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¿Eres de los que Quieren o Eres de los que Aman?

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Cuando sentimos algo por una persona, podemos elegir la palabra con la que programar nuestro sentimiento, o mejor dicho, las consecuencias y las maneras con las que manifestamos ese sentimiento hacia persona.

Podemos elegir decir “Te quiero”, pero también podemos elegir decir “Te amo”. Quizás en España elegimos una u otra frase indistintamente y no nos damos cuenta de la trascendencia de una u otra formula.

Analizando sin embargo la Ontología del Lenguaje Semántico, es decir lo que el significado de las palabras contribuye a forjar nuestro ser, nuestra persona, y nuestra identidad, podemos descubrir aspectos muy interesantes sobre nuestra forma subconsciente de entender la relación de pareja.

Me sorprendió cuando vine a España que las personas se dijeran “Te quiero” tan a menudo y con tanta facilidad. De hecho, traduciendo el “Te quiero” del Español al Italiano, entendía esta frase con el significado  que damos en Italia a la palabra “Querer”, que tiene que ver con el deseo y posesión: “Te quiero” significaba para mí como decir “Quiero poseerte”.

Posteriormente, analizando la semántica Española de la palabra “Querer” no fui muy lejos de esa intuición inicial. El amor, visto desde la perspectiva semántica del “Querer a una persona”, tiene que ver con desear para sí algo que a uno no le pertenece.

Desde este punto de vista, cuando una persona quiere alguien o algo, lo que dice a sí misma es que no dispone de lo que quiere, no le posee y que por eso lo quiere poseer.

Este patrón, aplicado  a la relación de pareja, nos lleva a entender el “Querer” como desear al otro para sí,  querer atraerlo hacia uno mismo, poseer, y/o tener en propiedad al otro.

Todo esto tiene que ver con una concepción de la relación de pareja basada en la propiedad del otro, en la atención a necesidades individuales de una parte sobre la otra, sin tener en cuenta lo que opina, desee o sienta el otro al respecto.

Este concepto de la pareja se basa en amoldar la relación en función de lo que uno quiere, pero no en función de lo que ambos quieren: pasaríamos al caso paradójico en que si cada parte de la pareja “Quiere a la otra”, se desplegaría una batalla de fuerzas y presiones  para que cada una ceda ante la voluntad de la otra. Quizás esto puede llevar a muchas parejas al equilibrio, por eso de “hoy para ti y mañana para mí”, pero lo más habitual en esta batalla de partes es que una de las dos sucumba, o que tras muchos años de desgaste y peleas, ambas o una de las dos (normalmente la más cansada), decida poner fin a la relación.

Todo esto está muy lejos del entender la pareja como unidad: ¿Y qué unidad hay en desear para uno algo que está separado del mismo y no le pertenece?

Amarse desde la unidad no tiene que ver con el hecho de querer para uno mismo al otro, sino con todo lo contrario: ofrecerse, concederse, abrirse al otro en un acto de entrega.

Ahí es donde entra la fórmula “Te amo”: Amar, desde esta perspectiva tiene una connotación semántica más próxima al darse y entregarse gratuitamente al otro en confianza.

Solo cuando dos personas se ofrecen, conceden, abren y entregan el uno al otro mutuamente puede haber unidad: puede haber ese amor centrado en la unidad, en la confianza, en la pérdida del miedo a dar que nos suele enquistar en ese deseo de recibir que nos lleva con más facilidad a decir “Te quiero” antes que “Te amo”.

¿Y tú? ¿Eres de l@s que Quieren, o eres de los que Aman?

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