. La meditación adecuadamente entendida no es neutral respecto al enfoque vital que suscita, y fundamenta una filosofía de la vida que casa mal con entenderla, por ejemplo, como una manera de aumentar la productividad laboral o de combatir el estrés. Y no me refiero a que tales efectos no puedan ser deseables y posibles, sino a que implican un triste reduccionismo respecto a comprensiones e implicaciones bastante más amplias y trascendentales para nuestra existencia que anidan en el entrenamiento continuado con la atención plena. Es tan simple como que un “lobo” de Wall Street que dice practicar la meditación y aumentar con ello su capacidad profesional, puedo apostar a que hace algo en verdad bien distinto o empobrecido, y que no dirige su atención hacia donde procede hacerlo, porque de lo contrario la meditación le llevaría directamente a cambiar de oficio.
Hay comida de consumo rápido que sienta mal a nuestro organismo, e igualmente nos estamos contaminando con una meditación de consumo rápido que hace mal honor a un enfoque en verdad noble y amplio, que debería calar en aspectos muy esenciales de nuestra forma de vivir.

RC: Gracias Pedro Jara por tus palabras.

 

La Felicidad Ni Es El Destino Ni Es El Camino: Es El Inicio

Eso de la felicidad es algo muy curioso. Y la industria que se está montando alrededor la verdad es que poco tiene que ver con facilitar a las personas una vida más plena y mejor….

Pero razonemos sobre esto último: ¿Acaso la vida tiene que ser plena? ¿Acaso ya no lo es? ¿Será porque nos encargamos nosotros de vaciarla….? ¿Y tiene que ser mejor? ¿Mejor, con respecto a qué? ¿O a la de quien?

En todo caso, antes de seguir esta digresión será el caso de aclarar que se entiende en este post como felicidad: porque este es un término muy prostituido y facilmente confuso con “placer” o alegría. Y así lo hace en parte el RAE (Real Diccionario de la Academia) cuando en su prmer significado entiende a la felicidad como un “estado de ánimo que se complace por la posesión de un bien”. Como si lo material dirigiera lo interior….. Menos mal que vino un día IKEA y cambió esa definición diciendo que “no es más feliz el que más tiene sino el que menos necesita”….

Aquí trataremos esa felicidad fácilmente tergiversada en alegría, así como la trata la industria de la felicidad, que coincide con como la entiende el RAE y que se da con la posesión de un bien, y que convierte la búsqueda de la felicidad en la búsqueda de esa placer necesario por tener ese bien, en lugar de esa felicidad entendida como estado utópico de bienestar continuo al que todo el mundo aspira sin saber nunca si lo ha logrado o no.

Hace poco, entrando en una empresa vi un cartel que pretendía fomentar la igualdad de género en el que aparecían dos mujeres: una de ella un poco descuidada, con bolsas de la compra en una mano, y tirando de uno o dos niños por la otra; la amiga era un chica bien cuidada y resuelta que le preguntaba: ¿Tienes algún objetivo o sueño que quieras cumplir en tu vida? La otra le contestaba: con eso de la familia, los niños, el trabajo y la casa, el único sueño que tengo es por la noche cuando me acuesto…

Spiral 2Esto me hizo reflexionar… ¿Acaso tener un trabajo no es un sueño para más de 6 millones de españoles al día de hoy? ¿Acaso tener una vivienda que cuidar no es un sueño para muchos que no tienen acceso a una vivienda digna y en propiedad? ¿Acaso muchos no persiguen un hijo como un sueño y tardan tiempo y tiempo sin lograrlo, incluso tras gastar mucho dinero en tratamientos?

Que lerdos son ciertos seres humanos que cuando tienen todo esto ni se dan cuenta de que han cumplido ya muchos sueños. De que quizás no tengan sueños porque ya los alcanzaron. Del tan poco capaces que son ciertas personas de no valorar y agradecer lo que tienen…

Esto representa la semilla de la industria de la felicidad que te hace creer que no tienes razones para sentirte feliz y constantemente te induce pensar en que necesitas muchas cosas para serlo (sobre todo sus productos)… Y la industria no tiene culpa de ello. Responde a una estrategia de mercado legítima para vender sus productos de consumo. Pero tú no te das cuenta y caes una y otra vez en creerte este programa.

Ya es más de una conferencia en la que asisto que el conferenciante de turno dice que el objetivo y fin último del ser humano es el de ser feliz…. ¿En qué momento de nuestra sana o insana evolución, hemos iniciado a creernos esto? ¿Por qué nos lo tenemos que creer? ¿Para qué? ¿Qué implicaciones tiene creernos este programa mental de que tenemos que aspirar a la felicidad?

…Cómo si ya no la tuviéramos. Como si no tuviéramos más de mil y una demostración que nos ofrece la vida cada día como para ser felices…

Toxico 5Y la cuestión de fondo es que la felicidad ya la tenemos. Otra cosa es que seamos capaces de verla, vivirla, experimentarla todos los días, día tras día, incluso detrás de aquellos acontecimientos que pueden suponer en un primer momento un revés o malestar.

Por tanto prefiero optar a que la felicidad no se ubica allá al final de ese arduo camino que muchos recorren pensando que un día tendrán su merecida recompensa por los esfuerzos y sacrificios que hacen.

Tampoco puedo considerar que la felicidad es el camino, como dicen otros.

Porque el camino está compuestos de muchos elementos: unos de los cuales (los fundamentales) son esas dificultades del día a día que nos sirven para apreciar lo bueno.

Pero muchos, ante esas dificultades, prefieren optar por el camino fácil, el atajo de la “industria de la felicidad” que les dice que busquen la felicidad. Como si la felicidad no se encontrara delante de ellos (o mejor dicho con ellos). Sí, porque mientras te crees que tienes que buscar la felicidad, entonces te vas diciendo a ti mismo que la tienes que buscar porque no la tienes.

Por tanto el mero acto de buscar la felicidad implica asumir la triste y desconsolada evidencia de que no se tiene la felicidad en ese momento. Y con todo este programa de creencias muchos van buscando esa felicidad en los sitios más recónditos.

Y en esa búsqueda (para muchos obsesiva) es cuando algunos cometen el cortocircuito de su equilibrio emocional como personas, porque convierten la felicidad en una condición compensatoria del hecho de no ser felices, buscándola finalmente en fugaces momentos de placer, entretenimiento, y distracción del problema real que les preocupa, que les separa de ella y que les mantendrá alejados de esa misma felicidad mientras no se dispondrán a afrontarlo de cara y debidamente.

Se convierte entonces la felicidad en una fugaz emoción compensatoria que algunos persiguen como sustituto de los problemas que no quieren afrontar y resolver.

Y esto representa el fundamento de la industria de la felicidad: tener a personas frustradas a quienes mantener en su frustración mientras consumen productos y servicios que solo les dan un ligero y momentáneo aliento que se esfuma fugazmente como las burbujas de la coca cola.

Y en todo esto llego finalmente a la conclusión que la felicidad ni es el destino ni es camino, sino es el principio: es la intención con la cual afrontamos nuestro día a día abiertos a recibir de buen grado todo lo que nos ocurra, independientemente del juicio que podamos tener de ello, y considerarlo sobre todo como una ocasión de aprendizaje.

Equilibrista 1A fin de cuentas, todo sirve, todo es útil y todo es provechoso. Si lo asumimos así, dejaremos de experimentar lo malo y lo injusto en nuestras vidas y simplemente encontraremos el Equilibrio.

Porque la verdad es que el ser humano no persigue la felicidad como estado natural, tal y como dicen ciertos conferenciantes, sino que su estado natural es el equilibrio.

La felicidad (entendida como la entiende la industria, es decir como “placer” o “alegría” no es más que un extremo de la cadena emocional con el que afrontamos nuestra existencia. Y al otro extremo está el sufrimiento o el disgusto. Y la cuestión es que los extremos siempre se parecen y que conforme uno se acerca a uno de ellos, cae irremediablemente en el otro. Porque la vida no es lineal sino circular, y lo que mejor garantiza su paso por ella es el Equilibrio, no los extremos.

Lo que pasa es que el equilibrio no vende y no produce industria como lo hace el concepto de felicidad.

Pero seguro que puesto a elegir, prefiero perseguir el Equilibrio, ese punto casi inexistente, casi inalcanzable, casi imperceptible y tan poco duradero, que hace que me tenga que mantener en continuo movimiento para alcanzarlo.

Roberto Crobu Invitado a las XII Jornadas de Conciencia Activa

 

Roberto Crobu tendrá el privilegio de abrir las XII Jornadas de Conciencia Activa en Murcia, el 5 de Octubre de 2013, en el Hotel JC1.

Impartirá el primer de los 4 talleres, titulado: Transformación de Actitudes Limitantes para la Resolución de Problemas.

Detallará las actitudes tóxicas que nos impiden resolver problemas y ofrecerá estrategias para superarlas.

Además, ofrecerá una metodología basada en la Medicina Tradicional China y la PNL, para tratar las emociones relacionadas y convertirlas en actitudes constructivas.

Para más información es inscripciones, visitar la web: http://www.concienciaactiva.com/murcia.html

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La Decepción No La Produce Un Comportamiento Inadecuado, Sino La Falsa Expectativa Que Tiene Del Mismo

La Decepción No La Produce Un Comportamiento Inadecuado Sino La Falsa Expextativa Que Se Tiene De El

Es muy frecuente usar el verbo “Decepcionar” de manera pasiva, asociada al comportamiento o acción de alguien.

De hecho, es mucho más frecuente oir la frase “Me ha decepcionado” antes que “Estoy decepcionado”. Incluso cuando se usa esta segunda modalidadla manera de hablar se refiere en la mayoría de las circunstancias a decir “Estoy decepcionado por este motivo”, como si el motivo de la decepción tratásemos de ubicarlo fuera de nosotros antes que dentro.

Esto es señal de que nos cuesta asumir que si algo nos decepcionó, fue debido a nuestra expectativa previa antes que a los acontecimientos en sí.

Decir que algo nos ha decepcionado, significa admitir que de alguna manera esperábamos algo que no ha ocurrido o que ha ocurrido de de manera diferente de lo que nos esperábamos: es decir que teníamos una idea previa de lo que nos esperábamos.

Pero no solamente significa esto. Significa también admitir que sobre la idea previa que teníamos, habíamos emitido un juicio personal polarizando esa idea como algo más o menos positivo, aceptable, o correcto, de acuerdo con una persona, su comportamiento, o una circunstancia.

Pero hay algo más: decir que algo nos ha decepcionado, significa también admitir que hemos juzgado la realidad de manera personal, sumaria y subjetiva, desde nuestro personal sistema de creencias y valores, o  aquello que ha dicho o hecho esa persona o como se han desarrollado los acontecimientos: que lo hemos comparado con nuestra idea o expectativa previa, y que tras esa comparación, hemos juzgado que lo que ha ocurrido no refleja o no cumple con nuestros criterios previos. O que simplemente es inferior en calidad y beneficio a lo que nos esperábamos.

Por tanto, todo este proceso que nos lleva a decir que “algo no ha decepcionado”, es fruto de una expectativa arbitraria, imaginada y no real, de un juicio sobre esa expectativa, construido sobre la base de la imaginación, de una comparación entre la realidad efectiva y nuestra imaginación alimentada por nuestras expectativas basadas en simples deseos o necesidades personales y, finalmente, de un juicio sobre la realidad efectiva, basado en esa comparación.

Lo que no nos damos cuenta es que estamos comparando hechos consumados y objetivos, con  imaginación subjetiva previa.

Y menos aún nos damos cuenta que a la hora de comparar hechos con imaginación, damos más crédito a la imaginación y creemos que nuestro punto de vista es mejor o más aceptable, o más justo, o con más derecho de razón, respecto a los hechos patentes.

Este proceso representa una falacia en el momento en que damos por sentado y obvio que nuestra expectativa previa, aún siendo algo imaginativo cuenta más o tiene más derecho de existir que los meros hechos patentes.

Por eso, al decir que  “algo nos ha decepcionado” , estaremos también afirmando que para nosotros,  nuestra expectativa previa tiene más razón e importancia que la mera realidad. Que cuenta más lo que pensamos, que lo que ocurre ahí en el mundo exterior.

Y al usar como punto de comparación nuestro pensamiento, expectativa o idea previa, decimos caemos también en el autoengaño de creer que esa es la correcta y que si la realidad no coincide o cumple con ella, o la supera, entonces esa realidad habrá hecho algo que no consideramos justo o asumible, ya que nos habrá decepcionado.

Todo esto es fruto de un egocentrismo cognitivo o conceptual que nos lleva a pensar erróneamente que disponemos de más y mayor razón que la realidad misma.

Lo que nos resistimos a entender es que la realidad ahí fuera simplemente ocurre, y que nuestro punto de vista y nuestro juicio es lo que la disfraza de algo que nos gusta o nos gusta.

Y que cuando algo no nos gusta o pensamos que “nos decepciona”, será porque nosotros, con nuestros juicios y nuestras expectativas previas habremos querido que sea así: y que eliminando el juicio, eliminaremos el malestar o la decepción.

Por este motivo, cuando algo nos decepciona, no habrá sido por lo que habrá hecho o no habrá hecho o habrá dejado de hacer, sino por nuestras expectativas previas que habremos construido de manera sumaria, sin considerar eventualidades como la realidad que finalmente nos abofetea en la cara (ojo, no es la realidad que da la bofetada, sino nosotros que ponemos la cara por donde pasa ella).

Del mismo modo, si piensas que has decepcionado a alguien, puedes pensar también que no habrá sido por lo que hayas hecho o dicho, sino por las expectativas equivocadas que esa persona tenía.

La causa de su decepción no está en tu comportamiento, sino en las expectativas del otro/a.