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Como Superar el “NO PUEDO” en 8 Pasos.

A una acción siempre le antecede un pensamiento.

Y a una no acción también.

ImposibleSi queremos ir a la causa del porque repetimos comportamientos cuyas consecuencias no nos gustan y no sabemos como dejar de hacerlo, o porque no conseguimos intentar ciertos comportamientos que nos gustaría tener, tendremos entonces que investigar qué pensamientos están detrás de esas acciones equivocadas consumadas o no acciones. Puede que ahí encontremos pensamientos que nos conecten con emociones como el miedo o la preocupación, o incluso la tristeza y, en todo caso, un sentimiento de malestar, bien por no haber sido capaces de dar la vuelta a esa situación, o bien por no estar conforme con sus consecuencias.

Una de las creencias que están detrás de un comportamiento no ejecutado o permanentemente pendiente de hacer es el famoso “NO PUEDO”, basado en razones, excusas, o incluso evidencias pasadas concretas o generalizadas, extraídas de una situación y aplicadas a su generalidad.

La cuestión ante esa creencia no consiste tanto en perderse buscando las causas para cambiarla, cuando nació, que eventos o episodios le dieron fuerza, porque se arraigó en nosotros, etc. En esa búsqueda es posible que acabemos gastando demasiado tiempo para lograr algún resultado medianamente satisfactorio. No es yendo al pasado que conseguimos cambiar o encontrar soluciones al presente, sino trabajando sobre el mismo presente como transformamos nuestro futuro.

Existen distintas maneras para transformar esta creencia limitante en una oportunidad de mejora que potencie la función dinámica de la persona hacia la consecución de resultado, en lugar de bloquearla o enquistarla en la evitación.

El “NO PUEDO” es la expresión de una indefensión aprendida ante un problema, lo cual, para salir de esa indefensión, requiere que la persona sea capaz de encontrar, de alguna manera, una fisura ante el problema que le ataña donde se vea capaz de hacer algo que dependa de sí misma y recobrar un poco de control como para sentir que vuelve a “tomar las riendas” de esa situación o problema.

La estrategia que comentaremos a continuación es de fácil aplicación para un Coaching Ejecutivo aplicable al ámbito profesional, o también al Coaching Deportivo, cuando un deportista siente que “no puede” o no consigue ejecutar una acción o movimiento.

La estrategia se llama: REDUCCIÓN AL TAMAÑO CONTROLABLE.

Es una de las estrategias más eficaces y consta de los siguientes pasos:

1. Separar el problema en partes (3 o 4 partes), como si fueran pequeñas etapas.

2. Tras separarlo, pedir a la persona que se analice en su actuación ante cada una de esas partes: observar que hace bien y que puede mejorar.

3. Valorar de partida las partes que hace bien y funcionan y extraer que estrategias se usa la persona como para que su ejecución en esas partes sea más eficaz.

4. Analizar de qué manera las estrategias que funcionan esas partes, puedan ser aplicadas en las otras partes.

5. Luego plantear la elección de uno de los aspectos de más fácil abordaje acerca de aquello que puede hacer mejor: centrarse solo en ese aspecto y marcarlo como objetivo inicial, olvidándose del problema en su globalidad, puede representar un principio de alivio y reducción de la carga emocional estresante.

6. Tras ello, dedicarse a crear un plan de acción para mejorar esa parte específica.

7. Si el problema persiste, entonces es bueno separar esa parte en otros 3 o 4 micro-partes y repetir el proceso.

8. Si la persona observa tras un periodo de entrenamiento que ha mejorado su ejecución en esa parte, entonces pasar o otras partes del problema que estén todavía pendientes de mejora y repetir el proceso.

Tanto Que Sigas Como Que Renuncies, El Dolor Lo Tendrás Igual

En más de una ocasión puede habernos llegado la duda del si seguir adelante en la persecución de un resultado concreto, o dejarlo y desistir.

La manera en la que afrontamos este “Cruce de Caminos” es fundamental en la vivencia del dolor y del sufrimiento que podamos padecer como consecuencia de una u otra cosa.

Y la verdad, una de las verdades absolutas es que el Dolor existe y es inevitable.

A esto yo añadiría que el conflicto también existe y es inevitable: bien con uno mismo o bien con los demás.

La cuestión es elegir el camino que menos sufrimiento puede causar en nosotros y nuestro alrededor y la mayor felicidad y alegría pueda generar.

DesprendimientoPongamos por ejemplo la persecución de fines y objetivos empresariales y económicos. No cabe duda que puede ser un factor de mucho estrés, incomodidad y malestar, según el tipo de objetivo que se plantee. Esto puede generar tensiones y conflictos no solo en el interior de una empresa, como en el mercado, por tratar de colocar un producto por encima de la competencia o mediante técnicas de comunicación manipulativa o coercitivas, con el fin de cumplir con objetivos.

Lo vimos recientemente en las prácticas poco Responsables de Directivos del sector de la banca que dieron lugar a la famosa crisis de las hipotecas basura.

No cabe duda de que las consecuencias de estas prácticas hayan generado mucho dolor y sufrimiento no solo en ciertos Directivos, sino en sus principales Stakeholders y clientes.

Pero renunciar a estos objetivos también puede implicar mucho dolor puesto que significa decir no a ciertas políticas de empresa, con el riesgo de perder incluso el puesto de trabajo o suculentas cuantías económicas en términos de primas.

No tenemos porque indignarnos por todo esto, puesto en nuestro pequeño reproducimos este mecanismo de toma de decisiones continuamente, todos los días, con nuestros amigos, vecinos de casa, compañeros de trabajo, hijos y pareja.

Puede que me sienta en derecho de conseguir mis objetivos profesionales o de ocio y que esto conlleve un conflicto con mi pareja y mi familia por no atenderles adecuadamente. Pero a la vez entraría en conflicto conmigo mismo por no lograr mis aspiraciones en el supuesto de renunciar a ello. ¿Qué hago? ¿Sufro por un lado, o sufro por el otro?

Y practicando deporte de resistencia: afronto el dolor que implica seguir adelante cuando creo que no puedo más, o el dolor para mi autoestima de dejarlo?

Puede que entre en conflicto con mi vecino de casa por querer poner una barbacoa en mi jardín y tener que hacerlo en la mejor zona para mí que coincide con la valla que linda con su parcela a la altura de la ventana del salón de su casa. ¿Renuncio a mis barbacoas por renunciar al conflicto, o renuncio a la buena relación con él por no renunciar a mis deseos?

Sea cual fuere la decisión que tome, esto siempre implicará una renuncia y un conflicto, bien conmigo mismo por renunciar a mis deseos, o bien con los demás por renunciar a la buena convivencia a favor de mis prioridades. Y el dolor es asegurado en un caso o en el otro.

Ahora bien, la intensidad del dolor depende de la rigidez con la que abordemos una u otra postura. A mayor rigidez, mayor dolor.

Si queremos eliminar el dolor, tendremos que eliminar o suavizar esa rigidez de plantemiento. Y esto implica realizar una labor de desprendimiento de todos aquellos elementos, creencias, planteamientos y posturas que concurren a esa rigidez.

Las personas, bajo este enfoque muchas veces caen en el error de creer que ante el prójimo, son siempre ellas quienes entonces dan el brazo a torcer; que son siempre ellas quienes tienen que esforzarse para que las cosas salgan más o menos bien en lugar de sus interlocutores; que son siempre ellas están buscando soluciones en nombre de un mayor bienestar común.

La labor de desprendimiento inicia con el renunciar a esta actidud.

Para conseguirlo es importante asumir que sus decisiones son el mejor revelador de cuáles son sus principales valores, que es lo que les importa más,  que están dispuestas a renunciar en nombre de lo que elijen.

Si optas por renunciar a tus objetivos profesionales a favor de una mejor convivencia con tu pareja, esto significa que de alguna manera necesitas más lo segundo que lo primero. Que la convivencia con  tu pareja es más importante que tu objetivo. O que tu objetivo puede esperar. O que no confías tanto en lograr tu objetivo como para arriesgarte a perder una cosa y no conseguir la otra: que no estás dispuesto/a a pagar un precio tan alto para lograr lo que buscas, o que de alguna manera una cosa no compensa la otra.

Entonces el conflicto real ya no es con la otra persona, sino con uno mismo, ya que uno no acepta el desprenderse de una parte de sus aspiraciones que van más allá de lo que realmente se siente capaz de lograr. Es un problema de frustración con uno mismo más que de conflicto con los demás. Y si no lo resuelve, lo más probable es que al fin y al cabo tampoco sea capaz de evitar el conflicto con la otra persona por pagar su frustración con esa misma persona.

La cuestión entonces está en salir del victimismo y de esa auto-compasión que nos hace pensar que siempre somos nosotros los desgraciados,  y asumir que lo que deseamos implica esfuerzo, elecciones y prioridades.

Y priorizar siempre significa abandonar algo: bien un convencimiento o bien una comodidad material.

Que tenemos que elegir si queremos una vida cómoda o si queremos perseguir lo que de deseamos, cueste lo que cueste. Ser entonces consecuentes con lo que esto pueda implicar en términos de desprendimiento personal.

No opto necesariamente por las decisiones altruistas y “moral y políticamente” correctas, sino con asumir necesariamente el trabajo de “duelo” que implica para uno mismo, abandonar algo y del trabajo de agradecimiento que implica tener la oportunidad de conseguir lo otro.

“CIENTÍFICO NO ES SINÓNIMO DE MEJOR, NI DE MÁS EFICAZ”

 

Creer que algo que es “científico” sea mejor es una de las mayores falacias que puede cometer un investigador.

Es la evidencia de que, reducido a los mínimos niveles, también la ciencia se basa en creencias.

 

Extracto del Libro “Camino al Cambio” de Roberto Crobu (Capítulo 29):

 

29 CHAMANParece que nos tranquiliza mucho ser conscientes de la explicación de los problemas, pero la explicación no es la solución: para obtener una solución hay que ir más allá de las explicaciones y actuar activamente, con voluntad, determinación y creencia en lo que hacemos.

Todo esto tiene que ver con la excesiva autoridad que hemos conferido a la «ciencia» como poseedora de la verdad más respetable antes que a las creencias, es decir, a pensamientos acerca de cosas, basados en nuestra confianza, antes que a la razón.

A fin de cuentas, nuestras decisiones se basan en creencias y no en ciencias. No existe nada hoy en día que pueda considerarse cierto y seguro, a menos que no lo veamos con los ojos de las creencias y de la fe: incluso una supuesta ciencia «exacta» como la física, llegada a los niveles de sofisticación de la física cuántica, deja de manejar el concepto de seguridad para hablar de probabilidad. Así lo expone el principio de indeterminación de Heisenberg: a un determinado nivel de observación no es posible ubicar con exactitud la posición en el espacio de una partícula elemental, ya que el mero hecho de observarla modifica su desplazamiento, y solo por aproximación probabilística podemos hallar su posición en el espacio. De este modo, no podemos predecir con seguridad que mañana lloverá o hará buen tiempo, tan solo podemos aproximarnos mediante la probabilidad, y por tanto con un margen de error.

También las evidentes limitaciones de otras ciencias como la medicina y la farmacia están progresivamente abandonando el concepto falaz de «seguridad» entre causas y consecuencias de los tratamientos que promueven. Ante la misma enfermedad, no es seguro que un tratamiento o fármaco pueda conseguir curarnos a todos de la misma manera, en el mismo grado y en el mismo plazo de tiempo. No todos los tratamientos antiedad que venden las casas de cosmética nos producen el mismo porcentaje de «rejuvenecimiento» con seguridad. Tampoco se conoce la forma de curar o evitar el cáncer al cien por cien y simplemente se ha aceptado la quimioterapia como la «terapia convencional», bajo una decisión que tiene que ver más con la política que con la práctica.

El sistema de conocimiento científico de la era positivista al que hemos otorgado la «autoridad» moral de poseer la «razón» y la «verdad» durante el siglo xx está mostrando en este nuevo siglo xxi todas sus limitaciones: ya no basta con argumentar que una idea, una teoría, un método, un tratamiento o un producto está testado científicamente para afirmar que necesariamente sea mejor o más eficaz, menos invasivo o que provoque menos efectos colaterales que los que no fueron testados. Ya no basta ni nos sirve la etiqueta de «científico» para garantizar que un método, una idea, una teoría o un producto sea «mejor» que otro.

Lo que nos dice el hecho de que algo esté probado científicamente no es que funcione más o menos que otros métodos no científicos, no convencionales o simplemente «alternativos», sino el hecho de que mediante un procedimiento científico se puede describir y explicar de manera lógica y racional la «magia» de sus efectos, es decir, cómo actúa, cómo funciona y por qué surte los efectos que produce. Nada más. Hoy en día, «científico» significa solo esto.

He aquí otro concepto digno de ser aclarado, y es el término despreciativo con el que se tildan en ocasiones respetabilísimas metodologías como «alternativas». Ante eso es conveniente preguntarse: ¿alternativas con respecto a qué? ¿A lo establecido? ¿Establecido por quién? ¿Bajo qué intereses? ¿Es lo mismo decir «convencional» y «alternativo» que «correcto» e «incorrecto»? ¿No estaremos cometiendo una falacia al pensar que, tal vez, algo que consideramos convencional o comúnmente aceptado tenga que ser necesariamente mejor o más conveniente que lo que tildamos como «alternativo»?

Podemos creer que una idea, una teoría o un «razonamiento» tenga mayor respeto y «validez» que otros simplemente por demostrarnos, mediante explicación lógica y relaciones de causa-efecto, el porqué de su funcionamiento. Pero, a fin de cuentas, esto no será otra cosa que una mera creencia: una creencia no diferente de la creencia de que otro método (de esos que se llaman «alternativos») del que no se sabe ni cómo ni por qué funciona, sea capaz de aportar soluciones efectivas; una creencia basada en la creencia de que si se puede explicar lógicamente el funcionamiento de algo, entonces ese algo tiene mayor valor y es más digno de respeto; una creencia basada en que solo tiene respeto y valor lo que se pueda explicar racionalmente. A fin de cuentas, creencias; creencias personales y, como tales, actos de fe en los que la «verdad» está más cerca de lo que creemos nosotros antes que de lo que creen los demás.

 

No Sabemos Que Hay Después Pero Sí Que Hay Un Después

No sabemos que hay despues pero si que hay un despues

Carta Abierta a un/a asistente que me dejó una nota muy conmovedora tras la ponencia en las JORNADAS CONCIENCIA ACTIVA , que siente que la tristeza se ha apoderado ella y aún así le da la bienvenida, la acepta y la agradece:

Lo que sientes ha crecido en tí como una articulación más de tu cuerpo: y te es útil para hacer o aprender algo en tu vida.

¿Para que puede servirte esa tristeza?

¿Qué puedes lograr con ella a través de ella? ¿Qué juicios, creencias o valores la causan?

¿Qué otros beneficios obtienes con mantener esos juicios?

¿Cómo puedes mantener esos beneficios y cambiar los juicios?

Aceptar el camino es importante y fundamental como primer paso, pero si solo nos quedamos ahí no haremos más que recrearnos en el sufrimiento que genera. Ahí entonces es cuando se hace merecedor atravesarlo y recorrerlo, estando abiertos a las infinitas posibilidades y lugares de destino que nos brinda.

No se trata de transformar la tristeza en expectativas de un futuro mejor, sino de ser conscientes que el fluir del proceso de la vida pasa por una etapa nueva: una nueva “pantalla”.

No sabemos que hay después, pero sí que hay un después: tanto si  nos quedamos parados, como si decidimos avanzar, hacia él, caminar y seguir adelante.

El primer después ya lo conoscemos.

El otro está por descubrir.

 

¿Sabes Como Liderar En La Incertidumbre? ¿Y Cómo Liderar La Incertidumbre?

La cuestion no esta en tratar de liderar en la incertidumbre sino de liderar la incertidumbre

Muchos de nosotros afrontamos en el día a día nuestros procesos de toma de decisiones tratando de limitar al máximo las fuentes de
incertidumbre y buscamos la forma más segura de avanzar hacia nuestros objetivos.

Pero si algo nos está enseñando la coyuntura económica actual es que también la ciencia analítica de los pros y contra tiene sus límites y que, puestos a buscar, siempre habrá unas razones u otras que justifiquen una determinación o la contraria.

El aprendizaje de las “lógicas de los negocios” de los últimos años nos dice que entender a la incertidumbre como algo a eliminar o limitar a la hora de tomar decisiones, nos desvía y nos distrae de nuestros reales propósitos, y que antes que luchar contra ella, quizás sea hora de que aprendamos a convivir con ella e integrarla en nuestros objetivos.

Es a partir de ese momento que iniciamos entonces a ejercer el liderazgo en la incertidumbre.

Quien no ve el riesgo, se estrella, quien lo trata de eliminar se paraliza, y quien lo asume y lo integra en sus decisiones, entonces prospera. http://clicktotweet.com/bak7e

Pero liderar en la incertidumbre no basta y no lo es todo. De hecho, es lo que veníamos haciendo hasta el día de hoy sin ser conscientes de ello, autoengañados bajo la falacia de estar tomando decisiones seguras.

Lo que no nos dábamos cuenta es que la seguridad no residía en las decisiones en sí que tomábamos, sino en la sensación nuestra, personal y subjetiva de pensar que estábamos tomando decisiones seguras.

Pero en la resolución de problemas complejos (que son todos aquellos problemas no vinculados a la lógica lingüística o matemática), interviene una cantidad de variables y factores cuyo control no está al 100% en nuestras manos.

Muchos de esos factores y variables ni siquiera somos capaces de verlos, ni siquiera aquellos aspectos emocionales y transpersonales que subyacen una toma de decisión que, en fin de cuenta suele tener siempre una amplia componente emocional y subconsciente.

De ese 100% de variables y factores, es conveniente considerar que muchos no conseguimos alcanzarlos con nuestra percepción o conocimientos; otros, somos conscientes de ellos, pero no somos conscientes a la vez que no dependen necesariamente de nuestra acción, voluntad y control; en otros, solo podemos actuar de manera indirecta y tratar de una forma más lejana o cercana de influir en ellos; y otros tantos, sí dependen de nosotros.

Liderar la incertidumbre tiene que ver con alcanzar un nivel de conciencia suficiente como para no preocuparnos de aquellos aspectos que no podemos controlar, ser conscientes de poder influir solo de una manera limitada en aquellos en los que podemos actuar indirectamente, sin perder la oportunidad de intentarlo, pero, sobre todo, de identificar cual es “nuestra zona de control”, y dedicar el 100% de nuestra atención y acciones en ocuparnos de lo que podemos controlar.

Aún así, siempre podremos equivocarnos por ese margen de incertidumbre integrada en nuestra toma de decisiones, pero al menos no podremos decir que no habremos hecho todo lo que estaba en nuestras manos para conseguirlo.

Tomar decisiones significa poder elegir con autonomía y auto-determinación entre abanicos de posibilidades.

Las decisiones seguras,  tomadas desde la libertad y autonomía de una persona, no existen.

Y cuando pensemos que una decisión es segura, entonces no esteremos realmente delante de una decisión en sí, no será una elección, sino un camino obvio, obligado y forzado por las necesidades impuestas por las circunstancias: en ese lugar no habrá ni autonomía, ni libertad, ni auto-derminación, ni decisión.

La Cuestión No Es Que No Puedas Hacerlo, La Cuestión Es Que No Sabes Todavía Como Hacerlo

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