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APLICACIONES PRÁCTICAS DE LA MEDITACIÓN “MINDFULNESS”: BENEFICIOS Y LÍMITES

MIndfulnessMuchos se preguntan cual es la diferencia ente Mindfulness y Meditación.

Si bien la Meditación cubre un amplio espectro de prácticas (tibetanas, taositas, hinduistas, vipassana, zen, etc.) con intenciones más o menos prescriptivas, que pretenden ubicar a la persona en ciertos estados emocionales y mentales (el perdón, el amor incondicional, la gratitud, el presente), el Mindfulness reúne solo el conjunto de técnicas y enfoques de meditación orientados a centrar la persona en el presente y gestionar sus focos de atención para que permanezcan el “aquí y ahora”.

En el mindfulness se trata de entrenar el primer de los tres niveles del Samadhi, es decir la estabilización de la mente.

Estabilizar es un elemento fundamental para una adecuada higiene mental y no tiene que ver con el mito de la “mente en blanco”.

De hecho, la práctica de la meditación mindfulness requiere una actitud presente pero retraída, de observador que tiene su atención abierta y centrada en sus pensamientos.

No se trata de “No pensar” en nada, sino de tomar consciencia de a dónde se dirigen nuestros pensamientos.

Este proceso, gestionado desde la posición de “observadores” en una sesión de entre 15 minutos y media hora al día, nos permite conocer a fondo que es lo que nos preocupa: lo que nuestros pensamientos nos proponen será señal de que su contenido por alguna razón está implicando, en nosotros, algún tipo de proceso cognitivo y emocional interno.

Pero tomar consciencia de un proceso no sirve de nada si no se hace algo con él. Lo importante es entonces conocer las implicaciones de ese proceso, sus orígenes, los efectos y las consecuencias que trae para nuestra existencia seguir funcionando desde ese enfoque, así como nuestro posicionamiento ante ello, es decir nuestra actitud.

Por esta razón yo siempre aconsejo dos tandas de meditación: una para tomar consciencia de los pensamientos más recurrentes y otra  para centrar nuestra atención en un pensamiento de ellos y conocer a fondo los procesos mentales  y emocionales implicados.

Aún así, conocer que parte de nosotros está implicada en ese proceso tampoco sirve de algo si luego no se usa esa toma de consciencia para aportar modificaciones y cambios en nuestras pautas y enfoques con el fin de asumir una posición diferente.

Este es un aspecto fundamental ya que meditar por meditar no aporta mucho a una persona, salvo en ocasiones cierto sosiego por el mero hecho de lograr estabilizar la mente o calmarnos por alejarnos de alguna fuente de estrés.

De por sí estos beneficios son poco estables y duraderos si no se aprovecha la toma de consciencia para cambiar la pauta y actitud de afrontamiento de la realidad que nos provoca malestar.

Cambiar la pauta de pensamiento ya no es cuestión de practicar mindfulness o meditación, sino de cambiar hábitos y estructuras mentales. Este proceso requiere una labor psicológica muy precisa y planeada que marca el final de la intervención con mindfulness para entrar en otro tipo de intervenciones que requieren una cualificación psicológica y terapéutica concreta.

Si bien el Mindfulness puede representar una herramienta de apoyo muy valiosa en todo proceso de desarrollo personal, no es recomendable usarse como sustituto o alternativa a tratamientos convencionales.

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Radiografía de la Depresión y Otras Enfermedades: ¿Por qué Sufrimos?

EnfermedadSi ante una situación problemática tuviéramos posibilidad de tomar una sola decisión posible, una sola opción, entonces no se trataría de una decisión, sino de una imposición. Y en la imposición no hay decisión, porque la decisión requiere de un margen mínimo de discreción personal para hacer que las cosas sean de una manera o de otra. Por tanto dos opciones.
Pero a las personas parece que esto que tanto anhelan por un lado (la libertad, o mejor dicho la autonomía para tomar decisiones), se les resiste por el otro. O mejor dicho, ciertas personas se resisten a poder disfrutar de este privilegio.

Porque la libertad de poder tomar decisiones (es decir elegir entre dos o más opciones) implica también su correspondiente responsabilidad y asumir las consecuencias de que uno puede equivocarse (cosa que no ocurre cuando el camino es obligado por la imposición).
Y por esta razón, esas personas acaban conviviendo con situaciones que no desean para sí, acabando por quejarse de ellas, aunque por el otro, aún disponiendo de la posibilidad de darle la vuelta cambiarlas y modificarlas, acaban por “sufrirlas” como humanamente pueden, incluso buscando a veces “excusas” para creerse que “algo o alguien” les está imponiendo esa situación que tanto les duele: son capaces de crearse racionalmente una imposición y un rol de víctimas alrededor de ella, porque así les resulta más cómodo sobrellevar la situación eximida la agravante de responsabilidad que les supondría la toma de consciencia de ser ellos mismos los primeros verdugos de su propio destino. Porque la gran mayoría de las cosas que uno no quiere le sientan peor cuanto más dependa de él apartarse de ellas, o hacer que dejen de suceder.
El sufrimiento suele surgir como efecto de una actitud negativa originada por el encontrarse una persona ante una situación que no quiere para sí.
Existen dos tipos de sufrimiento: el de la persona que ante esa situación se encuentra en la imposibilidad hacer algo para mejorarla o resolverla y sea consciente de ello, y el de la persona que ante esa misma situación sí tiene posibilidad de hacer algo, pero aún así cree que no puede.
Y el sufrimiento más peligroso es este último ya que cuando te repites a ti mismo que no quieres algo y no haces nada para apartarte de él o apartarlo de tí, es cuando acabas estando peor. Porque la propia auto-mentira se suma a la bese real de evidencia, y se genera una contradicción vital que añade la enfermedad al sufrimiento.
La naturaleza es sabia y cuando no uno hace nada para apartarse de algo que no quiere, entonces esa misma naturaleza le hace enfermar para que definitivamente se aparte: bien para evitar las negativas consecuencias para su estado de ánimo en seguir en algo que no quiere para sí, o bien para que a través de la enfermedad inicie uno a cuidarse a sí mismo y descubrir que en el centro de su vida está su persona y su salud, no ese problema al que acabó por dedicarle la gran mayoría del tiempo y de sus preocupaciones.
Y claro está, si uno acaba más tiempo preocupándose por algo que no es de sí mismo (un problema, una circunstancia o algo que le afecta y por la que acaba asumiendo el rol de víctima), deja de tener parte activa en su vida, situándose en la pasividad; si uno acaba más tiempo preocupándose por algo que no es su propia persona, entonces es que ha dejado de ocuparse de sí mismo. Y si ha dejado de ocuparse de sí mismo, entonces es que no se considera suficientemente importante o valioso, o no tanto como aquello a lo que le dedica más tiempo.
Sacar a uno mismo del centro de su vida para poner a su problema (o el de otras personas no tiene nada que ver con el altruismo-egoísmo, o con la empatía-egocentría, sino con la propia higiene mental y emocional.
Porque en esos casos enviamos un mensaje muy contundente a nuestra chispa vital en forma de duda existencial: ¿Para qué gastar energías vitales en vivir si para uno su vida ha dejado de ser la prioridad? Es natural entonces que ante esa eventualidad la llama de la vida se apague. Y es natural que el síntoma de que esto esté ocurriendo sea la llegada de alguna que otra depresión o enfermedad fisiológica.
En definitiva la enfermedad (cualquier enfermedad) no es un castigo que nos impone pone la vida por nuestras conductas o maneras de pensar, sino una manera que tiene nuestra naturaleza de informarnos de que alguna contradicción ha llegado a nosotros como para que sea necesario que paremos y reflexionemos sobre como resolverla y establecer el nuevo equilibrio.
Tampoco es adecuado pensar que la enfermedad sea la solución por la que hay que pasar para resolver ese conflicto, el paso obligado que, tras ello, nos devolverá al bienestar nuevamente. Claro que eso puede pasar, siempre y cuando se detecte y resuelva previamente ese conflicto.
Tampoco nos dice la enfermedad algo sobre donde reside ese conflicto y cuál es su naturaleza.
Es simplemente la manera de decirnos: “ojo, algo pasa: para, siéntate, y obsérvate, cuida de ti mismo/a porque algo no va bien en tus hábitos de pensamiento o de conducta. La enfermedad no es más sino la oportunidad de parar y reflexionar para hallar dónde está este conflicto, y afrontarlo.
Encontrar ese conflicto antes, y resolverlo después, son otras dos tareas aparte.

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Sufrología del Fracaso

Pensador¿Qué es lo que realmente duele a una persona, cuando no consigue un objetivo esperado? ¿El fracaso? ¿Y qué es el fracaso?

Psicológicamente, el fracaso no es otra cosa que la resultante, en términos pasivos (es decir en términos negativos) de la diferencia entre el valor asignado por una persona al resultado obtenido de una acción, y el valor asignado a la idea o expectativa del resultado deseado y previamente imaginado por parte de esa misma persona.

En esto términos, si una persona obtiene como consecuencia de sus acciones un resultado al que asigna un valor de 4 en una escala de 1 a 10, pero se esperaba un resultado de 7, la diferencia entre 4 y 7 será de -3, es decir un resultado pasivo.

Todo resultado pasivo de esa resta, es susceptible de ser considerado psicológicamente como un fracaso.

Por el contrario, llamaremos éxito toda aquella diferencia que iguala o supera en este balance al valor de 0.

Ahora bien, analicemos los términos que llevan a ese resultado: por un lado tenemos a un resultado que es objetivo, es decir la evidencia de la realidad.

Por el otro tenemos a la expectativa personal acerca de ese resultado. Es decir una realidad psicológica que solo depende de la persona, no de los hecho.

No cabe duda de que entonces en lo que solemos llamar “Fracaso” tiene mucho que ver, al menos en un 50%, esa expectativa y el punto en el cual el protagonista ubica esa expectativa. Desde luego los hechos no siempre dependen de quien actúa ya que entre lo que hace y los resultados que cosecha pueden interferir muchas variables imponderables. Pero cierto es que el otro 50%, es decir el punto en el cual el protagonista ubica su expectativa, sí es plenamente controlable ya que depende exclusivamente de lo que piense esa persona.

Esto nos devuelve una conclusión importante: que dependiendo de dónde ubicamos nuestra expectativa, tendremos más o menos posibilidades de “sufrir” por un fracaso, independientemente de cómo se desarrollen finalmente los hechos: a mayor auto-exigencia y expectativa, mayores posibilidades de que los resultados no alcancen ese listón que la misma persona se auto-impone.

Por eso, lo que realmente duele a una persona cuando “fracasa” no son los hechos ocurridos, sino la diferencia entre cómo valora esos hechos, y la valoración de las expectativas que se hizo previamente.

Por esta razón, el sufrimiento es directamente proporcional a la distancia entre lo sucedido y el deseo/ expectativa de algo diferente de lo sucedido.

Por esta razón, no es tan importante lo que nos sucede, sino como nos lo tomamos: el significado que le damos.

Por esta razón, una de las mayores barreras a fluir con la vida y ser felices, no son los acontecimientos que nos ocurren, sino las expectativas de que las cosas tengan que ser de una cierta manera.

Por esta razón lo que más concurre a la insatisfacción y sufrimiento de una persona, no es lo que le pasa o lo que le hicieron, sino la manera en la que se aferre a unas expectativas concretas acerca de lo que, según ella, debería haber sucedido.

Por esta razón, cuando la dificultad de los hechos es inevitable, el sufrimiento es opcional. Porque tenemos la posibilidad de deshacernos de esa expectativa y eliminar el sufrimiento, o aferrarnos a ellas y seguir sufriendo.

Por esta razón, el camino hacia una vida más plena pasa paradójicamente por la posibilidad de abandonar toda expectativa acerca de una vida plena: y de que una vida plena tenga que corresponder a una idea pre-determinada acerca de cómo debería de ser una “vida plena”.

En definitiva, la vida se llena no tanto en la medida en la que tratamos de añadirle cosas, sino en la medida en la vaciamos de necesidades y expectativas.

¿Sabes Crear Felicidad? Reflexiones Sobre Felicidad, Sufrimiento y Coca Cola

ZeroEn general, asociar la Felicidad al consumo de sustancias no es más que fomentar la adicción a esas sustancias. Eso ocurre también con la renombrada marca de bebidas que desde hace unos años está tratando de vincular su nombre al estado más perseguido y buscado por el ser humano terricola del siglo XXI.

La realidad es que nadie se siente más feliz bebiendo una coca cola, aunque subconscientemente son muchos los que la compran persiguiendo reforzar ese anclaje emocional penelero (de PNL y no de Pene, ni de Pena), entre la bebida y ese estado de ánimo.

Resumiendo, asociar la Felicidad al beber CocaCola no te llevará a otra cosa que no sea infelicidad, por dejar que lo exterior controle tu interior: que sean cosas ajenas a tí que te den o te quiten felicidad.

En definitiva, asociar la Felicidad al beber CocaCola por eso no te llevará a otra cosa que no sea la infelicidad por no ser dueño de tus emociones.

No hay que olvidar que la Felicidad es el opuesto del sufrimiento. Es por tanto un extremo. Perseguir los extremos no es desde luego estar en el punto de equilibrio de la vida de una persona. 

Por esa misma regla de tres, a más Felicidad que anheles, más sufrimiento puede que atraes por reforzar en tu subconsciente que estás buscando algo que no tienes. Es decir: si la buscas es que NO TIENES FELICIDAD.

 Por tanto, toda búsqueda de Felicidad es también búsqueda de sufrimiento, por acusar su ausencia.

 Y esto no es malo en sí. Forma parte del Yin y Yang de la vida en el más puro sentido taoista. La busqueda de la Felicidad no puede prescindir del sufrimiento. Hay que atravesar antes el valle del sufrimiento para saber que es la felicidad. Esto no tiene que ver que te tengas que volver masoquista y buscar el sufrimiento voluntariamente pensando que por ello encontrarás automaticamente la felicidad. Eso del sentido biblico del sufrimiento lo dejamos a otras formas de manipulación más eclesiasticas aunque trasnochadas (me refiero a la iglesia, pero vale también la mesquita, y jardin del zazen tampoco se salva de ese precepto para sus discipulos) .

Total, la Felicidad es lo opuesto al sufrimiento. Por tanto, negar el sufrimiento en busca de la felicidad es negar también la felicidad.

Quizás se equivoca ese ser humano terricola del siglo XXI persiguiendo la felicidad como si fuera la panacea, puesto que al final acabará en un estremo u otro, o saltando entre ellos.

Quizás no se trata de buscar algo fuera de nostros como si fuera el santo grial, ni tampoco buscarla dentro de uno mismo. Quizás el error conceptual reside no tanto en el lugar de dónde buscarla, sino en el mero y simple hecho de la búsqueda en sí.

Quizás la Felicidad solo se pueda Crear y Experimentar. Pero no buscar.

Ahora bien ¿Sabes crear felicidad? ¿Eres creador/a de felicidad?

¿Haces algo para crearla o simplemente la esperas?